Socavando el polvoriento saludo
La bienvenida, el entierro
La negra arena subterránea,
Sucia y condenadora.
Hacen de un cuerpo; un condenado
Malvada soledad y una siniestra caricia
Después de tu llegada
Tú eres alimento para el miserable
Desprendes tus propios frutos
Y te suspendes bajo las raíces
La gloria perpetúa, ho tristeza
Y ahora, solo resta tu deceso
Ya no puedes ver, ni escuchar
Simplemente ser percibido,
Por un pasado por otros seres;
Ajenos o desconocidos
Olvidados; Hoy por ti.
el paseo; el lateo
El agua y la barcaza
El barquero; haciendo gala
Al amor por el difunto
Ahora tú y caronte
Dueño de tu destino
La ruleta y tu alma
Que el trago, de sus aguas
Te ha hecho olvidar
Y aun te amo, aunque no lo recuerdes
no te olvidare, al pasar
Por el tiempo
porque aun vives en mi recuerdo…