"" CONSAGRADA ORUGA "" (Escrito por JOEL FORTUNATO)
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El pueblo.

Autor: santiago B.S.
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Fecha de publicación: 19/02/2012
Leído: 11250 veces
Comentarios (9)
Valoracion de la obra: 6,75

El pueblo, drama del pueblo español. Donde se narra la vida de cuatro personas aferradas a su pueblo, y se han negado siempre a abandonarlo, viendo como desaparecian los niños engullidos por las grandes urbes y nadie regresa, ni para una triste visita.

ACTO I


 

-El otoño Juan:    Cada vez más cansado de tanto vivir y vivir, esta vida terminara acabando el día que menos me lo espere conmigo. Tanto trabajar, tanto forzar, eso no es bueno, no a mi edad.

-Saltamontes:      Que gruñes viejo, ya estoy viejo y mis oídos no tienen el alcance de antaño. Que refunfuñas entres dientes. ¡Hay viejo! ¡ya no estamos, no, ya no estamos!

-El otoño Juan:    Ya sopla el viento, pronto lo limpiara todo y este viejo barrendero ya no tendrá más hojas que limpiar, pero vendrán los niños, ¡hay de los niños, viejo! Con sus pelotas, sus juegos. Llenaran el parque de risas y de los envoltorios de las golosinas.

-Saltamontes:      Di que si, esos diablillos lo llenaran todo con sus risas, y no habrán más espacios vacíos, no al menos en este parque.

-El otoño Juan:    Mira viejo los charcos, tan quietos en sus cunas húmedas, sin nadie que los despierte de su aletargado sueño, sin nadie que los lleven y los traiga en las pelotas, en las huellas de las sandalias.

-Aurora:               ¿Que hablan un par de viejos, en un parque tan vacío? ná fresco, ná fresco seguro. Viejo Saltamontes con tu bastón, ya no saltaras no, ya no, mírate viejo, eres como una hoja seca, marrón, arrugado y flacucho.

-El otoño Juan:    Déjalo Aurora, deja al pobre Saltamontes, todos estamos igual, ya nos llegó el otoño, y en esta caída, solo nos queda bailar con el aire mientras caemos.

-Aurora:               Tú a barrer, no te metas en mis asuntos viejo, pronto llegarán los niños y brillara nuevamente el sol en este parque.

-Diablo:               Mira tu, viejo, que tres peleando como mozalbetes, que risa. ¡Ay! este dolor que no me deja nunca. Mi columna, mi corazón, hasta el aire me duele al respira.

-Aurora:               No te quejes tu tanto, viejo diablo, que tu eres el que esta de los cuatro mejor. Mira mis manos viejo, que no pararan hasta que yo halla muerto, y ni aun así pienso que lo hagan, le daré la mano a tol que venga a mi funeral ja ja ja ja  Ay viejo, nos quejamos de vicio. Ja ja ja ja.  

-Diablo:               ¿Que, como andas viejo barrendero? tu si que estas en forma aún, como te conservas viejo, yo pienso que tu le robas energía a los niños cuando pasan a tu alrededor jugando, ya lo creo que si, viejo, ya lo creo.

-El otoño Juan:    Mira tu quien fue a hablar, el viejo diablo. Aún fumando en su vieja pipa. No tienes a nadie viejo, ni a nadie a quien llorar, siéntete afortunado, yo enterré el otro día a mi muchacho, ¡ay viejo, esta vida no nos quiere, no!

-Diablo:               Lo siento viejo, te acompaño en el sentimiento. Eso es lo bueno que no tienes a nadie que perder, pero hay viejo, la soledad es muy larga, muy larga. Nadie quiere a un viejo diablo como yo, nadie me quiso nunca.

-Aurora:               No digas eso viejo, tu sabes muy bien que mucha gente es la que te quiere.

-Diablo:               Pero no como yo quiero que me quiera, no vieja. Tu sabes a que querer me refiero y ya estoy viejo, y nadie quiere a un viejo solitario como yo, ¿quién quiere escucha aun viejo diablo como yo, quién? Hay vieja, cuando oigo a los niños decir abuelo, como me duelen los oídos, como. Hay vieja, que mala es la soledad.

-Saltamontes:       Tu estas solo por que tu lo quisiste viejo, no te lamentes ahora, que compañía

nunca te falto, pero tu en vez de agarra, preferiste picotear e ir soltando, y así te ves ahora viejo diablo.

-El otoño Juan:    Que recuerdos viejo, cuando este diablo era más diablo que nunca, siempre rivalizamos por las mujeres, que recuerdos. Tu viejo siempre las conseguía y yo viejo, cuando tu estabas con alguna, todas las demás eran mías, je je je era el rey viejo, pero tu eras el rey del infierno, que recuerdos viejo, que recuerdos.

-Diablo:               Si viejo, quien fuera joven diablo para seguir pecando de esa manera, pero mírame ahora viejo, pagando por todos y cada uno de mis pecados, por tanto querer se me rompió el saco, pero que malo ve dios en querer mucho, yo quise tanto que me quede sin querer. Ay viejo que dolor, hasta el aire me duele al respira.

-Aurora:               Ja ja ja viejo bribón, galán conquistado que se quedo sin tierra que conquista.

-Saltamontes:       Este viejo diablo que mentía más que parpadeaba, y aún lo seguirá haciendo, ¿no viejo? o ya cogiste el camino santo.

-Diablo:                      Yo no mentía viejo Saltamontes, solo decía la verdad a medias, tu sabes, no viejo, tenia capacidad para crear y fantasear.

-Aurora:               Me acuerdo de cuando me contó de que tenia en su casa  un no se que, que me    quería enseñar, el viejo bribón.

-Diablo:               Hay vieja, debes reconoce que una vez por poco caes en mis garras de gavilán, que tiempos vieja. Pues claro que era bribón, pero esa vez si tenia algo que enseñarte y tu no quisiste ver vieja, era una enorme tarta de chocolate que mi vieja cocinó por mi cumpleaños, no tenia a nadie a quien invitar, pues todos andaban enredados en trabajos y estudios. Solo tu vieja estabas por allí. Pero ni por esas quisiste creer a este viejo diablo, no vieja, no me creíste.

-Aurora:               Que se te lleve el diablo mil veces, no decirme nada de la tarta de chocolate, con el hambre que yo arrastraba aquel dichoso día viejo. yo me pensé que estabas con tus dichosas bromas para poder meterme mano en tu casa, como hacías con las demás chicas, viejo diablo, no decirme hasta ahora lo de la tarta, el diablo te lleve mil veces, viejo.

-Diablo:               Ja ja ja, mira tu vieja si eres desconfiada. Yo nunca te quise mete mano vieja, Yo respetaba a las chicas de mis amigo, y tu en aquellos días estabas cogidita por el Saltamontes vieja, y bien que te llevaba de la mano, si viejo, bien que la llevabas, parecíais cangrejos ja ja ja hay viejo.

-El otoño Juan:    Que tiempos aquellos, viejo diablo, que tiempos. ¿Aurora, por que le dejaste? Pobre saltamontes, quedo sin mañana, sin sol, sin cielo, sin amanecer, sin Aurora ja ja ja, hay viejo como nos pesa el tiempo.

-Aurora:               Nada te importa viejo barrendero, tu a barrer, que pronto llegaran los niños. Hay viejo saltamontes, que de recuerdos en estos bancos, aún tallado andan juntos en ellos nuestros nombres, hay viejo, como nos pesa el tiempo.

-Saltamontes:       Dejad de tanto suspirar, o asustaremos a los niños con nuestros gemidos, y no vendrán, dios lo sabe viejo. Bueno viejo, os dejo. Me voy, mi camino es largo.

-Diablo:               Adiós, viejo.

-El otoño Juan:    Viejo Saltamontes, pronto vendrán los niños, paciencia viejo, no cuelgues tan pronto tu bastón, plántalo viejo, y que se haga fuerte árbol, y los niños colgarán de sus brazos sus columpios y sus risas. Ya veras viejo, ten paciencia.

-Saltamontes:       Gracias viejo barrendero, pero mi bastón no será nunca un árbol, que ya lo fue en antaño para convertirse en mi crucifijo, viejo, ya me comienzan a molestar sus afiladas astillas en mis manos, y mis piernas, que fueron piernas de atleta ya me empiezan a flaquear y me piden retiro a gritos. Adiós viejo.

-Aurora:               Hay Saltamontes que ya te retiras tan pronto, tus piernas ya no tienen fuerza, ni para saltar, ni para llevarme a cuestas. Hay viejo quienes fuimos y quienes somos. Pero yo se por que te vas viejo, y que es lo que te pide retiro, y óyeme bien viejo, yo sé que no son tus piernas, me oíste viejo, pero si quieres irte, vete. Adiós.

-Saltamontes:       Hay vieja, tu ya tienes lo que anduviste buscando, yo lo encontré, es cierto, pero se me fue de mis manos. No vieja, no me retiro por eso, el tiempo hizo lo debido y yo, me sometí a su voluntad, hay vieja. Adiós.

-Aurora:               Puedes decir cuanto quieras viejo, pero debes aceptar que en este momento no son tus piernas lo que te mueven a irte.(Sale Saltamontes.)

-Diablo:               Déjalo ya vieja, no ves que no puede mantenerse en pie, no lo atormentes más, deja que respire al menos su corazón, ya nos dimos cuenta vieja, ya. Ahora déjale que marche tranquilo, mira tu que yo se también muchas cosas y el tiempo no pasa igual para todos, y la soledad de muchas es la compañía de unos cuantos.

-Aurora:               Cállate viejo, no me interesan los refranes que te inventas, nadie quiere escucharlos viejo, calla y no te metas en mis asuntos

-Diablo:               Si vieja, mándame callar, pero ya nos queda poco sabes vieja, pronto llegaran los niños y no podremos hablar, por que todo esto estará inundado de risas y no se podrán vaciar los corazones, y cuando un corazón esta lleno, nos pesa y nos arrastra, nos hace lentos y torpes, pronto vieja, pronto, antes de que dejen de caer las hojas y los niños lleguen a jugar con sus nuevas pelotas.

-Aurora:               Que sabrás tu de corazones, tu que eres un viejo diablo, tu no eres quien para ir hablando de corazones. Mírate viejo, mírate, tu no eres nadie para hablar de mi corazón.

-Diablo:               Cierto vieja, no soy nadie, pero se que pasa cuando uno se queda con la palabra colgada de los labios, cuando el silencio toma la palabra, y todo termina y no hay una vuelta atrás. Yo se que pasa cuando miras en vez de hablar y piensas cuando en realidad se debe actuar, no vieja, el tiempo no esta a nuestro favor, y menos ahora, no dejes nada adentro si tienes oportunidad de sacarlo, no vieja, no.

-Aurora:               Yo sabré hacer viejo diablo, yo sabré hacer.

-El otoño Juan:    Ni los pájaros pían ya como antes, hasta ellos están viejos, viejos y cansados de          escuchar a cuatro viejos discutir por pasar el tiempo ja ja ja.

-Aurora:               ¿Quién discute viejo barrendero? tu con tus hojas, que se pelean contigo por que no quieren que las barras de este parque y las metas en esa bolsa fea. Déjalas en el suelo, a quien importa ya que las quiten, a mi al menos me hacen compañía con sus crujiditos mientras camino. Hay viejo, ya no estas no, ya no.

-El otoño Juan:    Hay vieja, mientras a ti acompañan en tu paseo, a mí estas hojas me llevan lejos, a donde no puedo pensar, que el pensamiento es malo si va por dentro y no encuentra agujero por el que llorar. ¿Y a ti, viejo? que hacen estas hojas, que ya parecen benditas.

-Diablo:               Si hacen bien a ustedes viejos, también a este viejo diablo lo hacen.

-Aurora:               Bueno viejos, esta vieja se marcha a su casa, que esta al llegar el duro frío y ya no tengo quien me parta la leña.

-Diablo:               El tiempo se nos lleva, como a las hojas el viento, poquito a poco y arrastrándonos por este mundo de incertidumbres y pesares, pero lo pasamos bien y eso es lo que queda en nuestros recuerdos, al fin y al cabo, recuerdos somos y un recuerdo seremos. O no lo pensáis así viejos. (Sale Aurora.)

-El otoño Juan:    Adiós Aurora.

-Diablo:               Adiós vieja. Mira los pajarillos viejo, hay arriba, esperando a que este par de viejos se marchen a su nido, para poder picotear aquí abajo y matar el aburrimiento. Ilusos, aun creen que hallaran el resto de los bocadillos de los niños. Ilusos.

 

 

 

 

 (Se apagan las luces.)

 


ACTO II


 

-Diablo:               ¿Qué haces viejo?

-Saltamontes:       Esperar, tan solo esperar viejo. Pero por más que uno espera, solo vienen las hojas que caen de los árboles. Pronto vendrán los niños viejo, pronto, ya veras, lo llenaran todo nuevamente con sus risas y sus juegos, y todo volverá a la normalidad. Todo será tal como era antes,  ya veras viejo.

-Diablo:               Seguro viejo que vendrán los niños, todos los que el tiempo y la ciudad se llevaron, ya veras que si viejo, que todos ellos volverán a llenar este vacío que nos es tan triste. Pronto vendrán viejo, todos y cada uno de ellos, y cuando lo hagan, tu estarás aquí para recibirles viejo, para recibirlos con el cariño que se merecen, si viejo, pronto, pronto vendrán los niños y todo se llenara de risas nuevamente.

-Saltamontes:       Un parque sin niños es como un corazón sin sangre, le falta la vida, la razón de ser, un parque sin niños, es como una ventana vacía de luz, a este parque le falta el color de la risa, de la vida. Está mudo, ni los pájaros pían, ni el viento sopla.

-Diablo:               Los niños son el todo en un parque,  pero no te preocupes viejo Saltamontes, pronto vendrán, y volveremos a protestar por sus juegos y sus bromas.

-Saltamontes:       No, protestar no, dejémosles que vivan, que se hagan fuertes, que salten y corran entre nuestras piernas, y así, nosotros podremos contagiarnos de su juventud.

-Diablo:               Hay Saltamontes, yo ya no me contagio a no ser que sea una gripe viejo, la juventud ya termino para mi, ya me canse de saltar y correr, de trabajar y de estar solo. A mi ya solo me queda descansar viejo.

-Saltamontes:       No diga eso viejo, nunca es tarde para ser joven y volver a la vitalidad de antaño.

-Diablo:               Eso lo dirás por ti viejo, yo ya me canse. Se joven tu si quieres y persigue a Aurora como en los viejos tiempos, yo ya me canse viejo, a mi solo me queda descansar.

-Saltamontes:       Aurora, que buena época aquella, que mujer, sin duda la mejor, ni el tiempo ha sido capaz de vencer su vitalidad y sigue tan bella como siempre.

-Diablo:               Como siempre, tu sabes viejo, para mi gusto le falta algún que otro detalle.

-Saltamontes:       No me extraña que siempre estuvieras solo viejo, si solo eres capaz de ver los detalles, para mi sigue tan bella como siempre, su mirada no ha perdido la fuerza de cuando era una muchachita, hay viejo, que tiempos, pero ya, no, por mas joven que me sienta, jamás volverá la Aurora a mi vera, no viejo. Ahora es una mujer de respetar, esta viuda y eso marca mucho, la pobre lo paso tan mal.

-Diablo:               Su marido era un buen hombre, poco hablador, no le gustaba salir; con lo alegre que era ella. La fue apagando poco a poco. La llama se consume viejo, si no se le echa aceite a la lámpara.

-Saltamontes:       No le gustaba juntarse con la gente de aquí, él era de otro lugar, de gran ciudad si, nunca le llegó a gustar esto, cuando tenia oportunidad se la llevaba consigo a la gran ciudad, pero a Aurora no le gustaba aquello, ella me lo dijo un día, que tanta gente junta, “no traía na bueno, no.” no viejo. Y Aurora no se equivoca.

-Diablo:               La gran ciudad. Metros, trenes, autobuses, gente agolpada en las calles, coches, prisas, estrés, de todo menos tiempo, hay viejo, solo pensarlo me ha dado mareo. Eso no es para nosotros viejo, eso es para los niños...

-Saltamontes:       Si... Para los niños..., nuestros... queridos niños.

-Diablo:               Si viejo, son los nuevos juguetes de nuestros niños, pero no te preocupes viejo, no estés mal, que todos sabemos que los niños cansan pronto de sus juguetes nuevos, y volverán al parque con sus balones, y sus risas. Y tu viejo, estarás aquí para recibirlos.

-Saltamontes:       ¿Tu lo crees viejo diablo? ¿No me engañas?

-Diablo:               Pues claro que si viejo, claro que lo creo.

-Saltamontes:       Ya veras viejo, cuando vuelvan los niños, todo será como antes, el sol volverá a brillar y los pájaros a piar. Ya veras viejo, pronto vendrán los niños y nuestros huesos se alegrarán tanto, que se olvidarán de molestarnos con su dolor. Pronto viejo, pronto. (Sale.)

-Diablo:               ¡Ay viejo..., viejo! Cual desdicha fue la tuya, viejo Saltamontes, tus niños, los niños, los niños nunca volverán viejo, no, nunca, este viejo pueblo esta como nosotros, olvidado por los suyos, solitario y sin más compaña que la de cuatro viejos. Todos estamos condenados. Nosotros por nuestra tristeza, por nuestros recuerdos, atrapados y anclados en un tiempo de prosperidad que ya nunca volverá; este pueblo, viejo, gris, decrepito, de casas de fría piedra, con el defecto de ser tan duras y fuerte, que son capaces de ver su propio funeral. Ay viejo pueblo, estamos condenados, condenados y olvidados por no subirnos a un tren, por querer mirar al cielo y verlo azul, por conservar la historia, las raíces, el perfume añejo del agua de pozo, por ser como somos y negarnos a cambiar, por andar bajo un árbol en el monte, en el bosque, en el río. Condenados y olvidados por conservar la vida en el pueblo. No es justo viejo, no.

 

(Sonido de niños riendo y jugando. Entra lentamente el otoño Juan barriendo.)


 

 

-El otoño Juan:    Este diablo que nunca se cansa de su infierno anonimo y privado, repleto de recuerdos colgados de sus paredes, que el olvido barre poco a poco, como si la doncella de la limpieza fuera, dentro de tu cabeza.

-Diablo:               Hola que hay

-El otoño Juan:    Hola que tal viejo.

-Diablo:               Dices que yo nunca canso de mi infierno, pero tu tampoco cansas de tu escoba, que es tan vieja como tu. Yo creo que nunca barres viejo, solo haces como el que barre, por que siempre hay hojas en este parque, siempre encuentras algo que barrer viejo, y no somos tanto en este pueblo, no viejo, tu tienes truco.

-El otoño Juan:    Donde hay parque hay árboles, donde hay árboles hay hojas, donde hay hojas hay una escoba para recogerlas y tras esta un barrendero. Donde hay liberta hay viento, y donde hay viento, siempre hay una alfombra de hojas para recibirle que las hadas y los duendes del parque, han esparcido mientras jugaban entre las ramas de los árboles.

-Diablo:               Muy bonito viejo, pero a mí no me convences viejo, no, no engañaras al diablo no. Yo creo que tus piernas están tan malditas como las de todos los demás, gritando por tenderse en la hierva. Yo pienso que usas esa escoba para esconder en ella tu bastón, no viejo, no, a mi no me engañas. 

-El otoño Juan:    Viejo diablo, tu maldita soledad te da demasiado tiempo para pensar, eso no tiene que ser bueno viejo, no.

-Diablo:               Dame tu escoba un momento, vamos viejo, déjamela un segundo.

-El otoño Juan:    ¿Para que quieres tu mi escoba viejo? no te la dejo, tengo cosas que barrer.

-Diablo:               Vamos Juan, viejo barrendero, déjamela un segundo, que pueda verte sin ella, que ya no me acuerdo de ti sin esa escoba, damela un segundo, o déjala de caer en el banco.

-El otoño Juan:    Te he dicho que no maldito viejo cabezón.

-Diablo:               Tan mal estas viejo, que no eres capaz ni de mantenerte en pie sin esa maldita escoba.

-El otoño Juan:    Cállate viejo y déjame barrer.

-Diablo:               Pareces un niño chico celoso de que le roben su juguete.

-El otoño Juan:    Si yo parezco un niño viejo, celoso de un juguete, ¿tu que pareces, ansioso de jugar con una escoba?

-Diablo:                  No estoy ansioso por jugar con tu escoba, quiero que veas que si tus piernas te fallan, no hace falta que te hagas el duro viejo. Que aquí todos estamos igual. Cuando te duelan puedes quejarte, como hacemos nosotros, como hago yo que me duele hasta el respira viejo.

-EL otoño Juan:  Pero no me duelen viejo, mis piernas están bien por que nunca he estado parado, siempre he estado andando barriendo y no parado o sentado viejo, y eso es bueno viejo.

-Diablo:               Que demonios va hacer bueno viejo, tus piernas tienen que estar gastadas de   tanto uso. Y tu escoba también.

-El otoño Juan:    Que ustedes las tengáis oxidadas, no significa que todos las tengamos. Te digo

                            viejo que mis piernas están perfectamente y no te metas con mi escoba viejo

                            cabezón y testarudo.

-Diablo:               Yo no soy cabezón viejo, tu eres el que esta formando todo esto por darme la  escoba y demostrarme que yo llevo la razón en este partido.

-El otoño Juan:    Pero por que tengo que demostrarte nada viejo, eres tu el que lo estas liando

                            por no confiar en mi palabra, que eres más testarudo que un mulo viejo.

-Diablo:               Mira viejo, yo desde hace tiempo te vengo observando. Sales de tu casa con esa

                            escoba y vuelves a entrar en ella pegado a ella.

-El otoño Juan:    Claro viejo,  si vengo a barrer con que quieres que venga ¿Con unos alicates?

                            Ay viejo, estas aburrido esta mañana, ¿no?

-Diablo:               No intentes cambiar de tema viejo, que barres muy bien las palabras para el

                            lado que mejor te viene. Vamos, trae acá esa escoba e intenta recogerla de

                            nuevo, vamos viejo. Solo eso.

-El otoño Juan:    Tengo mucho que barrer para andarme con jueguecillos viejo, vamos aparta un

                            segundo.

-Diablo:               No, no me aparto. Vamos apártame tu, pero sin tu escoba, no se vale pegarme

                            con la escoba o intentar barrerme.

-El otoño Juan:    No crees que somos un poco mayores para este tipo de cosas.

-Diablo:               Tu eres el que esta mayor, que no puedes hacer nada sin la ayuda de tu escoba.

-El otoño Juan:    Pero si eres tu el que más depende aquí de las cosas viejo diablo.

                            No puedes estar más de cinco minutos sin encender tu pipa y darle una absorbida,

                            y luego, tu bastón. Tu eres el que no puede dar un paso sin él. Y hasta a tu pecho

                            le tienes que pedir permiso para poder respirar, vamos viejo. Ah se me olvidaba,

                            no puedes estar más de diez minutos sin quejarte o tocarle las cosquillas a alguien

                            viejo. Y dices que yo dependo, ja viejo, ja.

-Diablo:               Bien viejo, muy bien, veo que te fijas en mi, te lo agradezco. Pero yo, viejo

                            lo reconozco, y no me cuesta nada afrontarlo, no disfrazo mis dependencias.

-Aurora:               Otoño déjame la escoba un momento.

-El otoño Juan:    Si, toma Aurora.

 -Diablo:              Pero... ¿Y la escoba?

-El otoño Juan:    Estas ciego viejo, no has visto que se la he dado a ella.

-Diablo:               Si, pero no te hace falta para andar.

-El otoño Juan:    Tu que crees viejo, ¿no me ves?

-Diablo:               Y tu me llamas a mi viejo testarudo, tu que has estado todo este tiempo

                            sabiendo que yo no llevaba la razón. Me has estado porfiando y haciéndome

                            creer que no podías andar. Y encima me llamaste viejo cabezón y testarudo.

-El otoño Juan:    Yo te lo estaba diciendo todo el tiempo, que mis piernas estaban en perfectas

                            condiciones viejo. Tu eres el que no confiaba en mi viejo.

-Diablo:               Pero por que no dejaste la escoba y andaste y me lo dijiste viejo, yo creí

                            que te burlabas de mi.

-El otoño Juan:    Bueno viejo, y lo bien que lo hemos pasado, si te lo hubiera demostrado que,

                            al segundo párrafo se acabaría nuestro dialogo, no viejo, rompamos la

                            monotonía, aunque sea rompiéndonos la cabeza.

-Diablo:               Rómpete la cabeza tu solo viejo con tu maldita escoba.

-El otoño Juan:    Ja, ja, ja.

-Diablo:               Si eso ríete maldito, déjame.

-El otoño Juan:    Vamos viejo no te enfades ja ja ja

-Diablo:               Ja ja ja, puedes andar maldito, y lo tenias tan callado jajaja. Aquí todos

                            partiéndonos la cabeza el otro día en que no podías andar.

-El otoño Juan:    ¿Hicisteis apuestas viejo?

-Diablo:               Claro viejo.

-El otoño Juan:    Quien apostó a mi favor.

-Diablo:               Quien crees tu viejo que confiaba aun en que tu pudieras andar.

-El otoño Juan:    Aurora, no

-Diablo:               Nadie viejo, hemos perdido todos ja ja ja

-El otoño Juan:    Entonces por que me pidió la escoba

-Diablo:               Estaba detrás viejo, al fondo del parque haciéndome señas para que te

                            presionara más, y al ver que no me cedías tu maldita escoba, ella tomo

                            cartas propias en el asunto y te la pidió.

-El otoño Juan:    Estáis locos, malditos viejos locos. A sí que ella también estaba metida

                            en el asunto ja ja ja. Ya me pareció extraño que esa vieja me viniera tan

                            amablemente a pedir algo.

-Diablo:               Y cuando se la has dado tan fácilmente me he quedado de piedra viejo,

                            con la de sudores que me estaba costando a mi, y llega ella y zas, se la das

                            sin ponerle ninguna pega.

-El otoño Juan:    ¿Siempre y cuando no hubieses apostado también, por quien de vosotros era

                            capaz de quitarme la escoba para comprobar si ando o no, no pasa nada no viejo?

-Diablo:               No eso no viejo, pero ahora me lo echara en cara como si fuese la mayor de las

                            victorias.

-El otoño Juan:    Y a todo esto, ¿cuando me la piensa devolver?

-Diablo:               No se viejo, eso deberíais de hablarlo entre ustedes, ¿No crees? ja ja ja

                            Yo creo que deberías de ir por ella a su casa viejo.

-El otoño Juan:    Si, yo también empiezo a pensarlo viejo, pero iré un poco más tarde, mientras  observare este hermoso parque, hace tanto que no me detengo a mirarlo. Hay           viejo, que de recuerdos viejo, que de recuerdos.

-Diablo:               Si viejo, pero ya pasaron, para mejor o peor ya pasaron.

-El otoño Juan:    Tienes razón viejo, hay que mirar para adelante.

-Diablo:               Pero sin olvidar de mirar hacia atrás de vez en cuando viejo, pero solo de vez en

                            cuando.

-El otoño Juan:    Esta vida me ahoga viejo y siento que el lazo se me achica por momentos.

-Diablo:               No te deprimas viejo, ya nos queda poco, relájate y vive lo poco que te queda.            Al fin y al cabo...nunca será a peor. Tira esa escoba, deja que este parque se cubra de su gala más elegante y que comparta con nosotros estos últimos                            momentos. Déjalo a su aire viejo, déjalo morir tranquilo, en su aletargado sueño,         bailando con las hojas, dirigiendo al aire con sus ramas, déjalo, el también esta       viejo y cansado de este triste silencio que cada vez se hace más eterno. Déjalo      viejo, déjalo.

-El otoño Juan:    Si lo dejo, mis pensamientos se me llevaran viejo. Mi mujer, mi muchacho

Ellos me llaman, viejo. Si barro este parque y lo saco de su ensueño es para olvidarme de que me están llamando a cada momento a ir con ellos. A veces te miro, y me encantaría poder haber sido como tu, no tener a nadie, ser yo solo y no tener que ver nada con nadie. Pero cuando me acuerdo de la sonrisa de mi mujer, del abrazo de mi muchacho cuando llegaba a casa, sus caras, sus sonrisas, hay viejo, no lo cambaría por nada. Pero ahora no están y solo quedo yo, escuchando sus voces desde sus retratos, recordándome que cada día que pasa, que sobrevivo a esta vida, es un día más que me esperan y yo nunca he   hecho esperar a nadie y menos a mi familia. Por eso barro viejo, por eso.

-Diablo:               Ojalá yo hubiera tenido alguien que me recibiera a mi vuelta, viejo, ojalá. Pero no, nunca nadie me abrazo, ni me miró a los ojos y me sonrió, no viejo. Cuando yo llego a mi casa, solo me recibe el aire, mi sombra a veces, según el día, pero   nunca nadie, ya ni recuerdo el nombre de la última persona que me dijo que me quería. El diablo también llora viejo, lloraba de envidia, al veros felices, paseando por el parque, acompañado por vuestros hijos y al tiempo de vuestros nietos. El diablo también llora viejo, llora al ver a los niños decir abuelo y que el nunca recibirá ese premio, esa sonrisa de un niño al llegar a casa, ni la dulce caricia de la mirada de una mujer que le ama y espera su llegada, no viejo. Mi única compañera se llama Soledad y nunca me abandono, ni me abandonara. Quien iba a pensar que yo quedaría solitario viejo, quien. Con lo que yo era antaño, siempre rodeado de las chicas más guapas, chicas que deje marchar y que ya nunca volverán a mi vera. Hay viejo, pero no me quejo viejo, se que Dios es rencoroso y vengativo y me esta haciendo pasar por todos los pecados que cometí yo. Pero hay viejo, hay de cuando me vaya y descubra que no existe ese Dios. ja ja ja, hay viejo de mi, hay, que doliéndome hasta el respirar iba a pecar y pecar sin tener que temer por mi alma más.

-El otoño Juan:    Pero si ya estas seco viejo, ¿cómo ibas a pecar?

-Diablo:               Etéreamente viejo, etéreamente. Ja, ja, ja.

-El otoño Juan:    Estas loco viejo, lo sabias, estas loco. Pero ¿y si descubres que hay un Dios?

-Diablo:               Entonces le daré la mano y mirándole directamente a los ojos le diré: Satisfecho no viejo, satisfecho viejo cabrón. Ja ja ja Tu que mandaste que nos multiplicásemos por mil, que nos amaramos los unos a los otros, tu, viejo, me castigaste a mi, el que más hizo tu voluntad en la tierra, el que a más gente quiso, el que más intento multiplicarse por mil. Ja ja ja. Estarás satisfecho no viejo. Eso le diría viejo, eso.

-El otoño Juan:    Yo no creo que me reciba Dios, no soy tan importante. Solo soy un barrendero,          no creo que Dios le diera la mano a un barrendero. Yo solo quiero reunirme   con los que ya marcharon, con mi mujer y mi muchacho viejo, ese seria el                             mejor de los premios para este viejo barredero, encontrarse con los suyos.

-Diablo:               Eso esta bien viejo, eso esta bien. Para mi reunirme con los míos seria estar igual que ahora, y para eso me quedo y no voy a ningún sitio. Ja ja ja. Y hablando de sitios, me voy viejo que se me hace tarde y mis piernas si me duelen. No todos estamos tan bien conservados como tu. Ja ja ja.

-El otoño Juan:    Pero ¿y mi escoba viejo? cuando me la vais a devolver.

-Diablo:               ¿Cuando? Yo no te la quite viejo, fue Aurora, ve a su casa a pedírsela.

                            Si me la hubieras dado a mi, ya la tendrías y podrías haber seguido barriendo.

                            Por que nadie se fía de mi en este maldito pueblo, ¿porqué? (Sale.)

                                                                                   

(Juan se sienta en el banco con mucha dificultad, sintiendo un gran dolor.)





 

-El otoño Juan:    Hay viejo, ya no estamos no. Estas piernas están como estos árboles, fuertes, tan fuertes que se resquebrajan a cada paso, agrietadas por el tiempo. Y ahora       dime, ¿quién me barre a mi de este parque? Ja ja ja. ¿Quién?

-Aurora:               ¿Que viejo, aun hay sentado?

-El otoño Juan:    Sin mi escoba, no tengo que hacer nada, solo observar y respirar el aire de

                            este parque. Que ha decir verdad hacia mucho que no hacia.

-Aurora:               Pues vas a estar mucho tiempo sentado por que se me olvido en casa y yo ya

                            no vuelvo a por ella, vas a tener que acercarte luego a por ella viejo.

-El otoño Juan:    No se si podré vieja.

-Aurora:               Vamos hombre. Y te invito a un café.

-El otoño Juan:    Ya veremos vieja, ya veremos.

-Aurora:               Piénsatelo Juan, vale. Yo ahora vengo, tengo cosas que hacer.

-El otoño Juan:    Bien vieja, bien, me lo pensare. (Sale Aurora). Pronto estaré con vosotros, pronto. Por favor, callad un segundo, ya se que vuestra espera es larga, pero más largo se me hace a mi este viaje. Ya se que queréis que volvamos a estar todos juntos, pero yo aun estoy viajando. Esperad por favor, esperadme. Necesito mi escoba o acabare loco.

-Saltamontes:      Hola viejo, ¿y tu escoba? ¿la jubilaste? Pero cuando vengan los niños el parque           estará sucio, lleno de hojas y no podrán encontrar sus canicas. Vamos viejo, coge            tu escoba, los niños están al llegar.

-El otoño Juan:    Ahora viejo, ahora voy a por ella, deja que descanse un poco, ya estoy mayor

                            viejo. Como este parque, que también esta mayor.

-Saltamontes:      ¿Dónde esta? Yo te la traigo. Dímelo viejo los niños están al llegar.

-El otoño Juan:    La tiene Aurora, ve a su casa, ella me la quito.

-Saltamontes:      ¿En casa de Aurora? No, no puedo ir allí. No en casa de Aurora no. Además   que hace tu escoba en casa de ella. Es mentira viejo.

-El otoño Juan:    Ella me la quito por que le hacia falta para algo. Ve rápido, ella no esta, salió.  Debe de estar cerca de la puerta. Ella me la iba a traer pero se le olvido. Ya sabes                  como tiene la cabeza esa mujer.

-Saltamontes:      Si, esta muy mal. ¿Seguro que no está?

-El otoño Juan:    Seguro. Además si os lleváis muy bien, ¿qué miedo le tienes? Vamos viejo que

                            van a llegar los niños. Date prisa.

-Saltamontes:      Si viejo, ya me doy prisa que si vienen los niños y lo ven todo sucio, seguro que

                            se vuelven. Pero prométeme viejo, que en cuanto venga te pondrás a barre.

-El otoño Juan:    Si, vamos viejo. Date prisa.

-Saltamontes:      Ya voy viejo, ya voy (Sale).

-El otoño Juan:    Pronto volveré a sumergirme entre vuestras hijas las hojas, para salvar un día   más esta vida, que piden a grito desde algún lugar más allá de los cielos y los       infiernos. Desde un lugar en el cual no hay cabida para el olvido, la distancia y la enfermedad.

 

 

 

(Se apagan las luces).




ACTO III


 

-Aurora:               Palomitas, palomitas... Venid, venid, vamos tengo pan para vosotras.

                            (Tira trozos de pan al suelo). Acercaos palomitas mías. ¿Qué os pasa, por que

                            no venís. Palomitas, palomitas. Pitas pitas, pitas pitas...

-El otoño Juan:    (Con su escoba). ¿Qué haces vieja?

-Aurora:               Viejo, este parque esta maldito, cada vez más a más años pasan.

                            Primero, los niños, y con ellos las ilusiones y las risas.  Ahora los pájaros,

                            hay viejo que nos quedara mañana. Pitas pitas, pitas. Palomitas venid, pitas pitas

 -El otoño Juan:   Hay vieja, hasta los pájaros cansaron de este pueblo, silencio, solo el silencio

                            queda, para torturarnos con su insoportable voz, hay vieja,  tranquila, los pájaros

                            vendrán mañana, sino pasado. Ya veras vieja.

-Aurora:               Tu crees Juan, tu eres sabio en eso, estas todos los días con ellos y los entiendes

                            cuando hablan. Ojala yo supiera que dicen, que hablan entre ellos cuando vienen

                            a comer a mis faldas.

-El otoño Juan:    Te agradecen tu comida vieja, te dan las gracias.

-Aurora:               Si tu lo dices, lo creeré. ¿Y tu viejo, qué tal estás?

-El otoño Juan:    Estoy vieja, estoy, con eso me basta.

-Aurora:                  Sabes que me debes tomarte un café en mi casa viejo, por lo de la escoba. Lo sabes, no viejo.

-El otoño Juan:    No vieja, la escoba la trajo el viejo Saltamontes, en todo caso se lo debo a él.

-Aurora:.              Maldito viejo, quien le manda a él de andar en mi casa para traer tu escoba.

                            La tenia yo.

-El otoño Juan:    Lo mande yo, vieja. Me estaba corroyendo por dentro el estar aquí parado sin hacer nada. Créeme vieja, sino llega a ser por él, podría estar ahora en otro lugar. -Aurora:             ¿Te acuerdas de mi marido?

-El otoño Juan:    Si. El pobre ya esta en un lugar mejor, seguro.

-Aurora:               Si, seguro, mejor que esto para él. Él lo odiaba. Si no llegar a ser por su trabajo nunca habría estado más de dos días aquí.

-El otoño Juan:    Pero algo vería cuando se quedó aquí, ¿tu? ¿no?

-Aurora:               ¿Yo? que va viejo. Yo solo era un pasatiempo, él nunca estuvo enamorado

de mi. Estaba destinado aquí, y claro no iba estar todo el tiempo solo, ¿no?

-El otoño Juan:    No lo entiendo vieja. Si tu sabias eso, ¿por qué te casaste?

-Aurora:               ¡Ah viejo! yo si estaba colada por él, me daba igual todo, igual. Él me trataba

    como a una reina, me quería... Pero no estaba enamorado. Yo solo era su  

    muñequita.

-El otoño Juan:    Se te veía tan mal cuando murió. Se notaba que lo amabas mucho. Te pasaste

                            meses sin hablar.

-Aurora:               Si viejo, lo pase muy mal. Verdaderamente mal. ¿Pero sabes algo?

-El otoño Juan:    Que, dime

-Aurora:               Él no murió viejo.

-El otoño Juan:    ¿Cómo?

-Aurora:               Si viejo. Ese viejo aún esta andando por ahí. Pero aquí, aquí viejo, aquí está

                            más muerto que esas hojas a las que barres. Os dije que murió, y no es mentí

                            viejo, para mi está muerto.

-El otoño Juan:    Pero, ¿qué fue lo que te hizo?

-Aurora:               Un día le enviaron una carta en la que le decían que por su edad, le habían

                            cambiado el destino, lo habían trasladado a su ciudad, a un despacho. Ya no tenia

                            que estar enredando por aquí. Me pidió que me marchara con él para siempre.

                            Que ya nunca más volveríamos a este apestoso pueblo. Yo le respondí que este

pueblo lo era todo para mí. Que si el pueblo apestaba para él, más apestaba él para mí.

                            Yo no iba a ir a esa maldita ciudad, hay demasiada gente junta y eso no trae ná

                            bueno viejo, no. Marchó esa misma noche, no espero ni al sol para que lo

                            acompañara. Lo estuve esperando viejo, un día y otro, un mes tras otro, semana

                            por semana. Y nada viejo, ni una carta, ni una visita, ni un recado...nada...murió

viejo, como les pasa a todos los que abandonan este pueblo... mueren... mueren para él.

-EL otoño Juan:  ¡Y por que vieja, no nos dijiste nada! Espera a que se lo cuente a los demás, el

                            muy sinvergüenza.

-Aurora:               No por favor, no se lo digas a nadie viejo, por favor, no.

-El otoño Juan:    ¿Por qué no vieja? Te imaginas que volviera, que susto se darían. Huirían de él.

-Aurora:               Él no volverá viejo, no volverá más a este pueblo...

-El otoño Juan:    ¿Cómo estás tan segura vieja?

-Aurora:               Le dije que en este pueblo, no solo estaba mí vida, mis recuerdos... Sino también el amor, un amor que él me ayudo a borrar, pero que nunca olvide, un amor imposible, un amor secreto. Y ese secreto no me lo quería llevar a la tumba...

-EL otoño Juan:  ¿Y contándomelo a mi vieja, ya puedes dormir tranquila?

-Aurora:               Si viejo, bien tranquila, muy tranquila.

-El otoño Juan:    Seguro vieja, que ese amor secreto tuyo se hubiera alegrado mucho si se lo hubieras contado a él, seguro vieja.

-Aurora:               Seguro que si viejo, tanto como tu, tanto como tu, viejo.

-El otoño Juan:    No será el viejo Saltamontes, ¿no? por que el si que se alegraría.

-Aurora:               No viejo, no es él. No se si te burlas o... no se viejo... mejor así ¿no, viejo?

-El otoño Juan:    Si vieja... mejor así (Sale Aurora.) Que bribona esta vieja teniendo un amor secreto en su juventud. Y lo mantiene en secreto hasta ahora...Que suerte tiene el afortunado. Con lo que me gusta a mi esa mujer de siempre. Que suerte tienen algunos...con la falta que me haría a mí una mujer como ella ahora... 

(Queda barriendo).





 

El otoño Juan:     Temprano levantaste hoy viejo Diablo, ¿Como te has levantado?

Diablo:                        Fatal viejo, me he levantado fatal, estos dolores no me dejan vivir ni de día ni de noche viejo. Me dolía hasta el respirar esta noche. Tanta húmeda no es buena no, creo que me ha crecido musgo en las espinillas.

El otoño Juan:            Viejo, creo que deberías ir a un hospital o al menos, hacer un esfuerzo y dejar esa pipa, que si te duele el respirar, a lo mejor es por que no paras de fumar.

Diablo:                 No viejo, esto no es de la pipa, y si lo es, para lo que me queda... no lo voy a dejar ahora ¿no? que menos que despedirme con un beso de ella.

El otoño Juan:     El beso de la muerte, ve a un hospital viejo.

Diablo:                        Ese es el mismo beso que te da cualquier mujer, las mujeres son la muerte de la libertad del hombre.

El otoño Juan:      Y no es también al contrario, ¿nosotros no acortamos la libertad de las mujeres?

Diablo:                        ¿Nosotros? nosotros no tenemos ni maldad ni cojones para hacer eso. Mira otoño te explico, cuando tu vas a tomar café con tus amigos y entre ellos no hay ninguna chica... ella se aburre por que solo habláis de fútbol y ella no entiende de fútbol y claro a la segunda vez le dices oye Puri que voy a tomar un café con mis amigos te vienes, y ella contesta "No, es que me aburro, pero tienes que ir, es que yo me quedo aquí sola y me aburro" Si se va aburrí en los dos sitios que se vaya contigo, por lo menos no se aburre sola, que es muy triste, pero claro... ya sabe lo que hay, y si va, ya pone mala cara a todas las bromas de tus amigos, ya empieza a poner pegas que si el suelo esta sucio, que el bar huele mal, que por que tienes que fumar. Pero si tu vas con sus amigas... a ver si tienes cojones para poner pegas en algo... si nuestras conversaciones son de fútbol las de ellas son sobre perikita y perikito o las oferta que hay en todas las tiendas del pueblo. Otra es como se te ocurra saludar a una antigua amiga o novia... agarrate... pero que lo haga ella, ella si puede tener amigos y hablar con ellos, pero nosotros, "¿quién es esa? ¿de qué la conoces? ¿es guapa? ¿te gusta? ¿te has acostado con ella?..."

El otoño Juan:     Déjalo ya diablo, con esa aptitud no me extraña que estés solo viejo.

Diablo:                        (Tosiendo) Son todas iguales, solo miran por ellas mismas y siempre tienen la respuesta correcta para lo que les conviene. Claro, nosotros solo somos hombres y no tenemos sentimientos, los hombres de verdad no lloran y quien no llora...

El otoño Juan:     No mama

Diablo:                        Exacto, y quien no mama se muere de asco, como yo. lloricas que sois todos unos lloricas.

El otoño Juan:            Ve al hospital viejo, no seas más cabezón, ya sabemos que eres un hombre y nunca lloras, aunque te quejas como una nena.

Diablo:                        ¡Como una nena! ¡una nena! pues si, quejarme es lo único que me queda en esta vida. Si no llegara a ser por mis quejas pasaría totalmente desapercibido entre ustedes, tu barriendo, la otra dando vueltas recogiendo leña para cuando llegue el invierno, y el otro esperando a los niños. Tenéis que dar las gracias a mis quejas de sacaros de vuestra vida monótona, si no llega a ser por mis quejas que sería de este maldito pueblo...(tose fuertemente).

El otoño Juan:     Viejo deberías ir a un hospital en serio.

Diablo:                        ¿Un hospital? ya estuve una vez en uno y no me gusto nada. Tan solo me dijeron que ya me llamarían, jajaja, que ya me llamarían... ¿ A dónde viejo? ¿a dónde? si no tengo teléfono y hace tres años que nos quitaron la sucursal de correos por considerarla como un gasto inútil. Teníamos que dar la dirección de la sucursal del pueblo que esta a 4 horas, para que llegarán allí nuestras cartas y luego remitirlas aquí una vez al mes por medio de un mensajero. Que ya me llamarían. ¿a dónde? Ninguno de nosotros hemos dado la dirección, quien sabe si los niños nos llaman o nos envían cartas... nadie dio la dirección, nadie viejo, tampoco nadie a venido a pedírnosla.

El otoño Juan:                                                                                                                                          En eso llevas razón viejo, yo no podía bajar al pueblo con mi hijo enfermo, y la cabina de teléfono es ya un adorno más en el parque, ya ni me acuerdo de que hubiera funcionado alguna vez. Claro se estropea y para que la arreglen tienes que llamar, por que si no, no sube nadie, pero si esta averiada y las líneas comunes no llegan... ¿Como vamos a llamar?

Diablo:                        Vez viejo, empiezas a ver la realidad de este pueblo... quien se acuerda de que existimos.

Saltamontes:        ¿Que hacéis viejo, discutiendo otra vez?

El otoño Juan:     No Saltamontes, hablábamos de la realidad, la realidad del pueblo.

Saltamontes:               La realidad es que los niños están al llegar y tu no estas barriendo, lo verán todo sucio por tu culpa y marcharan. Vamos viejo barre, barre.

Diablo:                 Déjalo que descanse viejo, para cuando vengan los niños todo estará limpio, pero recuerda que hay que dejar algunas hojas para que los niños jueguen con ellas.

Saltamontes:        Muy bien pensado viejo diablo, quien lo diría de ti.

El otoño Juan:            Pobre... menos mal que aun queda gente con esperanza... aunque tan solo sea una locura, el pobre lo paso tan mal.

Diablo:                        yo creo que deberíamos de hacer algo, ha veces me saca de mis casillas este viejo loco, y lo malo es que me recuerda el dolor que causaba en mis oídos los niños cada vez que decían abuelo.

El otoño Juan:     Tu lo que tienes es celo, estas celoso de que nunca tuviste nietos.

Diablo:                 Ni tu.

El otoño Juan:            Ya lo se viejo, no pudo ser. Dios no lo quiso, pero tuve el mejor hijo del mundo, y por eso se lo llevó con él, por que era el mejor hijo del mundo.

Diablo:                 Perdona, viejo, lo siento.

El otoño Juan:     Da igual viejo, ya pasó.

Diablo:                 Viejo Saltamontes que, ¿vienen ya los niños, los ves? (Tose).

Saltamontes:        Creo que debes ir al medico viejo.

Diablo:                 ¡Que yo no voy! ya estuve una vez.

Saltamontes:        ¿Si?

Diablo:                        Si, es un sitio muy grande, yo estaba sentado en una inmensa sala, por un lado entraban estudiantes que salían por el otro lado ya  médicos, subían por unas escaleras y bajaban por otras en fila. Por otras escaleras subía gente enferma que bajaban ya sana por otras. A todo esto había una enorme fila dividida en dos, en médicos y no médicos, que iba hacia la cafetería, por un lado entraban serios y curvados y por otro salían sonrientes y derechos, en la fila de enfermos que subían a ver los médicos también tenían esa misma cara, pero hay solo los enfermos, en la cafetería todo el mundo, médicos, sanos y enfermos. Eso es un hospital. Yo no llegué a subir las escaleras por las que te arreglan, no, a mi me dijeron ya te llamaremos... ja ja ja ya te llamaremos.

Saltamontes:        ¿Y te llamaron?

Diablo:                 ¿Tu que crees? ja ja ja... ¿a dónde me van a llamar?

Saltamontes:        Es verdad, la cabina esta rota y ya no nos traen cartas desde hace tiempo.

Estos niños tardan en venir, que estarán haciendo. Barre barrendero barre que ya creo que los veo, allí por lo lejos. Si veo sombras, sombras que se acercan, creo que son ellos.

El otoño Juan:     Es la  noche viejo, la noche que se nos hace. Me voy (sale).

Diablo:                 Adiós viejo.

Saltamontes:        Adiós.

Diablo:                                                                                                                                                                                               Bueno viejo otro días más, otro días más. Y los niños sin venir, donde estarán los niños, donde estarán viejo.

Saltamontes:        Se habrán perdido, voy a buscarlos

Diablo:                        Vamos viejo, ahora vamos, yo te acompaño ahora, vamos para el pueblo, ahora vamos.

Saltamontes:        ¿Seguro que vamos ahora?

Diablo:                        Si claro, acompáñame a coger un abrigo a casa, no querrás que cojan frío,¿no viejo?

Saltamontes:        No. Por supuesto que no. Es verdad viejo esta anocheciendo, tendrán frío.

Diablo:                 Por eso, vamos. Ahora los buscamos... Ahora.

Saltamontes:        ¿Seguro?

Diablo:                 Si...ahora vamos. Venga, vente conmigo para el pueblo viejo amigo.

 (Se apagan las luces).



ACTO IV

 

Aurora:                       Ya quedan las últimas hojas colgadas de los árboles, y siguen sin venir los            pájaros, ¿donde estarán los pájaros? ¿Estarán durmiendo? aún es temprano, demasiado temprano, pero a la vez tan tarde, tan tarde para cada uno de nosotros que da hasta miedo mirar para el frente... al frente. (Sale.)

Diablo:                        Ay, viejo pueblo... Ambos compartimos soledad, eterna amante que nunca olvida y nunca se va.

Saltamontes:        ¿Qué haces viejo? ¿Vinieron ya los niños?

Diablo:                 ¿No se viejo? ¿vinieron ya? ¿tu los viste?

Saltamontes:        No viejo, no los vi, ya vienen tarde, ¿Les habrá pasado algo por el camino?                 ya tendrían que estar aquí para cenar, se les enfriará la comida.

Diablo:                        Déjasela en el horno, ya veras como cuando lleguen aún esta caliente y la comen.

Saltamontes:               ¿Tu lo crees, viejo diablo? no, me engañas, seguro que me engañas, siempre te te ríes de mi. Vendrán, los niños vendrán y cuando vengan a ver quien se ríe viejo. Ya veremos quien se ríe.

Diablo:                        Ja ja ja, viejo Saltamontes no me gruñas que no eres un perro, no te enfades viejo. Tu sabes que yo te aprecio y nunca me reiría de ti. Anda viejo, siéntate aquí un rato conmigo, esperemos a los niños juntos.

Saltamontes:               Vale viejo. No me enfado contigo, pero estos niños... me traen loco, ¿porqué nunca vienen cuando se les dice?

Diablo:                        Ya vendrán viejo, ya vendrán... déjalos hacer. Recuerdas cuando nos íbamos al bosque y no regresábamos hasta bien entrada la noche.

Saltamontes:               Si viejo, buscábamos ranas, y esperábamos al atardecer para descubrirlas mientras croaban en la vieja charca... estarán allí los niños, estarán cazando ranas como nosotros, vamos viejo... vamos. A lo mejor se han perdido.

Diablo:                        También pueden estar en el viejo molino, cogiendo higos en la gran higuera que esta junto al río, pueden que estén allí, incluso que hallan reformado la vieja casa que construimos en su tiempo sobre sus fuertes ramas. Te acuerdas viejo. Cuando íbamos allí y nos poníamos morados de higos y hacíamos guerras imaginando que era nuestro fuerte, que unos indios lo querían invadir. recuerdas el día en que tu saltaste desde lo alto de aquel inmenso árbol por que Aurora se había caído y corriste en su ayuda, se te notaba que ibas a por ella desde muy pequeño viejo, eso no lo puedes negar viejo.

Saltamontes:               Realmente eres el diablo viejo, Por que me atosigas con ella, ella no es para mí, nunca lo fue, ella... ella... déjalo viejo, déjalo por favor.

Diablo:                        Si ella, ella, ella te amaba, te amaba viejo, óyelo bien. Pero tu... necio Saltamontes pedías a una estrella que fuera una luna, no viejo no, no podías hacer eso...

Saltamontes:        Déjalo, déjalo maldito diablo

Diablo:                        Por que ella debía de ser tu luna viejo. No viejo, no, siempre esquivas, hoy no tienes donde ir, y solo esta ella, ella, ella...en el parque, en la calle, en el huerto, en todo el pueblo, por eso no marchaste viejo, por eso quedaste, por ella, por ella, y ella cuando tu volviste y te diste cuenta que era la más bella de las lunas, cuando quisiste dar la vuelta y mirar, ella ya estaba enamorada, ya tenia un lucero que la llevará a la cama y la arropara cada noche con calor, calor que preferiste dar a otra, por que tan hermosa la veías, tan esplendorosamente bella, que la creíste luna, y marchaste a su vera, sin percatarte que las estrellas son lunas graciosas y pequeñitas. Y que la luna, esta gran luna que nos ilumina y nos ciega con su encanto cada noche...

Saltamontes:        Cállate maldito cállate...(Comienza a salir).

Diablo:                        Tiene una cara oculta, que muy pocos saben ver...Si viejo huye, vete, vete a donde la verdad no pueda alcanzar tu locura, huye a tu mundo, huye...pero no volverán viejo, ella mato a tus hijos viejo, ella los mato y nunca más volverán a este pueblo... ni los tuyo ni los de nadie... este pueblo esta condenado, condenado como nosotros... a estar solo, solos con esta soledad.

El otoño Juan:     Viejo Diablo que haces aquí tan solo.

Diablo:                 Solo, si solo... pero yo ya estoy acostumbrado a estarlo, ya es hora de que ustedes también os acostumbréis a estarlo, por que no va a venir nadie nunca. (Le quita la escoba a El otoño Juan y la rompe.)

El otoño Juan:            (Se sienta con dolor.) Y ahora...supongo que es la hora de volver con los míos, de volver a casa. Tranquilos, pronto estaré con vosotros y ya nada nos podrá       separar, calmad un momento, dejad de alzar vuestras voces desde todos los     rincones, dejad que marche en paz. Tan solo os pido un minuto de tranquilidad,          por favor...

Aurora:                       ¿Con quién hablas Juan? No creo que estés tan loco como hablar solo, no tu no. ¿Que te pasa? ¿Y tu escoba?

El otoño Juan:            Mi escoba... no puedo estar sin mi escoba, sin ella moriré, no puedo pensar, no puedo estar quieto, las voces me llevarán, me llevarán vieja.

Aurora:                       Tranquilo Otoño yo estoy aquí y nadie se te llevará de mi ladito, ven acurrúcate en mis regazos, yo te protegeré, yo te abrigare.

El otoño Juan:            Gracias vieja, pero no podrás hacer nada, ellos me llevarán... y lo peor... o lo mejor según se mire, es que yo quiero ir con ellos por que los echo de menos, desde que se fueron me siento incompleto, es como si un brazo amputado llamara al resto del cuerpo y este fuese hacia el como el metal se siente atraído por los encantos del imán. Por eso vieja, no creo que puedas hacer nada. Pero de todas formas gracias, gracias vieja.

Aurora:                       Estas temblando viejo, tu no estas bien, seguro que tienes fiebre. Déjame ver viejo... estas ardiendo viejo, ven, ven a mi casa yo te cuidare. Vamos viejo.

El otoño Juan:            No vieja, no, quiero estar aquí, aquí estoy en paz vieja, a tu vera, por favor déjame aquí, ellos vendrán enseguida a por mi. Cuéntame algo...háblame, por favor...no dejes que el silencio se apodere de este momento.

Aurora:                       Bien viejo te hablare, te hablare...Esta es la historia de dos viejos distanciados por el tiempo y las paredes de sus casas. Uno honrado, trabajador un hombre devoto de su familia. El otro distante, frío como la piedra y cortante como el mejor de los aceros de Toledo. Pues bien viejo. Hay una vieja, una vieja que ama... ama en secreto pues siendo la reina del ártico, desea el calor de una hoguera, ya que el calor del hielo... le quemaron los sentimientos y el corazón, ella amaba a los dos viejos, pero deseaba al primero de ellos, al que era honrado y veía todos los días jugar con su hijo en el parque, al que veía reír a carcajada con los amigos, al que veía cada tarde abrazado de su esposa. El otro, al que ella amaba, pero no deseaba, le traía regalos de los más caros, y si ella lo pedía, le traía la luna y las estrellas, locamente la amaba me dirás, locamente... pero solo lo hacia para callar a esa pobre vieja. A esa pobre vieja a la que quería, pero no amaba, esa vieja que era su juguete, su muñequita, a la que vestía con los mejores trajes, con las joyas más exquisitas, a la que daba todo, menos una pizca, una pizquita de ese amor que ella tanto deseaba... más que tanta alhaja y tantos hallares... no viejo, de amor ni la sombra... sin embargo él, el otro, al que ella no solo amaba sino también deseaba... ni unas sandalias le podía regalar, pero por dios, quien quiere sandalias teniendo ya de por si ese regalo, ese amor incondicional que... que tantas otras... tantas otras como... viejo.. viejo...  ya marchaste viejo y no dijiste ni adiós... mejor así viejo... mejor. Ellos te esperaban... tu mujer y tu hijo, a los que tanto amor diste... y darás viejo, y darás...pero...y yo ahora, y yo...

(Se apagan las luces).

 




ACTO V


 

Diablo:                 Viejo pueblo, viejo corazón, viejo amigo, viejo mundo que marchas debajo de nuestros pies sin que nos demos cuenta. Se fue, se fue... con un parpadeo de ilusión, con un suspiro de esperanza. Ya marchaste viejo, ya marchaste... Da recuerdos amigo a tu señora y a tu hijo. Dales recuerdos de mi parte. Viejo pueblo, viejo corazón, viejo amigo, viejo mundo, todos, todos estaremos nuevamente echando partidas de mus junto al universo, el mundo formara pareja con su luna y tu y yo nos retaremos con la vida allí, allí donde no puede alcanzarnos. Ay viejo amigo que este viejo mundo se nos va de las manos y ya solo nos quedan unos pocos granos que resisten a duras penas el caer. Viejo, viejo otoño, y ahora... que hago yo viejo, a quien me quejare viejo. Esperaba no tener que decir esto nunca viejo, por que siempre pensé que yo marcharía antes que tu, pero tu tenias más prisa que yo. Viejo a sido un placer el haber compartido esta vida contigo, hasta siempre, viejo amigo.

Aurora:                       Hoy no hay sol, hoy esta todo gris... gris y ocre. Hoy no hay cielo, hoy no habrá noche. Hoy es un día vacío, sin aire, sin ilusión, sin amor. Hoy es el primer día después de toda una vida que no encuentro, que no concierno el sueño. Ayer se fue de entre mis manos, se fue, cerro sus ojos para no volver a mirar más. Ayer se cayeron de los árboles los últimos trinos de pájaros, que quedaron enganchados de entre sus ramas. Cayo la última hoja, la última que quedaba por barrer en este maldito, y solitario parque.

 Diablo:                Se nos fue vieja, se nos fue y ni tan siquiera nos dijo adiós. Si lo hubiera sabido, si pudiésemos saber cuando se nos van a ir los seres más apreciados vieja, le habría dicho algo más amable y me hubiera quedado hablando con él. Pero no me dijo nada y yo, yo maldito de mi, lo condene rompiéndole su escoba, su preciada escoba, que lo mantenía firme en este mundo. Yo, maldito yo, yo y mi agria alma, que paga con los más amados lo que nunca pagaran otros. Siempre es lo mismo vieja, siempre.

Aurora:                Tranquilo viejo, ya nada se puede hacer. Tu le abriste la puerta y él la cruzó gustoso, no te reprochó nada, estaba deseando que alguien lo hiciera y fue tu valentía, tu fuerza la que se la abrió. Tu le rompiste su cadena y yo le deje volar de entre mis manos, y no le dio tiempo de decirme ni adiós, lo estaba deseando viejo, él te lo agradece, yo se que él lo hace.

Saltamontes:        (Entra caído por la perdida de su amigo, dolorido, con paso lento y al ritmo que le marcan las suelas al rozar el suelo. Por un segundo mira a Aurora y al Diablo, luego baja la cabeza y coge la escoba rota que aún permanece en el suelo, la abraza y sale de la escena con ella. Aurora y Diablo se miran atónitos por la actuación de su amigo Saltamontes. Entra igual que antes, dolorido y caído, se sienta en el banco y sin mediar palabra saca un rollo de cinta aislante de color azul y recompone lenta y delicadamente la escoba del viejo Otoño Juan. Al terminar la reparación la deja reposar sobre el banco.)

                            (A la escoba que esta sentada en el banco) Ahora viejo, ahora estas bien, ya puedes mirar los árboles sin que nadie te moleste, como siempre has querido hacer, ahora viejo ahora puedes hacerlo.(Se levanta, comienza a irse, se detiene.) ¡Ah, viejo! Se me olvidaba (Saca del bolsillo una rosa media marchita) la traje para ti, se que son las que más te gustan viejo, por que son a las que más mimas. Adiós.(Sale.)

Diablo:                 No lo entiendo vieja.

Aurora:                La escoba viejo la escoba (Sonríe). No lo entiendes viejo, la escoba, tiene que venir a por la escoba. Como no se me había ocurrido, la escoba, claro. (Sale).

Diablo:                 No lo entiendo, la escoba, la escoba (Se sienta. A la escoba). Y tu viejo lo entiendes, por que yo no. ¿Qué estas a gusto hay al solecito, no viejo.? Ay viejo, no estamos no, la vida se nos va y no la podemos parar...

(Se apagan las luces).




ACTO VI


 

Aurora:                (A la escoba).Hola viejo, ¿qué tal estas? Bien ¿no?, claro como si no ibas a estar, yo viejo, estoy mal, estoy malucha y no ando muy católica. Pero no quiero aburrirte. Sabes, no quiero marchar de este lugar, cerrar los ojos y no verlo más, me da miedo la idea de no ver más este parque, estos árboles, al Diablo, a Saltamontes, a ti, viejo. No se si lo aguantaría. Hoy se ha posado un pájaro en mi ventana y me ha despertado con su canto, no es bonito viejo. Pensé que lo habías enviado tu desde aquí, desde el parque, por que me echabas de menos y por eso he venido lo más rápido que he podido, para que no estés sólo. Sabes viejo, ya no hay hojas. Los duendes del parque se han dormido en tus manos,  ya no volverán a molestar a los árboles en sus sueños. Ya no volverán a alborotar entre sus ramas, mientras persiguen a las hadas. Si viejo, ya no caerán más hojas, no, ya no. (Sale).

Saltamontes:        (Entra, apoyado en su bastón como siempre, queda de pie mirando al vacío, mira a la escoba y niega con la cabeza, se sienta.)

                            Mírate viejo, mírate. Ahora es el parque el que te observa a ti. (Se mete la mano en el bolsillo, saca un chusco de pan). Toma viejo, para cuando tengas hambre, pero no dejes que se lo coman los gorriones, que lo he traído para ti, lo guardaba para los niños, pero para cuando vengan, ya haré más, y así se lo toman calientito, este esta recién hecho (Saca un tarrito y un cuchillo, se unta el contenido del cacharrito en el pan y come). Esta bueno viejo, le falta un poco de sal, pero ya no me queda.

Diablo:                 Que tal viejo, como andas.

Saltamontes:        Bien, ¿y usted don Diablo?

Diablo:                 Bien gracias, mi buen saltamontes, ¿qué, esperando a los niños?

Saltamontes:        No. Aquí, hablando con el amigo Otoño, que estaba solo, mirando las nubes y me he dicho, voy a acercarle un pedazo de pan, que pueda que tenga un poco de hambre. Los niños están en la escuela, hasta esta tarde no vienen, ya tengo preparada la maza de pan, para que coman con pan calientito.

Diablo:                 Me parece muy bien, que los espere usted aquí quietecíto, me parece estupendo. Y que le esta contando usted aquí al amigo Otoño.

Saltamontes:        Lo de siempre viejo, lo de siempre.

(Se hace un momento el silencio entre ambos).

Saltamontes:        En que piensas viejo.

Diablo:                 En mi princesa viejo, mi princesa.

Saltamontes:        ¿Tu princesa? ¿quién es tu princesa?

Diablo:                 Mi gran amor viejo, una de las pocas veces que le han robado el corazón, el corazón a este viejo diablo.

Saltamontes:        ¿Y se puede saber quien es? ¿O es un secreto que te llevaras al infierno?

Diablo:                 Es una historia que me ocurrió en la ciudad, en uno de mis viajes.

Saltamontes:        Cuenta, ¿cuenta quien es esa princesa?

Diablo:                 Mi princesa, mi princesa... Mi princesa se bajo del autobús para no subir más, para perderse entre la multitud y no salir más de ella. Hay viejo si yo te contara, andaba yo enredando por la ciudad unos días de frío invierno, era yo mozalbete y tenia las hormonas dando puñetazos, cuando un buen día que estaba yo esperando el autobús, apareció ella, mi princesa, parecía enfadada, cabreada, estaba tremendamente serie y seductora, su seriedad me ponía a cien viejo, yo la miraba de reojo, no quería ser descarado, y la miraba en el reflejo del cristal de una tienda que había delante nuestra, y sabes viejo, ella me miro, me miro seria, como si ya me conociera de antes y la hubiera hecho una de las mías, una cara serena, implacable, con una mirada que era capaz de partir aquel cristal y matar al dependiente que lo habitaba. Mi princesa. Sus labios, grandes pero no gordos, eran delgados y acentuados en la parte de debajo de la nariz, esas curvitas que le dan forma de corazón, ay viejo que labios, me deslizaba por ellos con mi mirada atendiendo a cada gesto, a cada expresión de impaciencia, tenía prisa, llegaba tarde a clase, llevaba libros en sus manos, sus manos de dedos delgados y uñas recortadas, no utilizaba esmalte, eran al natural y que natural viejo, que color, morenitas, doradas al sol. Mientras yo observaba cada minúsculo gesto de su fina cara, ella me cruzaba miradas, que aunque seguían siendo de la misma gravedad y seriedad, no me mostraba ningún inicio de rechazo, a veces se quedaba un instante mirándome atentamente, no directamente, pero yo la veía en el reflejo de aquel cristal. Cuando llegó el autobús ella subió delante de mi. Su cuerpo, que te puedo decir de su cuerpo viejo, que armonía en movimiento, que sobriedad, que manejo de galantería dignas de una princesa, mi princesa. Nos sentamos separados, ella sentada, yo un poco más atrás de pie, tenia que estar tiempo sentado y me apetecía estar de pie, hay viejo que tiempos aquellos en los que podíamos estar de pie, de pie y correr tras las mozas. Hay viejo, que tiempos aquellos y que día aquel. Yo baje antes que ella del autobús y moría por despedirme de ella, ¿quien sabe si la volvería a ver... quien...?, marche camino lento, intentado recordar cada fragmento de su cara, cada gesto, cada facción...

Saltamontes:        Y lo conseguiste

Diablo:                 ¿El qué?

Saltamontes:        El recordar todo lo que me has dicho antes.

Diablo:                 Tu que crees viejo, si te lo acabo de contar como si la hubiera visto hace diez minutos, como crees tu que la recordaba hace sesenta y cuatro años, a los cinco minutos de dejar de verla. La tenia en mi mente fotografiada. Pero viejo lo mejor fue, que cuando cogí el autobús de vuelta, allí estaba ella, me miro, con su cara seria, de mando, con sus rígidas facciones de frialdad, su mirada impacto de pleno en mi cuerpo, notando el peso de su mirada sobre mi pecho al impactar sobre este, luego miro a mis ojos, con su mirada un poco más descargada, y ello me libro de no quedarme ciego.

Saltamontes:        ¿Cómo te iba dejar ciego una mirada? Eso solo pasa si es fea, que te deja de piedra, pero tal como la describes, no lo entiendo viejo.

Diablo:                 Hay viejo, no ciego de verdad, sino de la forma de mirar que tenia, que parecía que te tiraba piedras con la mira. Era una mirada que lo mismo te decía: quítate de mi vista que te quito el pescuezo de un bocao, que... tu ya me entiendes no viejo, que te deja desnudo con una agresividad incondicional.

Saltamontes:        Pero al final hubo o no hubo viejo.

Diablo:                 Espera viejo, espera que te cuente. La encontré en el autobús, ella estaba sentada, yo me quede de pie tras ella, llevaba mucho tiempo sentado y me apetecía estirar las piernas y de esa forma la tenia a mi vera. Ella de vez en cuando, me buscaba con la mirada, pero no tenia nada de amistosa esa mirada, pero no le molestaba mi presencia allí.

Saltamontes:        Y tu como sabes eso, ¿Le preguntaste?

Diablo:                 Eso se sabe viejo.

Saltamontes:        ¿Qué se sabe? ¿Desde cuando viejo? A ver tu por que lo sabias.

Diablo:                 Por que, no hacia gestos bruscos, no suspiraba, ni ponía morros

Saltamontes:        ¿Morros? Eso es lo que tu querías que te pusiera los morros ja ja ja.

Diablo:                 Déjame contarte viejo. Se que no le molestaba mi presencia, por que yo la miraba con la misma frialdad, no quería que supiera que me gustaba y cuando coincidían nuestras miradas, yo la miraba con mi mirada normal, seria y de pocos amigos, tu sabe, la que me ha hecho merecedor del apodo del diablo.

Saltamontes:        Diablo, primero, esa chica sabia que te gustaba desde el primer momento en que se te cayo la baba mirándola, eso no lo dudes viejo. Segundo tres días que estas en la ciudad, tienes la posibilidad de llevarte ese bomboncito y tu te haces el duro, tu eres tonto viejo, no me extraña que estés solo, con esa maestría. Espero que esta historia termine como yo creo que va a terminar.

Diablo:                 Bueno, deja que te cuente no viejo. Llegó nuestra parada, yo le cedí el paso, como buen caballero.

Saltamontes:        O para verle el culo viejo.

Diablo:                 Déjame terminar viejo. Tu estas muy lucido hoy, ¿que te pasa viejo?

Saltamontes:        Que ya nos conocemos viejo, que nos conocemos, que tu de caballero tienes lo mismo que yo de fraile.

Diablo:                 Ya esta bien viejo. Que yo soy un gran caballero. Como te iba contando, ella bajo del autobús antes que yo, y como si se dejara caer un diamante a un cubo de pintura negra, con esa rapidez, se trago la multitud a mi princesa, sin darme la oportunidad de mirarla por una última vez, y mi princesa desapareció para siempre.

Saltamontes:        Y eso es todo, hay termina tu aventura con esa chica.

Diablo:                 Si

Saltamontes:        No hubo nada, tu buscándola en la multitud. Bah, vaya birria de historia. Pero a quien quieres engañar. Y de esa chica te enamoraste

Diablo:                 Locamente viejo, la recuerdo como si fuera ayer la ultima vez que la vi.

Saltamontes:        Desde cuando te enamoras tu sin que antes haya habido, tu sabes.

Diablo:                 Uno aunque sea diablo, también tiene corazón, diabólico, pero lo tiene, y también se enamora y sabe apreciar la belleza de una mujer, de una mujer dura, rígida, una mujer que aunque pareciese cabreada, como yo, es capaz de desprender de su alma el amor más incondicional que jamás halla existido. Yo creo que si.

Saltamontes:        Anda ya viejo, tanta historia para nada, y en eso me entretienes, voy a esperar a los niños que están al llegar. (Sale).

Diablo:                 A donde vas viejo, que los niños vienen por allí. (Señala el lado opuesto por el que se ha ido Saltamontes).

Saltamontes:        (Desde dentro). Déjame viejo.

Diablo:                 Será posible este viejo loco, espera viejo, espérame. Maldito viejo loco. (A la escoba.) Bueno viejo, te dejo tranquilo un rato, ten cuidado viejo y no te metas en líos, y dale un poco de pan a los gorriones. Saltamontes espera viejo, llevas nueve años sin poder dar un paso y te va a dar hoy por correr, loco, mas que loco, espérame.

 

(Se apagan las luces.)





 

Diablo:                 (Sentado en el banco, al lado de la escoba. Mira el paisaje y ofrece la pipa a la escoba). Es verdad, tu lo dejaste viejo, se me olvidaba que tu ya no le dabas a la pipa, lo hiciste por tu hijo. A veces pienso que tal vez si yo hubiera tenido hijos, también habría dejado la pipa, como tu. Me acuerdo de todo lo que te critique entonces, pero tu, podías respirar bien, y hablar con tranquilidad, en cambio yo... me ahogaba en cada maldición que te tiraba, pero claro, yo nunca tuve a nadie que me lo dijera, como tu, con un beso o una sonrisa. Pero también pienso que al pasar el tiempo, los años, todos nos han dejado, todos estamos solos, todos menos yo... que aún tengo a quien besar y quien me bese. Mi pipa.

(Queda en Silencio).

 

Aurora:                Hay viejo Diablo, que poquito nos queda, en especial a mi.

Diablo:                 Que  te pasa mi vieja, que te ocurre.

Aurora:                Ya no tengo “ná” viejo en este mundo, ya todos mis pensamientos, mis amores se barrieron. Se los llevo el viento viejo, como a las hojas.

Diablo:                 Hay mi vieja, se te quedo este mundo vacío, se cayo el último de los pilares de tu existencia, la única cuerda que te sujetaba en este precipicio. Pero aún nos tienen a Saltamontes y a mi.

Aurora:                       No es lo mismo, tu estas todo el día solo, sumergido en tu en tu soledad, aislado, y no se te puede gastar bromas, de seguida te enfadas. Y casi nunca estas presente. Saltamontes... es Saltamontes, a veces se pueden cruzar dos palabras con él, pero,  luego gira la tuerca de su cabecita y vuelve a lo mismo, como si tuviera un temporizador que salte cada cinco minutos.

Diablo:                 Y Juan, te daba el tiempo y la atención.

Aurora:                Juan... no se enteraba de la mitad de lo que le decía, pero siempre estaba aquí para escuchar lo que tuviera que decirle y me daba ánimos o algún consejo, aunque no supiera muy bien de que trataba el asunto. Me ocupaba la mente el pensar que decirle cuando le viera para estar un rato con él hablando, y sentirme acompañada.

Diablo:                 Pero esta aquí, ¿por que no se lo dices?

Aurora:                Si esta escoba hablara... cuantas cosas podría decir de todos...cuantas. Pero no habla y no es lo mismo, escucha, pone atención, pero no es lo mismo, todos necesitamos sabernos escuchados para existir, en esta vida no vale hablarle al aire de la tierra y el mar, de la hierba y el viento, no. Si no tenemos respuesta del fuego, del Sol, de alguien. Que nuestras palabras sean rebotadas a nosotros de nuevo de una u otra forma, que no se pierdan... como se perdió todo en este pueblo... desde las hojas hasta su barrendero.

Diablo:                 Tu estas muy mal vieja. (Le ofrece la pipa) ¿quieres?

Aurora:                No viejo, no. Gracias, no esta bonito que una dama fume, y menos a mi edad.

Diablo:                 Vamos vieja, me vas a venir a estas alturas con tabú sociales, pero si no hay nadie.

Aurora:                ¿No? Y él que, solo esta cuando te conviene viejo diablo.

Diablo:                 Pero él no se lo dirá a nadie vieja. Además si es para que estés mejor no creo que le moleste.

Aurora:                Además viejo, una pregunta que siempre te he querido hacer.

Diablo:                 Dímela, adelante.

Aurora:                Tu de donde sacas el tabaco, si no se vende aquí desde hace ya mucho.

Diablo:                 Eso es un secreto vieja.

Aurora:                Me vas a venir tu a mi con esas. Suelta viejo diablo.

Diablo:                 Te explico vieja, hace mucho, era yo aún joven, bueno, cuando tenia unos cuarenta años,  estaba dando una vuelta por el bosque, cuando vi a un hombre cazando, a mi eso de la caza nunca me gusto, matar animalitos, no tengo yo cuerpo de eso. Bueno pues me fui para el cazador y le dije que aquí no podía cazar que se fuera o llamaría a la guardia civil. Él se asusto y me dijo que se iba de inmediato. Yo por aquella época ya fumaba en pipa, desde esa y desde muchísimo antes. La cosa que él también fumaba pipa y su tabaco tenia un aroma muy bueno, le pedí educadamente si me podía dejar probar su pipa, a lo que él cedió gustoso. Aquel tabaco me encanto. Le pregunte que donde lo compraba, él me dijo que dos pueblos más abajo. Claro, yo no podía ir allí para comprar tabaco cada poco tiempo, ya que en aquella época fumaba mucho más que ahora,  entonces le pedí si me podía hacer el favor de comprarme allí el tabaco y traérmelo, que yo le daba de ante mano el dinero. Él se negó, por que cada vez que subía al monte era para cazar y claro si yo le volvía a ver le iba a denunciar, ya que el solo subía para cazar. Entonces tuve una gran idea, en aquel lugar había un gran árbol, y hay aún, con un gran hueco. Y le dije que yo le daba el dinero ahora y que cuando el subiera, me dejara el tabaco en el hueco, de esa forma no nos encontraríamos y no tenia por que denunciarlo y desde entonces, yo dejo el dinero para tres o cuatro bolsas de tabaco y al poco aparecen las bolsas en el hueco. No tenemos que quedar un día concreto ni nada de eso, el cuando viene coge el dinero y cuando vuelve deja el tabaco, y yo cuando veo que se me esta acabando el tabaco dejo el dinero y cuando voy... a veces esta el dinero aún y otras, premio, mi tabaco.

Aurora:                ¿Y nuca has coincidido un día que no haya nada? Por que si viene y coge el dinero, habrá un día en que no haya nada ¿no?

Diablo:                 Ya pero ese día no voy. Seguramente traiga ya el tabaco consigo cada vez que viene a cazar o simplemente viene a traer el tabaco, no se. La cuestión es que viene.

Aurora:                Y el día que ese buen hombre muera.

Diablo:                 Pues moriré yo tras él.

Aurora:                Pero ¿y si él ya ha muerto?

Diablo:                 Pues me lo traerá su hijo o...o esa palabra que le da tanto dolor a mis oídos

Aurora:                Nieto, su nieto.

Diablo:                 Si vieja, su... eso.

Aurora:                Gracias viejo por concederme este ratito tan agradable, me tengo que marchar a ver que tal esta la huerta hoy.

Diablo:                 Ves vieja, como no tienes que pensar tanto, que aquí estoy yo y si no Saltamontes. Como hoy.

Aurora:                Tu lo has dicho viejo, hoy, pero y mañana, y pasado, y el otro... ¿quien estará? Creo que en todos estos años, es una de las pocas veces que hemos coincidido en el parque. No viejo no. Pero gracias. Adiós. (Sale).

Diablo:                 Por que estabas hablando con él, y se te veía tan feliz después de la perdida de tu marido, que... que no quería interrumpir y volvía mi camino, por eso vieja, por eso no coincidíamos antes tanto, por que prefería oírte reír que meterme en asuntos que prefería oír y saber de lejos. Hay vieja, Juan no entendía la mitad de lo que le decías, no por que fuera tonto, si no porque tenía su cabeza en otra parte, que le interesaba más. Pero yo no vieja, yo si se tu secreto, ( a la escoba) y tu también viejo, tu también. Al final va tener razón la vieja, te has vuelto un tanto callado viejo, a ver si al final va a ser verdad eso de que no das conversación. Ja ja ja hay viejo, al final vamos a acabar todos locos, locos de remate.

Saltamontes:        Viejo Diablo ya se donde encontrar a los niños, ven rápido vamos antes de que se vayan, vamos.

Diablo:                 (A la escoba).No te digo yo viejo. (A Saltamontes). Venga viejo, vamos a ver a donde me llevas hoy. (Salen).

Aurora:                (Entra despacio, se sienta, mira la escoba, intenta controlar su tembloroso cuerpo.) Vengo a despedirme viejo, no quería marchar sin decirte adiós. Estoy muy mal. Esta mano mía parece que se mueve más que nunca, y oigo a los niños cantar desde el coro de la iglesia. Al igual que a ti viejo, se te llevaban tus pensamientos cuando perdiste tu escoba, se me llevan a mi ahora viejo, se me llevan, como a ti. Pero tu viejo, afortunado, sentiste la mano de tu esposa y de tu hijo cuando vinieron a por ti, además de mi mano que te sujetaban a este mundo con todas sus fuerzas. Yo no se quien vendrá a por mi, ni cuando, pero si sé que será pronto, muy pronto, y ha llegado la hora de decirte, adiós. (Sale).

 

(Se apagan las luces).

 




ACTO VII


 

Diablo:                 Que vacío, que solitario, que muerto se queda todo. (A la escoba.) Supongo que tu ya lo sabrás viejo, ya la habrás visto por hay arriba. En verdad, ella te quería, te quería de verdad, pero eso, ya te lo dijo en su día. Seguro que se despidió de ti, seguro. Espero que tu la guiases en ese camino nuevo, y la recojas en tu nueva casa hasta que se haga a ello. Se despidió de ti viejo, y no de mi, ni del pobre Saltamontes, aunque lo de él lo comprendo. Estuve hablando con ella, lo recuerdas no viejo, estaba mal, muy mal. Al día siguiente la fui a buscar, iba a dar una vuelta por el bosque, y no quería que ella anduviera por aquí sola, tu sabes, ya estaba torpe, pero, se me adelanto viejo, cuando llegue ya no estaba, se había ido. Se que su marido no bajo por ella, como hizo tu mujer y tu hijo contigo. Lo se por que él no la miraba como tu, ni ella lo miraba como a ti. Por eso viejo, confío en que tu señora te haya dado permiso y la vinieses a buscar, por que lo único que buscaba era eso, una mano sincera, que la viniera a rescatar. Ya deambulaba solitaria los últimos días, callada, esquiva, hasta que tope con ella aquí en el parque, en este parque que ve como nos vamos yendo poquito en poco. Fue entonces cuando me di cuenta de que alguien me necesitaba, de que podía ayudarla, pero como en esta vida caprichosa, se nos da a ver cuando ya se nos ha ido, cuando todo esta tirado y perdido, cuando el destino ha marcado y sellado su camino, fue entonces cuando yo me di cuenta, cuando ella ya tenia su billete de ida para no volver más. Esta mañana, estaban los pájaros dando vueltas por aquí, sin atreverse a picotear sin que ella estuviera, por si la fueran ofender al no esperarla. Iban y venían al banco, esperando su trocito de pan. Hay viejo, que duele esta vida sin los que ya no están, cuanto.

Saltamontes:        ¿Que tal estas viejo?

Diablo:                 Mal viejo, muy mal, como quieres que este.

Saltamontes:        Era mi niña, la luna en medio de mis noches, y la alegría de mis días. Pero necio de mi viejo, la deje escapar. Y no me enteraba. Hasta que todo ocurre, hasta que me vi con este anillo en mi dedo y esa mujer en mi cama. Al principio era feliz, tenia una gran señora en mi cama y unos hijos como robles. Pero sabes viejo, cuando la veía, cuando me cruzaba con ella, todo diera por que fuera ella la que a mi vera se hallaba. Buscaba cualquier excusa para hablar con ella, cualquier cosa, aunque tan solo fuera preguntarle de que color era la arena.

Diablo:                 ¿En serio le preguntabas de que color era la arena?

Saltamontes:        Si, se lo pregunte varias veces. Ella reía, se reía y me decía que estaba loco, ja ja ja loco, tiene gracia, eh.

Diablo:                 Pero ahora lo entiendo menos, os amabais en vuestra juventud, erais pareja, y no teníais problemas. ¿Qué coño te paso? Si al pasar los años, y hasta la vida misma, se te seguía notando que la amabas. Y tu molesto, cabreado, desapareciendo cada vez que se te saca el tema y ella escupiendo sobre tu nombre. Explícame ahora viejo, que nadie nos oye.

Saltamontes:        Fácil viejo, ella no era para mi.

Diablo:                 Vete a la mierda viejo loco, que me estas contando. Claro que era para ti.

Saltamontes:        No viejo, créeme, mi familia era una familia antigua, muy antigua, no de la nobleza. Si no arraigada al campo y las costumbres de antaño. Este anillo que llevo de mi boda, no lo compre yo, lo compro mi padre el día en que nací, y ese mismo día, antes de que la luna acariciara las olas del mar ya tenía grabado los dos nombres. Entiendes viejo, entiendes por que ella no era para mi, por más que yo la amara, por más que yo la deseara, solo le causaría daño y eso no viejo, daño no, y mucho menos a ella. Yo viejo tuve suerte, la chica no era fea, era muy guapa y me cegué por ella, no lo niego. Pero ella no sentía lo mismo por mi. Pactado nuestros corazones desde el día en que se nos hizo la luz, nunca antes nos habíamos visto, a ella la habían tenido encerrada en su casa, para que ningún chico tocara su honra, que no era la suya, sino la de su familia. Yo para ella era una tortura, una maldición, y aunque todo pareciera que nos iba muy bien y nos amábamos mucho, toda casa tiene dos verdades, la de adentro y la de afuera. Ella no estaba nada contenta conmigo, no le gustaba, no le atraía lo más mínimo. Por eso viejo, por eso Aurora no era para mi. Aunque yo deseara estar con ella y la buscara en mis sueños. Yo no tuve la libertad de elegir que todos tuvisteis, yo ya estaba elegido para bien o, para mal.(Silencio).

Diablo:                 Te juego tres perras chica que los siguientes somos nosotros.

Saltamontes:        Yo me juego dos perras gordas. Ja ja ja.

Diablo:                 Viejo, no nos vamos nosotros, se va toda una historia, toda una cultura, una forma de vida, todo un pueblo que no hace mucho rebosaba de vida y salud. Y ahora... míralo. Que será de los pueblos, lugares de paz y bienestar, destinados al olvido, a vivir en el recuerdo de cuatro viejos que recorren sus calles en mutis y no podemos hacer nada.

Saltamontes:        Podemos esperar a que vengan los niño, seguros que ellos tienen una solución.

Diablo:                 Si claro, seguro que la tendrán. Vender, vender, vender todo el pueblo.

Saltamontes:        ¿Vender? Pero si estas son sus casas, ¿cómo van a venderla?

Diablo:                 No viejo, estas ya no son sus casas. Vamos viejo, hoy comerás en mi casa.

Saltamontes:        Pero antes pasemos por mi casa a ver si han llegado ya los niños.

Diablo:                 Viejo loco.

 

(Se apagan las luces).

 



 

Entran Saltamontes y Diablo, se sientan en el banco. Ambos quedan mirando al vacío. Entra un niño y se pone en frente de Saltamontes.

 

Saltamontes:        ¡Mira viejo, un niño! Ya están llegando, que te di...(Muere antes de pronunciar la ultima palabra. Queda mirando al niño, con los ojos abiertos.)

Diablo:                 (No hace caso de Saltamontes, al poco se gira y lo ve.) Viejo que decías de los niños, he viejo, vie...(Entra otro niño y se pone frente a Diablo.) Mira viejo, un niño, están llegando como tu decías viejo, míralo es un niño, un...(Muere, queda mirando fijamente al frente, al niño que ha entrado. El ultimo niño que ha entrado coge de la mano al otro, ambos salen corriendo y riendo. Diablo y Saltamontes quedan inertes en el escenario, sentados en el banco con la escoba entre ambos. Mirando al vacío. No solo han muerto un par de ancianos, si no toda la memoria de una época que nadie podrá salvar del olvido. De su muerte.

 


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es ma aburrido que algo muy aburrido
no, lo lean es aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaabbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbbuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuurrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiidddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Autor: anonimo | Fecha: 25/05/2016 17:08:02

muy aburrido
es muy aburrido no lo leean enserio no vale la pena
Autor: anonimo | Fecha: 25/05/2016 17:05:11

hola
No lo lei pero quiero saber de que se trata jaja
Autor: Quiero saberr | Fecha: 22/12/2015 20:19:04

esta kosa es un asko
essss muuuuy aburrido y o se k tipo de texto es yo buscando mi tarea y aparese esta kuestion
Autor: thu xamakita | Fecha: 03/08/2014 18:39:23

aburrimiento preparado
no lo lean es aburridooooooooooooo
Autor: aaaaaaaaaaaaaaaaburrido | Fecha: 30/06/2014 1:14:47

aburridoooo
Aburiido mil
Autor: anonimo | Fecha: 21/05/2014 4:25:39

guay
me ha gustado0o0o0o0o0o0

Autor: jhfisk | Fecha: 05/11/2012 18:35:31

fegggggg
tryt
Autor: geeg | Fecha: 01/05/2012 4:12:18

so0o0i muiii po0o0pular , loo0o0zersz
Suuuper woo0o0zersz esta del navo0op nethaaap gueeyes iio0op so0oy muuuyiii po0opular para esta shiiit de fabulap' o0o0seaa helloo0ousers ii00 soo0i la iiiadithap pasen por mi metro <3<3 besitho0ops de caramelo0op ya tengo machio0op ,
Autor: pluUtarqhithapP laaa mas bo0o0niiiithapP | Fecha: 23/03/2012 3:09:51

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