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La paz
Autor/a: vinafer

Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 22/11/2005
Leído: 1861 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 4,33

Un estudiante de ciencias se ve obligado a hacer un trabajo sobre LA PAZ... y lo va a conseguir de una forma interesante...

Eran algo así como las 14:30, estaba en clase de Historia de España, y me estaba aburriendo… nada novedoso, pues en clase siempre me aburro. No hacemos nada interesante, solo explicación y actividades, estudio y trabajo. Vamos rutina… ¡qué enorme diferencia con el verano! Increíble, hacía algo más de un mes que empezaba el colegio, y aún pensaba en aquellas jornadas de playa diaria.

 

Mi profesor de Historia, don Luis, se percató de que estaba en las nubes, despertándome con la típica pregunta, formulada con ganas de pillar en fuera de juego… y así lo hizo.

 

Pero, en realidad tuve suerte, pues quizás mi excusa le recordó algo que tenía que decirnos.

- Ahora que recuerdo, para este viernes debéis traerme una redacción a máquina y doble espacio, de un máximo de cuatro hojas. Tema, la paz. Escurríos un poquito la cabeza, que bien os hace falta… ¡Ah! Tendré en cuenta la ortografía, y si hacéis el trabajo con papel reciclado, también.

- Pero don Luis, porque nos hace hacer trabajos de literatura si estamos en ciencias puras - repliqué.

 

Y es que yo había cogido exactamente ciencias puras, por no hacer trabajos como éste.

- Tú haces lo que yo diga, si no, ya sabes tu nota.

- Por lo menos déjenos más tiempo - inteligente idea de Alberto, ya era hora de que tuviera una.

- Está bien, - y lo dijo como si nos perdonara la vida - lunes plazo máximo, pero igualmente, quiero más calidad. La mejor redacción, la seleccionaré para un concurso, y si hay suerte y alguien gana el concurso, tendrá que hacer muy poco esfuerzo para conseguir el sobresaliente esta evaluación.

 

 

Madre mía que rollo, ya bien cargada y hecha lía tengo yo la cabeza para que ahora se le ocurra a mi profesor de historia, mandarnos un trabajo de literatura. Todo esto lo estaba pensando en el autobús, liberado ya de la responsabilidad de estar un poquito al loro de la explicación de un profesor. Ya ves tú, tenía que estar casi dos horas en el autobús, perdiendo el tiempo como un bobo… como si no tuviera nada que hacer.

 

Bueno, algo sí podía hacer yo en el autobús, y siempre o casi siempre lo hacía. Dormía. Cumplía acérrimamente, aunque con retraso, al deporte nacional español, con bastantes traqueteos de autobús, pero qué más da. Al final te acostumbras, y quien tiene sueño de verdad, duerme igual en su cama que en un caluroso autobús.

 

Pero esa hora y media de viaje de autobús no fue normal, esa siesta no fue la de siempre. En ese viaje soñé. Y recuerdo perfectamente lo que soñé. Aún me asusto cuando pienso en ese extraño sueño.

 

Me encontraba en un sitio donde nunca había estado, de decir algo, diría que estaba en el cielo. Y digo cielo por que se parecía a los “cielos” que las películas representaban: lugar blanco y azul, tranquilo, como el cielo que se ve desde la Tierra cuando tiene algunas nubes. Había mucha gente, (como en las películas, gente como con camisón blanco) muy esparcida, pues para nada había saturación. Sí, sin ningún lugar a dudas yo soñaba eso porque lo estaba recordando de alguna película.

 

Pero cual fue mi sorpresa de que eso lo pensé en el sueño mismo. Un suelo muy real, ciertamente parecía que estaba allí. Pensaba y sabía que eso era el cielo y que todas aquellas personas estaban muertas, aunque jamás se me pasó por la cabeza que yo pudiera estar muerto (eso lo estoy pensando cuando escribo estas líneas).

 

Acababa yo de llegar y plantearme donde me encontraba, cuando oí gritos, bueno, no gritos, sino palabras más bien altas. Eran tres y estaban a mi lado, a escasos cinco metros. Le pregunté a una persona (como si la conociera de toda la vida) que quiénes eran esos tres. Era un señor en apariencia joven y a lo visto muy simpático. Me contestó que seguramente había oído hablar de ellos. Y antes de poder preguntarle que cuáles eran sus nombres, me dijo que qué hacía yo allí si no estaba muerto. “Es que tengo que hacer un trabajo sobre la paz”, contesté ante mi incredulidad, pues no sabía porque había dicho eso; había hablado yo como si lo estuviera haciendo otra persona, pero era yo.

 

Y si por increíble identificaba lo ocurrido, imagínese cuando me contestó “Sí, ya lo sabía”. Tras esa contestación ya di por hecho que si estaba soñando allí era por algo, y no lo iba a desaprovechar; algo que en la vida normal no me sucedía ni sucede, pues normalmente cuando tengo una clara oportunidad de algo, no la suelo aprovechar.

 

Pero siguiendo con mi hazaña en el cielo, el señor que me acompañaba me iba explicando cosas.

- Esos tres tipos son los Tres Filósofos por excelencia. Son Sócrates, Platón y Aristóteles. Sé que los conoces.

 

Que si los conozco, dos días antes había hecho un examen sobre Platón, ya había estudiado a Sócrates, y estaba haciéndolo con Aristóteles.

 

Identifiqué a Sócrates con el gordito bajito, a Platón con un hombre de algo de edad, aunque relativamente bien parecido, y el otro, supongo que sería Aristóteles.

- Ves y pregúntales acerca de tu duda - me dijo el señor.

 

Bien, no tengo nada que perder… lo haré. Me acerqué y en seguida se percataron de que quería decirles algo, y cortaron en seco su discusión. Era increíble, había acaparado la atención de los tres filósofos más importantes de la historia de la humanidad.

- Oigan ustedes, querría yo preguntarles acerca de lo que es la paz.

 

Así lo dije, a secas. Nunca creí que fuera yo a tener valor para dirigirme a tres personajes como aquellos.

- Me gusta que alguien tan joven como tú, me haga una pregunta como la que me has hecho. - me dijo el que yo identifiqué como Sócrates - Para mí, la paz la consigue alguien cuando es capaz de a la vez de ser feliz (de estar contento con lo que se tiene), ser bondadoso.

- Visión poco profunda la tuya - replicó el viejo, Platón me pareció que era - aunque no por ello menos importante. Yo pienso que la paz se consigue cuando se descubre el porqué de la vida. Por qué nace alguien, para qué. Ya lo descubrirás cuando mueras.- me dijo.

- Siempre serás tan idealista, Platón - por lo tanto el debía ser Aristóteles - la paz es sinónimo de felicidad, como bien ha dicho Sócrates - acerté en todas las identificaciones - pero la felicidad no se consigue así por así, para conseguirla han de contentarte los placeres materiales, saber que eres responsable, y poder autoconsiderarte científico o filósofo.

- Como que placeres materiales…

 

Empezó de nuevo una discusión en la que para nada quería yo formar parte, por lo que me despedí, y aunque no se percataran de que lo hiciera, me fui. Me fui de nuevo al lado de mi acompañante. Me dijo que si ya lo tenía bien claro… pues no, para nada habían conseguido aclararme las ideas.

- Bien - fue su contestación - ya lo imaginaba. Ven que te presento a otra persona. Seguro que la conoces.

 

Me señaló a un señor con bigote, de estatura normal, que era saludado por todos a medida que iba paseando, con una sonrisa de oreja a oreja.

- Es quizás el ser humano más completo de todas la historia de la humanidad, practicó con éxito gran parte de las ciencias existentes en su época, además de cultivar el arte como el mejor.

- Bien, ya sé quien es - respondí yo - Leonardo da Vinci.

- Muy bien, veo que en la Tierra no se os olvidan algunas cosas muy importantes. Ve a hablar con él, quizás sea la persona más indicada.

 

De nuevo me armé de valor para hablar con, quizás, el ser humano más completo, y por tanto, más señalado para hacerle cualquier pregunta.

- Señor da Vinci, querría hacerle una pregunta.

- Adelante, me gusta poder resolverlas.

- Mire usted, necesito que me aclare lo que es la paz.

- Buena pregunta, merecedora de buena respuesta.

- Yo toda mi vida he intentado conseguir paz. Para mi, la paz se alcanza cuando consigues abarcar todos los saberes posibles. No saber o no conocer algo, me irrita, me intranquiliza el espíritu. Quizás porque me dé miedo desconocer algo. Recuerda que el que tiene miedo es el primero que aprieta el gatillo.

 

Hablaba yo tan tranquilo, cuando se oyó un trueno y un temblor. De la nada aparecieron tres señores vestidos de negro, escoltados por un montón de… ¿ángeles?. Sí pudiera ser, ya nada me sorprendía. Todos se apartaban ante la escolta.

- Seguro que conoces a esos. No intentes reconocerlos. Para nada les mires a los ojos. Son los tres primeros anticristos, ya profetizados la Apocalipsis. 

- Guau, quiénes son.

- No, a ellos nos les preguntes… siempre han estado en contra de la paz.

- Pues por eso mismo. Vamos, dime quienes son.

- Vale pero que conste de que estoy en contra de que hables con ellos… son Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler y Bill Gates. Este último es el más peligroso, pues todavía no está muerto.

 

No había acabado de hablar mi amable acompañante, cuando me “lancé” en picado a preguntarles a estos tres personajes, quienes siempre habían recibido mi admiración por su gran capacidad intelectual. Pues aunque hay que tener en cuento que, aunque (por ejemplo) Hitler es tremendamente odioso, revolucionó todo el mundo. Algo parecido a lo que hizo Napoleón, pocos como él sería capaces de hacer lo que hizo con lo poco que hizo y más aún en el momento en que lo hizo (la única persona que se me ocurre que pueda llegarle a la suela de los zapatos es el general cartaginés Aníbal). En cuanto a Bill Gates, empezar en un garaje pudiente y acabar siendo el hombre más rico del mundo, además de manejarlo, es digno de una inteligencia como pocas.

- ¿Qué es la paz, qué es la paz? - gritaba desesperado, pues no me dejaban los guardias (¿ángeles?) hablar con ellos.

- ¡Ja, ja, ja, ja! - se rieron a carcajadas los tres de mí.

- El más bajito, - Hitler, suponía yo - nunca conseguiremos la paz mientras la raza área no seamos la única que habitemos el mundo.

 

Ahora tenía que haberme reído yo, pues se consideraba de la raza área alguien considerado como la antítesis de ésta.

- No, - contestó enfadado el que se cogía del pecho con la mano, Napoleón supongo - la gente no es verdaderamente consciente de lo que necesita algo, hasta que le falta. Así pues, si no hubiera guerra no habría paz, por lo tanto deduzco que la paz existe gracias a la guerra.

- Y usted, señor Bill Gates, qué cree usted que es la paz.

- Paz… - dijo vacilando - es cierto lo que se dice, divide y vencerás, cuando más dividido esté el mundo, menor será la probabilidad de que exista lo que llamamos paz. Por ello mi propuesta de paz es la unión, el monopolio.

 

Vaya, esta última era la respuesta, digna, quizás, de un santo si la última palabra no hubiese sido “monopolio”.

 

La “guardia celestial” (como la bauticé yo en ese momento), reanudó la marcha que había parado, debido a que percibieron mis buenas intenciones.

 

De todas formas, aún no había conseguido hacerme una total idea de lo que era realmente la paz. No hacía falta de que se lo dijera a mi acompañante, pues algo me decía que el ya lo sabía.

- Tranquilo, - me dijo como si me hubiera leído el pensamiento - ahora te presentaré alguien que te puede dar una visión algo diferente a las que hasta ahora te han dado. El señor al que te voy a presentar revolucionará el mundo en un futuro que aún no has vivido, pero que en tu vejez vivirás, y más intensamente de lo que te podrías imaginar. Este señor, nacido a principios del siglo XIX es considerado como quizás el hombre más inteligente que ha pisado la faz de la Tierra. Fue un maestro ajedrecista, capaz de jugar a la vez contra ocho personas… con los ojos cerrados… y ganarles a todos. Te aseguro que sus rivales no eran unos pardillos. Además, escribió unas leyes que tomaron su nombre, y algunos consideran las únicas leyes que rigen el universo. Era un verdadero genio, y como todo los genios, murió muy pronto, creo que a los 23. Te estoy hablando de Murphy. ¡Míralo! Si está aquí, te vas a dar cuenta de lo loco que puede llegar a estar. Y es que entre la genialidad y la locura hay una línea muy fina.

 

Murphy había oído parte de la conversación (menos la última que había sido cuidadosamente susurrada), y no hizo falta que le preguntara.

- Ven aquí chico, - me dijo - así que un joven vivo se preocupa sobre qué es la paz ¡je, je! Resulta paradójico. Mira, no te voy a hablar de mis ideas, simplemente te diré que no existe tal cosa llamada paz. Me parece increíble que aún, en la época en la que tu vives, no os hayáis enterado. Mira chico, al hombre se le puede considerar hombre desde la primera vez que hizo daño a alguien. Ese es el punto que divide al homínido del hombre. El primer ser humano considerado como tal es Eva, también llamada Pandora.  No sé si me explico lo suficiente, lo que quiero que tengas en cuenta en que no existe la paz mirado desde el punto de vista del ser humano. Desde Eva, jamás ha habido un momento en la historia en la que no existiera la guerra, una al menos. ¡Ah! Y ya puedes esperar sentado si quisieras conocer el momento en el que realmente exista la llamada paz.

 

¡Guau! Esto si me había dejado atónito, jamás hubiera podido imaginarme la verdad tan grande que Murphy acababa de desvelarme. Tan atónito estaba que ni me despedí de él, ni me di cuenta de que se iba hacia no sé dónde.

- Ahora qué, ya vas dándote más cuenta.

- Sí creo que ya voy haciéndome una idea.

- Eso está muy bien. Yo me hice una vez la misma pregunta que tú.

- ¿Sí, y la resolviste?

- Ja, ja… eso es algo que no te concierne a ti, pues no te debe importar lo que yo tenga claro o no, solo te debe importar lo que tú tengas claro. Y esto que te acabo de decir no me lo he inventado yo. También me lo dijeron a mí. Fue cuando estaba hablando sobre este mismo tema con los cuatro científicos más grandes de la historia: Galileo Galilei, Newton, Albert Einstein y Stephen W. Hawking. Con ellos tampoco pude llegar a una conclusión cierta. Todos respondían algo y en cierta medida, todos tenían razón. Igualmente me pasó cuando hablé con personajes como Marie Curie o Garry Kásparov; aunque recuerdo que el mayor lío se formó cuando pregunté a Picasso, estando Mozart y Shakespeare delante. El primero me respondió de la misma forma que se expresa cuando pinta un cuadro, el segundo decía cosas sin sentido, y el último respondió tan cultamente que no entendí palabra. Armaron un lío que hizo enfadar a los guardias.

- Sí pero cuéntame qué te dijeron.

- Ya te he dicho que cada uno decía una cosa diferente, y que tenía en parte razón.

- Sí, pero supongo que estarás más de acuerdo con alguno que con otro o que habrás alcanzado una idea más perfeccionada que la mía.

- La paz es algo muy complicado de explicar, lo que para uno es paz, para otros es aburrimiento. Mientras algunas piensan que la paz debería reinar en la Tierra, otros dicen que sin la guerra no habría paz. Lo que creo que tu me pides es una opinión, y yo te la voy a dar, pero siempre quedará ahí, una opinión. La paz, no es más que una situación. Es cierto que nunca existirá una paz total en la Tierra, y tampoco nos pondremos de acuerdo en cómo conseguirá una persona la paz interior; lo que sí es cierto, es que aunque nadie podría dar una definición perfecta y objetiva de la Paz, todos podremos darnos cuenta de lo importante que es conseguirla para la mayoría, y lo importantísimo que puede ser para otros el vivir sin ella. Más luego, el estado de paz o guerra dependerá de si esos pocos hacen mucho ruido y mucha fuerza, o si la mayoría es más fuerte.

 

Luego están las guerras debidas a la división entre la población (guerras étnicas), recuérdese la antigua Yugoslavia, o lo que sucede en los grandes lagos de África. Estás son las guerras más tontas y vergonzosas que existen… las que nunca deberían producirse. Así pues sépase o no la definición de paz, cabe saber únicamente es que si esta no existe es por que el ser humano no quiere, y si esta fuera eterna (bajo mi opinión) sí que sabríamos valorarla.

 

- Oye, que ya estamos en tu parada. - El resto lo dejo a gusto del lector.






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