Felicidades (Escrito por Ratoncita)
Qué bonito es el día cuando ves el amanecer, hoy por fin es tu día disfruta con ilusión de él. Quisiera regalarte la luna pero no puede...
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Volar...

Autor/a: Pedrito
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 12/04/2010
Leído: 812 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 1

No hay resumen

Volar .........

 

 

 

Uno tendría que poder volar, volar lejos, hacia adónde, es igual, ser libre de qué y para qué no importa tanto. Estar libre . Esa idea me ha fascinado siempre.

Salir del mismo trajín de todos los días, hacer otra cosa, no ver todo tan importante.

 

Mediodía, mis clases ya terminaron. No era un mal día hoy.

Bajo la escalera del segundo piso, mucho gentío, alumnos pasan corriendo, la Sra. Willauer quiere saber, si podría reemplazarla mañana en la primera hora, porque ella tiene que ir donde un médico.

Camino lento, cansado, tengo dolores en las piernas, efecto tardío de la gripe.

Recién en las vacaciones estuve con mi mujer en nuestra casa, a orillas del mar, largas caminatas, buena comida, vino, discusiones.

En la última semana me atacó una gripe, dolores en la garganta, en la cabeza, en las piernas.

No podía trotar más.

Subo al  auto, abro las ventanas, hace calor a pesar que está terminando el verano.

Qué bueno que nos habíamos cambiado de casa, ahora necesito sólo diez minutos para ir al Colegio; mi mujer Mónica, un poco más para llegar al lugar de su trabajo.

En la casa como una manzana, casi no tengo hambre, estoy cansado, me tiendo en el sofá, necesito una buena siesta.

 

Vengo de mi trabajo, un día agotador hoy, todos creen que nosotros como asistentes sociales y el Estado pueden solucionar sus problemas.

El no arregló la cocina, la ropa está todavía en la lavadora, está acostado en el sofá y duerme, a pesar que ya son las cinco de la tarde.

En el último tiempo está siempre cansado, probablemente efectos tardíos de la gripe.

Le miro, tiene 50 años, ahora se ve mayor, agotado, cansado, resignado.

Me gustó y me gusta todavía este hombre, aúnque estoy casada con él más de 20 años. Es inteligente, comprensivo, cariñoso y tiene mucho humor.

Lo despierto con un beso, después trabajamos juntos en la casa, cenamos y hablamos de nuestro trabajo. Siempre los mismos problemas.

Viendo la televisión tomamos un vino, se le cae el vaso de su mano, temprano vamos a la cama, yo tengo mañana un día muy difícil.

 

Después de la segunda hora voy al médico, los dolores en mis piernas aumentaron, casi no podía dormir en la noche, por poco me caigo bajando la escalera en el Colegio, tuve que tomarme de la pasarela.

El doctor Lauer me hace exámenes exhaustivos, una anamnesia muy detallada y me mira extrañado.

Me da licencia por una semana y me manda al hospital. Allá tendrían que hacer más exámenes, dice.

En el camino al hospital pienso que mejor hubiera sido no visitar ningún médico, por muchos años no he visitado a ninguno.

Durante toda la mañana estoy sometido a diferentes exámenes neurológicos, me sacan una muestra de la columna, un líquido.

Me da la impresión que hacen más exámenes de los necesarios, porque soy paciente privado.

 

Está otra vez tendido en el sofá, mira sin ver. Preparamos juntos la cena, mínimos trabajos fisicos le agotan. El dice que mañana tiene clases a la tercera hora.

 

No he contado nada a mi mujer, ni he hablado de la visita al médico ni de mi licencia. Ella sale temprano a su trabajo.

Me duelen todas las articulaciones, también la columna. A pesar de esto voy a trotar, nuestra casa está situada justamente al lado de un bosque.

A lo mejor después me siento mejor, recuerdo que trotar siempre me ha ayudado a superar situaciones problemáticas. Se activan hormonas de la felicidad, lo que necesito ahora urgentemente.

Me pongo un buzo, salgo de la casa, empiezo a trotar y caigo.

Con dificultades me levanto y cojeo a casa.

Sacándome los zapatos noto que mis manos hormiguean, mis piernas sin sensación. Casi no puedo caminar.

En el sótano tenemos muletas, el año pasado mi mujer tuvo un accidente esquiando. Cuidadoso bajo la escalera y las encuentro. Voy a contar a Mónica que se me torció la pata trotando.

 

Volviendo a casa lo veo en la cama. Se torció el pie, dice. No se ve bien, a lo mejor tiene temperatura, habla poco con voz ronca.

Más tarde pasa su colega y amigo Jaime, pregunta cómo le va, en el Colegio arreglaron su reemplazo.

Cenamos juntos, tomamos vino. El toma poco, come poco, habla poco. Varias veces va al baño con las muletas.

Empiezo a preocuparme, no sabía que tiene licencia médica.

 

Muchas semanas que estoy en  cama, me falta sensación en las piernas y las manos, tengo dolores en todo el cuerpo. Me siento pésimo.

He tratado de decir a Mónica que todo eso es efecto tardío de la gripe, que mi pierna no ha torcído sino tiene una mimositis, quizás una distorsión que necesita su tiempo. Por eso mis dificultades al caminar.

En mi última visita al médico me explicó que tengo una enfermedad muy rara, una parálisis progresiva causada por una perturbación en el sistema nervioso.

Tendría que ir al hospital, quedarme en la estación intensiva neurológica. Se esperaría complicaciones pulmonales y cardíacas. ……………………..

No seguí escucharlo, me levanté, tomé mis muletas y salí, me fui en taxi a casa.

 

Mirando a Jaime caigo en tristeza y desesperación. Hablé bastante tiempo con su médico y supe todo de su enfermedad.

Ya sé lo que le espera a él y a mí.

Hasta ahora había leído solamente  sobres tales situaciones, ahora ya puedo conocerlas realmente. Qué diferencia!

Todo ha cambiado, Jaime no puede trabajar más, yo renuncié a  mi trabajo. No quiero perder ni un minuto del tiempo que nos queda. Quiero estar con él, pero sé, que se le puede ayudar muy poco.

 

Ya tengo mucho tiempo para pensar en todo lo que hice, qué hubiese hecho de otra manera, quizás mejor, y no hice, en todo lo que quise hacer.

Caminar es casi imposible para mí, una parte de la cara no la puedo mover, no puedo escribir, ni controlar los movimientos de mis manos y brazos, no puedo leer, que siempre me gustó tanto, no puedo concentrarme.

Casi no viene gente a visitarme , comunicarse conmigo es casi imposible.

Mónica trata de aparentar esperanza, con buen ánimo, todo va a mejorarse, dice siempre. Pero veo su esfuerzo y su desesperación.

 

Jaime estuvo hoy mejor, podía hablar, le entendí.

-         Recuerdas todavía de nuestras vacaciones en Portugal ?, preguntó él.

-         Por supuesto, verano, calor insoportable.

-         Recuerdas la mujer vieja, sentada en la playa, en la arena, sobre una toalla, mirando al mar?

-         Sí, muy vieja y sola.

-         Miró al agua tanto tiempo, a lo mejor buscó algo que había perdido, sabiendo que le quedaba poco tiempo.

A mí me gustaría también estar frente al mar, mirar el agua, ver los pájaros volar y soñar, olvidar la realidad.

 

He comprado una silla de ruedas, vamos a salir juntos, caminar, mirar.

 

 Me lleva afuera, sentado en una silla de ruedas como un anciano. De vez en cuando vamos a un café, la gente me mira, mira mis movimientos incontrolados, mira el temblor de mis manos.

Mi capacidad de concentrame se pierde cada día más, pierdo recuerdos, me pierdo a mí mismo, atrapado en un cuerpo casi muerto

 

Le va peor, tiene dolores. Casi no puede tragar, solamente alimentación líquida, no puede hablar y hay momentos en los cuales no me reconoce.

Respirar le cuesta mucho, un día va ahogarse.

 

Una mañana fría, salimos de  vacaciones a nuestra casa cerca del mar. Ubico su silla de ruedas al borde de una roca donde puede contemplar el mar.

Varios pájaros vuelan sobre nosotros, él no puede verlos, no puede levantar su cabeza, quizás puede escucharlos.

 

Escucho pájaros, vuelan sobre nosotros. Primero no puedo verlos, después sí, suspendidos entre cielo y agua, sin esfuerzo, libres.

 Tendría que poder volar, salir de todo, ver todo de arriba, chico, no tan importante. Entonces estaría libre.

Miro a Mónica, ella está de rodillas al lado de mi silla de ruedas, me mira con tanto amor.

Quiero hablar del tiempo hermoso con ella, que la quiero todavía como el primer día, quizás más, que se quede con todos los buenos recuerdos comunes, pero mis labios no se mueven, ya mi boca no me obedece más.

Sus ojos me miran, miran cómo me hundo en soledad.

 

Le miro de rodillas delante de él, delante de su silla de ruedas, abrazo sus piernas flacas, veo cómo aspira con tanto esfuerzo,   desesperado, noto que quiere decirme algo, incapaz de hacerlo.

Me levanto, tomo su cabeza en mis manos, le miro en sus ojos cansados, le toco su cara con cariño, le llevo al borde de la roca y empujo la silla de ruedas adelante con fuerza.

 

 

Puedo volar…

 

 






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