|
Da otro paso; se detiene. “No se atreverán”, en su cabeza suena nuevamente; voltea la mirada agitando su andrajosa cabellera larga. En una senda cubierta por volátiles cenizas, cuidadosamente escoge el lugar donde pondrá su descalzo pie derecho; y prosigue con la caminata. No recuerda cuándo saboreó un alimento por última vez; sólo percibe frío y soledad penetrando su piel desnuda. Tras los sucios cristales rotos de los gruesos lentes que usa, sus ojos rehúyen del encuentro con los primeros rayos de la luz matinal.
“Nunca debió pasar”, su conciencia le tortura cada vez que recuerda el experimento genético que lideró, dando origen a la raza mutante que sobrepobló el planeta, devorando a la especie humana.
|