Despedida
Empezó despacio. Primero no me dí cuenta de mis dificultades. Esto es normal, pensaba, estoy envejeciéndome, me acerco a los sesenta.
Con el recuerdo de nombres tuve siempre dificultades; buscaba casi toda mi vida algo y después pensaba que alguien me lo había sacado.
Ninguna causa para extrañarme!
Hace unos días fui al sótano para buscar algo y una vez abajo, no sabía qué. Un día busqué una llave y la tenía en la mano.
Terminaron las vacaciones. Primer día de clase. Soy profesor jefe de un cuarto año básico. Este curso ya lo tengo hace tres años, conozco los alumnos y sus capacidades.
Sus padres los veo normalmente dos veces al año en reuniones.
En mi trabajo trato de molestar a los padres lo menos posible, espero de ellos que no vengan al Colegio por pequeñas cosas.
Me gusta mi trabajo, pero estoy contento de atender solamente 15 horas de clases en vez de 28. El resto del trabajo lo hago en la administración.
Lunes primera hora, los niños cuentan acerca de su vacaciones, muchos estuvieron en otros países con sus padres. Cuando yo fui alumno, nunca viajamos a ninguna parte, nos faltaba el dinero.
No recuerdo algunos nombres, miro en la lista de los alumnos, vuelvo a recordarme. Esto me pasaba en los años pasados varias veces, pienso.
En el recreo quiero presentar una colega nueva a los otros profesores . La conocí en la última semana escolar antes de las vacaciones. No recuerdo su nombre.
Tengo un hambre horrible. En la comida mi mujer me pregunta:
“Compraste la leche?”
“Qué leche?”
“ Te pedí comprar leche al volver del colegio!”
“ No sé nada de eso!”
“Nunca escuchas cuando te digo algo.”
Creo que él olvida siempre más. Estoy bastante preocupada por eso. Claro, se trata solamente de cosas no tan importantes, pero en el último tiempo aumentan estos hechos. Siempre está buscando algo, por ejemplo sus gafas, sus llaves estaban ayer en el refrigerador.
Además viene muy agotado del Colegio, hace una siesta muy larga, pero siempre está cansado y se enoja fácilmente.
De vez en cuando no se recuerda de los nombres de amigos.
Habla poco, creo que tendría ir a un médico.
Hoy por la tarde tengo mi hora de consulta en el colegio. Una mujer entra en mi oficina, me abraza y me besa. Ella me causa sorpresa. Es una mujer bien atractiva, una joven con pelo negro y ojos verdes. Creo que la vi una vez, pero no sé dónde. Trato de esconder mi inseguridad.
Nos sentamos ante una mesa.
Golpean en la puerta, una colega entra, dice que quiere arreglar el PC como había dicho en la mañana . No recuerdo ninguna conversación, pero estoy contento que ella esté.
-“Sí, yo creo que tengo que hablarle de mi hijo. Sus notas no son tan buenas, necesito su consejo”, me dice la mujer.
No sé todavía quién es esa mujer, no sé de cuál alumno se trata. Tengo que concentrarme y descubrir con quién estoy hablando.
-“Sí, parece que su hijo tiene dificultades para concentrarse, se nota en las matemáticas.”
-“Cómo? En las matemáticas? Pensé que en esa materia anda bastante bien!”
- “No anda mal, pero le cuesta solucionar problemas.”
-“Quizás por sus dificultades en alemán? Me dí cuenta que muchas veces no sabe lo que tiene que hacer, no entiende el texto y su ortografía es pésima!”
Ya me acerco, el hijo tiene dificultades con la ortografía, solamente tres niños tienen este problema.
-“Tendría que leer más, casi nunca habla de libros.”
- “Entonces Ud. opina, que tendría que practicar dictados con Adriano?”
Ya lo sé, el cabro se llama Adriano. Miro en mi lista de alumnos, se llama Adriano Jaramillo y ella es Claudia Jaramillo.
La colega ha terminado su trabajo. “Hasta mañana”, dice y se va.
La Claudia se levanta y me abraza otra vez.
-“ Me has faltado mucho. Podemos encontrarnos el jueves? El jueves a las 20 hrs. En el mismo motel como la última vez.”
La señora Jaramillo no se va sin besarme.
No sé dónde estuvimos, ni siquiera sé que estuvimos juntos. No sé de donde conozco esa mujer ni recuerdo ninguna relación con ella. Tengo que ir a un médico. Urgentemente.
Llegando a casa estoy completamente agotado. Mi mujer Petra no está. Por suerte, pienso. Me duele la cabeza. Voy al dormitorio, me acuesto. No puedo recordar dónde he conocido esa Claudia ni una relación con ella.
Llegando a mi casa encuentro a mi esposo en el dormitorio, no duerme, mira al techo. Por supuesto no ha comprado pan.
Le cuento que he estado donde la Carmen.
- “A lo mejor va a venir con su marido el próximo sábado. He invitado también a nuestros amigos Beatriz y Roberto.”
Escuchando Pablo parece estar poco entusiasmado. Dice que está enfermo, que tiene que ir al médico. Cuenta que hoy en el colegio no podía concentrarse, por la tarde tenía dificultades en las reuniones con los padres.
Sábado, Carmen, su esposo, Beatriz y Roberto han llegado. Preparando la cena Pablo se ha enojado varias veces, no ha recordado las recetas que había cocinado muchas veces antes.
Primero hacemos un brindís. Hablamos de nuestro trabajo, de vacaciones, viajes. Pablo habla poco, se va de la pieza. Diez minutos más tarde vuelve y dice:
- “ Tenemos que hacer un brindís. Bienvenidos!”
Todos miran sorprendidos, Pablo nota que algo anda mal. Le ayudo:
- “ Un doble brindis es mejor!”
Todos se relajan por la buena cena y por el vino. Pablo cuenta historias de Colombia donde ha vivido mucho tiempo.
Roberto le pregunta:
-“ Todo preparado por el próximo fin de semana?”
- “Próximo fin de semana?”
- “ Sí, para la pesca.”
- “Claro que sí, todo preparado!”
Estoy contento que todos se fueron. He tenido dificultades de recordarme. Me ha costado hablar. Ojalá que los otros hayan pensado que había tomado mucho.
Entrando al dormitorio veo que Pablo ya duerme. Estoy muy preocupada. Pablo había olvidado el primer brindís, la pesca con Roberto, había contado varias veces las mismas historias.
Despierto a los 2 de la madrugada, me levanto, trato de no despertar a la Petra. Voy al jardín y fumo un cigarro. Cuando pongo el encendedor en la cartera del pijama, siento una hoja de papel. En el último tiempo anoto todo lo que es importante.
Voy a la cocina, leo: Claudia-jueves-llamarla
Me siento delante de la mesa. Claudia? Quién es ésa? Me concentro. De repente, me acuerdo de esa Claudia. Es la mamá de un alumno. Se trata de un encuentro el jueves, no sé dónde.
Me acuesto.
Cuando despierto estoy solo en la casa. Petra ya se fue a su trabajo, trabaja medio tiempo como secretaria en una empresa de construcción.
Busco el libro con las direcciones de alumnos, encuentro el número de teléfono de la tal Claudia Jaramillo.
- “Claudia Jaramillo. Dígame!”
- “ No puedo ir el jueves, estoy enfermo.”
- “Una lástima, Carlos va a estar desde miércoles hasta el sábado de viaje por
negocios.
Tendríamos mucho tiempo para nosotros!”
- “ Lo siento mucho, pero no puedo ir!” Habrá otra ocasión.”
- “ Dime , Pablo, lo conseguiste?”
- “ Tengo que terminar, viene mi mujer!”
No sé qué tendría que conseguir
Mi esposa me acompaña al consultorio del doctor Sánchez. Tenemos una cita con él, no tenemos que esperar.
- “Se ve muy bien, señora, qué problema tiene?”
- “ Yo no tengo ningún problema, pero mi esposo tiene dificultades de concentrarse, olvida cosas muchas veces. Después de su trabajo en el colegio, está completamente agotado. Tiene que acostarse. Tiene poco interés de encontrarse con conocidos o amigos, de salir de la casa. Siempre ha leído mucho, ha participado con ganas en discusiones, ahora no. De vez en cuando también tiene depresiones.”
El doctor llama a un especialista. Me dice:
“Pasa donde el doctor Saldariaga, es amigo mío, él va realizar una análisis de sangre y escáner. Pase, por favor, mañana otra vez por acá, voy a tener entonces los resultados.”
Me da una licencia por 15 días.
Estoy otra vez donde el doctor Sánchez.
- “ Usted ha notado que le cuestan asuntos que antes hacía sin problemas?”
- “ Sí, en este momento tengo dificultades conmigo y con los otros!”
Me dice que se puede excluir un tumor en el cerebro.
- “Tengo que realizar con Ud. unos pruebas de memoria y de funcionamiento intelectual.”
Me pregunta la fecha, el día, tengo que repetir palabras, solucionar problemas simples en la cabeza. Después tengo que repetir palabras que me había dicho antes. No puedo recordarlos.
Tengo que decir nombres de plantas y animales, pintar una figura. Me pregunta si tenía dificultades para manejar, cómo podía dormir.
Mira los resultados y dice:
- “ Posiblemente tiene la enfermedad de Alzheimer. No puede trabajar en el próximo tiempo en el colegio, necesita tranquilidad, ningún estrés.”
Vuelvo de mi trabajo a casa, la puerta está abierta. No puedo ubicar a mi marido. Voy al jardín y le llamo.
Entonces lo veo, está delante de la puerta de la casa del vecino, se ve parecida a la nuestra. Trata de abrir la puerta. Parece que está contento de verme.
- “ Yo he mirado la puerta nueva que tienen, tendríamos que renovar la nuestra también.
Tengo que llamar a mi mamá.”
Su mamá murió hace dos años!
Pedí una conversación al doctor. Se sienta a mi lado y toma mi mano.
- “ Probablemente su esposo tiene la enfermedad de Alzheimer. Tiene todos los síntomas que incluyen el olvido, pérdida de concentración, pérdida de peso y problemas motrices leves para caminar.
Además se siente cansado, tiene depresiones. Más tarde va a ser incapaz de comprender el significado de las palabras. No va a reconocerse a sí mismo ni a Ud. Se va a dar cuenta de este proceso de su enfermedad, va a reaccionar con intraquilidad, miedo y agresión.”
- “ y cuánto tiempo va a durar este “proceso”?
- “ Normalmente, entre cinco y siete años, de vez en cuando es más corto o más largo.”
Tres años más tarde.
Empieza el invierno, llueve, hace frío. Estoy de vuelta con mis compras, mucho tráfico hay hoy.
Me siento deprimida. Todo resultó tal como el doctor me había dicho. Ya no puedo dejarlo solo mucho tiempo. Renuncié a mi trabajo.
Me duele ver cómo se pierde, es una despedida larga de sí mismo. Cada día pierdo un pedazo de él. No sé cuánto tiempo pueda cuidarlo en la casa, va a llegar el momento de llevarlo a otro lugar donde lo cuiden todo el día.
Llego a nuestra casa, se me olvidó la llave. Timbro.
Camino solo por nuestra casa, siempre tienen que cambiar algo. Otros muebles, otros cuadros. Voy al baño para afeitarme. Esa cara en el espejo casi no conozco. Realmente soy yo?
Empiezo a afeitarme. Ya tengo un aparato eléctrico, no me gusta tanto. Antes hice este trabajo con cuchillo, pero me lo sacaron, demasiado peligroso para mí, podría herirme.
Alguien timbra. Voy a la puerta, la abro, veo una mujer. Seguramente quiere vender algo.
- No compramos nada, tenemos todo”, digo.
Cierro la puerta.