Afuera
es noche
Comedia
dramática
Esta
obra no podrá ser representada total o parcialmente, sin la autorización del
autor por intermedio de ARGENTORES,
Argentina.
De Luis Visentín
visenteatro@hotmail.com
Personajes:
Caruso
Gilda
Nona
Violeta
Kalifa
Acto
único
(Comedor
y living en un solo ambiente. Casa típica de clase media baja. A la izquierda
un sillón. Muchas prendas lavadas amontonadas. Una mesita con el teléfono. En
un rincón, un perchero, cuelga un piloto y un sombrero negro. Un maniquí de
plástico, tiene una peluca rubia barata, una capelina llamativa y un vestido
rojo a medio terminar. Una máquina de coser, varias prendas sobre ella. En un
rincón del proscenio una vieja computadora,
algunos libros, papeles. A la derecha una mesa chica, algunas sillas, una
alacena pequeña. Los pocos muebles están desgastados. Un ambiente humilde, pero
prolijo.)
(Afuera
arrecia la lluvia y el viento. Serán una constante en el desarrollo de la obra.
En los momentos de mayor tensión, más furiosa será la tormenta.)
(La
luz se enciende paulatinamente. Se oye música muy suave del grabador: “Aria
suite Nº3” - Johann Sebastian Bach. Gilda escribe en la computadora. Tiempo. Ingresa
Caruso silbando el tango “Garua”, se seca las manos con una toalla. Observa a
Gilda un instante. Ingresa a la cocina. Tiempo. Se escucha el teclado de la
computadora, la lluvia y el viento.
Caruso:
(Vuelve de la cocina, tiene la
toalla en el cuello. Corre la cortina. Se queda mirando hacia afuera, mientras
canta por lo bajo.)
“¡Qué
noche llena de hastío y de frio!
el
viento trae un extraño lamento,
parece
un pozo de sombra la noche,
¡Hasta
el cielo se ha puesto a llorar!
Chan-chan”
(Caruso
observa a Gilda que sigue escribiendo.)
Caruso:
¿Podes
dejar esa computadora, che? (Gilda no
contesta.) Entre la lluvia y la música, esto parece un velorio. (Se acerca al grabador, escucha un instante,
sube un poco el volumen. Tiempo. Baja el volumen.) ¿Qué carajo estás escuchando?
Gilda: (Sin mirarlo. Sarcástica) Es Johaan
Sebastian Bach, uno de los grandes músicos de la historia.
Caruso: ¡Ah, perdón
era “Bag”! Se nota que “yojan Puaj” tuvo una mala noche cuando compuso esto. Es
una música pedorra, un embole total. Música para “culos fruncidos”.
Gilda:
(Sin mirarlo, en lo suyo) ¡No seas tan grosero! ¡Es una música extraordinaria! ¡Y para con la mala onda que estoy tratando
de terminar una poesía!
Caruso:
(Burlón) ¡Oh...la poesía! ¡La poesía! (Recita irónico).
“Puedo
escribir los versos más “berretas” está noche.
Escribir
por ejemplo: “Llueve y estoy desesperado,
y el
galponcito de chapas para colmo, está
lleno de goteras.”
(Gilda
resopla y sigue escribiendo.)
Caruso:
(Presta atención a la música. Burlón.
Imita a un director de orquesta.) ¡Ahhh…“Puaggg”! ¡Que linda música para
chapar!
(Gilda
no responde.)
Caruso: (Pendenciero) La poesía… ¡Te vas a
llenar de guita escribiendo poesía!
Gilda:
(Con fastidio) No escribo para eso.
(Gilda
molesta se levanta y apaga el grabador.)
Caruso: (Provocador) ¿Ah, no? ¿Y para que carajo escribís
entonces? Para que todos esos paspados
del chat te manden comentarios: (Irónico)
“¡Ay que bello poema...me conmovieron las orejas! ¡Se estrepitaron mis pupilas
al leerte!”
Gilda:
¡Ay,
deja de ser tan inculto querés…!
Caruso: Para ser culto, primero hay que tener la panza
llena. Después un poco de cultura popular: Miramos el partido…
Gilda:
Vos
comiendo y viendo fútbol en la tele… sos el hombre más feliz.
Caruso: Y si
hay un poco de sexo en el entre tiempo…mejor… ¡Rapidito porque empieza el
segundo tiempo! (Intencionado) ¡Hoy
podemos meter cinco, mi amor!
Gilda:
(Molesta) ¡Conmigo…ni
lo sueñes!
Caruso:
(Inocente) ¡Estoy hablando del partido,
che! ¡Qué maniática sexual que sos!
(Suena
el timbre de calle.)
(Gilda
atiende. Caruso con marcada picardía, cambia el CD. A todo volumen se escucha:
“No me arrepiento de tu amor”- Intérprete: Gilda. Caruso se coloca el sombrero
negro que saca del perchero. Baila al
ritmo de la música. Gilda regresa con un
folleto turístico. Caruso sorpresivamente la toma de la cintura y bailan un
momento, luego ella se suelta.)
Gilda: (Baja el volumen de la música.) ¡Estas
medio “chapita” hoy nene, la lluvia te cae mal a vos!
Caruso: (Lujurioso, divertido) ¡La lluvia me pone
loquito! ¡¡Mamita vení...no me dejes solito!! ¡Si te portas bien te llevo al
galponcito!
Gilda: (Divertida) ¡Ahhh…qué lugar turístico tan
atractivo, tan erótico! (Burlona, simula
leer en los folletos.) “¡Descubra las exquisiteces sexuales en el galponcito
lleno de goteras del “Caruso” Manfredini!” (Tira
el folleto sobre la mesa. Lo mira fastidiada) ¿No querías comer, vos?
Caruso: (Libidinoso. La persigue divertido, alrededor
de la mesa) ¡A vos te voy a comer
toda gatita…vení a bailar bebota!
Gilda: (Escapando) ¡Salí, salí! ¡Que cargoso que sos! ¿No era que
tenías apetito?
Caruso: Cambie
de apetito. Iba a comer verduritas… ¡Ahora quiero carneeee!!!
Gilda: (Se aleja) Con razón se fueron
enseguida.
Caruso: ¿Quiénes
se fueron?
Gilda: Las
promotoras que pasaron recién... ¡Muy lindas las chicas! ¡Pobres estaban todas
mojadas!
Caruso: (Capcioso) ¿A ésta hora? ¿Promotoras y
mojaditas? (Libidinoso) ¡¡Ah…pero las
hubiera hecho pasar mujer!! ¡¡Sabes la fiestita que me hacía, con las suplentes!!
Gilda: (Mordaz, divertida.) ¡Manfredini, vos no
podes atender la “Casa Central”, vas a abrir “Sucursales”!
(Gilda
dobla prendas que están amontonadas en el sillón. Caruso apaga el grabador.
Corre la cortina de la ventana que da al patio.)
Caruso:
(Mirando hacia afuera. Tiempo.) ¡Que
lo parió cómo llueve! ¡Una noche feroz! (A
Gilda, Insinuante) ¡Que lindo para estar bajo un techo de chapa!
Gilda: (Sin dejar su actividad) ¿Seguimos con
la obsesión sexual?
Caruso: (Juega al locutor sensual) ¿Qué vos
nunca hiciste la “porquería”, un día de lluvia, abajo de un techo de chapa?
Gilda: (Indiferente) No. ¿Me perdí algo?
Caruso: (Exagerado abre los brazos y mira hacia
arriba) ¡Naaaaaaaa…bebota! ¡Vos te perdés los manjares más exquisitos de la
vida! (Aconsejando) ¡Una noche como
la de hoy es para practicar “posiciones diferentes”, es para hacer “cosas
diferentes”!
Gilda: (Interesada) ¿Hacer cosas diferentes?
Caruso: (Entrando) Seee… ¿Querés pasarla bien bombón?
Gilda: (Sensual) ¡Dale papi! (Lo mira provocativa) ¡Probemos! (Amarga) ¡Vos planchas toda esta ropa y
yo miro el partido de fútbol en la tele con un tinto en la mano!
Caruso: (Descolocado) ¡Cheee...es una noche de
lluvia...ideal para el sexo!
Gilda: ¿Qué
tiene que ver la lluvia con el sexo?
Caruso: (Baboso) ¡Y que está todo mojadito! ¿Qué se yo? ¡La
tanguita se te baja solita! ¡Fiuuu! (Mima como la tanga se cae.)
Gilda:
(Molesta) ¡Ya le salió el guarango de adentro!
Caruso: (Sereno, intentando convencerla) Estoy hablando en serio… ¿Vos cuando llueve en
que pensás? (Se acerca a ella) ¿Qué
deseas? ¿Que te imaginas? ¿Qué...? ¿Qué te dan ganas?
Gilda: (Ingenua) No sé… de comer torta fritas… tomar mates…en
un día de lluvia me dan ganas de escribir…
Caruso: (Grosero) ¡¡A mí me dan ganas de otra coooosa!!
Gilda: (Hastiada) ¡¡Ah, salí obsesivo!1
Caruso: (Dolido)
Reconocé que cuando andábamos de novios… (Marca con las manos un pene) ¡Un “cachitooo” te gustaba!
Gilda: (Horrorizada) ¡Que ordinario! ¡Empleado
municipal y basta! (Despectiva) ¡Más
defectos no podrías tener, mirá! (Agresiva)
“Negro, peronista e hincha de boca.”
(Ofendida,
lleva la ropa que dobló al dormitorio)
Caruso: (Dolido) ¡Ya le salió la rubia fruncida!
(Alegre) ¿Que tres defectos? ¡¡Tres
virtudes!!! ¡Tres pasiones… querida! ¡Es un orgullo ser negrito, peronista e
hincha de Boca! (Agresivo) ¡Pero que
te voy a hablar de pasión si vos sos una heladera! ¡Sos más fría que una teta
de mármol!
(Vengativo.
Toma una hoja cerca de la computadora. Lee irónico. )
“No
seré bronce musgo,
ni
mármol eterno,
ninguna
calle llevará mi nombre,
ningún
herrumbrado libro,
mis
metáforas inútiles.”
(Gilda
regresa del dormitorio, observa a Caruso, su rostro se transforma. Caruso al sentir
su presencia detrás de el, lee ridículamente.)
“Y si
fuera bronce,
tal vez
fuera mármol,
algún
libro cansado,
sería
una metáfora,
(Recalca) inútil,
sin tu
nombre.”
Caruso: (Preocupado) ¿Che, esto de “inútil” lo
pusiste por mí? (Gilda no responde.) Paaa… ¡Escribís bien Gilda “Kamasustra” de
Manfredini!
(Gilda
le saca la hoja bruscamente.)
Gilda: (Agresiva) ¡Si te vas hacer el estúpido
poco va a durar la paz en esta casa!
Caruso: (En víctima) ¡Ehh…che, no te aguantas un
chirlo!
Gilda: (Dolida) ¿Y por qué te burlas de lo que
escribo?
Caruso: (Burlón) ¡Ahhhhh, como estamos hoy! (Lujurioso) ¡Vení mamita! ¡Llueve y eso
me pone romanticón! (La persigue, la toma
de la cintura de atrás) A vos… ¿Decime la verdad? ¿No te pasa nada a vos cuando
llueve?
Gilda: (Fastidiada) ¡Sí! ¡Pasa que se me moja toda la ropa que tengo tendida! (Se suelta bruscamente y se va a la cocina)
Caruso: (Mirándola como se fue) ¡A esta lo único
que se le moja es la ropa!
(Suena
el celular de Caruso. Se aleja de la puerta de la cocina)
Caruso: (Alegre) ¿Qué haces Pachaca? ¿Por qué no
me avisaste antes gil? Noooo, tengo a la bruja media alborotada…no sé que se yo…perdió
la escoba y tenía un viaje que hacer… No, porque le fabrique una escoba con
paraguas… ¡Puede viajar igual en una noche como la de hoy! (Ríe) ¡Seee! (Canchero)
Seee…me extraña Pachaca. ¿Vos estás con el kalifa? Ah, no porque me dijo que
iba a venir a casa… capaz por el nombramiento… pero me tenía que traer algo de
guita. Estoy seco. ¿Visteis? ¡Es triste la vida del municipal! ¡Estamos cagados los peronistas! Llueve
como la puta madre y yo estoy seco. ¿El Kalifa? No atiende el celular el gil…
si. ¡Esta en funcionario el boludo! (Ríe)
Bueno. Chau...see, (Ríe)…chau.
(Entra
Gilda, trae una panera, un paquete de mortadela en fetas. Los folletos, los
deja en la alacena. Saca un mantel y un
paquete de chizitos. Prepara la mesa.)
Gilda: (Celosa) ¿Quién era? ¿Con quién hablabas?
Caruso: (Simula ser descubierto) Ehh…Una mina que
me vuelve loco… ¡Me persigue! ¡Me acosa…! Se enamoró esta chica… (Bobamente) Está reenamorada de mí…
Gilda: Sí,
hacete el estúpido vos…
Caruso: Me
hago el estúpido, pero me persigue igual... (Ridículo)
¡Me hostigais! ¡Me atosigais! (Dramático)
¿Por qué habré nacido tan lindo? ¿Por qué no fui un muchachito cualunque? Medio
berreta… Medio grasa…Uno más del montón... ¡Pero noooo…este cruel destino me
hizo hermoso!
Gilda:
¡Ah…bueno!
Caruso: (Agrandado) No, en serio te digo…tengo
como un ángel con las minas, hay algo
misterioso en mí que las atrae… ¡Les atrae mi parte desconocida! (Se mira los genitales) ¿Increíble no? Es
como un imán que tengo para ellas ¿Visteis?
Gilda: (Seca) ¿Quién te llamó por teléfono?
Caruso: (Con
seriedad) Una mina que me quiere de
verdad.
Gilda: (Irónica) ¿Alguien te quiere de verdad?
Caruso: (Melodramático) ¡Sí! Mi vieja… ¡Cómo me
quiere mí vieeeeja!
Gilda: (Mordaz) El amor es ciego Caruso.
Caruso: (Compungido) ¡Es verdad, mi vieja tiene cataratas
en los ojos… tiene las cataratas de Iguazú! ¡Pobrecita!
(Gilda
ingresa a la cocina)
Caruso: (Burlón, hacia la cocina, en un tono tanguero)
“¡Y que bien que cocinaba mi vieeeeeja cuando vivía con ella! ¡Cuánto amorrrr
que ponía en la cociiiiina!”
(Abre
el paquete de fiambre, saca una feta de mortadela, la tira por el aire como un
panqueque, luego la come.)
Caruso: (Irónico, a la cocina, tanguero.) ¡Cheee papusa…te salió rica la
mortadela, te salió! Naaaa, si cuando pones un poquito de esmero… un poquito de
amor... ¡Cocinas bieeeen! ¡Casi como mi vieja!
Gilda: (Vuelve con algunas prendas que luego
doblara. Molesta.) ¡Vos todavía no
superaste el complejo de Edipo con tu mamá!
Caruso: (Ofendido) ¿Qué tiene que ver el “hipo”
con mi mamá?
Gilda: Estás
muy pícaro hoy… ¿Te llamó alguna rubia teñida?
Caruso: ¿Qué
rubia teñida? A mí me gustan las morochas.
Gilda: ¿Y
porque te casaste con una rubia?
Caruso: (Descolocado, tonto) Y… Son esas contradicciones “psicodélicas” de la
infancia que no pude superar… ¿Visteis? ¡Muero por las morochas!
Gilda: Si
todas la rubias son morochas, nada más que se tiñen. (Orgullosa) Menos yo.
Caruso: ¡Ah,
mirá vos! No lo había pensado… ¿Sabés que tenés razón?
Gilda:
Siempre tengo razón.
Caruso:
¡Agrandáte
Chacarita! No hay peor cosa que una
mujer tenga razón. Mira hoy te iba a invitar a cenar afuera. Si viene el Kalifa
y me trae la guita, te llevo a un Restaurant.
Gilda: Si no
viene Kalifa me llevas igual, no hay nada para cenar… un poco de mortadela nada
más.
Caruso: (Saca un billete de su bolsillo, lo muestra)
¡Los últimos cincuenta mangos!
Gilda: No se
para que le prestaste mil pesos a Kalifa. Es un atorrante.
Caruso: (Molesto) ¡Ah, pero sos jodida, che!
Gilda: Esos
mil pesos los ahorramos para irnos de vacaciones. Hace cinco
años que no nos vamos a ningún lado.
Caruso: ¿Cuántas
veces te lo voy a decir? Me dijo que hoy
venía a traerme la guita.
Gilda: Ese
Kalifa es un tránsfuga. Sacáte la venda de los ojos.
Caruso: (Agresivo) ¡Cortala con basurear a mis
amigos! ¿Querés? ¡Cortala!
(Irrumpe
la Nona de la
habitación. Tiene puesto un bléiser gastado y una cartera antigua llamativa. En su mano un frasco de miel.)
Nona: (Simpática) Hasta luego chicos.
Gilda: (Sorprendida) ¿Dónde va Nona?
Nona: (Ingenua) Al hospital Gilda.
Gilda: ¿Qué
hospital son las nueve de la noche?
(Gilda
va al dormitorio)
Nona: ¿Sí?
¡Uh, que tarde que es!
Caruso: (Amable) Sí, nona. ¿Otra vez se equivoco
de pastilla?
Nona: ¿Qué
pastilla?
Caruso: Para
la memoria.
Nona:
Ya
la tomé Neno… (Duda) ¿O no la tomé?
Bue... no me acuerdo.
Caruso:
¿Y
esa miel a dónde la lleva?
Nona: No es
miel, es pichín para el “analis”.
Caruso: (Divertido) O sáquele la etiqueta o
escriba en la etiqueta: “Pichín de abeja”. A ver… deme. (Toma una fibra gruesa del mueble y escribe en la tapa con letras
grandes.) “Miel de campo.” Listo. (Didáctico)
Para que no se confundan los investigadores. ¿Vio?
Nona: (Inocente) ¿Un detective privado decís?
Caruso: (Toma el frasco, simula ser un docente)
El “Pichín de abeja”, usted se lo lleva, el investigador detecta algo privado. (Lo muestra divertido) ¿O usted le anda
mostrando el “pichín de abeja” a todo el mundo?
Nona:
(Divertida y pudorosa) ¡Noooo… se lo muestro al
dotorcito mío, que es un churro bárbaro!
Caruso: (Le da un beso en la mejilla) ¡Ay, Nonita,
Nonita! (Deja el frasco sobre la mesa)
¡Ayayay!...juventud perdida.
(Caruso
ingresa a la cocina. Gilda vuelve del dormitorio, con algunas prendas que luego
doblará)
Gilda: Nona ¿Cuándo
tomó la pastilla?
Nona:
Y…la
última vez.
Gilda: Ya le
tengo dicho que no tome la pastilla sola.
Nona: Si a
la pastilla no la tomo sola, Gilda… la tomo con agua.
Gilda: Ay, Nona…que
me avise, así la controlo, usted siempre se confunde.
Nona: ¿Qué
me tratas de loca nena?
Gilda: No
dije eso…dije que me avise, nada más.
(La
nona se saca el bléiser, deja la cartera en la silla, se sienta en la silla
cerca de la computadora.)
Nona: Vos
estas medio chitrula me parece… ¿Que voy
a avisarte?… “¡Nena voy a tomar la pastilla!”… “Nena voy a tejer”… “¡Nena
voy al baño!”
Gilda:
Acuérdese
que pasó la otra semana, me avisaba cuando iba al baño a cada rato.
Nona: ¿Qué pasó
la otra semana?
Gilda: Se
comió tres chicles laxantes.
Nona:
Bah…pensé que eran caramelos masticables. Eran de eucaliptus…ricos. (Ríe) ¡No me alcanzaban las bombachas!
(La Nona saca de una bolsita un
tejido, unas agujas y se dedica a tejer. Entra Caruso con una cajita de vino y
una copa.)
Caruso: ¿Qué
está tejiendo de lindo Nona?
Nona:
(Tierna) Una batita para mi nieto.
Caruso: Si no
tiene nieto.
Nona: Bueno
para cuando tenga nieto.
Caruso: ¡Ahhh,
teje con visión de futuro!
Nona: Ma’
que visión, no veo un carajo…
(Caruso
se asoma a la ventana, sigue la lluvia. Canta, mientras se pone el piloto.)
Caruso: “¡Afuera es noche y llueve taaaanto!
(Burlón,
se acerca Gilda) ven a
mi lado me dijiste,
la historia vuelve a repetirse,
(La
toma detrás por la cintura) mi
muñequita dulce y ruuuubia…
el mismo amor, la misma lluvia,
el mismo loco, loco afán,”
(Caruso
le palmea grosero el trasero.)
Malvina: (Se aleja, enojada) ¡Salí ordinario! ¿Seguimos
con la obsesión?
Caruso: (Cantando insinuante remarca) ¡¡“El
mismo loco, loco afán”!!
Malvina: (Molesta) ¿Dónde vas? Ya está la comida.
Caruso: (Señalando la mesa socarrón. Tanguero.) ¿Qué?
¿Se me va a enfriar la mortadela? ¿Se me va a enfriar?
(Sigue
arrabalero, canta y baila con pasos ridículos.)
“Mortadela, estamos todos
mortadela,
(Sale) el gobierno te hace “feta”,
(En off)
el bolsillo es lo que “afeta”,
Nona: (Divertida, sin dejar de tejer.) ¡El
Caruso los días de lluvia se pone más chitrulo!
Gilda: Nona...su
nieto esta cada vez peor…
Nona: ¿Estas
enfermo el Neno?
Gilda: ¡Muy enfermo Nona!…pero no de ahora, de hace
años…
Nona: (Preocupada) ¿Qué se va a morir?
Gilda: Y…todos
somos finitos nona.
Nona: El
Caruso más que finito, está más bien ancho.
Gilda: Quiero
decir que todos tenemos “fecha de vencimiento.”
Nona: ¡Ah!
Como las latas de tomates, tienen la fecha de vencimiento en el culo del tarro…
¿Los cristianos también lo tendrán ahí?
(Timbre
de calle. Gilda se ríe y va a atender)
Gilda: (Off)
¡Hola Violeta!
Violeta: (Off)
¡Que tal Gilda! ¿Está la Nona?
Gilda: (Off) Sí, pase, pase... Adelante.
Violeta: (Entra cerrando un paraguas, se nota la
lluvia en su ropa. Su vestimenta es extravagante y llamativa) ¡Gracias! Permiso... (Sacude sus pies en el piso) ¡Como llueve! ¡Que nochecita!
Gilda:
Horrible, si. Deje el paraguas en el piso nomás.
Violeta: (Acomoda el paraguas) ¡Gracias vecina!
(Gilda
ingresa a la cocina)
Nona: (Canta) ¡Hola Violeta la va la va!
Violeta: ¿Cómo
andas vieja?
Nona: Bien,
como el gobierno. Sentate.
Violeta:
Gracias, che. (Toma una silla y se sienta
al lado) ¿Qué estas tejiendo?
Nona: Una
bufanda para el verano.
Violeta:
(Desorientada) ¡Ahhh! Y sí…en el verano a la noche refresca.
Nona: ¿Te
hago unos mates?
Violeta: No ya
es la hora del vermut.
Nona: No
tengo Vermut. El Caruso chupa como una esponja. ¿Querés una copa de vino?
Violeta: ¡Ah,
un vinito puede ser!
Nona:
Servite,
ahí tenés un tinto del bueno.
(Violeta
Toma la caja, lleva la caja muy cerca de sus ojos para ver. Es miope. Se sirve en
el vaso que dejó Caruso.)
Violeta: (Bebe de un trago) ¡Ahhh, no hay como el vino tinto de cajita!
Nona: Y puro
es más rico. ¿Querés un cacho de mortadela? Servite.
(Violeta
abre el paquete, se sirve, come con ansias.)
Violeta: (Golosa) ¡Ah, que rica que es la
mortadela! Lástima que hace mal al colesterol.
Nona: Hace
mal al colesterol, al Acido Único...
Violeta: ¿A lo
qué?
Nona: Al
Acido Único… el de la “Urina”.
Violeta: ¡Ah!
El Acido Úrico te jode.
Nona: Si
fuera lo único que te jode.
Violeta: Che
¿Puedo hacer una llamadita por teléfono?
Nona: Sí,
Violeta. Llama nomás.
Violeta: Es por
una emergencia, sino no jodo, ¿Viste?
(Se
lleva el paquete de fiambre y el vaso de vino, los acomoda al lado del teléfono.
Saca un papel del corpiño. Lo acerca a su vista. Marca y Habla con la boca llena, bebe.)
Violeta:
(Grosera) ¡Hola loca de mierda! ¿Qué
hacés? ¿Vamos a revolear las bombachas esta noche? ¡La Violeta habla, trola! (Dramática. Empalidece.) ¿Con quién
hablo? ¡Uh, perdone señora! Me equivoqué… (Su
rostro se transforma. Cuelga) ¡Me reputeo la guacha!
Nona:
¿Estaría
chinchuda? (La Nona cuenta en el tejido)
Dos, cuatro, seis…
Violeta: Noooo,
me equivoque de número. No veo un carajo sin los anteojos y me los olvide. (Marca otra vez, con sumo cuidado.)
Cuatro, veintisiete, ocho, cincuenta y cuatro.
Nona: (Por el tejido) Cincuenta y uno... ¡Ay,
me perdí!
Violeta: ¡Hola!
¿Alcira? ¿Estás segura que sos la Alcira? ¡Ah, bueno! Soy la Violeta…Bien ¿Vos? Estoy en eso. ¿Vas a ir al baile está noche
trola? (Intencionada) Mirá que va a ir el “punto”…
Nona: (Por el tejido) ¡Ay, el punto que no se
me escape! ¿Cuánto era? Dos, cuatro, seis...
Violeta: ¡Sí nena,
en el Salón de los Jubilados! Me dijo que te hiciera gancho con vos...…y tiene
como setenta y cuatro el “punto”...
Nona: (Ensimismada) Noo... cincuenta y cuatro puntos… Dos, cuatro,
seis...
Violeta: (Come y bebe) Tiene setenta y cuatro años…
Pero con la “pastillita azul”…¡Parece de cuarenta! (Ríe bobamente) ¿Qué querés
que te consiga uno de treinta? (Cortante)
¡ Loca de mierda..! (Ríe) ¡Bueno no
te calentés! ¡Pero tenés setenta y uno!
Nona: (En los puntos) ¿Setenta y uno? Nooo, cincuenta y uno. ¡Ay, me
olvide! Dos, cuatro, seis..
Violeta: Bueno
loca de mierda, ponete una minifalda. No seas chapada a la antigua… ¿Querés
levantar algo o no?
Nona:
(Con firmeza, en lo suyo.) Si, quiero levantar el punto…
pero me perdí… sesenta y nueve… ¡Ah, lindo número!… Lo voy a jugar a la cabeza.
¡El sesenta y nueve! ¡El culo te llueve! (Se
ríe sola de su chiste)
Violeta: (Intencionada) ¡El sesenta y nueeeeve! La Nona acá dice que te acuerdes… (Ríe) ¡De jugarlo a la quiniela! (Ríe) ¡Bueno mami! Yo te lo presento.
Ahhh…te pasamos a buscar con la
Gladys… Bueno…besito mami…chau…chau. (Corta.
Despectiva) ¡Estas viejas chotas quieren levantar algo y son más
enroscadas!
(Se
sirve más vino y sigue comiendo. Vuelve cerca de la nona con el vaso y el
paquete de fiambre en sus manos)
Nona: Sí, se
me enroscó todo el ovillo.
Violeta: (Por la lana enmarañada del suelo) Vieja,
más que un ovillo parece una orgia eso. (Se
ríe) ¿Querés venir al baile con nosotras?
Nona: Estoy
como para baile yo con el reuma.
Violeta: Así te
distraes un rato. ¡Te pones unas minifaldas y te producís un poco y partimos!
Nona: Nooo,
con las minifaldas se me enfrían las bombachas.
Violeta: Será:
“la bombacha”, se usa una sola, vieja.
Nona: Con el
frio que hace, yo me pongo dos bombachas.
(Violeta
se ríe. Se sirve vino. Toma el paquete de chizitos)
Violeta: ¿Querés
chizitos? (La nona toma el paquete, que
irá comiendo hasta terminarlo. Violeta bebe) ¡Ah, que rico el tinto!
Nona: Che,
Violeta… ¿Tu marido no te dice nada que vas al baile sola?
Violeta: Me
separe hace como diez año de ese animal. ¿Vos lo conociste al Bobby?
Nona: No me
acuerdo.
Violeta: ¡Bah,
no perdiste nada! Al poco tiempo de casarnos empezó a tener conductas raras.
¿Viste? Tanto insistieron mis amigas que lo lleve a un profesional… que lo haga
ver con un profesional… que al final les di el gusto. Lo lleve a un
veterinario.
(Violeta
sigue comiendo y bebiendo. La Nona
teje y come chizitos)
Nona: ¿Los
veterinario son los psicólogos nena?
Violeta: No, lo
psicólogos son los médicos que te curan la cabeza.
Nona: (“Entiende”) ¡Ah, los psicólogos son los
médicos de cabecera!
Violeta: A mi
ex marido lo lleve a un veterinario, son
los que atienden a los animales. ¿Sabes que me dijo el veterinario de Bobby? (Se levanta y representa ridícula) “Solo
atiendo mascotas, animales grandes no trabajo”. ¡Estaba desesperada, imaginate!
No sabía que hacer. Entonces fui con mi ex marido a la “Reserva de animales
salvajes”… ¿Sabes que me dijo el dueño?
Nona: No…
¿Qué te dijo?
Violeta: (Imitando burlona) “Noooo, señora acá solamente entran las
especies en extinción…y animales como su marido… ¡Abundan!”
Nona: (Sigue comiendo chizitos) ¿Hay muchos
maridos que son animales?
Violeta: (Catedrática) “Detrás de toda gran
mujer…¡¡¡Siempre hay un gran animaaaal!!!”
Nona:
Pobre
Bobby…
Violeta: (Con énfasis) ¡Ma’ que pobre! ¡Era un
tarado! A esa altura ya estaba desesperada. Pero los locos tienen suerte
¿Viste? En ese verano vino un circo grande con muchos animales… Tigres de
Bengala… leones… esos animales se comen entre ellos…me dije: “¡Esta es tu
oportunidad Violeta!” (Sigue comiendo y bebiendo)
Entonces me fui con Bobby, a ver al dueño del circo. Muy atento el señor me
dice: (Imita a dueño del circo, da
vueltas alrededor del imaginario “Bobby”, lo observa como si fuera un perro.
Histriónica.) “Señora este animal que trae, es imposible domesticarlos, a
estos especímenes hay que domarlos y educarlos de chiquitos… de grande ya están
mal educados. (Sale del personaje)
¡Sí lo sabré yo señor… que me putea todo
el día! Le dije... (Se ríe)
(La Nona divertida con el relato
y golosa con los chizitos. Violeta sigue comiendo mortadela y bebiendo)
Nona: (Divertida) ¡Que chica loca esta
Violeta!
Violeta: Así que asumí la situación y tomé la decisión. Compré
una correa para perros y lo até en el patio al tipo. Total el nombre de perro
ya lo tenía: “Bobby”. (Ríen las dos) ¡Uhh...al
principio no sabés lo que le costo acostumbrase a estar atado y desnudo!
¡Aullaba toda la noche! Con el tiempo se acostumbró. Todas las noches lo sacaba
a pasear… ¡Correteaba y retozaba suelto por el barrio en cuatro patas y con el
culito al aire!… ¡Vos lo vieras! ¡Chocho estaba el Bobby!
Nona: (Interesada) ¿Y comía huesos… como los
perros?
Violeta: ¡Noooo…tan
insensible no fuí! Le compraba alimento balanceado para perros… ¡Ojo…alimento de
marca! ¡No… en eso no me fijaba! Pero se me iba el presupuesto al carajo… al
final de cuenta el Bobby comía casi como
una persona ¿Viste?
Nona: (Riendo con ganas) ¡Hay nena que chica
loca que sos, me voy a mear encima!
Violeta: (Bebe el último trago) Bueno
me voy a ir vieja.
Nona: (Le da la bolsa vacía de los chizitos)
¡Ponela en la mesa!
(Violeta
deja la bolsita vacía y dobla cuidadosamente el papel del fiambre. Lo deja en
el lugar que estaba en la mesa.)
Violeta: Me tengo que producir. (Ríe)
Nona: Bueno
nena, que bailes mucho.
Violeta: ¿Querés
venir a la pachanga?…Te llevo, ¿Eh?
Nona:
Pachanga es la que tengo acá… (Por el
tejido) De la risa me hiciste perder los puntos.
Violeta:
¡Estaba rica la mortadela! ¡Tenía gusto a “poco”! (Ríe. Descubre el frasco que está en la mesa. Acerca la tapa del frasco
a sus ojos. Lee.) “Miel de campo” ¡Uh,
que rico! ¿Es miel de campo?
Nona: ¡No,
es miel de “oveja”! ¡Llevatela te la regalo!
Violeta: (Agradecida la besa) ¡Ay, gracias vieja!
¡Sos divina! (La besa) Bueno me voy a
bañar. Dejale saludos a los chicos. Chau. (Sale)
Nona: Chau
Violeta. (Canta y sigue con el tejido)
¡La violeta la va la va..! ¡Está chica
está cada día más chitrula!
(Entra
Gilda, trae unas servilletas, las deja en la mesa)
Gilda: (Se acerca) ¿Usted ya comió Nona?
Nona: Sí nena,
ya tome el café con leche, con mate cocido. A la noche no ceno, me cae pesado.
Gilda: (Repara) ¡Uh, mire el enredo que se le
armó con la lana!
(Enrosca
la lana en el ovillo)
Nona: (Aconsejándola) La lana es como los
hombres ¿Viste? ¡Hay que dejarlos por el piso, a estos desgraciados, pero vos siempre
manejando los hilos! (Ríe y juega con la mano imitando) Como
las marionetas… ¡Los hombres son unos títeres!
Gilda:
(Ríe) Tiene
razón Nona….hay que manejar los hilos.
(Ingresa
Caruso, con marcas en el piloto de la lluvia. Se saca el piloto y lo cuelga en
el perchero.)
Caruso:
(Protestando) ¡Ahhh, que tiempo de mierda!
¡Dejame de joder!
Gilda:
(Irónica) ¿No decías que te gustaba cuando llueve?
Caruso: (Rezonga) ¡Naa…no me gusta y menos abajo
de un techo de chapa!.. ¡La lluvia hace un quilombo bárbaro..! ¡A mi el ruido me desconcentra! ¡Naaa..!
Nona: ¿Dónde
fuiste Caruso con este tiempo loco?
Caruso: A
comprar palitos para la tos.
Nona: ¿Tenés
tos?
Caruso: No
abuelita, fui a comprar cigarrillos.
Nona: ¡Ah,
eso es bueno para la tos!
(Caruso
va a la mesa. Toma el papel que envolvía el fiambre, lo muestra)
Caruso: Che…
¿Y la mortadela? ¿La pusiste al horno a calentar? (Ríe)
Gilda: No sé,
estaba ahí.
Caruso: Sí ya
veo que estaba… pero no esta más.
Gilda: Nona...
¿Ud. se comió toda la mortadela?
Nona: No, lo
único que me comí… son cuatro puntos y tengo que destejerlo todo.
Caruso: (A Gilda.) Te la morfaste vos.
Gilda: Te
digo que no, estaba ahí.
Caruso: (Toma la bolsa vacía de chizitos) ¡Ni
uno!
Gilda:
¿Seguro
que Ud. no se comió también los chizitos nona?
Nona: No, a
mí los chizitos me patean el hígado…
Caruso: ¿Y la
mortadela También?
Nona: (Se acuerda) ¡Ahhh! La mortadela…le convide un poco a la Violeta…
Gilda: ¿Y qué…
se la llevó?
Nona: Se la
llevó.
Caruso:
(Seco) ¿Cómo que se la llevo?
Nona: Se la
llevó en la panza…se la morfó. (Ríe)
¡Que chica loca!
Caruso: (Azorado) ¿Y yo que mierda como ahora?
Gilda: ¡Que
desubicada esta mujer!
(Caruso
intenta servirse vino de la cajita. Nota que no hay más.)
Caruso: (Se transforma) ¿También se tomó el
vino?
Nona: ¡Ah,
si le convide un poquito!
Caruso: ¡Había
medio litro!
Nona: Tenía
mucha sed. ¡Ah, cómo le gusta el vino tinto! ¡Es una chupandina esta Violeta!
Caruso: (Se enfurece) ¡Que hija de puta! Me morfó toda la mortadela y
encima me tomó todo el vino. Para colmo
el mercadito ya cerró. (Agresivo a Gilda)
¿Y vos donde estabas che?
Gilda:
(Se defiende) ¡Pará no te la agarres conmigo
que yo no estaba!
Caruso: (Desencajado) ¡Pero la puta madre que lo
parió! No puedo salir dos minutos de mi casa, que me morfan todo y encima me
chupan el vino… ¡¡Y para colmo esa vieja de mierda que está podrida en guita!! (Descarga en Gilda) ¡Naaa...si querés le
doy de comer a todo el barrio!.. ¡Mientras vos andas dando vueltas por ahí…!
Nona: (Divertida) Ah, está pirucha la Violeta…
Caruso: A ésa…
¿Violeta? No... Bordó. (Exaltado) ¡¡BORDOOOO!!
Le va a quedar el ojete de las patadas en el culo que le voy a meter. ¡Vieja de
mierda!
Gilda: ¡Pará
un poco che! ¡No seas tan guarango!
Nona: (Ingenua, canta) ¡La Violeta la va la va!
(La Nona levanta el ovillo de
lana, acomoda su tejido. La cartera queda en la silla. Se lleva el Bléiser. Va a su dormitorio.)
Caruso: (Intimidatorio
a Gilda) ¿Me querés decir que mierda morfo ahora?
Gilda:
Bueno
baja un cambio, no es para hacer semejante escándalo.
Caruso: (Irritado) ¿Ah, no? Salgo dos minutos
para comprar cigarrillos, viene la vieja trastornada ésta y me morfa la cena…
¿Tengo que bailar en una pata? (Agresivo)
¿Y vos donde mierda estabas?
Gilda: Estaba
en el galponcito acomodando la ropa que
se mojó… (Enojada) ¡Y cortala con las
agresiones!
Caruso: (Vocifera) ¿Quién te agrede? Me dejan
sin morfar y encima es una vecina… ¿Eso no es una agresión?
Gilda: (Intentando calmar) Bueno...te hago unos
fideos con manteca.
Caruso:
(Enfurecido) ¡Noooo! ¡Yo quiero “Mi” mortadela! ¡Y quiero “Mi”
vino! ¡Esto es un choreo! ¡Es invasión ilegitima a la intimidad y a la
propiedad privada! (Desencajado) ¡Y
además esto es… es… es… (No encuentra la
palabra. Desbordado) ¡¡Y la reputamaaaadre que lo parió!!
Gilda: (Tratando de calmar) ¡Ah, pero deja de
insultar, che! ¡Son cien gramos de mortadela!
Caruso: (Vociferando) ¡“Eran”…! ¡“Eran”…! ¡Cien
gramos de mortadela, porque ya no hay un carajo! ¡Hasta los hilitos de plástico
se comió la hija de puta!
Gilda:
¿Porque sos tan grosero?
Caruso: ¿Yo
grosero? ¡Si vos no le paras el carro! ¡Te lo juro que cometo un asesinato!
Gilda: (Lo enfrenta) ¿Podes para de gritar?
Caruso: (Agresivo) ¡Sos incapaz de vigilar cien
gramos de mortadela! ¡Todo el día boludeando en internet con esas poseías de
mierda!
Gilda: (Ofendida) ¡Sos un guarango! ¡Un
ordinario!
Caruso: (Desencajado, remarcando) ¡No servís ni
para cuidar cien gramos de mortadela! ¡Dejame de joder! ¿Decime para qué mierda
servís?
Gilda: (Grita angustiada) ¡No me grites más!
¿Qué te crees que soy?
(Gilda
se deja caer en el sillón sollozando. Pausa. Afuera arrecia la lluvia y el
viento. Hay un clima de gran tensión. Caruso queda descolocado. Trata de
recomponerse. Observa a Gilda solapado. Se da cuenta que fue muy agresivo.
Tiempo. Sale la Nona
de la habitación. Lleva puesta una capellina, un bléiser gastado y una cartera vieja.)
Nona: (Cordial) ¡Hasta luego chicos!
Caruso: (Repara en la nona. Sorprendido) ¿Y Ud.
donde va?
Nona: (Inocente) Al baile con la Violeta.
Caruso: (Por Gilda. Mordido) Mirá en el baile
que me metió la violeta. Esa vieja trastornada… (Para sí, mascullando) ¡Bordó le va a quedar el ojete!… Bordó te lo
juro…
(Caruso
va al dormitorio.)
Nona: (Cantando suave, parada cerca de la puerta.
Con la mirada perdida)
“E’
la Violeta...la
va, la va, la va;
La
va sul campo, E’ la Violeta
la va la…
(Gilda
se recompone lentamente. Busca el la guía un numero. Llama por teléfono)
Gilda: Hola
¿Con la pizzería? Bien… me podría traer una pizza grande. Especial, si. Bufoni…
Rivadavia 1700. ¿Cuánto sale? Bien. ¿Cuál es la demora? Bueno… Sí, sí…muchas gracias, hasta luego. (Cuelga, repara en la nona que esta parada
esperando. Tierna) Nona… porque no va a dormir que ya es tarde.
Nona: Hace
un rato me dijiste que era de noche… ¿Ahora ya es la tarde? ¡Cómo pasa el
tiempo!
Gilda: Vaya a
la cama que yo le llevo el agua para la pastilla.
Nona: Bueno…
me voy a recostar un rato entonces… (Permanece
en el mismo lugar) Me duele tanto la espalda. Avisáme cuando venga la Violeta.
Gilda: Sí,
nona vaya…vaya.
(Gilda
ingresa a la cocina. Del dormitorio sale Caruso dinámico, intentando recuperar
la alegría. Observa a la nona. Cambia el
CD del grabador.)
Caruso: (Divertido) ¿Así que se va de pachanga
nona?
Nona: (Alegre) Si, al baile de los jubilados.
Caruso:
(Irónico) ¡En este país los jubilados la
pasan bien! ¿Eh? ¡Que país generoso!
(Caruso
enciende el grabador, a todo volumen se escucha: “Fuiste” – Interprete: Gilda. Caruso se coloca el sombrero y el piloto. Baila.
La toma de la mano a la Nona
y la obliga a bailar.)
Nona: (Divertida) ¡Ay, nene…sos un loco vos!
(En
medio del baile entra Gilda. Observa la escena. Agobiada se sienta en el
sillón. El baile es ridículo y Caruso exagera sus movimientos y canta remarcando
provocador la letra de la canción, mirando a Gilda, ella acusa la burla, se
levanta furiosa y apaga el grabador.)
Caruso: (En víctima, como un niño) ¡Eh, che!
¿Por qué apagas la música?
(Gilda
irritada vuelve al sillón. No responde. La nona queda dando vueltas, bailando sin música.)
Nona:
(Canta) ¡Todo
eso fuiste...pero perdiste!
Caruso: (Amenazante) ¿Por
qué sacaste la música?
Nona: (Se va a su dormitorio) ¡Todo eso
fuiste…pero perdiste!
Gilda: (Furiosa) Primero: ¡Porque eso no es
música! Segundo: ¡Esta es mi casa también! Y tercero: ¡Que no estoy de humor
para soportar todas tus estupideces!
(Gilda
frenética sigue doblando ropa en el sillón)
Caruso:
¡Estupideces dice! ¿Desde cuando la alegría es una estupidez?
Gilda: (Enardecida) ¡Deja de hacerte el idiota!
Desde que viniste que te la pasas agrediéndome. ¿Te crees que soy tan idiota
como vos?
Caruso: ¡Mirá
si seré idiota que me case con vos!
Gilda: Tenés
la puerta abierta…andate cuando quieras.
Caruso: Siempre
estás con cara de orto. Siempre de mal humor. El Kalifa siempre me decía: ¡Ojo
negro, esa mina no es para vos! No le dí bola…y acá me ves... Perteneciendo con
gran alegría al “Club de los
arrepentidos”.
(Tiempo.
Caruso va en cámara lenta hacia Gilda, abre su piloto como si fuera un nudista
que enseña sus genitales.)
Caruso: (Divertido) ¡Guuuooopp! (Se tapa los genitales) ¡Epaaaaa...no
mire si no la va a llevar!
Gilda:
(Enfurecida) ¡No ves que sos un ordinario!
(Con
pasos ridículos va hacia el perchero, deja el piloto, seguirá con el sombrero
puesto. Pausa. Afuera arrecia la lluvia y el viento. Caruso de la alacena saca
una copa y se sirve licor. Tiempo. Observa la lluvia desde la ventana. Bebe.)
Caruso: (Amable) ¿Querés un licorcito?
(Gilda
no responde. Pensativa. Caruso se sienta. Mira el folleto de turismo. Tiempo)
Gilda: (Abstraída. Acaricia la muñeca “pepona” del
sillón, le arregla las trenzas. Toma una aguja con hilo y le cose el vestidito
a la muñeca.) Antes no eras así. No eras agresivo. Eras muy alegre, muy
compinche, muy tierno…muy…
Caruso: (Irónico)…Muy boludo.
Gilda:
(Sin escucharlo) Pero desde que entraste a la Municipalidad
cambiaste mucho. Te empezaste a juntar con esos de la política. Uno peor que
otro.
Caruso: ¿Qué
tenés que decir de los muchachos? Son buena gente, che.
Gilda: Ya que
son buena gente porque no le dicen al intendente que te ponga en planta
permanente...Hace ocho años que estás contratado.
Caruso: Estoy
en eso. “Radio pasillo” me dijo que la semana que viene hay una movida.
(Pausa.
Cada uno está en lo suyo. Caruso lee el folleto. Enciende un cigarrillo.)
Gilda: (Sincera) Antes de conocerte a vos tenía
otros candidatos.
Caruso: (Burlón) ¡Eran candidatos a cadena
perpetua, pobres!
Gilda: (Recuerda con ternura) Antes de ponerme
de novia con vos salí con un muchacho que tenía como mil hectáreas de campo.
Caruso: ¡Bah,
un gringo de mierda! ¡Seguro un gran miserable! ¡Esos gringos, más guita tienen
mas roñosos son!
Gilda: ¿Y vos
que sabes si no lo conociste?
Caruso: (Despectivo) Son todos iguales los
gringos del campo. Se creen que son de una raza superior. Lloran miserias todo
el año. Compran casas a rolete y las alquilan por fortunas. Sale más caro
alquilar una casa acá que en Europa. Siempre llorando miseria. Ellos se van al
Caribe de vacaciones, la cuatro por cuatro cero kilometro, no les falta…Y
nosotros comiendo mortadela. Somos unos
pelotudos bárbaros…Cuando hay sequía, todo el mundo rogando para que llueva así
no se pierde la cosecha… “Si hay una buena cosecha nos salvamos todos”. (Ríe) ¡Ellos se salvan… y nosotros
seguimos con la mortadela! (Se acuerda)
¡Bah, cuando hay mortadela!
Gilda:
Vos
hablas así de resentido que sos…
Caruso: ¿Qué
resentido? ¿Decime donde hay una escuelita que la banque la Sociedad Rural?
¿Donde hay un hospital que banquen los gringos del campo? ¿Dónde hay una
biblioteca construida con la guita de los gringos del campo? Decime… ¿Sabés
cuanto gana un peón rural? Mil doscientos pesos…Eso cuando le pagan en blanco…
Un tipo que labura de sol a sol… (Histriónico)
¡La gente del campo merece Premio Nobel a la solidaridad! …y además por su
apoyo desinteresado a la educación y la cultura de este país…
Gilda: (Termino de arreglar la muñeca.) En vos
mucho apoyo a la educación y a la cultura no se nota.
Caruso:
(Tranquilo) ¡Va
fangulo!
Gilda: (Dulcemente irónica) De todos modos… (Sensual) A mí siempre me atrajeron los
empleados municipales, si son contratados mejor.
Caruso: (Murmura riendo) ¡Va fangulo!
Gilda: Por
eso me quede con vos. ¿A ver si te acordás?
(Gilda
enciende el grabador y se aleja. En bajo volumen se escucha: “Bank Black”-
Interprete: AC/DC. A Caruso se le transforma el rostro.)
Caruso: (Sorprendido) ¿Y eso? ¿Vas a hacer un
striptease?
(Caruso
la mira, como escondiendo algo. Simula.)
Gilda: (Divertida) Nooo, está en el CD. Me lo regalo
Mariela la ultima vez que vino. Tiene todos temas de la década del setenta.
Pero este de rock no sé porque lo puso. Se habrá equivocado.
Caruso: (Con cierta indiferencia. Pensando.) Mariela. (Tiempo)
¿Cuánto hace que tu amiga se fue a vivir a Córdoba?
(Gilda
cambia el tema musical. En bajo volumen se escucha: “Eres tu”- Interprete:
Mocedades.)
Gilda: Cuatro
años. La extraño un montón a la flaca. Mi mejor amiga desde la secundaria.
Caruso: La Mariela…Cuatro años… ¡Cómo
pasa el tiempo!
(Los
dos se quedan enganchados en la nostalgia de la música. Tiempo. Caruso se va al
dormitorio.)
(Suena
el timbre. La Nona sale del dormitorio,
va a atender.)
Nona: (Alegre) ¡Debe ser la Violeta que me viene a
buscar para ir al baile!
(Gilda
canta sobre la canción. Ingresa la
Nona, seguido de Kalifa. Trae puesto un piloto, una gorra de
calidad, Trae huellas de la lluvia. Traje y corbata. Kalifa usa bigote y
anteojos.)
Nona: (A Gilda) Es el Cantinfla que lo busca
al nene. (Va a su dormitorio.)
Gilda: (Amable) ¡Hola!
Kalifa: (Cordial) ¡Kalifa, nona...Kalifa! Hola,
permiso… (Al oírla cantar) ¿Interrumpo
algo?
Gilda:
(Simpática) Hola pasá…no, estaba escuchando
música.
Kalifa: ¡Que
romántica! Los días de lluvia son especiales.
Gilda: Es
verdad. (Por el piloto, dulce.)
Permitime, por favor. (Gilda le ayuda a sacarse el piloto y lo cuelga en la
percha.)
Kalifa:
Gracias. Un día para el romanticismo, digamos.
Gilda: (Sensual) Pero quedan tan pocos
románticos.
Kalifa: (Entrando) No creas…yo no escribo
poesías… (Vanidoso) ¡Pero puedo inspirarlas..!
Gilda: (Insinuante) ¿Ah, si? Mirá vos… ¿Será
para tanto?
Kalifa: Tuve
una novia que era poeta. Me escribió varios poemas… (Insinuante) Algunos
eróticos.
Gilda: (Con picardía) ¡Ah, pero mirá que
atrevida la chica!
Kalifa: (Lanzado) ¡Sí divina la pelirroja! ¿Vos
escribís poesía erótica?
Gilda: (Provocativa) Tengo algunos poemas inéditos…
que hablan de mis deseos y de mis fantasías ocultas.
Kalifa: (Se acerca a Gilda.) ¡Me encantaría
leerlas! ¡Las fantasías me ponen loquito!
Gilda: (Sensual) ¡Si vos me permitís... yo te
las leo!
Kalifa: ¡Sí
dale! (Repara) ¿Estás sola?
Gilda:
(Con dureza)
Lamentablemente, no…hay animales sueltos en la casa.
Kalifa: ¿La Nona?
Gilda: No
precisamente.… Se trata de un animal más feroz y más primitivo.
(Ingresa
Caruso con un pulóver en su cabeza. Gilda y Kalifa se alejan, simulando.)
Kalifa:
(Con fingida alegría) ¡Que haces Caruso!
Caruso: ¿Qué
haces Kalifa? (A Gilda. Seco) ¿Por
qué no me avisaste?
(Gilda
no contesta)
Kalifa: ¿Cómo
estás loco?
(Se
saludan efusivamente. Caruso se pone el pulóver. Gilda se sienta en el sillón.
Kalifa cuelga la gorra en el perchero.)
Caruso: ¡Pensé
que no ibas a venir! Sentate.
Kalifa: Está
bien, esta bien. Impresionante como llueve. ¡Se bien el mundo abajo!
(Los
dos se sientan alrededor de la mesa)
Caruso: (Grosero, a Gilda) Che, trae algo de
fiambre para picar.
Gilda: (Seca) No hay nada de fiambre.
Caruso: (Irónico) ¿Cómo y la mortadela?
Gilda: (Despectiva) ¡Se la comió la vecina!
Caruso: (Brusco)
Bueno trae vino entonces.
Gilda: (Agresiva) También se lo tomó la vecina.
(Kalifa
descolocado, lanza una carcajada)
Kalifa: (Divertido) ¿Qué manga de locos que son?
¡Que imaginación que tienen!
Caruso: (Mordaz, mirándola a Gilda) ¡A veces la
realidad supera todas las fantasías! (A
Gilda, ordinario) Trae algo para picar.
(Gilda
dolida, se retira a la cocina.)
Kalifa: ¡Ah,
te traje algo de guita!
Caruso: (Elevando la voz hacia la cocina para que
oiga Gilda) ¡Ah, que grande Kalifa me trajiste la plata!
(Kalifa
saca un billete y se lo da a Caruso.)
Caruso: (Azorado. Intimo) ¿Veinte pesos? ¿Vos me
estás cargando?
Kalifa:
¡Bueno
para comprar una pizza o unas empanadas
te alcanza!
Caruso:
(Con bronca contenida. Por lo
bajo.) ¡Me debes mil mangos Kalifa! ¡Y te dije que los necesitaba!
Kalifa: Bueno
es lo que te pude juntar, loco. (Intentando
cambiar de tema, por el folleto.) ¿Estás planeando irte de vacaciones?
¡Mirá que lugares!
Caruso: (Irónico, muestra el billete.) ¡Sí con
estos veinte mangos me voy al Caribe!
(Caruso
resentido, guarda los veinte pesos en el bolsillo)
Kalifa: (Simpático) Quería venir a hablar con
vos, por lo del nombramiento.
Caruso: (Ingenuo) ¿No me digas que sale?
Kalifa: Si,
casi seguro.
Caruso: (Alegre) ¡Vamos todavía! ¡Por fin una
buena!
(Gilda
regresa de la cocina con una bolsita de chizitos, la tira groseramente sobre la
mesa cerca de Caruso, este acusa la agresión. Gilda va al sillón.)
Caruso: (Mirando con ira a Gilda.) ¿Así que sale
el nombramiento?
Kalifa: Sí,
pero el mío.
Caruso: (Ofuscado) ¿Cómo el tuyo? ¿Y mi
nombramiento?
Kalifa: ¡Para
no te calentés! Vine para decirte las cosas de frente, para que no te la cuenten
torcida.
Gilda: (Mordaz) El intendente es muy
inteligente, le dan nombramientos solamente a los más capaces y a los más
inteligentes.
(Caruso
la mira enfurecido)
Kalifa: Claro
eso es lo que trato de decirle. ¿Ves? Tu señora me entiende.
Caruso: ¿Pero
porque sale tu nombramiento y el mío no?
Kalifa:
Porque
el intendente necesita un hombre de confianza en ese puesto.
Gilda:
(Mordaz) De confianza y capacitado.
(Caruso
la mira furioso)
Caruso: Pero
ese nombramiento era para mí. Me lo dijo ayer el negro Pachaca.
Gilda: (Se levanta acercándose a Caruso. Cortante) ¿Y le vas
a creer a un puntero de barrio desprestigiado? (Hiriente)
¡Ay, Caruso que lejos que estás de
la “mesa chica” del poder!
(Se
va al dormitorio. Se aleja divertida. Caruso enfurece. Suena el timbre de
calle.)
Caruso: ¡Escuchame
loco…! ¿No sé porque te metes en el medio?
Nona:
(Sale de su dormitorio. Con la
cartera colgada del hombro. Alegre.) ¡Debe ser la Violeta, que me viene a
buscar para el baile! (Va a la puerta de
calle.)
Caruso:
(Se levanta enojado.) El intendente me está pagando
mal, loco. ¿Qué soy el enemigo yo? ¿Qué le pasa a este hijo de puta? ¿Se
agrandó ahora?
Kalifa: Pará
no te calentés...
Caruso: (Exasperado.) ¡Pero como no me voy a
calentar Kalifa! Escuchame hace tres años que espero que me pongan en planta
permanente, hace diez años que laburo en la “muni” y me banqué todo, ¿Me oís?
¡Me banqué todo! Los radicales me mandaron castigado a maestranza…y yo
“muzarela”. Y por la huelga, los dos últimos años: Al cementerio. ¿Eh?
(Vuelve
la nona con una caja de pizza)
Nona: (Se queda parada al lado de Caruso) Dice
el chico de la moto que son quince mil pesos.
Kalifa: (Despectivo) Eso ya lo sé, Contame algo
nuevo. ¡No te la agarres conmigo!
(Caruso
sigue en lo suyo)
Caruso: ¡Fui
al frente de la huelga que le hicimos a los radicales!
Nona: (Sigue con la pizza en la mano. Impaciente) Caruso,
el chico.
Caruso: ¡Que
de castigo, me mandaron a laburar al cementerio! ¿Te olvidaste de esa?
Nona: (Cargosa) ¡Caruso… el chico se moja esperando!
Kalifa: Vos te
equivocas de enemigo. Vos confundís los tantos.
Nona: (Fastidiada le tira del pulóver)
¡Carusooo!! ¡¡El chicoooo!!
Caruso: (Grita enojado) ¿Qué chicooo?
Nona: (Enojada) ¡El chico de la pizzaaaa!
Espera que le pagues: Son quince mil pesos.
(Caruso
saca del bolsillo un billete, sin mirarlo se lo da a la nona)
Caruso: (Sin dejar de mirar a Kalifa. Agresivo) ¡Que
se quede con el vuelto!
Nona: (La nona toma el billete. Contenta) ¡Listo el pollo, pelada la gallina! (Sale a la calle, con la pizza en la mano.)
Caruso: (Frenético) ¡No querido! ¿Me están
agarrando de boludo a mí?
Kalifa:
Escuchame
Caruso, vamos a bajar un cambio. Yo no tengo nada que ver. Vine a poner la
cara…Vine a hablarte de frente. ¿Eh? El intendente quiere que sea yo… el toma
la decisión… no estoy en condiciones económicas de decir que no.
Caruso:
(Ofendido) ¡Ahhh,
y yo en que condiciones económicas estoy! Si te pedí que me devolvieras la
guita que te preste, era porque no tenía ni para morfar! ¡Y vos haciendo “un
gran esfuerzo”, me traes veinte pesos!
Kalifa: ¡Bueno
pero te traje veinte mangos!
(Caruso
se aguanta para no explotar)
Caruso: (Reprochando) ¡Escuchame, desde los
veinte años que milito! ¡Yo te invite al
partido…yo te hice entrar en la municipalidad! ¿Te acordás que estabas en la
lona? Te hice entrar de sereno en el Centro Cultural cuando Osvaldo tenía que
tomar licencia. ¿Te acordás o no te acordás?
Kalifa: (Ofendido) No me refregues en la cara lo
que hiciste por mí.
Caruso: Solo
te lo recuerdo, porque parece que perdiste la memoria…estás como el traidor del
intendente…
Kalifa: (Incomodo) ¡Pará con las agresiones!
Caruso: (Sereno) Me estas cagando, Kalifa.
Kalifa: (Ofendido) ¿Qué decís?
Caruso: (Convencido) ¡Que me estás cagando!
Kalifa:
(Irritado) ¡No te lo voy a permitir! Vos
estás insultando mi inteligencia.
Caruso: (Desencajado) ¿De que inteligencia me hablas?
¡La inteligencia para cagar a los amigos!
Kalifa: (Lo increpa) ¡Vos me estás faltando el respeto!
Caruso: (Violento) ¡Y todavía hablas de respeto!
¡Turco trepador y la puta que te pario! ¡Pedazo de hijo de puta! ¡Traidor!
(Caruso
se abalanza violento y le da un par de manotazos. Kalifa sorprendido se
defiende y escapa.)
Kalifa: (Cobarde) ¡Para… vos estás loco! ¿Qué te
pasa? ¿Por qué te pones así?
(Caruso
queda congelado. Kalifa lo observa a una prudencial distancia. Tiempo. Afuera
arrecia la lluvia y el viento. Hay un clima muy tenso. Kalifa cuida sus movimientos,
temeroso se acerca a la puerta de calle. Caruso permanece inmóvil, derrotado.
Kalifa antes de salir, se da vuelta. Observa a Caruso.)
Kalifa: (Feroz) ¡Vas a volver al cementerio!
Fracasado...
(Caruso
lo fulmina con la mirada y permanece inmóvil. Kalifa con temor, se va rápido,
olvidándose la gorra y el piloto. Tiempo. De la calle vuelve la nona con la
pizza.)
Nona: (A Caruso, desde la puerta.) Dice el
Cantinfla que le lleves el piloto.
Caruso: (Furioso) ¡Dígale al “Cantinflas” que lo
venga a buscar!
Nona:
(Gritando a Kalifa que está en
la vereda) ¡Cantinfla! ¡Dice que lo venga a buscar!
(A
Caruso, repite lo dicho por kalifa.)
Nona: ¡Dice el
Cantinfla que lo deje que no importa! Que te lo regala. ¡Que generoso!
Caruso: (Por lo bajo.) ¡Cagón!
Nona:
(Acercándose a Caruso.) ¡Que buen muchacho este Cantinfla! ¡Que
simpático, parece un político!
Caruso: (Sonríe amargamente) Seee.
Nona: (Confidencial) Neno... ¿Vos no te
equivocaste de billete para la pizza? ¿No me diste uno de cincuenta mil?
Caruso: (Reacciona, se mete las manos en los
bolsillos desesperado) ¡¡¡La puta que lo parió!!! ¡Le dí el de cincuenta
mangos! (Grita) ¡Anda a decirle
que te lo devuelva!
Nona: (Deja la pizza en la mesa. Divertida) ¡Anda
a decirle vos!
Caruso: ¡Y la
reputamadre que lo parió! ¡Pensé que era el de veinte pesos!
Nona: (Divertida) ¡Con razón el chico se fue
contento! ¡Anda a encontrarlo ahora! ¡Salió a los gritos haciendo “Wiris” con
la moto! (Mima a una moto en una sola
rueda) ¡Brummmmmm! ¡Brummmmmm! (Va a
su dormitorio, divertida.) ¡Estaba de contento el mocoso!
(Se
acentúa la lluvia y el viento. Caruso, impotente va a servirse una copa de
licor a la mesa. Bebe. Regresa Gilda del dormitorio. Sin mirarlo recoge del
sillón unas servilletas dobladas. Al pasar cerca de Caruso, se detiene. Lo mira.)
Gilda: (Serena, compasiva) Te dije que tu amigo
era un trepador. Te anticipe que te iba a joder.
(Lleva
las servilletas a la cocina)
Caruso:
(Intentando recuperarse) ¡Que
va a joder… va a joder! Cuando pagás con plata grande…tenés que esperar el vuelto.
Este papaguacha… Mañana hablo con el diputado, vamos a ver hasta donde vuela esta
palomita.
Gilda: (Saliendo de la cocina. Va donde está el
grabador.) ¡Uh, el diputado! ¡Ese es otro trucho, igual que Kalifa! ¡Son
todos cortados por la misma tijera! Sacáte la venda de los ojos, Caruso.
(Gilda
enciende el grabador y se sienta en una silla de la mesa. En bajo volumen se
escucha: “Marionetas de cartón”- Los iracundos)
Caruso:
(Sigue bebiendo licor) ¡Uhh,
escucha…este es un temón!
(Se
queda en la nostalgia. Tiempo. Se sirve una copa de licor. Se sienta en el
sillón)
Caruso: (Nostálgico) Me hace acordar a los
bailes con orquestas. Esos clubes repletos de mesas y sillas. (Divertido) En esa época a los bailes
iban las macetas con las flores.
(Le
sirve licor a Gilda)
Gilda: ¿Cómo?
¿Las macetas con las flores?
Caruso: (Divertido) ¡Seeeee! ¡Iban las chicas
que eran unas “flores” y detrás una vieja de “maceta”! (Se ríe) ¡Ah, Cómo las cuidaba esa vieja! Primero le tenías que
caer simpático a la vieja, sino “minga” que la piba la iba a bailar.
Gilda: (Divertida) Sí, tenés razón. Con
nosotras siempre iba la mamá de Mariela.
Caruso:
Imposible levantarte una piba a la salida del baile. Se iban todas con la
vieja.
Gilda: (Nostálgica) Pensar que antes terminaba
todo a las tres de la mañana. Ahora los chicos empiezan a salir a esa hora. (Caruso le sirve licor) ¡Noo...basta! (Gilda bebe)
Caruso: (En el recuerdo, divertido) ¡Faa, si
habré cabeceado! Yo soy cabezón, lo reconozco. (Se ríe) ¡Una vez cabeceo a una mina y se levantaron tres! (Se burla de su cabeza) ¡Tenía un gran
radio de acción! (Gilda se ríe y se sirve licor) Una noche me acuerdo, no
me lo voy a olvidar en mi vida. (Se
entusiasma con el recuerdo. Se sirve licor. Vuelve su histrionismo. Representa
la escena.) Ese sábado me acuerdo, fui al baile con un pantalón con las
botamangas que tapaban los zapatos, era de color rojo y un pulóver verde loro.
¡Tenía una pinta el vago! (Gilda
desencajada de risa. Caruso lanzado) En el baile había una piba que era una
muñeca... ¡Divina! Pelirroja, un pelo ondulado hasta la cintura, unos ojos
verdes… Era la más linda del baile.
Gilda: (Se sirve licor. Interesada.) ¿Y que
pasó?
Caruso:
Bueno…
yo siempre fui pibe precavido ¿Viste? (Ya
“está” en el baile, en un lugar imaginario de la platea, Caruso ve a la chica.
Se aleja, mira, camina ridículamente unos pasos) Caminaba unos metros mas y
la piba, me seguía mirando. (Hace uno
pasos más) Estaba clarito, la piba estaba conmigo, no me sacaba la mirada.
Entonces la “cabeceo”. (Realiza la acción
como si estuviera en el baile) ¿Y qué pasó? El ángel pelirrojo se levanta…
Gilda: (Alegremente sorprendida) ¡Nooooo!
Caruso: Me
sonreía la coloradita… (Ridículo)
¡Entonces voy hacia ella, desparramo meeesas, siiillas, vieeeejas!! Cuando
llego hasta ella, me sonríe sensual, la
tomo del brazo, muy dulce me dice: “Disculpa pero bailo con el pibe que esta
detrás tuyo.”
Gilda: (Gritando y riendo) ¡Nooooooo!
Caruso:
(Abre los brazos, gritando) ¡Quedé
crucificaaaado! ¡Los vagos atrás mío se cagaban de risa! (Divertido) Naaaa… todo era complicado… estaba a veinte metros,
había que tener una mira telescópica con
rayo laser para embocarle.
(Caruso
se sirve licor, llena la copa de Gilda.)
Gilda: ¡No
basta, me querés emborrachar vos!
Caruso: (Divertido) ¡Hablando de embocar! ¡Emborrachándote,
es que es la única manera embocarte a vos!
Gilda: (Se ríe, pícara) ¿Y si me duermo?
Caruso: (Intencionado) ¡Yo te aseguro que te vas
a despertar!
(Ríen
los dos. Caruso va hacia el grabador levanta el volumen de la música. Se
escucha: “Puerto Mont”- Los Iracundos. Cambia la luz. “Es el salón de baile”.
Caruso se aleja de Gilda. La mesa ahora, es: “la mesa del baile”. Caruso se
acomoda la ropa, sus gestos son
exagerados, se pasa las manos por el cabello. Da unos pasos, grotesco, realizando
la acción de “seguridad.” “Cabecea” a Gilda. Ella sonríe tímida, comenta algo
con las amigas imaginarias de “la mesa” y señala a Caruso con la mirada. Caruso
vuelve a “cabecear”, Sobreactúa la acción. Gilda se resiste apenas y se levanta.
Caruso agrandado, camina ridículo hasta “la mesa”, la toma del brazo y la lleva
al centro de la “pista”. Bailan “apretaditos”. A Caruso se le baja una mano
hacia el trasero de Gilda, ella con su mano la sube hasta la cintura.)
Caruso:
(Bobo)
¿Siempre venís a este baile?
Gilda: (Sigue el juego. Tímida) ¡No, es la
primera vez!
(Bailan
un momento)
Caruso: ¿Y
cómo te llamás?
Gilda: (Ingenua) ¡Gilda!
Caruso: ¿Y te
puedo tutear?
Gilda: (Contenta) ¡Si!
Caruso: (Le aprieta groseramente el glúteo a
Gilda) ¡¡Tuuu-Tuuu!!
(Gilda
de da una cachetada. Ríen los dos.)
Caruso: (Divertido) ¿Te acordás como me pegaste
con la primera tocadita?
Gilda: (Riendo) ¡Atrevido! ¡A mi colita no la
tocaba cualquiera!
(Caen
al sillón, desencajados de risa. Caruso le sirve licor a Gilda. Comienza a hacer
efecto el alcohol en Gilda, que no para de reír. Caruso bebe del pico de la
botella. Gilda va al grabador.)
Caruso: (Alegre) ¡Qué linda época, carajo! ¿Ves
cómo es la vida de injusta? Uno cuando es pendejo es feliz y no se da cuenta… y
cuándo sos grande y querés ser feliz… te “pasan” la cuenta…
(Gilda
pone a todo volumen tema: “Back in Black”- Interprete: AC/DC. Cambia la luz. Ahora es un “Night Club”. Gilda
comienza un striptease, moviendo su cuerpo sugestivamente.)
Caruso: ¡Guauu!
¡Que empiece el shooow!
(Gilda
lanza pequeños gritos típicos, se entrega a la música, su cuerpo se mueve
frenéticamente. Se saca la camisa insinuante, se la tira a Caruso, que festeja a
los gritos. La “Bailarina” se baja la pollera muy provocativa. Queda con un
body de lycra negra y las medias negras con encajes. La transformación es
increíble para los ojos de Caruso. Se pone de rodillas como un “perrito” en
celo con la lengua afuera.)
Caruso: ¡Vení
gatitaaa! (Se tira al suelo, queda
desparramado. Desaforado.) ¡¡Matáme si no te sirvooooo!!
(Intenta
agarrarla, pero Gilda escapa. Divertida va al perchero se coloca la gorra s y
el piloto que dejo Kalifa. Va a la mesa, con un encendedor quema el corcho de
la botella de licor y se pinta unos bigotes. Se coloca unos anteojos. Ahora
“es” Kalifa. Apaga el grabador.)
Gilda: (Imitando la voz de Kalifa) ¿Estás solita Gilda? ¿El inútil de tu marido
no está?
(Caruso
entiende el juego de cambio de roles, se saca las alpargatas, el pantalón y la
camisa. Se coloca la peluca rubia, la capelina y el vestido rojo que tiene el
maniquí.)
Caruso: (Con voz afeminada imitando a Gilda) ¡Pasá,
pasá turco! ¡Que el pelotudo de Caruso, está en la municipalidad lamiéndole las
bolas al intendente! ¡Después se va a la “Básica” a comer unos choripanes con
esos “grasas” de los peronistas!
(Caruso
se coloca unos suecos de mujer, camina ridículamente sensual. Toma la cartera
que la Nona dejo
en una silla.)
Gilda: (Se acerca.) ¡Siempre estuve caliente
con vos rubia! ¡Nunca entendí que le viste al fracasado de tu marido!
Caruso: Es que
al estúpido le encanta que lo jodan y yo le rompo las pelotas todo el día.
¡Mientras fantaseo con un amante turco! ¡Ay, si vieras las cosas que me
escriben mis machos en le chat!
Gilda: ¡Ahhh,
rubia...! ¡Pero vos sos muy putita!
Caruso: (“Desenfadada”) ¡Siiiii…soy reputitaaaa!
¡Si vieras lo que me muestran por la camarita cuando chateo!
(Caruso
toma el maniquí, le pone su camisa y que ahora el maniquí es “Caruso”)
Gilda: ¿Y vos
rubia que le mostras por la camarita, cuando chateas?
Caruso: ¡Ay…en
el Messenger yo les muestro todo!!!…¡¡¡Me toco todaaaa!!! ¡¡¡Desnudita me
acaricio toda!!! (Se acaricia) ¡¡Y
ellos se ponen loquitosss!!!
Gilda:
¡Ahhh…pero sos una perversita rubia! ¡Yo creía que solo escribías poesías!
Caruso: (En víctima) Sí, pero cómo estoy mal
atendida. Entonces fantaseo solita,
porque con mi marido no pasa nada.
Gilda:
¡Dejalo a tu marido, es un perdedor…un fracasado!
Caruso: (Tira el maniquí, Lo patea.) ¡Sí! ¡No
servís para nada! ¡Sos un perdedor Caruso! ¡Fracasado!
(Gilda
también patea al maniquí.)
Caruso: ¡Sí,
Kalifa! ¡Castigalo y mandalo al cementerio…! ¡Total el Caruso siempre anda “muerto”!
¡A mi me calientan los ganadores!
Gilda: ¡Yo
soy un ganador rubia...vení conmigo bombón!
Caruso: (Patea nuevamente al maniquí.) ¡Tomátela
Caruso! ¡A vos te deseo Kalifa! ¡Tómame en tus brazos, seré tu harem!
(Cambia
la luz. Un cenital rojo inunda los cuerpos. Se abrazan, se besan frenéticamente,
caen de rodillas. Gilda bruscamente tira
a Caruso al suelo, se monta sobre él, “Hacen el amor”. El acto es grotesco.
Caruso finge un orgasmo. Se escucha de fondo un musical con gemidos femeninos
haciendo el amor. Los dos llegan al clímax ridículo. Gilda se levanta, Finge
cerrase “la bragueta”, es el “macho” que ha disfrutado del acto sexual. Caruso gira,
de espalda, toma la muñeca “pepona” del sillón, la coloca debajo de su vestido.
Se levanta y camina como una embarazada.)
Caruso:
(Ridículo, melodramático.) ¡Ay! ¡Ay! ¡Estoy embarazada!
¡Un médico! ¡Ay, se me rompió la bolsa!
(Camina
artificialmente “Dolorida”. Gilda ahora es el “partero”. Caruso respira como
una parturienta.)
Caruso: (Su respiración se entrecorta) ¡Ahhh!
¡Ahhh! ¡Ahhh!
Gilda:
¡Vamos!
¡Puje! ¡Puje! (Agresiva) ¡Puje carajo
no sea tan cagona! ¡Hay que ser muy macho para ser mujer!
(Gilda
de espaldas saca la muñeca. Gira con la muñeca en sus brazos)
Caruso: (Casi desmayado) ¡Ay, estos hijos
desgraciados! ¡Si supieran lo que sufre una madre para que ellos vengan al
mundo! (“Fatigada”) ¿Nena o varón?
Gilda:
(Tierna) ¡Ah, es una linda niña!
¡Igualita que su mamá!
Caruso: (“Maternal”) ¡Ay, démela que le voy a
dar la teta!
Gilda:
Vaya
con su mama…
(Gilda
le entrega la muñeca. Es notorio el ruido del viento y la lluvia. “Maltrecha”
Caruso, toma la muñeca en sus brazos.)
Caruso: (Por la muñeca) ¿Qué es esto? (El rostro de Caruso se transforma. Efecto
de sonido aterrador) ¡Está no es mi hija! ¡Esto es un monstruo! ¡Es un
mostruooo! (Desesperado, comienza a
revolear la muñeca de la mano sin
soltarla) ¡No la quiero! ¡No la
Quierooo!
Gilda: (Angustiada) ¡Noooo! ¡No diga eso!
Caruso: ¡No quiero! ¡No quiero un hijo!
Gilda: (Grita angustiada) ¡Noooo!
Caruso: ¡No
quiero un hijo! ¡Lo voy a matarrrrrr! (Hace
estallar violentamente la muñeca contra el piso. (Efecto de sonido
espeluznante. Gilda desesperada se arrodilla en el piso, levanta la muñeca y al
abraza sollozando)
Gilda:
¡Nooooooo! (Ahora es Gilda) ¿Porque
haces esto? ¡Sos patético!
Caruso: (Ahora es Caruso) ¡Ah! ¿Yo soy el
patético? (Es evidente el efecto del
alcohol. Tambaleante se va sacando la peluca y el vestido. Busca y se coloca su
ropa.)
Gilda: (Lo enfrenta. Agresiva.) ¡Sí patético!
Ni siquiera sabes jugar.
Caruso:
(Provocador) El
aborto que te hiciste no fue ningún
juego.
Gilda: (Escapa) Te emborrachas y empezás a
decir estupideces.
Caruso: (Feroz) Ninguna estupidez… y nunca me
dijiste nada. Pero a mí me lo contó tu amiguita.
Gilda: (Acorralada) ¿Qué decís? ¿Quién te contó eso? ¿Quién te lo contó?
Caruso:
(Logró lo que quería) Tú mejor amiga. Tú “amiguita” Mariela.
Gilda: Te
pones pesado cuando tomas. Mejor me voy a dormir. Vos estás borracho.
(Gilda
intenta irse, Caruso la toma violentamente de un brazo.)
Caruso: (Violento) ¡No te vas a ningún lado! Decí a la verdad. ¿Te hiciste un aborto si o no?
Gilda:
(Desesperada) ¡Sí, sí! ¿Y qué? Ya pasó, era
una pendeja. No sabía lo que hacía. Ya está.
Caruso: (Agresivo) ¿Y porque te hiciste un
aborto?
Gilda: (Feroz) ¡Porque no sabía, porque tenía
miedo!
(Gilda
se derrumba angustiada llorando en el sillón)
Caruso: ¿No
sabías? (Burlón) ¡Pobre la nena no
sabía nada...pero querías enganchar al gringo del campo! ¡Eso sí lo sabias! ¡No
sabías de quién era ese hijo! ¡Si del gringo o mío!
Gilda:
(Llorando) ¡No,
no es verdad!
Caruso: Cuando
te fuiste a Córdoba de vacaciones con Mariela, también fue ese gringo y un
amigo… ¡Los cuatro! ¡Y vos estabas de novia conmigo!
Gilda:
(Desesperada) ¡¡Eso
es mentira!!
Caruso: (Cruel) ¡Tu amiguita Mariela en la
intimidad de la cama me contó todo! ¡Querías enganchar al gringo de las mil hectáreas
con el embarazo! ¡Tu amiguita me lo contó todo!
Gilda: (Desesperada) ¡Estás mintiendo! ¡Estás
mintiendo! ¡Ella sería incapaz de traicionarme!
Caruso: ¡No
sabías si era de el o mío!
Gilda: ¡Ella
es incapaz de decir esas cosas!
Caruso: (Feroz) ¡Mariela es capaz de muchas cosas!
¡Imbécil! ¡Te comiste la historia de la amiga leal!
Gilda: ¡Que
sabés de amistad! ¡Mira lo que te basurean con tus amigos!
Caruso: (Toma un CD) ¡Y este tema de Rock…no era
para vos! ¡Era un mensaje para mí! ¡Siempre ponía este tema y me hacía un
striptease! ¡Tu amiguita es una yegua!
Gilda: (Desgarrada) ¡Mentira! ¡Mentira!
¡Mentira!
Caruso: (Tira el CD con violencia al suelo y lo
pisotea hasta romperlo) ¡Tu amiguita es un puta! ¡Una hermosa puta! (Cruel) ¡Y creéme que en la cama tu “amiguita”…
es mucho mejor que vos!
Gilda:
(Se levanta violentamente y
golpea desesperada a Caruso) ¡Hijo de putaaa! ¡Basuraaa!
¡Sos una mierdaaa! (Caruso solo atina a
defenderse con las manos sobre su rostro) ¡Sos un hijo de putaaa! ¡Hijo de
putaaaaaaa!
(Gilda
se derrumba, cae al suelo arrodillada a los pies de Caruso. Llora y murmura muy angustiada. Caruso quedó
paralizado. Tiempo. Se escucha el sollozo desgarrador de Gilda. Afuera arrecia
la lluvia y el viento. Tiempo. Caruso se recompone lentamente y se va a la cocina
tambaleante. Tiempo. Gilda se levanta destruida, es notorio el efecto del licor
que bebió. Pesadamente se va a su dormitorio.) (
(Suena
el timbre de calle. Aparece la Nona
con el tejido en sus manos. Vuelve a sonar el timbre.)
Nona: ¡Ya
va! ¡Ya va! ¡Tanto apuro! ¿Se está por casar? (Divertida. Inocente) ¡Cásate y serás feliz!
Violeta: (En off) ¡Hola viejita!
Nona: (Off) ¡Ah, Violeta sos vos! Pasá, pasá...querida.
Violeta: (Deja el paraguas en el piso. Es notoria su descompostura.) Vengo a hacer
una llamadita por teléfono.
(Violeta
repara el desorden que hay en el piso. Salta las prendas, para no pisarlas.)
Nona: Si
habla nomás, que los dueños del circo no se donde están.
Violeta: (Dolorida) Es por una emergencia, si no
te jodo.
Nona: (Alegre) Sí, en este país estamos
siempre en emergencia.
Violeta: ¡Ay,
tengo una descompostura!
(Observa un papel cerca de sus ojos y marca en el
teléfono.)
Nona: ¡Uhhh!
¡Así que se aguó la fiesta! Eh, bue… ¡Al
mal tiempo buena cara!
(La Nona regresa al dormitorio.)
Nona: (Canta suave) ¡La Violeta la va la va…!
Violeta: Hola
¿Gladys? Mal… me siento mal. No voy a ir
al baile...
(Ingresa
Caruso, no repara en Violeta, camina pesadamente. Sigue el efecto del licor. Esta
destruido. Se derrumba en una silla. Enciende un cigarrillo. Su mirada está
perdida.)
Violeta: Estoy
muy descompuesta del estómago. Si ya tomé, pero igual no me hizo nada. ¿Vos no
me venís a buscar para llevarme al hospital?
Bueno gracias. Nada… Comí una feta de mortadela y un té con miel que me regaló la Nona. Sí, pero eso no me
puede hacer mal. Bueno te espero corazón. Un besito. Chau.
(Violeta
estaba de espalda hablando, al girar ve a Caruso.)
Violeta: (Amable) ¡Hola vecino! (Caruso inmutable) ¡Qué nochecita! ¡Se
vino el mundo abajo! ¿No? (Pausa) ¡Gracias
por el teléfono! Me cayó mal la mortadela. (Caruso
no responde) ¡Ah, le aconsejo…! No coma mortadela porque viene muy mala... (Caruso inmutable. Incómoda.) Bueno
hasta luego… ¡Muchas gracias..!
(Violeta
toma el paraguas, antes de retirarse mira extrañada a Caruso y se va.)
(Se
percibe muy suave música: “Suite Nº 3 Aria” - J. S. Bach. Cambia la luz gradualmente.)
(Ingresa
Gilda del dormitorio, con otro vestido y el cabello recogido. Camina
pesadamente. Sigue el efecto del licor. Comienza a ordenar la ropa desparramada
en el suelo. Va dejando cada prenda en su lugar. Caruso sigue inmóvil con la
vista perdida en el horizonte. Gilda viste el maniquí y lo deja en su lugar.
Solo queda la muñeca en el piso, que está cerca de los pies de Caruso. Gilda
repara en la muñeca, sin dejar de mirarla, se acerca, se arrodilla, toma la
muñeca la aprieta contra su pecho y llora angustiada y en silencio. Caruso la
mira, inmóvil llora en silencio. Tiempo. Gilda se levanta lentamente, lleva la muñeca con gran
ternura hasta el sillón. La acomoda, le acaricia las trenzas, el vestidito.
Sale la música. Se recompone.)
Gilda: (Observa por primera vez a Caruso. Tiempo.
Con ternura.) ¿Te caliento la pizza?
Caruso: (No responde. Aleja lentamente la caja de
pizza que esta al lado de su mano en la mesa.)
Gilda: (Mira por la ventana. Por decir algo.)
Dejo de llover… (Pausa) Que noche de…
(Tiempo.
Caruso apaga el cigarrillo.)
Gilda: (Suave) ¿No vas a comer
entonces?
Caruso: (Se levanta con la cabeza gacha.) Yo… Me
voy a ir Gilda. (Pausa. Gilda lo observa
inmóvil.) Me voy a ir de esta casa. (Pausa)
No podemos estar más juntos.
Gilda: (Angustiada) ¿Por qué te acostaste con
mi mejor amiga?
Caruso: (No puede mirarla a los ojos.) No sé…
que se yo. (Le cuesta.) es que… muchas
veces no elegimos… son las mujeres las que eligen… y…uno no puede decir que no…
o no quiere decirle que no… que se yo…no sé. Me siento mal… Me siento una
porquería…una basura…
Gilda: (Muy dolida) ¿Y cuando fue eso?
Caruso: (Le cuesta) Hace… hace cuatro años…
Fueron dos meses…antes que se fuera a vivir a Córdoba.
(Gilda
llora en silencio. Caruso levanta la
cabeza, la mira a los ojos. Se notan sus lágrimas en el rostro. Le cuesta
hablar.)
Caruso: (Con la voz entrecortada) Me… me voy… me
voy Gilda.
Gilda: (Se desespera) No, no te vayas... no te
vayas… no me dejes. ¡Nooooo! (Gritando
muy angustiada, corre a abrazarse con Caruso. Se funden en un abrazo
desesperado) ¡¡Noooo te vayas!!!
(Cambia
la luz. Un cenital rojo inunda a los dos. Lloran los dos abrazados en medio de
la escena. Congelan. Entra música a todo volumen: “No me arrepiento de este amor”-
Ataque 77. La luz se esfuma
imperceptible hasta llegar al apagón.)
FIN
Luis Visentín –Vélez
Sarsfield 259 –C.P. (2600) Venado Tuerto
- Santa Fe - Argentina
Teléfono: 03462- 15544512 –
Correo Electrónico: visenteatro@hotmail.com
Efectos
sonoros
Los
efectos sonoros de la lluvia y el viento, es conveniente hacerlos en off,
evitando la grabación sonora.
Sugerencias:
Lluvia: Varias bolitas de níquel en una palangana
grande de chapa y hacer que las bolitas giren dentro del recipiente.
Viento: Una chapa mediana y blanda, haciéndola
vibrar, sosteniéndola con las manos.