Capítulo I.-
No se exactamente cuando comenzó, ni como. Pero empecé a sentir un cambio en mí. En mis pensamientos, en mi espíritu, en mi alma, en mi vida. Como una oruga que, semana a semana, día a día, minuto a minuto, va trasmutando hasta llegar a convertirse en mariposa. Se que todavía no llegué a ser mariposa, no se bien en qué estadio me encuentro del proceso de transformación. Quisiera que esa mariposa fuera multicolor, con alas amplias volando alegremente por distintos jardines, libre sin ataduras. Posarme en distintas flores, sentir sus aromas, percibir los sonidos del viento, del mar, de la vida en definitiva.
Este cambio interno se trasluce en mis gestos, mi mirada, mi forma de hablar. Si hasta me veo más linda. El cambio no me asusta, pero no deja de ser traumático. No es fácil, pero es muy lindo. Estoy creciendo, de mujer - niña a mujer - adulta. Ahora empiezo a ver lo que ayer no veía, a sentir lo que antaño no sentía, a entender lo que antes no entendía.
Le estoy tomando un gustito a la vida que hasta hace poco no le sentía, diría que me estoy enamorando de la vida, yo que hace un tiempo atrás hasta llegué a despreciarla.
El cambio me está permitiendo entender por qué me pasaron las cosas que me pasaron, por qué conocí la gente que conocí y las alegrías y las desgracias que viví. Hoy ya no pienso tanto en el futuro, vivo más mi presente, lo disfruto con lo bueno y lo malo. Me cuesta pero trabajo para lograrlo. En definitiva, hoy solo se que estoy cambiando.-
Capítulo II.-
La transmutación me ha generado contradicciones también. Por un lado, ha hecho que me alejara un poco de mis amistades de ayer, sin pelearme claro, pero a la vez me ha generado avidez por conocer otras personas. Asimismo, me ha incentivado para aprender cosas que antes no me interesaban, cosas que cultivan mi alma y mi espíritu. Ello, sin quitarme el lado pasional y guerrero que siempre tuve. Tengo que trabajar para que el cambio domestique ese aspecto, sin dejar de ser yo misma, pero que me suavice, me haga más atildada. Eso sí, no quiero ser tibia, porque a los tibios los vomita Dios.-
Hoy soy más sensible aún, pero no todo lo que yo quisiera. Entiendo más al otro, pero no todavía lo suficiente. Aún no me perdono algunas cosas y me cuesta hacerlo con los demás, a pesar de que se perfectamente que yo no soy nadie para juzgar ni para perdonar o no perdonar. Pero voy en pos de ello y estoy ahí, a un pasito de ser amplia totalmente, de escuchar sin juzgar, de entender sin condenar, de aconsejar sin soberbia, de aceptar la derrota sin sentirme fracasada, de disfrutar la victoria sin creerme superior a nadie. En definitiva, hoy solo se que voy por buen camino.-
Capítulo III.-
El capullo está por explotar, en cualquier momento sale la mariposa. Falta, pero ahí está, trabajando día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. De todas maneras, cuando salga la mariposa ella también necesitará seguir creciendo y transmutando. Porque en esta vida crecemos todos los días, desde el primer minuto que nuestros pies pisan la tierra y hasta el día del juicio final. Después también, nuestras almas buscan la perfección, transitan el camino de la búsqueda del conocimiento, mas y mas, sin límite, infinito. En definitiva, hoy solo se que no se nada.-
FIN.-