LLORANDO SOBRE LA MUERTA ( Y II) (Escrito por jul_rauz)
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Inshallah

Autor/a: Pedrito
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 25/06/2010
Leído: 443 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 5

No hay resumen
“Para el tiempo“, le había dicho hace mucho tiempo una mujer, la cual lo quería mucho, “por favor para el tiempo”. Pero no podía pararlo. Mediodía. Casi no pudo dormir en la noche. Despertó tarde, abrió los ojos. Rayos del sol hicieron bailar el polvo en el aire. Miró la pieza como nunca la había visto antes, como nunca más la vería. En la pared había un estante, lleno de libros, muchos los había leído. Unas fotos en la pared, fotos de tiempos pasados. Nunca había entendido, cómo una cultura avanzada, que había descubierto la escritura, bases de la matemática, que había influenciado y formado el mundo por muchos siglos, había perdido su importancia, había desaparecido. Se levantó, se afeitó, se lavó y se puso traje festivo, como para ir a un casamiento o a un entierro. Cuando llegó a la cocina, miró a su mujer. Qué bonita era. Ella preparaba una comida. Su hijo jugaba con un auto de bomberos en una esquina. Tomó café. Si, pudiera volver en un rato para comer con ellos. Se despidíó, abrazó a su mujer y su hijo, quiso decirles algo pero no lo hizo. Bajó la escalera. La última parte tendrían que renovar, pensó. Cuando abrió la puerta y salió a la calle, la luz del sol le impidió reconocer algo. Vio primero solamente sombras. La vieja del tercer piso lo saludó, pero no se dio cuenta. Caminaba lento en dirección al mercado, como lo había hecho muchas veces. Hoy le pareció todo diferente , los mismos negocios como siempre, la gente y el tráfico en la calle, los ruidos distintos, pero vio todo como por una neblina, todo se movía como grabado con cámara lenta. La gente lo miró y él notó en sus caras lo que pensaban. Para él que era árabe y que se veía como árabe, la vida se había complicado. Pacientes se extrañaron de ver a un médico árabe, habían pensado « que esa gente trabaja solamente como basurero o negociante». Su jefe se había jubilado, no él sino un joven médico alemán había recibido el puesto. El hecho no le había sorprendido, no había esperado otra cosa. En el mercado lo saludó un colega de trabajo, un tipo de mierda, que buscaba solamente su propia ventaja. Cómo sabía odiar esa gente. Vacaciones bonitas le habían deseado ayer. Más gentío en todas las partes, se gritaba, compraba, vendía : legumbres, flores, frutas, condimientos, loza de greda. Pensó en sus padres y hermanos, ya muertos, por error había caído una bomba en su casa, se había declarado. Su papá había trabajado como campesino. El y su mamá se habían esforzado para sobrevivir. Lo que pasaba en las ciudades nunca supieron. Cinco ovejas, dos cabras tenían, árboles de olivas y un perro chico. Pero de repente volaron aviones sobre su terreno, pasaban tanques. Aparecieron, soldados . Llegaron de otros países y se quedaron. Rusos, americanos, también alemanes. Se abrió paso entre la multitud, llegó al centro del mercado. Dos policías pasaron. Tocó el cordel debajo de su abrigo. Tengo que hacerlo. Se preocuparían de su familia. Actuaría por el Dschihad, por Dios. En la última noche había visto los dos Angeles de la Tumba, no le habían preguntado por su fe. Entraría directamente al paraíso. Cambiaría esta vida por una vida en el otro mundo para que en el futuro nadie tuviera miedo ni tristeza. Se había financiado sus estudios, era un elector de Dios. Todo empezó a dar vueltas alrededor de él, escuchó ruidos y voces como si tuviera agua en las orejas. Tiró el cordel, todo terminaría. Y entonces vio a su mujer y su hijo, haciéndole señas con las manos, riéndose, corriendo hacia él. Ya muy cerca de él. Trató de alejarse de ellos, pero sabía que no quedaría tiempo suficiente y, por última vez, no podía parar el tiempo.





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