Y la luna devoro al sol,
y el manto estrellado lo cubría todo,
y la tenue luz de la lámpara se resignaba a morir,
y el éxtasis de nuestras carnes llegaba.
El sudor recorría tu frente,
el color rojo invadía tus mejillas,
el estremecimiento de tu vagina,
el placer, orgásmico placer, llegaba.
Éxtasis puro en todo tu ser,
éxtasis divino en tu boca,
éxtasis en tus gemidos y en tu mente,
éxtasis, el bendito éxtasis llegaba.
Que locura fue besar toda tu figura,
que impaciencia por subir a tu cuerpo,
que arrogancia de mis dedos por tocar tu gruta de mis deseos,
que sensación, la inmaculada sensación llegaba.
Alcanzamos la dicha eterna con nuestros cuerpos húmedos,
alcanzamos la gloria en esa oscura habitación,
alcanzamos las estrellas sin siquiera abrir los ojos,
alcanzamos aquella orgásmica unión que no alcanza la mayoría.
Ya terminábamos, dejábamos atrás la fusión,
ya teníamos el cuerpo cansado de copular,
ya nuestras almas descansaban después de la pasión,
ya la luna, otra vez, era la protagonista crepuscular.
No, por favor, no te vayas, grite,
no me dejes aquí solo como sueles hacer,
no me atormentes más con tus abandonos,
no, no, no... ¿Que importaba ya?
Te llore mil lagrimas que salían de mis hinchados ojos,
te dije mil frases que salían de mi ronco pecho,
te roge, te pedí, te suplique... que no me dejaras,
te abrace y te dije que te amaba, ¿y tu me haces esto?
Importa tan poco para ti mi sufrimiento,
importa tan poco para ti que otra vez este solo,
importa que tú ya tienes con quien ir,
¿importa que tu amor y tu sexo estén lejos de mí?
Me pregunto: ¿que nos paso?,
¿que te falto?, ¿que hice mal?,
¿que me falto?, ¿que no hice bien?,
¿que puedo pensar?, ¿como puedo olvidarte?
Y el éxtasis que alcanzamos, ¿ya no te importa?
ISAAC GASCA