Don Amatore, sofrólogo circense de reconocido prestigio,
concede una recepción en su casa con motivo de su onomástica. Petrus acude en
calidad de invitado acompañado de su fiel escudero Caspio para presentarle sus
parabienes, fue discípulo suyo en su juventud y mantiene cierta deuda moral de
la que a veces se siente preso.El anfitrión yace cómodamente
postrado en un diván con actitud despreocupada. Petrus hace las presentaciones
- Don Amatore, le presento a Caspio,
ya le he hablado de él.
- Como si estuvieras en tu casa, siéntate...- Responde Don
Amatore con voz melodiosa y ademanes teatrales. Sin mirarlo le ofrece su
diestra fláccida con la boca llena de patatilla frita.
- Muchas gracias- Caspio mira al suelo y juega con las
puntas de sus zapatos.Su timidez le esta haciendo pasar un rato amargo y empieza a fluirle ese sudor fino que tanto conoce.
Petrus se pone el abrigo y se dirige hacia la puerta.- Tengo que irme un momento-. Se dirige a ambos con una
sonrisa. -Perdonad este fallo de memoria pero he olvidado algo, algo que nos
hace mucha ilusión regalarle Don Amatore.El sofrólogo deforma su boca en una especie de sonrisa, y estira
el cuello mirando hacia el techo como intentara que sus pestañas lo alcanzasen.
-Espérame aquí Caspio- le dice a su amigo antes de salir.Caspio está sentado con las orejas coloradas observando con angustia
la escena. El ruido de la puerta al cerrarse retumba tan fuerte en su corazón
que siente un pequeño mareo.
El tiempo
transcurre lentamente sin que don Amatore muestre algún indicio de interés por
la presencia del recién llegado. Al cabo de un rato el temblor en las piernas de
Caspio no pasa desapercibido al anfitrión.
- ¿Pero porqué estas tan nervioso..?-. Lo mira por primera
vez.- Relájate chico..no te voy a comer.
- Perdóneme señor soy un tonto.
- Seguramente...seguramente-. murmura Don Amatore juntando
las cejas
- Intenta respirar profundamente y lentamente....Intenta
poner tu mente en blanco-. Le ordena.
Caspio obedece de forma incondicional aferrándose a una
posible solución a la tensión insoportable que le provoca la escena.
- Ahora junta tus manos y entrecruza tus dedos-.
Caspio con los ojos caídos cumple maquinalmente.
- Ahora intenta separarlos.
- No puedo..- responde con un deje de voz y arrugando el
entrecejo.
- Relájate, respira, duerme-. Sonríe satisfecho ante la facilidad con que
ha inducido el trance al muchacho. Se levanta y se acerca al sometido que
duerme en el sillón- Ahora me vas a contestar a las preguntas que te haga.
- Si señor.
- ¿Cuando estás solo en casa y vas a mear levantas la tapa?-.
le pregunta con tres cuartos de sonrisa febrilmente elaborada.
- A veces no..-. Tarda en contestar Caspio.
- ¿Y no te caen gotitas sobre la tapa?
- A veces si.
- ¿Y no te importa dejar esa cochinada a la vista?
- A veces no...
- A ver .. déjame ver como haces para mear, enséñame ese
nabo que tienes macho...
Caspio permanece en trance sin responderle.
Don Amatore torna pensativo y se mordisquea la uña del
pulgar con aire de preocupación. Esas respuestas aparentemente tan vanas le
desconciertan porque le resultan familiares. Tienen un significado que no acaba
de descifrar. Prosigue con la sesión algo mas inseguro.- ¿ Y no te da miedo que salga una mano detrás de la cortina
y te arranque la pollita?.
- ¿ Quien iba a hacerlo ?- Caspio pregunta de repente
abriendo los ojos
Ahora es el anfitrión el que tarda en contestar.
- Pues por ejemplo.. un muerto viviente.- Intenta sofocar
una risa falsa.
- No.
- Bien, eres valiente y no te asustan los muertos vivientes.
- ¿ Y los demonios..?- Le vuelve a preguntar con cierta
sorna.
- Un demonio-
- ¿ Un demonio, cual..?-le pregunta de forma compulsiva. El
silencio es asfixiante.
- ¡Pollito!- grita de repente Caspio.
La columna vertebral del sofrólogo da una sacudida con un
crujido audible y convulsiona un instante, luego da unos pasos hacia atrás
alejándose del hipnotizado. Su cara refleja terror en estado puro
- ¡Soy Pollito!-. vuelve a repetir Caspio con mayor
seguridad y profundidad en la voz. A Don Amatore le cuesta expresarse atenazado por el miedo.
-
Dime quien eres...Pollito era el amigo imaginario que tuve de niño- le habla
casi sollozando- nunca le conté eso a nadie.
La cara de Caspio se abre de repente como una explosión de
luz y color, se ríe y empieza a cantar.- Soy Pollito, el amigo de Amatore, el gran Masturbatore,
soy Pollito el malito.
El anfitrión cae arrodillado y se cubre el rostro con
fuerza.
- Aun tienes ese asqueroso vicio de engatusar a la gente
Amatore- le atraviesa con la mirada y le habla con profundo desprecio- que bien
se te ha dado siempre la comedia.- Continua-¿te acuerdas cuando me preguntabas cada día si yo era malo?
Don Amatore incapaz de responder llora sonoramente.
- ¿Te acuerdas o no?.. ¡contéstame pedazo de cabrón!-. Caspio
ruge como una bestia herida. Los cristales de las ventanas tiritan por la
vibración.
- Me respondías.. .a veces si, a veces no, a veces si a
veces no...y no conseguía hacerte callar-. Responde con un hilo de voz el
anfitrión totalmente vencido.
- ¿Y recuerdas lo que te dije el día que aquellos sucios
sacerdotes me echaron de tu casa?- Vuelve a preguntar esa voz que parece salida
de una enorme traquea.-¡Dímelooo!
Don Amatore se incorpora un poco estando todavía de rodillas
e intentando recobrar su dignidad perdida le responde:
- Que un día volverías para llevarme contigo.
El susurro de un diablo, un suspiro interrumpido y el ruido
del cuerpo muerto de don Amatore al caer al suelo. Caspio ya desprendido del
trance lloraba furtivamente y siempre creyó haber escuchado ese día el delicado
aleteo de unas almas escapando por la ventana.