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LLORANDO SOBRE LA MUERTA (ACTO FINAL)
Autor/a: JUL-RAUZ
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Estadísticas
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Resumen
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Fecha de publicación: 18/10/2010
Leído: 4064 veces
Comentarios (8)
Valoracion de la obra: 8,50
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Ha pasado una semana y el edecán Don Elviro se halla convaleciente bajo custodia policial. El destino vuelve a golpearle, esta vez de una forma que le dejará sin aliento..
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Han pasado siete días y el edecán don Elviro aun permanece ingresado en el hospital bajo custodia policial. Han debido reconstruir su fémur roto y deambula en silla de ruedas por las dependencias bajo supervisión. Siente grandes dolores pero es feliz.
- ¡Con que gozo acepto este inicio de mi penitencia, Señor, poco es el dolor que siento para el que merezco, mi corazón contrito se aliviará a base de sufrimiento...!- Exclamó el edecán con cara de resignación
- Pero cuanto me arrepiento, Señor mío, de haber sucumbido al impulso de sentirme excitado...- Dos pequeñas lágrimas amenazaron con desparramarse en sus mejillas.
Mientras recordaba las trágicas escenas vividas notó como su miembro se comenzaba a hinchar. Don Elviro hizo un gesto de fastidio y sintió ansias de rezar. Instalado en la silla de ruedas se acercó al vigilante de la planta y pidió permiso para ir a la capilla del hospital.
La capilla era diminuta, sobria y adornada con motivos florales. Una estatua del Sagrado Corazón presidía el pequeño altar. El edecán se acercó tras haberse santiguado, pidiendo perdón mentalmente por no poder realizar la genuflexión y se colocó delante del altar a un lado del pasillo. Rápidamente entró en ensoñación mientras murmuraba letanías en actitud de súplica. Una mano agitó su hombro y le sacó del trance.
- ¡Don Elviro!- Un hombre de mediana edad lo miraba fijamente. Llevaba pijama de enfermo, gafas de oxígeno y una barra con sueros conectada a su brazo.- Me presento, me llamo Lonsdale, ya me queda poco para presentarme ante nuestro Creador y busco su reconfortable compañía.- Añadió con al mirada perdida en el infinito.
-¿Le conozco?- Inquirió Don Elviro agitando la cabeza.
- No, señor, pero yo a usted si, su caso sale en la prensa...Siguió en silencio cara al altar. Y añadió sin mirarlo- No se preocupe por mí, no soy Dios para juzgarle.
Don Elviro se derrumbó, y sollozando le contó sus desdichas, sin apenas consuelo, hablaron y se apostrofaron con entrega a una amistad nacida con fuerza.
- En realidad te estaba buscando- Lonsdale se puso serio- ¿Cumplirías el último deseo de un moribundo como es el deber de un cristiano convencido de su fe?. Don Elviro sin pensarlo le respondió con voz lastimosa.
- Es una gracia y un deber que acepto con alegría por poder servir más al Señor. ¿Que quiere que haga mi buen amigo'. Se encorvó y se giro hacia el enfermo.
- Te lo diré con claridad. Mi esposa falleció en este mismo hospital hace tres días, nunca nos casamos, me gustaría morirme con su alianza puesta- Espetó Lonsdale
- Pero...yo no tengo bendición para poder casar.... Don Elviro cada vez se asombraba mas.
- Esta aun en la morgue del hospital. Llevaba implantada una válvula cardiaca desde hacia trece años. Quiero que me la consigas..- Dijo Lonsdale apagando la ultima frase.
-Por favor-. Contuvo un hipo lastimero que no escapó a los oídos del edecán
Don Elviro cerró los ojos con fuerza y arrugó la frente, comenzó a sudar, meditó profundamente en el sometimiento de su voluntad hacia el Señor y la heroicidad de cumplir con su calvario.
- !Lo haremos ahora!- proclamó con decisión.- Iré pensando como hacerlo sin dejar huella de nuestra acción-. Don Elviro advirtió la tentación de ir a masturbarse antes pero se contuvo. -¡Vamos!
La providencia les llevó durante eternos minutos, amparados en la soledad de las instalaciones y la suerte de testigos, ante la metalizada compuerta que albergaba el cadáver de la esposa de Lonsdale. Don Elviró tomó el mando de la situación. Frenó la silla de ruedas y abrió la compuerta sacando la camilla metálica con el cuerpo tapado.
- Acérquese y déme el extremo de su tubo de oxígeno señor-.
Lonsdale quejoso y triste se extrajo las gafas de oxígeno.- ¿Que va a hacer?.
- Escúcheme bien señor, es un cuerpo congelado, es imposible hacerlo de manera natural. Voy a introducir este tubo por el recto y dilatar su abdomen lo suficiente para poder introducir mi mano- -Sin dar tiempo a la replica El edecán levantó la sábana y cumplió la acción con aplicación exquisita.
- Ahora abra la espita más y apártese mientras sujeto el tubo-
- Esta usted loco...-. Murmuró Lonsdale mientras abría al máximo la salida de la bombona.
- Que extraño-. Meditó para si Don Elviro pasados pocos minutos. - Su abdomen, ¿porque no se hincha..?
De pronto comprendió con terror.-¡Cierre la llave ahora enseguida,es carne congelada, el aire se comprime dentr!o- Gritó el edecán con voz ronca.
-No puedo, me fallan las fuerzas, me falta la respiración y mi vida se empieza a apagar, oh Dios mío. -Lonsdale cayó inerte al suelo golpeándose la cabeza con la silla de ruedas del edecán.
- Oh Dios mío-.Repitió Don Elviro totalmente paralizado y con una tristeza infinita en la mirada
La cámara frigorífica amplificó la onda expansiva que produjo la explosión del cuerpo con un ruido sordo mezclado con el silbido penetrante de la deseada válvula cardiaca al salir disparada con destino a ninguna parte. Cuando los vigilantes entraron había dos cuerpos, uno en el suelo y otro en una silla de ruedas con el pecho perforado por lo que parecía un disparo. Su rostro estaba sereno y su boca insinuaba una sonrisa.
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