Se me han escapado las palabras románticas,
mis ojos ya no ven más los colores del amanecer, sólo buscan las nubes que habrán tras la llegada de la noche… hay retazos de un mundo rosa, pero lo estoy perdiendo a gran velocidad y me inclino a placer por el mundo subterráneo.
Pero soy infeliz por vivir en la dualidad, por existir en el filo del día y la noche… en ese punto que no es el atardecer y tampoco la madrugada.