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EL HABANERO-XVII Y TERMINA
Autor/a: POLgarci

Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 02/02/2010
Leído: 85 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 5

No hay resumen
CAPÌTULO XVII De nuevo al entrar en la Habana, Martín sintió la belleza de esta ciudad encantadora y que tan buenos recuerdos le traía. No era para menos, después de volver del infierno Mexicano y haber dejado para siempre a su esposa y sus dos mejores amigos…Volvería a Méjico cuanto antes y de ello estaba resuelto. No podía dejar de pensar en su venganza ya que el recuerdo de Linda por una parte y las caricias de su hija por otra surgían en su memoria pretendiendo retenerle en la isla pero nadie le impediría volver a Méjico. Taciturno y pensativo, Martín camina por la gran avenida hasta encontrarse frente a su casa y al sonar la campanilla del portillo vio acercarse a su buen amigo Botero llevando por la mano a una niña que reconoció rápido como su hija pese a los seis años transcurridos ya que el parecido de Marina con su madre era sorprendente. La niña miraba extrañada, hasta que Botero le dijo que Martín era su padre y fue cuando la pequeña Marina salto para colgarse del cuello de Martín dándole un fuerte abrazo a lo que Martín correspondió con diversos besos en las mejillas. Ante las preguntas continuas de la niña por su madre, Martín quedo breves minutos silencioso hasta que por fin la respondió que su madre les había dejado para siempre para subir al cielo. Marina sin comprender bien la respuesta de su padre lo abrazo de nuevo, mientras miraba a Botero que no era capaz de contener sus lagrimas. Como si fuera un extraño que entra por primera vez en su dormitorio, Martín admiro esta alcoba al comprobar que el dormitorio seguía adornado con esmero y sobre todo con los dos grandes tapices del mismo tono representando un jardín donde a lo lejos se percibía una plantación con gentes de color recogiendo algodón. Entre los dos hermosos ventanales, también seguían colgados los cuadros de los padres de Linda y por encima de estos uno de ellos que Linda recién casados encargo al mejor retratista de la Habana a lo que Martín pasó la vista rápida para evitar más penas a sus recuerdos. No obstante, fue imposible evitar que las lagrimas se desbordaran de sus ojos al observar el fondo de la habitación una amplia cama adornada con una fina colcha donde Martín y Linda se habían repartido los mejores momentos de su existencia. – ¡Hay Linda!. – ¡Cuánto té hecho de menos! De nuevo Martín, quiso observar el dormitorio, pero incapaz de resistir a sus recuerdos salió de la habitación precipitadamente para salir al jardín cruzando el salón cuando los rayos de sol que penetraban con más intensidad por los grandes ventanales. Era una escena que él creyó resistir, pero de nuevo al salir al exterior su vista tropezó con un abrigo jardín de considerables recuerdos. – ¡Hay miseria! – Se repetía. – ¿Pero era posible no volver a ver ese rostro moreno ni sus ojos tímidos y profundos?. – ¿No, no es posible no la volvería a ver más?. Martín apesadumbrado, dejó caer parte de la noche sentado en el jardín hasta que por fin medio sonámbulo decidió salir y caminar por la amplia y solitaria avenida en esas altas horas de la noche. Al caminar hasta el final de la dicha avenida y a su izquierda Martín atravesó las verjas que daban a un hermoso parque. Absorto en sus pensamientos y cansado de caminar al fin decidió sentarse y fue cuando desde allí quedó cautivado ante la espléndida belleza que desde lo alto del parque se divisaba. Pues desde allí la Luna llena reflejaba con su luz las murallas que rodean el puerto y más a la derecha también este astro nocturno rutilaba la erguida fortaleza del Morro. Al fondo se hallaba la boca del puerto, donde sus aguas temblaban verdes y luminosas al chocar con la bahía. Horas después de cerrársele involuntariamente los ojos y cuando ya se había escondido la luna cuenta que despertó cuando en el horizonte brillaban los primeros rayos del sol. Martín al contemplar de nuevo como en la boca del puerto pequeñas embarcaciones de pescadores se deslizaban hacia la bahía de la Habana para repetir sus faenas diarias quedo sorprendido al observar como se deslizaban los rayos del sol por la bahía de Este a Oeste y después de este maravilloso espectáculo que le ofrecía la naturaleza fue cuando Martín por fin con paso lento y apesadumbrado decidió regresar. Devuelta y en andar medio dormido cuenta que lo que más le llamo la atención fue él numero creciente de transeúntes y carruajes que circulaban con rapidez por la amplia avenida. Martín dejó transcurrir los días y por fin decide presentarse al Ministerio de asuntos Exteriores. Con el fin de redactar el informe preciso sobre los acontecimientos que llevaron a la muerte de Linda y del resto de la delegación Cubana. Pero ya por Botero, Martín completa su información de los hechos ocurridos en la isla durante su ausencia. La verdad es que los acontecimientos en la isla fueron mejorando económicamente, a raíz de las continuas inversiones económicas de los Estado Unidos y si bien es verdad que la economía Cubana creció por la norme inversión del capital de este país. El nacionalismo Cubano creció también al observar la continua presión económica y política de los Norte Americanos. En 1906 su presencia militar condujo a la primera insurrección, donde el gobernador militar Charles Magoon reprimió con mano dura justificando la ocupación de su país. Esta justificación se hizo continua y Cuba sufrió posteriores ocupaciones en 1912 con motivo de la nueva insurrección de Oriente. Mario García Menocal, dirigente del partido conservador fue nombrado presidente en 1913; pero hay que firmar que después del levantamiento de 1912 se sucedieron nuevos levantamientos como fueron los de 1917 y 1920 que “justificaron” de nuevo su intervención. En presencia de importantes jefes militares y del propio presidente Mario García, Martín cuenta que fue recibido con todos los honores por las autoridades cubanas y norteamericanas y la parada militar a la que asistió Martín con su hija en honor de Linda les fueron entregadas sendas medallas al mérito civil y militar. Posteriormente después de un discurso del presidente, se dispararon diversas salvas de cañón y fusiles en honor de los asesinados por todos los asesinados salvajemente por el “jefe guerrillero” que Martín una y cien veces prometio vengar. Días después de estos acontecimientos Martín, volvió a su tormento que solo calmaban la compañía de su hija y de Botero. La verdad es que Martín era incapaz de huir de sus pensamientos y esa rutina diaria para su temperamento se le hacia cada vez más insoportable. Por eso Martín se repetía: – ¿se puede morir de amor?.– ¡Nadie se muere de amor!. – ¿Por que no solicitar un empleo del Estado?. – ¡Mis relaciones son buenas y no seria difícil conseguirlo!. – Y además mi hija merece la pena que yo me preocupe por su futuro. Luego más tarde volviese a repetirse lo que le era imposible olvidar: – ¡No volveré a verla más!”. Pero pese a eso él reconoce que la seguía viendo a todo momento, no hacia falta más que cerrar los ojos y ver su rostro moreno a la vez que su silueta perfecta que caracterizaba a la mujer cubana. El viejo Botero, al comprender la penosa situación que atravesaba Martín, le sugiere distraerse en unas de sus aficiones como era la pesca y, al fin Martín decide ir a pescar con Botero y llevar con ellos a Marina que aceptó encantada saltando a los brazos de su padre. A la mañana siguiente, los tres salen del puerto y la barca se desliza primero sobre la tranquila bahía para después ondularse en las aguas. Una vez en alta mar esto les obliga a tirar de las cuerdas, hasta que lentamente se remete la vela estremeciéndose la barca al ser curvada las velas por el viento. Botero señala a Marina el puerto que se divisa a lo lejos para comentar que desde mar y de lejos la belleza de la ciudad es sorprendente. Martín adoraba el amanecer, pues el rojo sol recortado como un enorme disco trazaba sobre el mar un triángulo de fuego y las aguas parecían hervir como si reflejasen un incendio. De cuando en cuando, un tirón y arriba un pez que se revolvía brillando como una lamina de estaño limado. Marina saltaba y reía, orgullosa de la proeza y todo pese a que eran piezas menudas… poca cosa en realidad. Martín disfruta de estos días maravillosos de pesca y recuerda años atrás cuando Henry, Antonio y Linda pasaban días dedicados a la pesca mayor. ¡ Otros tiempos!. Después, Martín recuerda el gesto del “gringo” cuando les ofreció a su amigo Antonio y a él su rancho del Colorado por una suma razonable y fue cuando recordó la bolsa de cuero que le entregó la señora de la fonda horas antes de morir su amigo. Martín se acuerda que encontró dos sobres, el abierto contenía la compraventa del rancho y en su interior una nota con las señas de un notario de San Francisco (California) en donde debía ser oficializada la transacción. El otro sobre cerrado, era para el mismo notario pero debía de ser abierto en presencia de la hermana de Henry que vivía en el mismo Estado pero en San Diego. Este era el otro motivo por el que Martín estaba decidido, primero en volver a México con el fin de encontrar al famoso “jefe guerrillero” y sus cómplices en la matanza y, después de cumplida la venganza pasar a los Estados Unidos y solucionar la compraventa del rancho. Martín llevaba varios meses en la Habana y de nuevo la rutina reconoce que le era insoportable. Pues al regresar Marina al internado, su casa se envolvía en una soledad completa que solo interrumpía alguna noticia que le llegaba del Ministerio relacionada con los acontecimientos de la revolución Mejicana. Martín hilvanaba las horas, a la espera de su pronto regreso a Méjico y los días en la Habana le parecían eternos al no comprender que fuera esta su verdadera existencia. CAPÌTULO XVIII Poco después de salir el sol, el buque de viajeros que hacia la línea la Habana-Veracruz, salía del puerto de la Habana y su buen amigo Botero fue de nuevo a despedirse de él y tras un fuerte abrazo Botero le prometió que en su ausencia él velaría por Marina hasta su vuelta. Pero al abrazar Martín con tristeza a su amigo no pudo adivinar que a Botero no lo volvería a ver. Una vez en el buque y ambos lados de la cubierta la gente contemplaba con ternura como la tierra se alejaba del puerto de la Habana y poco después también comenzaban a perderse la última superficie de la ciudad. La travesía duro apenas dos días y al avanzar el buque tierra adentro cada vez con mayor lentitud sé hacia sentir un calor húmedo y asfixiante ya que en la bahía no soplaba la brisa del mar libre. Al acabar de detenerse el buque y bajar la pasarela, no tardaron en presentarse los encargados del puerto que iban acompañados de un oficial y varios soldados. Estos con cierta disciplina, no habitual entre los Mejicanos controlaban la documentación de los pasajeros y Martín observa como los soldados sin ninguna consideración registraban a los viajeros dé pies a cabeza a la vez que el oficial mientras revisaba sus documentaciones. Si embargo al comprobar sus papeles, el oficial hizo que los soldados cambiaran sus gestos habituales y él cuadrándose le deseo una excelente estancia en el país. A simple vista Veracruz ya no era la misma ciudad que Martín dejara meses atrás, pues ese vaivén de soldados no se observaba con la misma intensidad que cuando el gobierno de Carranza estableció su capital en Veracruz. Esto le hizo pensar, que una vez desalojada la capital de México de los hombres de Villa y Zapata, el gobierno se había trasladado de nuevo a la Capital y estos a conocimientos para Martín no eran del todo halagadores. Pues las cosas en el país no habían cambiado en absoluto y le bastaron solo dos días en Veracruz para conseguir las averiguaciones necesarias. Al tercer día, Martín decidió hacer su viaje por ferrocarril hacia la capital y al ir de Veracruz a la capital la primera población importante que el tren se detiene es la ciudad de Puebla. Al acercarse a ella, cuenta que parece cerrarse el horizonte con una muralla de montañas esfumadas por la distancia y, entre un macizo de cumbres percibe el volcán Iztaccihuati que es el más alto de la región y lo que más llama de esta región es que el volcán a través de la luz anaranjada del sol toma formas de un inmenso cristal con agudas y retorcidas aristas. Horas después de haber dejado Puebla, el tren, por fin perdió su velocidad al entrar en la estación central de la capital y una vez que la locomotora chirreara sus últimos sonidos por los corredores de los vagones ya sonaban el ruido de botas y machetes. Como a su llegada a Veracruz un capitán del ejercito, seguido de varios soldados le pidieron la documentación y Martín comprendió al instante que la situación en la capital seguía lo mismo. Pues era realmente imposible moverse, sin mostrar a cada momento la documentación y a la vez contestar a sus preguntas inoportunas. Al apearse Martín notó con extrañeza, como los otros viajeros y la gente transitaban por los andenes observaban descaradamente su equipaje a si como su ropa de palpable calidad. A la puerta de la estación, Martín alquiló un carruaje para que lo condujera a un hotel céntrico y en camino ya se extrañó al no percibir apenas transeúntes en las calles. Eran apenas las diez de la noche y ya la capital esta muerta y cada cien metros se hallaba una patrulla de militares. A demás entre medias, debajo de un cobertizo o en el quicio de una puerta, se ven policías, generalmente jóvenes, con una expresión insolente de bravura en sus duros ojos y su aire arrogante de funcionarios no les influía para nada sus sucios uniformes. A los dos días de un merecido reposo, Martín con el propósito de seguir informándose de la situación política y militar de la capital, decide ir a saludar al general Ortega. El general, cada vez más influyente había de nuevo cambiado de residencia y esta vez por un verdadero palacete en el barrio más aristócrata de la capital. La genérala como la llamaban a Doña Guadalupe, seguía centelleando de joyas, sedas y bordados como una de las más pudientes de la capital. Guadalupe recibió a Martín con toda familiaridad, y lo primero que hizo fue expresarle su más sentido pésame por la muerte de su esposa así como de la forma en que murió. Martín encontró a Guadalupe muy gruesa y la pobre al pasar al salón, se mantuvo de pie por miedo de sentarse y no poder introducir sus exuberantes nalgas en el sillón. Ortega estaba ausente de la capital y Guadalupe aprovecho para contarle todo lo que sucedía en el país así como sus problemas de matrimoniales. Guadalupe de continuo se lamentaba de su marido, diciéndole que era tonto, vanidoso y mujeriego. –Si, si un cretino le explicaba Guadalupe y ya no se acuerda de cuando era un jornalero y dejo de trabajar para irse a la revolución y la muy tonta de ella no dudó ni un momento en seguirlo. –Si ya sabe usted un mexicano debe ir a todas partes con su mujer. La verdad es que Guadalupe vivió varios años en marchas interminables, a pie o a la grupa del caballo de su hombre. Guadalupe producto de varios cruces de españoles con indios recordaba con cierta nostalgia los años de la guerra pero no-tenia por mejor el tiempo actual, porque ahora, estaba convencida que su marido no la veía como hace diez años de hermosa. No, él no se acordaba ya de ella, porque ella estaba al corriente que su marido acababa de encontrar otra mujer más joven. Martín al escuchar a Guadalupe y, después a su marido comprendió que Ortega se sentía poco contento en su interior pues empezaba a pesarle la autoridad de su esposa y Ortega repetía que Guadalupe le inspiraba un miedo superior a su voluntad. Guadalupe continuó medio bromeando, para decirle de nuevo: –Que este , aquí donde usted le ve, anda loco enamorado detrás de una “gringa”. Y Guadalupe repetía amenazante y apuntando con el dedo en forma de pistola: –“Que el día que lo pille vera lo que es bueno”. Pese a las continuas ofertas por parte de Ortega y de su mujer de hospedarse en su casa. Martín decidió continuar en el hotel, para encontrarse así más libre y llevar acabo sus indagaciones. A Ortega, era difícil encontrarle, pues cada vez pasaba más tiempo con la gringa, no obstante Ortega tenia entre sus gentes hombres de confianza y de los que Martín conseguiría la información necesaria. Y al parecer todas sus sospechas recaían en un general llamado Martínez, y que según Ortega, era la mano derecha de Pablo González y como quiera que Don Pablo González junto con el general Obregon eran los pilares de Venustiano Carranza le seria difícil llegar a cazarlo. Don Pablo González era candidato a la presidencia de la república, pero quedo mucho tiempo obscurecido por la sombra que le hacia la vida exuberante y la popularidad agresiva de Obregon. Martín lo había conocido ya en Veracruz, donde sus acciones no le convencieron, pues era el general que había mandado mayores fuerzas en la revolución pero tenia el honor de no a ver ganado militarmente ninguna grande ni pequeña batalla. Pero en cambio se decía de él, que era de una bondad que “metía miedo”. Lo que no cabe la menor duda, es que era un hombre de apariencia bonachona y en su campaña presidencial, decía: –“si desea usted el respeto de las ceremonias religiosas y la paz, vote por Don Pablo González”. Martín recuerda a don Pablo con una figura indecisa que parece escapar a la atención del observador y más si se le intenta descubrir. Era un hombre subido de color, de cejas y bigote muy negro y poblado, con unos lentes oscuros que no dejaban ver sus ojos. La verdad es que su historia personal esta llena de hechos censurables y los enemigos de don Pablo le pintaban como un hombre hipócrita y tortuoso. Martín siempre dudó de este mal hombre y, Ortega le contó que hace apenas unos meses, el general González se propuso acabar con el rebelde Zapata y lo consiguió. Al parecer Ortega le reprochaba el hecho que González no consiguió ganar nunca una batalla; pero según él, afirmó que para deshacerse con prontitud y limpieza de un hombre que le estorbara o cuya muerte le convenía no-tenia rival. Hasta los mayores enemigos de Zapata, protestaron por la manera innoble que don Pablo acabó con él. Según cuentan muchos, este hizo que un “jefe guerrillero” de su confianza se incorporase a Zapata con algunos de sus hombres. Zapata receloso de esta adhesión, exigió a su nuevo adepto que hiciese algo sonado contra las tropas gubernamentales y don Pablo entonces arregló las cosas para que uno de los destacamentos que estaba a sus órdenes fuese sorprendido por el “jefe guerrillero” y este para que Zapata se convenciese de que se unía a él de buena fe hizo fusilar a todos los soldados que quedaron con vida. Después de eso, Zapata tuvo confianza en el agente de don Pablo, hasta que éste lo condujo a una emboscada donde lo acribilló a balazos. Después de estas explicaciones, Ortega confesó a Martín que él estaba convencido de que el responsable de la matanza perpetrada en San Bautista de Tuxtepec, donde perdió la vida su compañero y su esposa era don Pablo. Pero para Ortega la sospecha del “jefe guerrillero”, recaía en el coronel Martínez. No obstante, pidió prudencia a Martín dado que don Pablo era un hombre con mucho poder y muy peligroso. Por eso le aconsejó esperar el desarrollo de los nuevos acontecimientos que sacudían a todo el país. CAPÍTULO XIX Muchos Mejicanos se preguntaban por que razón, Venustiano Carranza inventó al candidato Bonillas y Martín tenia su propia respuesta al tener la firme convicción de la habilidad tortuosa de Carranza. Hombre silencioso y de maquinaciones a largo plazo, pues Carranza quería a Bonilla en la presidencia para ser su instrumento. Al parecer Bonillas vivía tranquilamente en Washington, como representante diplomático de la república Mejicana y el pueblo mejicano que hace apenas unos meses, no sabía quien era Bonillas de pronto los funcionarios del gobierno encabezados por el general Montes le hacen popular Este de unos treinta años de edad, presidía el comité cívico eran el que preparaban los discursos, de Carranza así como los del general Juan Barragán jefe del Estado Mayor de veintisiete años a los que todos conocían por “Juanito”. Este joven general más tarde fue fusilado por los revolucionarios “Mejicanos” al huir Carranza. Tardó poco este pueblo malicioso de la capital, para bautizar inmediatamente al candidato de Carranza, con el apodo de “Flor de Té”. Las gentes reían desde este momento, sin respeto por las barbas y el gesto de “pocos amigos” que ponía don Venustiano. ( ¡Viva Bonillas! ¡Viva Flor de Té!) . No cabe la menor duda que la caída de Carranza, fue por haberse empeñado en imponer la candidatura de Bonillas. Si Carranza hubiese dejado seguir el curso normal de las elecciones, dejando que los generales Obregon y Pablo González se disputaran el sillón presidencial Carranza hubiese terminado su periodo tranquilamente. –Pero no fue así. Lo primero que hizo Obregon, fue intentar secuestrar a Bonillas y cuenta Martín en su diario que este se hospedaba en su mismo hotel. Cansado por la campaña, Bonillas solía salir por las tardes, a recorrer las afueras de la capital y dice que en alguna ocasión él acompañó a Bonillas y a su hijo en sus excursiones. Por la noche en las charlas con este hombre culto, Martín dice también que encontró a la vez e hizo amistad con el escritor Valenciano Vicente Blasco Ibañez, el cual se hospedaba en el mismo hotel como reportero del New York Times y el Chicago Tribune, dos de los más prestigiosos periódicos norteamericanos de la época. Y cuenta también que él fue por sus continuas charlas y leyendo sus crónicas quien fue deshilvanando la complicada historia de la fracasada revolución. Con Blasco Ibañez, Martín compartió también la mesa del hotel a lo largo del mes. Lo que le permitió como sigue contando acumular amplios conocimientos de la historia Mejicana y según cuenta a Vicente Blasco Ibañez, él le agradece enormemente las atenciones de que fue objeto por su parte. Por todo esto Martín no duda en contar toda su historia al escritor, el cual no dejó de tomar apuntes al respecto y sobre todo lo que se refiere a la colaboración de Martín con los rebeldes en la guerra de independencia cubana. Blasco Ibañez a la vez le explicó con todo detalle, que el mismo había hecho campaña política contra esa absurda guerra colonial de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Martín cuenta que coincidía en todo con las ideas del Valenciano y que él como buen republicano saludaba la lucha y responsabilidad que tuvieron los intelectuales españoles ante el pueblo español y su historia. Al enterarse el general Ortega que el escritor y periodista Blasco Ibanez compartía la mesa con Martín, Ortega envidioso por las continuas entrevistas del escritor con las personalidades más relevantes del gobierno, pide a Martín que le organice un encuentro con el periodista; pensando que esta entrevista daría publicidad a su persona y sin que Martín tuviese tiempo de explicar al escritor los pormenores de la proposición de Ortega este se presento con Guadalupe en el comedor del hotel. Tanto Bonillas, como Vicente, miraron extrañados a Martín y este explicó al escritor que al fin y al cabo era una buena oportunidad para poder entrevistar a un personaje tan clásico de la revolución. Blasco Ibanez al principio creyó que Ortega en realidad no-tenia nada que contar, pero al parecer para el escritor fue un personaje digno de estudio… Martín a lo largo de la charla observaba como el escritor, daba mayor importancia a los gestos de reproche que la genérala hacia a las explicaciones que Ortega daba que a la situación política del momento. Mientras Ortega para hacer más creíble sus explicaciones se dirigía a Bonillas para justificar su actitud neutral en la campaña electoral y al poder convencerlos continuó hablando de la campaña para con simpleza decirles que Méjico no estaba preparado para la democracia sino para el poder del más fuerte. Mientras tanto Guadalupe muy nerviosa intentaba moverse en el sillón pero sus exuberantes nalgas se lo impedían. Mientras tanto Martín continuaba insistiendo al escritor que le hablase del general Martínez, que él conocía y que Martín estaba convencido de su culpabilidad en el caso de Linda. Blasco Ibanez, taciturno terminó por decirle: – Estimado Martín, decididamente usted es un excelente comensal. Su charla amena resulta inagotable; pero como buen amigo le aconsejo que continúe su viaje a California por que Méjico es muy peligroso y el tiempo terminará haciendo su propia justicia. –¿Que se puede pedir a este país, cuando el señor Obregon candidato a la presidencia, gastó una enorme broma sin gusto, al entrar en la capital después de expulsar a Villa?. - ¡La broma fue el convencer a todos los comerciantes de asistir a una función teatral, cercar el edificio por militares armados de ametralladoras, y dar parte a los congregados, de que se les fusilaría a todos sino entregaban equis millones! ¿Que responsabilidades puede pedir a nadie estimado Martín? Querido compatriota, usted debe darse cuenta que no solo son los militares los que llevan revolver por las calles de Méjico, casi todos coinciden en este adorno como acompañamiento indispensable. Hasta el propio Carranza, el Presidente lleva bajo su chaquetón, un revolver y sus respuestas de cartuchos. – ¡Pobre don Venustiano Carranza!. – Conoce bien su época y su gente, y sabe que esta rodeado de personas de los que si te das la vuelta te apuñalan y estaba convencido que algún día tendrá que defenderse. Por eso le sigo aconsejando que abandone su venganza y se vaya. Le diré que su amigo Ortega, como su enemigo Martínez, morirán a su turno, víctimas del poder y de las mujeres. Y lo que no sospechó Carranza nunca, es que los encargados de velarlo le despertarían una noche al grito de. ¡Viva Obregon!. Disparándole los fusiles a quemarropa. También cuenta Martín, que una noche se armó un gran revuelo en el hotel, cuando un grupo de “Obregistas” de los de a caballo, antiguos guerrilleros y gente dura del campo intentó raptar a Bonilla con el fin de tenerlo oculto mientras las elecciones. Desde entonces perdió de vista a Bonillas, hombre agradable y culto lo que sucedió posteriormente después fue que el general “Juanito” Barragán lo instaló en alguna casa particular. La primera vez que se sublevó Obregon contra el gobierno de Carranza. Este, lo hizo volver forzosamente a la capital para procesarlo por complicidad con los insurrectos que desde hacia tiempo estaban alzados en armas contra el gobierno. Pero lo sucedido, no quedó más que una simple advertencia al ser Obregon todavía necesario a Carranza. Para Carranza, Obregon era un general inquieto, con un valor enigmático y, con él se podía ir al ministerio o al pelotón de fusilamiento; pues de los tímidos se mantenía lejos y de los hábiles calculaba aun su amistad. A este general tímido, le falta su brazo al ser el vencedor de Pancho Villa y esto hizo de Obregon un héroe Nacional. El manco general, al acabar con él poder militar de Villa, consiguió que este antiguo ladrón de ganados no llegara al sillón presidencial. Obregon, era un general hábil que le gustaba despreciar la limpieza y todo adorno personal, al presentarse mal vestido creía halagar al populucho Mejicano que así lo consideraría más suyo. Al sublevarse el Estado de Sonora, Carranza sorprendió a Obregon e intentó encarcelarlo por segunda vez al estar convencido de que así seria más respetado. Ante tal situación, Obregon huyó y sus partidarios militares empezaron a sublevarse con un visible desconcierto y una indiscutible falta de unidad. – Cada uno por su lado. Mientras tanto, Carranza llega a juntar numerosas fuerzas en torno a la capital y envió a su yerno Cándido Aguilar para reunir nuevas tropas en Veracruz e intentar crear un último refugio en esta plaza fuerte en caso de desgracia como lo consiguió hace unos años al ser arrojado de la capital por Villa y Zapata. Los encuentros de Obregon con el gobierno, no iban muy bien para el general y la campaña se presentaba larga de meses o quizás de años. Pero a causa de la intervención “revolucionaria” de Don Pablo González se decidió la caída del Presidente Carranza de lo contrario Carranza estaría todavía en estos instantes en su palacio de la ciudad de México. Si fue Don Pablo González el que precipito la caída del presidente Carranza, pese a que este en realidad lo favoreció en toda ocasión, dándole los mejores puestos del ejercito; pero este antiguo mozo de molino quiso ser presidente. Don Pablo se sublevó casi a los pies de la cama de Venustiano, pues el tal don Pablo, era un hombre que pensaba mucho las cosas antes de hablar, y era tan serio que no dudó en tratar con pocos escrúpulos el derecho de la propiedad cuando iba al frente de sus tropas. El fusilo públicamente a mucha gente y sus enemigos le acusaban además de haber dispuesto otras muertes en secreto valiéndose de mezquinas estratagemas. Ante tal situación, don Venustiano intentó de nuevo retirarse a Veracruz, y ya no lo pudo porque Don Pablo ocupaba el camino de Puebla en donde tenia muchos partidarios. Carranza en su huida y, de camino al exilio fue asesinado en la población de Tlaxcalantongo en el estado de Puebla. Posteriormente el propio Don Pablo, intentó llevar a cabo un pronunciamiento en la ciudad de Monterrey, donde fue capturado y condenado a muerte en Julio de ese mismo año aunque después la sentencia fue suspendida. El general Martínez a la vez, intentó un pronunciamiento, pero cuando se hallaba en el mejor hotel de la ciudad fue acribillado a balazos y con él dos mujeres al encontrarse los tres desnudos en la misma cama. Al poco tiempo los periódicos de la capital anunciaban el sublevamiento del general Ortega, al grito de: “¡Viva la constitución!.” Martín no esperaba este acontecimiento, pero el resto de la Nación no se asombró, porque una sublevación no-tenia nada de extraordinario, dado que en los últimos años no se había visto otra cosa. Pero Martín se repetía: –¿Cómo es posible que Ortega se sublevase, cuando siempre había estado de acuerdo con los que mandaban? Martín cuenta que fue días después a despedirse de la genérala y le dijo: –¿Pero porqué se ha sublevado este hombre?. –¿Que mal le ha hecho el Gobierno?. A lo que Guadalupe respondió: – Martín, ese canalla no se ha sublevado únicamente contra el gobierno; sé ha sublevado también contra mí. Guadalupe vuelve a recordar que ella fue una “soldadera” que marchó a todas partes con él. Una verdadera “galleta”, como se las conocía por su fidelidad al hombre. Pero a Guadalupe le costaba trabajo comprender que el mexicano fuese un sentimental enamoradizo, si no un individuo pronto a engañar a la esposa por otra y ellas a la vez pasaban sin vacilación alguna a unirse con otro cuando el anterior había muerto y mismo vivo les repudiaba. – ¿ Martín, qué puede hacer en este mundo una “pobre genérala y sin su general?. Para Martín estaba claro que esta turba de generales agresivos que dominaba el país en estos momentos, adoraba a Obregon por ser uno de su clase; pues el ejército estaba compuesto por las antiguas bandas de revolucionarios que habían tomado poco a poco la apariencia de regimientos y en estos “regimientos” uno puede convertirse rápidamente de coronel a general. El ejército mejicano no se parece a ninguno de este mundo, el machismo es tal, que el hombre no va ninguna parte sin la “vieja” todas estas mujeres apodadas “soldaderas” viajan con su hombre y su cesto de comida y en plena calle en las estaciones o en el campo sentados en el suelo sé vera a toda la familia mujer e hijos comiendo con lentitud majestuosa. Estas mujeres van sucias y muchas visten andrajos. ¡Con Dios! Dicen al despedirse y si los tiempos son de revolución, añaden: – ¿A ver si vuelves?. Por fin, fueron Alvaro Obregon y el general Plutarco Elías Calles los actores de esta “revolución” que tardaron más tiempo en pagar con sus vidas. Obregon enfrentado políticamente a Carranza, participó en él «Plan de Agua Prieta», cuya consecuencia final fue el asesinato de Carranza. Posteriormente, al verificarse las elecciones resultó triunfador el general Obregon que se hizo cargo de la presidencia, sometiendo a sus ordenes a todos los grupos rebeldes. Pero las fuerzas conservadoras y la Iglesia Católica, no le perdonaron su programa revolucionario y duro del 1924 hasta en 1928 en que se retiró de la vida activa. Pero la curiosidad de este personaje es que en 1929 de nuevo fue reelegido presidente y antes de poder tomar posesión del cargo murió asesinado en un banquete que se celebraba en su honor. En diez años, cuatro presidentes habían terminado de mala manera o habían muerto en cama ajena. Martín en su franqueza afirma y confiesa en su diario que guarda un triste recuerdo de los largos años de revolución; pero no por causa de estos señores que conocieron una autoridad sin limites y la desesperación de un final trágico; si no por estas “Revoluciones” que no sirvieron más que para intentar cambiar todo y con el solo fin de –¡Qué nada cambie compadre!. La Humanidad es fiel a su origen y, los hombres se creen libres, pero sus instintos animales surgen y mismo si es cierto modo se creen engrandecidos ante el resto de los animales; la verdad es que el hombre es el solo animal de esta tierra capaz de cometer sin escrúpulos los crímenes más horrendos y después con gran facilidad justificarse en nombre de una religión o de cualquier ideología política. Pero en su hipocresía, solo se esconde el sexo, su estomago y el poder. En definitivo los hombres al ser esclavos de su propia grandeza, terminan a su vez siendo devorados por otros más poderosos. CAPÍTULO XX Aún era de noche, pero ya las primeras luces del alba anunciaban el nuevo día y fue cuando Martín decidió dejar la capital para continuar su viaje a California en los Estados Unidos. – ¡Adiós, México!, penso brevemente Martín y aun penso más al sentir ese impulso de consuelo que anima a todos los hombres ante las grandes desilusiones. – No, no debía desesperarse de nuevo. – La vida le reservaba dulces esperanzas. – Era joven e iba a los Estados Unidos con el propósito de recorrer este inmenso país y encontrar nuevas aventuras. Y dada la situación peligrosa en que se debatían todos los estados del norte del país, Martín decidió para más seguridad dirigirse hacia el sudoeste y, para esto con cierta puntualidad se desplazo hasta estación central de la capital con el fin coger el primer tren que recorriera la distancia que separaba la capital de la ciudad de Acapulco. Desde la ventanilla de su asiento, Martín observaba el ir y venir de las gentes por la estación. Los hombres marchaban con sus típicos sombreros de paja, y las mujeres a aunque jóvenes iban tan mal vestidas que parecían viejas. Por él anden inmediato, avanzaba marcando el mismo paso que en grupo de soldados, este grupo de mujeres arrebujadas en sus mantos, de tez cobriza y extremadamente delgadas siempre siguen a sus hombres donde quiera que vallan. Todas llevaban una cesta al brazo y entorno de ellas trotaba un enjambre de pequeñuelos descalzos que sonreían a los soldados y miraban con respeto al oficial especie de Dios temible que les impedía ir agarrados de la mano de sus padres. ¡México, triste México!. Que como diría el poeta: – ¡ Tan lejos de Dio, y tan cerca de los Estados Unidos!. Martín despertó al sentir en su rostro un rayo de sol, pues las cortinas de la ventanilla no estaban bien cerradas impidiéndole abrir los ojos. Pensativo en su brusco despertar, creyó haber tenido una pesadilla; pero recuerda con facilidad que en (Chilpancingo) el tren se detuvo unas horas a pesar de que en los andenes no se veía un alma, no obstante decidió apearse para estirar las piernas y paseando por la estación recuerda que tubo que regresar precipitadamente al encontrarse con un tapiz de millones de cucarachas que al andar eran aplastadas sin misericordia. Al parecer este fenómeno, se debe al clima muy soleado, húmedo, cálido y muy lluvioso al final del verano y principios del otoño. Estas altas temperaturas acompañadas de una fuerte humedad en el terreno, hacen que millones de cucarachas invadan la ciudad y después Martín quedo de nuevo adormilado y cuenta que volvió a tener pesadillas al ver por todas partes esa malditas cucarachas despertándole de ellas a los gritos de los jefes de estación anunciando los nombres de las próximas paradas: – Alarcon y Acapulco. El tren siguió ganando altura y el humo que formaba la vieja locomotora penetraba en los vagones, haciendo insoportable el ambiente y de pronto se oyó el ruido infernal de los frenos de la maquina al querer reducir su velocidad en la bajada pronunciada que indicaba la vertiente opuesta de la Sierra Madre del Sur. Por fin Acapulco, puerto del sudoeste del pacifico. Esta ciudad fue utilizada como punto de partida para las exploraciones de los mares del sur, llegando a ser el puerto más importante de la colonización española y por eso se llamaba La Nao de Acapulco. El servicio marítimo más regular, más extenso y audaz que existió en el mundo. Desde 1565 hasta 1815 fue el principal puerto del Virreinato de nueva España y hoy el puerto presenta una gran capacidad para recibir transatlánticos. Hay que destacar también que Acapulco goza de un excelente paisaje tropical y guarda gran variedad de monumentos en buen estado de conservación que recuerdan el esplendor colonial. Sus gentes son descendientes de distintas etnias, pero entre ellas la más importante son los antiguos Zapotecos que edificaron las mayores ciudades en esta zona. A los dos días, Martín consiguió un pasaje en un transatlántico que hacia su navegación hasta el Japón, pero con escalas en los Angeles y San Francisco. El buque fue perdiendo de vista las montañas de Acapulco y al día siguiente frente al puerto de Manzanillo la tierra se alejó quedando abierta la boca del profundo golfo de California. Hay que destacar que el transatlántico tardó cerca de un día para atravesar esta enorme embocadura y llegar al otro extremo o sea al vértice de la Península llamada Baja California. Al cerrarse la noche navegaron sin vestigio alguno de tierra y, a la mañana siguiente, divisaron de nuevo el litoral, pero el buque por precaución siguió navegando lejos de la costa por ser costa peligrosa a causa de sus bajos arrecifes. Al salir de la zona tropical, el Océano toma un color azul plomizo y al observar el horizonte denso y gris los pasajeros salieron de nuevo a cubierta pero esta vez con la ropa de invierno. Horas después, el buque comenzó a zarandearse por el mal tiempo que se preparaba y pese a que los marineros intentaban dar confianza indicando que era una simple marejada no lo consiguieron. Pues a pesar de su aparente majestuosidad, el buque danzaba como un tapón de corcho sobre las aguas y, si daba cierta confianza ver a lo lejos a otros buques que se ocultaban de pronto como si los hubiesen tragado las olas, para después volver a reaparecer más allá con saltos de animales asustados, el mareo y el susto no se lo quito nadie. Este oleaje tempestuoso lo produce las corrientes marinas del Océano Pacifico al acercarse al golfo y en cuyo remate esta la famosa ciudad de los Angeles punto del destino de Martín. En la bahía de San Pedro, el buque y los viajeros encontraron por fin el reposo merecido después de esta tempestuosa tormenta. Los viajeros al descender la pasarela respiraban tranquilos, a la vez que se despidan con una pobre cortesía de las personas con las que a lo largo de la travesía habían simpatizado. El capitán, un Peruano simpático y cortes en su despedida fue el que aconsejó a Martín, el hotel “Le Rivière” bien frecuentado y céntrico. Martín paso dos días tranquilos, después de un descanso merecido y el tercer día Martín se dirigió en un automóvil de alquiler a la capital cultural de California “San Francisco”. Los Angeles es una planicie de naranjales y otros arboles frutales variados y estos arboles se perdían a lo lejos en filas regulares con sus troncos pintados de blanco para la defensa de los parásitos. Es verdad que el oro, había hecho celebre y rico a este Estado pero esto solo represento una opulencia transitoria porque su riqueza permanente estaba en cultivos y otra riqueza más moderna como era los pozos petrolíferos. Pues al vértice de los arboles, asomaban los andamios de madera que marcaban la existencia de estos pozos surgidos del interior de la tierra. Pero la riqueza californiana más conocida mundialmente era sin duda el cinematógrafo y era aquí precisamente donde se había centrado los estudios más importantes de los Estados Unidos. Y este excelente artículo de exportación fue en la ciudad de Hollywood se logro al realizar el milagro de crear la vida sin voz, como se llamaba al principio, el cine mudo. En su parte septentrional y antes de llegar a San Francisco. Había selvas convertidas por la previsión del gobierno en parques nacionales, con arboles prodigiosos como eran los famosos “Secuayas ” que bajo cuyas raíces áreas podían pasar dos personas a caballos y estos arboles colosales pueden llegar a los 80 metros de altura en sus troncos enormes se habían perforado túneles que permitían el paso de un automóvil. San Francisco esta enclavada en la bahía que lleva su nombre y al parecer esta bahía para los españoles se mantuvo oculta durante mucho tiempo hasta que se presentó inesperadamente ante los ojos de Don Gaspar de Potolà. Coronel español de caballería, que la descubrió por la parte terrestre, y fue en este mismo lugar que después de una fuerte pendiente de la carretera y entre arboles frondosos que Martín descubrió a través de las columnas de troncos la famosa esta bahía y cuenta que quedo atónito al admirar el hermoso panorama de esta bahía bordeada por una ciudad moderna y el “Golden Gate” (Puerta de Oro) que en laza el desfiladero marítimo que sirve de entrada. Esta prodigiosa ciudad esta situada entre el Océano y las colinas que la rodean y al atravesar su avenida centra que es la más hermosa de América Martín a su paso contempló numerosos monumentos con figuras metálicas o marmóreas que adornan dicha avenida. Pero lo que más le llamo la atención fue que n su parte más céntrica un fraile de bronce se alza sobre un zócalo con una cruz en la mano; es el religioso Mallorquín Junípero Serra primer colonizador de la alta California y el que dio a la ciudad el nombre de San Francisco patrón de su orden. Cerca de esta avenida Martín encontró el hotel que le convenía y desde la ventana de hotel recién construido. Martín pudo observar los continuos edificios que a pasos agigantados se levantaban, después del famoso terremoto que desoló la ciudad en 1906 y que la arruinó completamente. Pero lo más original de San Francisco es su barrio Chino, del que se cuentan historias terroríficas y que el terremoto dejó al descubierto un segundo barrio subterráneo de habitaciones superpuestas y corredores intrincados. Un verdadero hormiguero para desorientar al policía más astuto y que en realidad el profundo laberinto servia para ocultar fumaderos de opio y casas de juego. Al día siguiente de su llegada Martín buscó en un edificio céntrico de la ciudad, al notario que Henry dejó marcado en su testamento y que después de las oportunas diligencias Martín fue recibido por un señor llamado “Taylor” que personalmente le abrió las puertas de su lujoso despacho. – Siéntese ahí señor Martín – lo estaba esperando. Martín al entregar su sobre observó como el notario buscaba entre sus archivos para entregarle después de haberlos encontrado unos pergaminos voluminosos que Martín adivinó con rapidez que trataban de la compraventa que ya Henry había firmado. Después con mucha cortesía le pidió los papeles de defunción de su amigo Antonio y al terminar de leerlos el notario le dio el pésame por la mala suerte de su amigo. Pero la sorpresa de él vino cuando el notario le explicó con detalle las dimensiones del rancho y el personal que en él trabajaban. Pero para Martín la mayor sorpresa fue cuando el señor Taylor, le reveló el valor aproximado actual del rancho y al sentirse millonario de pronto por la palabra sagrada de su amigo Henry sintió una profunda admiración hacia su persona. Al descorchar una botella de Champan en compañía del notario y de su joven secretaria. El notario aprovechó para darle las últimas explicaciones, así como el nombre del capataz y del administrador que se ocupaban de la explotación del rancho y le aseguro que eran personas honestas. A continuación, Martín pidió al señor Taylor que se ocupase de comunicar con la hermana de Henry y que vivía en San Diego. Pues había que dar solución al segundo sobre que Henry le había entregado y a la vez le pidió que comunicase al gerente y al capataz de su próxima llegada al rancho. A lo que el campechano notario aceptó Complacido. Cerca de una semana llevaba Martín en San Francisco enamorado de esta bella ciudad y en sus paseos cotidianos solía subir en los típicos tranvías para terminaban en lo alto de las colinas para dominar desde allí la bahía con su extraordinario paisaje. Ya de vuelta, bajaba andando por esas empinadas avenidas y en sus tranquilos paseos observaba con curiosidad ese mosaico de razas y mezcla de civilizaciones que solo en San Francisco se puede encontrar. A sí es, pues en ninguna parte mundo se puede ver tanta mezcolanza de seres humanos, desde Asiáticos de todos los colores, pasando por los Indo-Americanos y blancos de origen Europeo. Decidido Martín a continuar su viaje, a los pocos días salió de la estación de San Francisco en un vagón de primera clase y quedo asombrado al comparar los ferrocarriles Mejicanos con los de este fabuloso país. Aquí, cada viajero tiene su asiento y, es cuando Martín recuerda de nuevo los trenes del vecino país donde las gentes se empujaban con rudeza como si huyeran de un incendio, sólo para conseguir viajar sentados; pues en un espacio para ocho se instalaban catorce. Al desaparecer el sol entre las colinas que rodean San Francisco y después de instalado cómodamente en su vagón-litera la locomotora empezó a pitar de manera ensordecedora indicando su salida. No habituado a dormir con ese continuo ruido que origina una locomotora, Martín antes de amanecer abrió la ventanilla, observó como el resplandor del sol sin trabas de nubes amenazaba esplendoroso, logrando introducirse entre estos enormes arboles que parecían gigantes queriendo velar por su seguridad. Al llegar al llano y ya libres de este telón de majestuosos arboles se divisa el Lago Tahoe que alumbrado por los rayos del sol constituye un espectáculo de extraordinaria belleza. Este hermoso lago conocido como Tahoe, esta localizado en la frontera entre los Estados de California y Nevada y más concretamente en la región montañosa de la sierra Nevada. El Estado de Nevada, es intermediario junto al de Utah; de los Estados de California y de Colorado. Todo el día y hasta la caída de la noche, Martín quedó asombrado de estos paisajes fabulosos de este enorme país. El Estado de Nevada se encuentra dentro de la región de la Gran Cuenca (o Great Basin); su topografía se caracteriza por numerosas cadenas de montañas, con valles con ocasionales mesas de tierra rojiza y cerros que el tiempo les dio formas originales. Martín absorbido, no dejó en ningún momento de admirar el horizonte que a cada instante le traía nuevas sorpresas y al atardecer el tren atravesaba la majestuosa meseta de Columbia. Este estado según cuenta Martín no parece tener fin, siendo uno de los más extensos y más seco de los Estados Unidos. A la caída de la noche, Martín vuelve a su litera pero siente que de nuevo el tren atraviesa zonas más o menos llanas por que el ruido cambia de cuando el tren atraviesa zonas montañosas y, por fin al atardecer de día siguiente sé percibe el gran lago Salado y al poco tiempo el tren entra ya en la estación de Salt Lake City. En esta estación el tren tiene su termino pero para continuar hasta la ciudad de Denver se necesita cambiar de estación, lo que hace que Martín decida descansar unos días en esta interesante ciudad. Al salir de la estación y al fondo de la ciudad, llama la atención los montes Wasatch que pertenecen ya al ramal central de las montañas Rocosas y estas cimas de nieves perpetuas ofrecen al viajero un espectáculo maravilloso. Al día siguiente y después de descansar la noche en un céntrico hotel. Martín se dirigió a visitar el principal centro del nacimiento “Mormón” cuyo nombre oficial es ( la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días). Este grupo religioso, fundado en 1830 por Joseph Smith fue en sus primeros tiempos integrado por un numero reducido de miembros, pero posteriormente creció considerablemente debido a una efectiva actividad de proselitismo y a su alta tasa de natalidad consecuencia de su autorizada bigamia. Martín recuerda en su diario que estas gentes eran de una sencillez extraordinaria y en sus paseos familiares por la ciudad se distinguían por la disciplina que guardaban. Sus vestimentas remarcable y su mirada puesta continuamente al suelo les hacia ante las gentes más humildes. Martín en sus pensamientos y, dada su vida agitada y aventurera no llegaba bien a comprender a estas gentes humildes, dedicadas a la agricultura y al servicio de una causa que él no entendía. Al anochecer, Martín reanuda de nuevo su viaje, que esta vez le llevara, sin paradas importantes a la capital del Estado de Colorado. Este Estado se sitúa en la región de las montañas Rocosas y limita al norte con Wyoming y Nebraska, y al sur con Oklahoma y nuevo México. Estas montañas se extienden, de norte a sur y por todo el centro del Estado. A primera hora de la tarde del día siguiente y cuando. la luz solar se reflejaba sobre las cumbres nevadas de las montañas Rocosas fue cuando Martín llegó a Denver. Como estaba previsto, a la salida de la estación un joven corpulento con vestimenta vaquera, se dirigió a él y con voz apagada le preguntó si era el señor Martín. El joven se presento como un enviado del señor Baldwin, capataz del rancho y le pide perdón por su ausencia al encontrarse este en la ciudad de Colorado Springs con motivo de cargar en el ferrocarril un importante envío de ganado. Y poco después, el joven invitó Martín a acomodarse en un lujoso automóvil, que él vaquero conduciría hasta el rancho. John, que era el nombre de este joven, al salir de la ciudad con una voz mas caldeada como si hubiera perdido su timidez se dirigió a él para decirle si se hallaba cómodo en su asiento.. A unos treinta kilómetros el automóvil se detuvo al cruzar el camino cientos de vacas que levantaban una gran polvareda y, observo que a los laterales de la manada y con una soltura extraordinaria vaqueros montados sobre hermosos caballos dirigían con gran destreza el ganado. Estos vaqueros lucían un revolver a la cintura, un fusil sujeto a la silla y al lado contrario una cuerda enlazada. Disipado el polvo irrespirable, divisaron de nuevo las elevadas montañas Rocosas que cada vez parecían más lejanas. El automóvil siguió su marcha por un camino pedregoso que conducía al rancho, este camino era difícil para el automóvil puesto que era únicamente frecuentado por lo cuadrúpedos. Después, un fuerte declive en terreno dejó al descubierto un valle fértil con extensas praderas que se extendían al horizonte, hasta el pie de estas elevadas montañas, fue cuando el vaquero aprovechó para decir que el rancho ocupaba todo el valle y así fue pues junto a un río de aguas frías procedentes de los deshielos se levantaba una señorial casa de dos plantas, y a unos quinientos metros, una multitud de pequeñas casas de madera con grandes naves y amplios corrales. Al apearse Martín del automóvil, se acercaron para descargar el equipaje, unos señores que le saludaron respetuosamente. Martín, al observarlos comprobó que estos vaqueros llevaban unos pantalones de una tela recia y muy ajustada a las piernas, un chaleco de cuero que semi-escondía una camisa a cuadros. Al acercarse a las amplias escaleras que daban al edificio, unas mujeres con las ropas del servicio le saludaron con un gesto de cortesía y mientras una de ellas se presentó como la gobernanta. Después de designarle la más hermosa habitación y de hacerle visitar el interior, Martín bajó al salón donde descubrió grandes cuadros de pintura representando a los padres de Henry, Henry y su hermana. Lo que le hizo suponer que la hermana de su amigo debería tener en la actualidad cerca de los noventa años. El señor Baldwin, que se presento como capataz iba acompañado de unos diez vaqueros que presentó alguno de ellos como jefes de equipo a las ordenes de él. Baldwin con cortesía, pidió perdón por su tardanza, y a continuación la gobernanta les invitó a pasar a un salón donde el capataz extendió un mapa de la región, para explicar a Martín la extensión del rancho y sus peculiaridades. Después de estas explicaciones, Martín de nuevo quedó sorprendido por la extensión de la propiedad y del valor de ella agradeciendo al capataz y a estos vaqueros por la pasión con que realizaban su trabajo. A la mañana siguiente el señor Baldwin, se presentó con un hermoso caballo; para que juntos pudiera visitar el rancho y saludar al resto de los empleados. Que según Baldwin eran mas de cincuenta, los que se ocupaban del cuidado de más de cinco mil cabezas de ganado incluido la servidumbre y el propio John al que Baldwin le puso a su servicio para que le acompañase a recorrer estos parajes magníficos y otros menesteres. Al día siguiente con un sol radiante y bien abrigado Martín encontró a John esperándole con los enseres para una larga cabalgata. Martín al ajustarse a la nueva inclemencia del tiempo, recuerda bien el cambio experimentando después de los largos años pasados en países tropicales; no obstante Martín no tardo en adaptarse rápidamente a estas temperaturas continentales. John ya no miraba el suelo al hablar y su sonrisa dejó de ser maquinal por no expresar únicamente humildad y timidez y recuerda bien que con los caballos al trote siguió al joven vaquero por las verdes praderas hasta los pies de las montañas Rocosas que eran los confines del rancho y donde el valle se cortaba bruscamente. Tanta belleza, le evocó el recuerdo de los años pasados junto a sus amigos: –¡Que paisaje tan hermoso!. – ¡Demasiado hermoso!. –¿Pero sin ellos?. Martín no puede olvidar y de nuevo le surgen el recuerdo sus amigos y su querida esposa. Para olvidar, Martín galopa de nuevo por aquellas verdes praderas, pues para él este galopada determinaba la libertad y el olvido. Ese olvido que le ofrecían el atractivo de ese paisaje de ensueño y de una renovada juventud que él intentaba con su nueva existencia filtrar a través de la pureza que le proporcionaban estos horizontes distantes. En su galope sin obstáculos solo se escuchaba el trote de su caballo y el de su inseparable vaquero y en su desenfrenado galope Martín observó en una extensa vertiente del valle a miles de vacas vigiladas por unos treinta hombres a caballo. Al acercarse los dos jinetes, los vaqueros, uno a uno les saludaron con sus sombreros puntiagudos y con dos abolladuras de “Cow-boy”. Algunos aprovechaban el gesto para sacudir con sus sombreros el polvo impregnado en sus ropas y después de las presentaciones por parte de su a acompañante una simpática charla con estos jóvenes cow-boys. Martín con aire satisfecho y de propietario sencillo regresó al rancho con el deseo de tomar una bien merecida ducha. A los quince días después de su llegada al rancho, Martín decidió acercarse a la capital con afín de conocer y verificar su situación económica. Para esto Martín, pide a John que prepare el automóvil. y a la salida del sol el vehículo arrancó dispuesto a circular por las pedregosas carreteras del valle. Al acercarse a la ciudad, es necesario alzar los ojos al cielo, pues aquí los edificios tienen una verticalidad audaz y una infinidad de pisos. Denver se extiende junto al condado de Denver, y forma parte de una gran área metropolitana al ser el centro manufacturero, y comercial de una rica región ranchera y minera de las montañas Rocosas. Denver es a la vez, uno de los mayores mercados ovinos del mundo y de los más importantes de ganado vacuno al oeste del Mississippi. La agencia que se ocupaba del rancho se hallaba en el centro de la ciudad y en un espléndido edificio de grandes ventanales. El director de la agencia en persona, le entregó la documentación con los datos económicos del rancho y por fin Martín quedó satisfecho al valorar la transformación y riqueza impresionante que en estos últimos treinta años había experimentado el rancho y al despedirse el director con un fuerte apretón de manos le repite: –Señor Martín, es usted un hombre afortunado.– “Este rancho es oro puro”. Martín, le agradeció el buen trabajo y se alejó de la ciudad contento por la rapidez con que el director le había atendido y, de regreso al rancho, Martín al observar los documentos se convenció totalmente de la veracidad de los datos que el director acababa de darle de su gestoría. CAPÍTULO XXI Martín, embebido en sus paseos cotidianos por estos hermosos paisajes, parecía haber olvidado la reunión que tenia pendiente con la hermana de Henry, pero la llegada de una carta certificada le refresco la memoria ya que en dicha carta el notario le daba cita dos semanas después en la ciudad de los Angeles. Con el tiempo preciso, Martín preparó los detalles para su viaje de vuelta a California y decidió esta vez hacerlo por carretera. Para esto, propuso a John que le acompañara y a lo que el joven vaquero que nunca había salido del Estado aceptó con una sincera alegría en el acto. El joven cow-boy parecía admirarse a sí mismo, viéndose sin aquellas ropas que esparcían un ligero olor de sudor y tabaco y con pocas palabras Martín le explicó los detalles de la conducta a seguir y sin imponerle ningún tipo de uniforme. A la salida del sol y después de despedirse del capataz y de las demás personas del servicio Martín se acopló confortablemente en el asiento trasero del automóvil para emprender de nuevo este viaje de vuelta a los Angeles. Después de tres horas de recorrido, el automóvil dejó atrás la ciudad de Colorado Springs y, al anochecer descansaban ya en un hotel de Trinidad frontera con el Estado de Nuevo México y al amanecer del día siguiente el automóvil cruzaba la simbólica frontera de nuevo México para continuar su viaje hasta Santa Fe. A su llegada, aprovecharon unas horas para visitar esta ciudad que es la capital del Estado. Para Martín, esta ciudad se semejaba a cualquier ciudad del norte de Méjico y del Oeste Americano; solo que aquí se aprecia más la mezcla importante de indios y mejicanos. De nuevo, reanudan el viaje para recorrer una extensa meseta desértica que les conduce hasta la ciudad de Albuquerque, una de las ciudades más pobladas e importantes del Estado de Nuevo México. Eran las doce de la mañana del día siguiente que el automóvil se detuvo en la ciudad de Gallup, frontera con el Estado de Arizona. El terreno desértico de esta parte de Norte América hace insoportable el calor y el paisaje estremece a cualquier visitante sobre todo al atravesar el Parque Nacional del “Bosque Petrificado” que sé encuentra en el Estado de Arizona. Este bosque posee la concentración de madera petrificada mayor del mundo al poseer seis “bosques” fosilizados compuestos en su mayoría de especies extinguidas de Secuoyas del Triassico. Después de atravesar este cementerio vegetal de la naturaleza, se desviaron hacia la meseta del río Colorado una de las maravillas más impresionantes del Estado. El Gran Cañón y su desierto que parece pintado por esas esculturas que emergen desde la base del Valle talladas por el tiempo. Por estos parajes impresionantes donde las temperaturas son insoportables, se ven de tanto en tanto cruzarlo indios fundamentalmente Navajos, Hopis y algunos Apaches y el recuerdo entre estas gentes de Jerónimo su legendario jefe sigue intacto. Pues cuenta la Historia que los Apaches con su jefe en cabeza tuvieron fama a finales de siglo por su implacable resistencia a la imposición de su vida en las reservas y Martín sigue contando que aun tardaron dos días en atravesar continuas zonas desérticas para después entrar en el Estado de California. Fue al recorrer de nuevo los impresionantes bosques Californianos que el automóvil encuentro la frescura deseada para su motor y que ya no perdió hasta nuestra llegada a la ciudad de los Angeles. A las diez de la noche pasadas, el automóvil se detuvo a las puertas del hotel Montecarlo y Martín al día siguiente recorrió los principales establecimientos de la ciudad con el fin de ampliar su vestuario de él y de John, por no ser la vestimenta que traían recomendable para la nueva situación que se les presentaba. Tres días después y como estaba marcado en la carta que Martín recibió en el rancho, al bajar al vestíbulo del hotel le comunican que un señor preguntaba por él para conducirle a las oficinas del notario que se ocuparía de descubrir ante la hermana de Henry el contenido del sobre en cuestión. El encuentro con la hermana de Henry fue entrañable y caluroso por ambas partes. La señora estaba acompañada por una joven mujer, ya que la incapacidad sufría la anciana la hacia necesario ser transportada en una silla de ruedas. Instalados en su despacho, el notario después de las presentaciones, abrió el sobre y leyó en voz alta el documento. La curiosidad de Martín, iba en aumento hasta que el notario hizo una pausa, para acentuar el nombre de las personas designadas en el testamento y cuenta fue una gran sorpresa el escuchar que Henry nombraba a Martín y Antonio herederos de una cantidad importante de dinero así como de una propiedad en Santa Mónica. La señora Betti, que era como se llamaba hermana de Henry, era viuda y sin hijos y aceptó las decisiones testamentarias con simpatía alegando que su hermano le había tenido gran aprecio. Martín recuerda que entre esta agradable señora y él el trato fue de autentica sinceridad hasta su fallecimiento dado que Martín se ocupó en todo momento de sus por menores. Betti murió dos años después y al lado de su lecho estuvo Martín acompañándola en sus últimos momentos. Así como la experimentada y simpática joven enfermera que fue bien recompensada económicamente por su patrona y por el mismo Martín. La tarde era de invierno, el cielo encapotado, la luz gris; pero no hacia frío. No obstante, Martín decidió dar su paseo por el Griffith Park, la mayor área de esparcimiento al aire libre de la ciudad que se halla situado frente a Sierra Nevada y muy cerca de Hollywood. En este parque rodeado de bellos jardines, se extiende por una verde explanada y al pie de un monte cubierto de enormes pinos. Por el un grupo de muchachos corrían con las piernas desnudas en torno de un castigado balón y en la otra esquina de la explanada otro grupo de muchachos golpeaba con un grueso bastón de madera una dura y pequeña pelota y con el sólo fin de intentar enviarla lo más lejos posible. Un concierto de gritos y patadas sacudía la explanada y Martín se sentó un momento a la sombra de un enorme árbol que daba frescor a una plazoleta. Desde allí siguió apesadumbrado recordando a Linda y su hija observando el juego de los chiquillos y al pasear su mirada por la extensa sierra Nevada que se mantenía firme al fondo como guardián de la ciudad se le humedecieron los ojos. Pero fue al volver de nuevo la cabeza y ver los niños correr en torno del continuo golpeado balón Martín de nuevo recordó su niñez que no había sido de otra que la necesidad del trabajo: – ¿Vivirían sus padres?.–¿Habrían muerto se preguntaba?. Martín se reprochaba la ausencia de noticias de las que sé hacia responsable por la incomunicación de tantos años, y también al imaginarse un reproche total por parte de sus padres a su deserción del ejercito en tiempo de guerra. Sin embargo, Martín recordaba haber escrito sin obtener nunca respuesta: – ¿Seria por las distancias, o el no saber escribir?. – ¿Quién saber?. Martín al preguntarse de nuevo, quiso justificarse alegando. – ¡Pero ahora era rico!. – y además muchos desertaron como él. De hecho, los menos afortunados murieron o quedaron mal heridos en esa injusta guerra y además volvió a repetirse el tiempo termina por olvidar el pasado”. Era una y mil veces que Martín revivía las ansias de volver a ver cuanto antes a su tierra y pese que solía serenarse por algún tiempo de pronto el recuerdo le hacia hablar de nuevo con su persona. Aquella mañana, Martín volvió al hotel con algún retraso y después del almuerzo se retiró a su habitación a descansar. Por la tarde cuando Martín atravesaba el vestíbulo del hotel a la hora de la cena, tuvo un encuentro inesperado al ver bajo la cúpula del vestíbulo a una persona conocida que él creía lejos de los Angeles. Incrédulo de lo que acababa de ver volvió de nuevo a observar a la elegante dama y fue cuando Martín quedó con los ojos en alto y la frente acerada como si forzase su memoria hasta que al fin hizo un gesto afirmativo al reconocer que era la misma mujer que él había conocido en la famosa fiesta que ofreció en la capital el presidente de la República Mexicana, Porfirió Díaz. Martín contemplaba a la elegante señora, que con el embriagador perfume que la envolvía hizo que Martín la encontrase aun más hermosa que cuando la conoció. –¡No, no puede ser!… ¿Será ella?”. Martín, petrificado continúo contemplándola sin moverse hasta que la señora, al sentirse observada hizo un gesto de reproche con la cabeza; pero fue al mirar de frente que sus ojos quedaron fijos en Martín que seguía admirándola con ojos acariciadores. La dama como hipnotizada sonrió a la vez y, los dos por sus sonrisas, reflejaban en sus rostros el automatismo de la sorpresa y la alegría del encuentro. Martín al saludar a la dama encontró un gran alivio, al ver que ella sujetándole las manos con fuerza le decía: – Señor Martín que agradable sorpresa, siempre pensé que un día nos volveríamos a ver. Y arrastrada por el entusiasmo de sus ilusiones no olvidadas le hizo continuas preguntas de su pasado. Después la distinguida señora, se volvió para recoger un manuscrito sobre la mesita inmediata que parecía haber olvidado y, con una admirable coquetería femenina pasó su brazo con gracia por el de Martín y con una sonrisa maliciosa le ofreció compartir su mesa del comedor. A continuación la dama reanudó su marcha sin dejar el brazo de él y volvió a repetir: – Sígame, no sea usted tímido y así podremos continuar hablando de nuestro pasado. Al penetrar en el comedor del hotel, Martín quedó asombrado viendo que el camarero acudía presuroso a tenderles, abandonando sin delicadeza a los demás clientes. Al observar la extrañeza de Martín, Mabel con tono irónico le preguntó: – Esta visto Señor Martín que usted no frecuenta las salas de cine – ¿No es verdad? Si señora, por mi vida agitada no tuve tiempo. Ella sonreía de la seriedad con que Martín articula sus palabras. Señora usted no me creerá, y, sin embargo, lo que le digo es cierto. –Señor Martín, le ruego que no me llame señora y me llame Mabel que es mi nombre, para mis amigos”. Y en ese instante, Martín comprendió que Mabel era una mujer popular gracias a sus actuaciones cinematográficas. Después Martín, curioso de su pasado le pidió que fuera ella la primera en explicarle su vida. Ella dudó un instante, mientras exploraba mentalmente su pasado, pero no tardo en decirle: –Usted sabe que yo estaba casada con un millonario Norteamericano apellidado Douglas; él cual murió en un fatal accidente de aviación hace más de diez años. Mabel después hizo una pausa, para secar sus lagrimas pero a continuación volvió a sonreír con tristeza, para añadir que después ella sigue dedicando su vida a lo que siempre había sido su gran sueño; el cine. Mabel sonrió de nuevo, y mirando a Martín le dijo que sinceramente le había confesado toda su vida anterior. – Créame Martín, pues todo lo que le dicho hasta ahora es cierto. Luego ella aunque guardo un corto silencio no tardo en preguntarle: –¿Estimado amigo y usted que me cuenta?. Martín dado lo penoso que era explicarla los acontecimientos que habían conducido a la perdida de su mujer, sonrió con una expresión triste y tolerante, y antes de comenzar hablar sintió en su boca una repentina humedad y sus pupilas tuvieron un instante la agudeza hiriente del acero. Pues la idea de querer matar al ese asesino Martínez que se llevó a sus seres más queridos le vino de nuevo a su mente. Después ya más sereno, Martín se dijo: –¡La muerte en si hay que olvidarla y no debe de haber ningún recuerdo par ella!… No obstante al fin, pudo terminar de contarla los acontecimientos que llevaron al asesinato brutal de su esposa y de su amigo Antonio en el Estado de Veracruz y en plena revolución. Cuando Martín terminó el relato de lo ocurrido, quedaron los dos en largo silencio y sin saber qué decirse. Pues estas noticias conmovieron a Mabel tan profundamente, que tardó un tiempo en poder coordinar sus ideas; pero fue ella la primera en romper el silencio: – No siga hablando de eso. – Olvidemos el pasado… – Martín, permítame que lo llame por su nombre y que le aconsejé de hacer frente al presente para poder conseguir por fin olvidar el pasado. Ante la situación creada por los tristes relatos, Mabel que no sabia como cambiar la conversación, encontró al fin la solución al comentar los ademanes y gestos de un camarero con aire afeminado que servia a la distinguida clientela del hotel y más tarde Mabel amenizó la charla diciendo: – Martín, las mejores historias de nuestras vidas son tal vez, las que uno recuerda con más intensidad ya que salen de pronto a nuestro encuentro como es para mí el caso de encontrarle usted de nuevo. CAPÍTULO XXII A partir del encuentron Mabel las cosas fueron cambiando para Martín, al volver a vivir su segunda juventud y con una dulzura melancólica Martín esperaba con impaciencia las citas con Mabel ya que él adoraba aquellos continuos paseos por las calles próximas al hotel. Martín recuerda que al cerrar la noche, solían pasear por las calles amplias de la ciudad para luego, fuertemente cogidos del brazo y en un andar lento se perderse insensibles en medio del bullicio de la gente. Concentrados en su felicidad cuenta que pese al bullicio callejero no podían disimular la ventura que llevaba dentro de ellos. Pues el encuentro con Mabel despertó de nuevo la pasión perdida y pese que después de la juventud ya pasada se piensa de muy distinto modo. Martín recuerda su encuentro como si fuese un rayo de sol y una sonrisa maliciosa iluminando su rostro sintiéndose incapaz de olvidar un instante su sonrisa, sus encantos naturales y su belleza. No obstante cuenta que al meditar de nuevo, él dudó de su fácil conquista; pues las mujeres solo comprenden al hombre trabajando sin tregua, para conseguirlas y además estas mujeres de atractiva placidez los hombres siempre cuentan para ellas si son capaces de realizar sus deseos. Todas las noches de vuelta al hotel y al despedirse de él. Mabel con un ligero temblor, mezcla de vergüenza y de placer, se agarraba convulsivamente a su brazo y aproximaba su rostro con el impulso entusiasta de recibir el beso de su amante. Pero Martín, lo que más recuerda siempre era el momento en que ella se alejaba y, él seguía observando el su paso elegante y ese movimiento de caderas que balanceaba su falda al subir los peldaños de la lujosa escalera del hotel. Martín sentado en la barra del bar, sonreía con satisfacción al imaginarla en sus aseos, después del baño, oliendo a carne fresca recién sumergida en jabón y a delicadas vaporizaciones de perfumes. Después él se veía en pie, yendo hacia ella, con la voz ronca y temblona de emoción y al cerrar de nuevo los ojos la veía encerrada en una malla de seda que dejaba al descubierto sus redondeces. Y se volvía a preguntar, si un día ella le invitaría a subir a sus aposentos. Los encuentros fueron en aumento y Martín descubrió que de nuevo se había enamorado de esta dama elegante y hermosa con el mismo entusiasmo de un jovenzuelo. Por su parte, ella no ahorraba medios para hacer ver a Martín su interés en profundizar sus amoríos ya que el en sus instinto adivinaba con certeza que cada día Mabel era más dichosa en su compañía. Es verdad que ala vez ella estaba enamorada de su trabajo y pasaba la mayor parte de su tiempo estudiando sus guiones de interpretación. Algunas mañanas Martín la acompañaba a los estudios, aprovechando los momentos de pausa en rodaje, para pasear y poner en orden sus futuras relaciones. A varios kilómetros de Los Angeles, se encuentra el insignificante pueblecito llamado Hollywood y que en el transcurso de los últimos años logro convertirse en la gran metrópoli de la cinematografía. En los últimos veinte años se establecieron allí las grandes casas cinematográficas, huyendo de la luz gris y brumosa del invierno en la desembocadura del Hudson en Nueva York. Buscando un país de cielo seco, siempre azul, sol intenso, atmósfera clara lo encontraron por fin en California. En esta ciudad, su vecindario se compone de actores del llamado “séptimo arte” y de los innumerables auxiliares que necesitan estos para complemento de su trabajo. Celebres en el mundo entero ostentan él titulo de “estrellas” y, se confunden con astros secundarios y un conglomerado de figurantes, escultores, carpinteros, tallistas, electricistas... etc. etc.. En espera de los momentos en que a Mabel, el director del filme le conceda una pausa en su rodaje, Martín solía pasear horas enteras observando esta ciudad universal. Admiraba boca- abierta, contemplando como cada productor cinematográfico poseía un terreno de varias hectáreas y con potentes maquinas de vapor en la entrada para producir la fuerza eléctrica. A continuación, grandes edificios permanentes de hierro y cristal, para imitar en su interior enormes estaciones de ferrocarril. En estos locales cerrados se reproducían las escenas de todas historias que sucedían en los interiores de las casas. Al exterior campos vacíos, sobre los cuales se levantaban con rapidez mágica, calles y plazas, barrios enteros que desaparecían poco después, para dejar sitio libre a otras construcciones que serian filmadas a continuación. Las mujeres avecindadas en Hollywood, eran todas jóvenes y no feas; solo les preocupaba el parecer elegantes y hermosas llevando en sus ojos la ilusión del “dorado”. En Hollywood este conglomerado de mujeres, se contaba por miles. En esta torre de Babel él porcentaje de hombres, no pasaba en ningún momento de la mitad que las mujeres. A las afueras de Hollywood existen campamentos de indios con enormes praderas anexas, ocupados por una antigua tribu de pieles rojas, que solo esperaban la llamada telefónica de los productores cinematográficos. Visitar Hollywood, es como entrar en otro planeta, donde cambia diariamente el aspecto del paisaje y personas y sorprendido de este mundo mágico Martín al regresar al hotel siguió escuchado atónito las explicaciones que Mabel le daba de ese mundo maravilloso. Mientras iba descubriendo ese mundo artístico, Mabel se fue envolviendo en su celebridad, elevándose en torno a ella como una torre sin fin. Ella le hablaba de su fama en los diarios, de sus enormes ganancias, de los contratos que había firmado con las mayores casas cinematográficas y cuenta que su primera película aunque con un papel secundario fue: –“La olvidada de Dios” en 1914 y que a continuación le proporciono continuos contratos con el productor y director Cecil B. De Mille, y Mack Sennet. Después, trabajó en el “Mestizo” con el productor Jesse Lasky, el cual fundó la productora (Paramount). Mabel continuaba hablando del famoso productor Samuel Goldwyn con el que trabajó y, que cuatro años después formó la (Pictures Corporacion) y luego estas dos empresas fusionaron para crear la famosa (Metro-Goldwyn- Mayer). Mabel embebida, seguía dando nombres de películas como: - Sin novedad en el Frente- La Calle y un ecetera…Para después nombrar los galanes que trabajaron en sus mejores películas como: –Rolan Colman, Willian S.Hart, Rodolfo Valentino y tambien cuenta que esperaba trabajar próximamente con el propio Charles Chaplin. Mabel dice también que su nombre verdadero antes de dedicarse al cine fue Mabel Douglas, pero lo cambió por el de Mabel Normad y después siguió ella hablaba sin pestañear e intuida en sus aspiraciones. Martín observó mientras Mabel hablaba, que en su cabellera empezaban a marcarse algunas canas que parecían camuflarse entre su pelo rubio y sonreía disimuladamente al pensar que pronto tendría que apelar al engaño del tinte lo mismo que cuando se acicalaba para las representaciones cinematográficas. Inmóvil, Martín continuó observándola, para decirse: – ¿Cuarenta años?.. Esta cifra solo la conoce ella, pues aunque su cuerpo sigue tan ágil y gracioso como cuando la conocí hace más de diez años, su edad sola lo notara ella cuando a solas examine su rostro y mismo si sabe que la sustancias de sueños se hizo realidad no debe olvidar que todo tiene un fin aunque estoy seguro que: – ¡Ella nunca dejara de soñar!”. Mabel conoció a muchos galanes, artistas secundarios, directores y técnicos, pero reconoce que en este fabuloso mundo del celuloide, son muchos los que quedan en el olvido o: –¡En simples sueños del dinero y la fama!. Unos, incluso en ciertos momentos conquistaran la fama momentánea para perderla después y, otros no pasaran de figurar en papeles secundarios a la sombra de los famosos y los menos afortunados terminaran en esa masa enorme de figurantes. No obstante, Hollywood era eso: – ¡El mundo fabuloso de los sueños!. Semanas después, la amistad de la pareja se fue convirtiendo en pasión y Mabel parecía olvidar la existencia de mujer artista para hablar de nuevo de los dos: – ¿Que diría usted si yo le invitara a la fiesta de cumpleaños que celebro el fin de semana en mi residencia de San Diego? –¡ Le advierto que están invitados artistas, directores y demás gentes de la cinematografía, pero le garantizo que será usted mi anfitrión. Como bien anuncio Mabel, la fiesta fue para Martín el punto de encuentro con numerosos famosos del cine, pues a lo largo de la fiesta ella le fue presentado a directores como Cecil B. De Mille, Marcksennelt, Jesse Lasky y Samuel Godwyn; artistas como Ronald Colman, Pola Negri, Marie Dressler, Gloria Swanson y el propio Charles Chaplin. La fiesta transcurrió en un ambiente extraordinario donde se discutía de las ultimas y futuras películas, pero para Martín la mayor sorpresa vino cuando Mabel presentó a los invitados como su prometido. Martín, en las tertulias que se formaban alrededor de una o varias personas conocidas del celuloide, intentaba escuchar con el respeto de la persona poco entendida en la materia. Douglas Fairbanks, amigo personal de Mabel y uno de los mejores directores de la época, seria más tarde junto con D.W. Griffith, testigo ante el juez y este personaje del que después fue un grande amigo al observar que Martín que no articulaba palabra sobre los temas tratados le dijo: – Usted habla poco y más bien le gusta escuchar o a menos que su capacidad auditiva sea tan limitada como su capacidad verbal. A lo que Mabel comprendiendo por la situación que se encontraba él, intentó tirarlo del brazo para llevarlo hacia otro grupo, pero dos hermosas mujeres que acompañaban al director la pidieron que lo dejara un momento quedarse con ellos para decir después: – ¡Mujer no se lleve a este buen mozo – no sea usted celosa!. Mabel al observar que los ojos de las damas y en especial la conocida estrella Gloria Swanson que miraba a Martín con insistencia dijo nerviosa: – Venga usted conmigo y salgamos a la terraza a tomar un poco de aire que me esta haciendo falta.. –¿ Martín se sincero con migo y dígame si esta contento de esta fiesta?. –Como usted habrá visto todo el mundo lo encuentran muy agradable y en especial las mujeres y no cabe la menor duda que con el tiempo ira conociendo este mundo pero vera que no es tan complicado como usted cree. – ¡Y sobre todo no piense que soy mujer celosa! Bien entrada la noche los invitados fueron abandonando la hacienda y ella antes que Martín se despidiera le pidió quedarse unos días en su compañía. A la mañana siguiente, al bajar al salón se encontró Mabel aviada de amazona y, le invitó a cabalgar y a si visitar la hacienda. En su paseo y al trote de sus caballos la pareja observaba los arboles frutales que se perdían a lo lejos en filas regulares y recuerda que los naranjos le embriagaban con sus perfumes. Después ya tranquilos los caballos y al ofrecerle sus brazos para descabalgar fue cuando el perfume de ella que tanto le encantaba y sintió el deseo irresistible de abrazarla a lo que con un simple ademan le ofreció sus labios. Fue un momento inolvidable e irresistible, recuerdo como si fuera hoy que ella bajó los ojos y con pasión siguió besándole a la vez que murmuraba palabras de amor. La verdad es que no duro mucho sus besos profundos, pues un hombre con un cesto de naranjas los sorprendió abrazados, y él por la sonrisa maliciosa de Mabel adivinó al instante que ella deseaba de este fruto, dado que según ella, no las había aun probado las naranjas ese año. Después los dos siguieron adelante jugueteando con las naranjas, hasta que ella al abrir una de ellas y morder la pulpa, Martín observó como el jugo del delicioso fruto descendía de sus labios como gotas de ámbar no dudo en secarlas con sus labios y, deseoso de seguirla besando ella se echa hacia atrás y le dijo entre sonrisas: – ¿No ves que nos miran y que la gente se para?. Pero sigue contando que la mayor sorpresa de él, fue que al regreso a la hacienda ella le pidió por primera vez que compartiera con ella la misma habitación… CAPÍTULO XXIII Transcurridos tres meses primeros la pareja decidió vivir una vida marital y fue pocos días después que Martín recibió una carta donde se le comunicaba el fallecimiento de su buen amigo Botero. Martín permaneció horas enteras inmóvil, con la cabeza abatida, como si le abrumasen los recuerdos y sobretodo el de su hija que volvió cada vez con más fuerza. No obstante, al llegar la triste noticia con tres semanas de retraso, fue por lo que Martín decidió no emprender un viaje inmediato a la Habana, puesto que ya no vería a su amigo con vida. Pero no obstante y a pesar de que su hija sé hallaba en el colegio internada para Martín su hija ahora se hallaba más sola estaba y se sentía culpable de la nueva situación que pesaba sobre ella. Su exasperación de padre, le recordó que era incapaz de darle la ternura necesaria y por esto se consideraba como un ser mezquino que no había hecho otra cosa que causarle un inmenso daño. Mabel que escuchaba conmovida, abrazó a Martín juntando sus labios sin pasión carnal y se mantuvieron unidos largo rato como si con su amor fueran capaces de desafiar los inconvenientes de los avatares que aporta la vida. Después Martín bajo la influencia de este ambiente melancólico y dulce que le proporcionaba Mabel siguió la contemplándola con ojos amorosos y la abrazarla de nuevo como si ella fuera el rincón del olvido la dijo: –¡Cuánto te quiero! murmuró acariciándola con la mirada y sonriendo por la sencillez de ella se sintió halagado por su comprensión. A continuación se cogieron del brazo y pasearon por los naranjos embriagados de ese peculiar perfume que mezclaba la naturaleza con el amor. Al finalizar la tarde, los dos amantes siguieron el camino de vuelta cuando les sorprendió el sol que se ocultaba por un cielo color de violeta, a la vez que la luna parecía una nubecilla pálida y borrosa aún por la luz diurna. La pareja llegó a la hacienda con la ropa cubierta de polvo, pensando en la dulce tranquilidad que les ofrecía la casa y, pese a su fatiga los dos se sentían cada vez más satisfechos de su amor olvidándose del mundo y creyendo que la vida podía deslizarse eternamente en su vida de pareja… - ¡Libres y enamorados!. Después fuertemente abrazados, volvíeron a reír, estremeciéndose sus carnes desnudas bajo las sabanas y rozándose con el temblor del regocijo sofocado. Un mes después con motivo del final del año escolar en Cuba, la pareja decidió que fuese Marina acompañada por la hija de Botero y sin tardar se pusiese en camino con el fin de no separarse en lo sucesivo. Para esto Martín saldría a buscarla al puerto de “Baytown” a pocos kilómetros de Houston en el Estado de Texas y desde allí harían su viaje de vuelta a San Diego por carretera. Por fin, Martín que esperaba con ansia paterna la llegada de su hija, la vio bajar la pasarela del buque acompañada de una mujer también de color, él corrió para abrazarla; pero al fijarse detenidamente en ella, quedó asombrado por su belleza, pues no esperaba ese cambio tan sorprendente de su hija. Su pelo de un negro brillante, jugaba con su falda de flores y sus largos volantes. Era casi una niña y la pubertad apenas había hinchado la forma de sus pechos. Martín, después volvió a abrazarla con lagrimas en los ojos. – ¡Hija mía y de mi corazón!. – No sabes cuanto he esperado este momento. – No nos volveremos a separar. – ¡Te lo prometo! Marina abrazó a su padre como si fuera aplastarle, a la vez que le daba ruidosos besos y sin dejar de llorar para después sonreír de gozo. De vuelta, Martín aprovechó par explicar tímidamente a su hija la situación avanzada con relación a su futura boda con Mabel, mientras Marina lo contemplaba silenciosa y con sus ojos hermosos sin reflejar extrañeza. Martín que esperaba una explosión de llanto o la protesta instintiva del dolor de su madre, quedó asombrado al ver la inmovilidad del rostro de Marina que con sus ojos fijos y tristes puestos en él le acariciaba sus mejillas. Padre, yo acepto mi nueva situación por que tú eres un buen padre y tu futura esposa volvería a ser la madre que a ella la faltaba. ¡Volverás a ser feliz. y verás que buena será ella con nosotros! El encuentro con Mabel, fue en los estudios cinematográficos donde ella estaba rodando una película y, Marina ante tanta grandeza quedó más asombrada de la belleza de Mabel que de los propios estudios, pero a la vez ella también recibió los mayores elogios de su hermosura de Marina por parte de su futura madre. Después las dos quedaron silenciosas sin atreverse a despegar sus labios, pero al fin habló Mabel y tras su impulso maternal dijo: - ¡Hija- que linda eres! - Y a continuación se fundieron en largo abrazo. Meses después, Marina ingresó en la mejor escuela de San Diego, pero un mes después Martín y Mabel se casaban por el juzgado. La boda fue rumbosa y en la ciudad de los Angeles no paso desapercibida y que no falto la presencia de un numero indeterminado de actores y personalidades del celuloide. Los años pasaron con una rapidez sorprendente y Marina terminó sus estudios universitarios, para poco después, casarse con un joven abogado estableciéndose los dos en una de las mejores oficinas de la ciudad y Martín terminó por invertir en el mundo del cine a la vez que seguía de cerca la carrera cinematográfica de Mabel. Martín en este periodo apenas escribió en su diario, lo que hace pensar que su vida transcurría apacible entre Los Angeles y su rancho del Colorado. Mientras tanto, Mabel continuaba su ascensión cinematográfica, consiguiendo pasar con éxito, la prueba del cine mudo al cine hablado, que desarrollo la productora Warner Brothers al introducir el primer sistema sonoro eficaz. Pues los años 30 fueron de gran esplendor en el cine, al nacer grandes estrella como Kathrine Hepburn, Bette Davis, David Belasco, y muchos otros más que terminaron por brillar con tal intensidad que eclipsaron a las estrellas veteranas, que hicieron pasar Mabel a papeles secundarios. La verdad es que Mabel ante este hecho, se sintió humillada por su caída como figura principal, pero su carácter tenaz, la hizo continuar ganando posteriormente importantes premios en sus papeles secundarios. Lo que no la impedía quedar triste y llorar al recordar las palabras sabias del poeta: –¡Adiós, juventud! – ¡Adiós deseos e ilusiones!.– ¡Sirena encantadora de la existencia que huye para siempre!. Martín tenia en su vida motivos de sobra para ser feliz; pero a pesar de eso, una sola cosa le entristecía de su vejez, era el observar la rapidez del paso del tiempo y la necesidad de convencer a Mabel de su deseo de volver a España antes de morir. Para esto, Martín aprovechó la tolerancia cariñosa de su mujer para pedirle este favor y del que ella no dudo en aceptar. Y a si fue pues por fin en el verano de 1950 acordaron emprender este largo viaje. El viaje se realizó con su escala obligada en Nueva York y tal como estaba previsto pues aterrizaron el día siguiente en la capital Francesa. Una vez instalados en el hotel, cuenta que Mabel tuvo que sufrir los continuos fogonazos de fotógrafos, periodistas y demás medios de información y a los pocos días de visitar París la ciudad cultural e histórica de Europa. Martín ansioso de reanudar el viaje a España, acelero los preparativos y días después el avión aterrizaba en Madrid. Martín insiste en su diario del impacto que le causo su instancia en la capital de España; pese a que ellos hospedaron en uno de los mejores hoteles del Paseo de la Castellana, Madrid a sus ojos no había evolucionado gran cosa. No obstante nuevo, Mabel tuvo que hacer frente a los medios de comunicación que la perseguían por todas partes. Pero como bien repite en su diario del recuerdo de aquel Madrid que él conoció al final del siglo pasado, en su paso obligado para marchar a la guerra de Cuba; no encontró grandes cambios y mismo si habían transcurrido más de cincuenta años se percibía una aumentación de la miseria, visible en las calles y en la extensión de los suburbios. Tres días después, Martín alquiló un lujoso automóvil para trasladarse a su pueblo natal y a la salida de la capital Martín remarca en su diario los comentarios que Mabel hacia sobre la miseria que iban descubriendo al divisar los suburbios de la capital. Ella fue la más sorprendida y, no ceso en sus continuas criticas al seguir viendo esta tierra seca y pobre, hasta que Martín enfadado no encuentra correctos los ridículos gustos aristocráticos de su esposa y tuvo momentos de indignación por su continua actitud. Martín, intento calmar a su esposa que desconocía la tragedia de la guerra civil española y su posguerra así como su dictadura fascista causantes de tal situación. Más tarde Mabel al ver la irritación de su marido, se sintió supeditada a la comprensión de su marido y le pidió perdón por sus reproches inoportunos. El matrimonio fue poco a poco elaborando su situación y al final terminaron por perdonarse de sus continuos reproches. – ¡Al fin y al cabo era la tierra donde él nació!. Eran cerca de las tres de la tarde, cuando el coche se detuvo en Pecharromán. Para ellos según cuentan el polvo de la “carretera” y el Sol implacable de Castilla hacia sofocante el lugar, mismo si él conocía bien los calores insoportables de los desiertos Americanos y la humedad sofocante del trópico. A su llegada, reconoce que solo un grupo de muchachos a la sombra de una casa se atrevía a enfrentar estas altas temperaturas. Un muchacho, que después resulto ser de su familia les acompañó hasta la casa donde vivía su sobrina María Pecharromán. Al llegar a la casa Mabel y Martín entraron en el pequeño comedor; donde el muchacho que les acompañaba corría por la casa intentando despertar a su abuela que dormía la indispensable “siesta” tan obligada en esta época del año. María entró en el comedor, entrecortada por la sorpresa de ver unos señores también vestidos. –¡Buenas tardes señores!.–¿Que desean? Martín, al presentarse como Martín Pecharroman, tardó en hacerse comprender pero al fin: – ¡Calle, Señor!. – ¡Usted es mi tío Martín, el que no volvió de la guerra de Cuba!. María abrumó con abrazos asfixiantes y besos y lagrimas a los recién llegados arrebatando parte de los coloretes a Mabel que no supo responder con la misma afición al gesto de alegría de María. Martín, presentó a Mabel como su esposa, a lo que María, señalando a Martín, no dejaba de decir: –¡ Que guapa estaba!. –¡Miradla! –Parece una reina con ese traje. Pero se retuvo de abrazarla y besucarla de nuevo. Martín agradeció a su sobrina, la comida que les preparó y después descansaron en la habitación que les habían designado. A la caída del sol les despertó el chirrido de un carro acompañado de los ladridos de unos perros, que a la vez estos hacían rebuznar a un asno cerca del lugar. Al bajar de nuevo al comedor, les esperaban como si fuera un día de fiesta, el resto de la familia numerosa de María, que después del trabajo agotador del campo, regresaban a casa medio extenuados. Martín contó cerca de cinco mujeres jóvenes, que al parecer eran hijas de su sobrina. Después apareció un señor, que al entrar se quito la boina con respeto y que les fue presentado como el marido de María. La pareja, por su lujo era el punto de mira de los presentes, lo que hacia que los dos nerviosos quedasen tiesos y majestuosos dentro de sus trajes. Pues el elegante vestido de Mabel, iba acompañado de innumerables joyas de gran valor y Martín vestía un traje cortado a la medida y con su elegante sombrero parecía salir de la ultima película en estreno. Después Martín pasó horas relatando su vida y sacó las ultimas fotografías de su hija a las que todos observaron con atención. Martín, al comprender sus extrañezas tuvo de nuevo que profundizar en su pasado, remarcando en sus explicaciones la guerra de Cuba; pero rapido comprendio que esta estaba olvidada por completo y que su deserción no-tenia ya la mayor importancia. Días después visitaron los lugares y Martín se interesó por encontrar la familia de su amigo Antonio que en su día trabajaron en una finca a pocos kilómetros del pueblo llamada (El Coto de Cardaba). Al comunicarle que los padres de Antonio habían muerto en alguna ciudad del País Vasco y como quiera que Antonio era hijo único Martín no hizo más averiguaciones. Después al pregunto por Valentín Cabrero, Martín quedó sorprendido de que el “Habanero” a un vivía y que el nieto de su sobrina María era nieto a la vez de Valentín. Martín ante la evasión de no querer ver más a Valentín, dejó en entre dicho, que posiblemente entre ellos hubo graves problemas. Pero la pareja supo evadir las sospechas, al poner como pretexto que no les quedaba tiempo porque al día siguiente saldrían para la capital. EPÍLOGO Pecharromán volvió al día siguiente a la monotonía diaria, salvo para mí, cuando con sorpresa encontré el diario que Martín había olvidado en la mesilla y que después de leer detenidamente me percate que la misma noche anterior de quitar el pueblo, Martín dejo de escribir. – (27 de agosto de 1950). A partir de aquí, mi familia no volvió a tener más noticias de Martín y como comprenderá el lector después de leerles su diario solo pueden imaginarse que por su avanzada edad a Martín le debió de quedar pocos años de vida. La vejez nos da ese signo de debilidad y decadencia que pregona un próximo fin; mensaje de la destrucción y de la nada. Pues la vida como bien dice el poeta: –“¡La vida no es más que dos madrugadas sin un tercer amanecer!”. Se supone que Martín tuvo una vejez tranquila, con el pensamiento sano; para después, el silencio y la oscuridad… ¿La nada?. Solo una tumba en un cementerio de cualquiera de las colinas que rodean las ciudades de California… Con un simple gravado en Ingles, que al no comprender creó que dirá: “– ¡Aquí yace Martín Pecharomàn!. – ¡1869 – 1950 y!.. Septiembre de 2001 Marignane-Francia Pablo Garcia Cabrero





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