- Total obras: 1646
- En el foro: 227
- Usuarios Online: 33
|
|
|
Estadísticas
|
Resumen
|
Fecha de publicación: 01/04/2010
Leído: 781 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 4
|
No hay resumen
|
|
|
|
Pensaba en el mañana de esta casa de calle España, donde vivo, y creì poder rebuznar un poema. Siempre es bueno creer en el vuelo de los poetas, alados de mètricas y cadencias.
Pero esta vez, cierto regusto verde a un Portugal que no conozco, a un Vinicius sin tiempos y ni bañeras, que alguna vez leì lejos del reverberar cristalinoy “on the rock” entre sus dedos, y a un Caetano dulce que escucho a veces, buscando el silencio donde anclar mi sosiego, me trajo sòlo un corto relato. Como si debiera dejar un canto necesario, silbado como al descuido, camino al trabajo diario.
Seguramente los mas pequeños, mis nietos, sean quienes mas recuerden sus dìas vacacionales en la revuelta casa. Folclore rameado de circunstancias que siempre marca, aunque sea con los años y a la distancia.
Era una casa mansa, habitualmente de pocos ruidos, movimientos y aventuranzas, que se veìa florecida de gente, de murmullos entre somnolientas caminadas y bulliciosas correteadas. Esta era otra musica para ella, distinta a la semi- fresca, macilenta, de sus rincones olvidados en perfumes deañosas maderas.
Fueron dìas, que por extraños, hasta las flores en la ventana de la cocina permanecìan alerta a los tragos de calma. Y hasta la muerte misma, al verse ignorada, debiò palpitar inquieta en algùn lugar de la casa.
Todos afrontamos, en esos dias, el paso del tiempo. Y lo hicimos con andar avasallante y dìscolo , inmejorable. Todos, soliviantando su andar y estada..
Entonces comprendì que asì nacen estos tiempos de compartirnos, con la imponencia de la mar, que surge de todos lados y de ninguna parte en especial. Sòlo aflora y ya està. Y se disfruta, como los gritos, los ruidos o el silencio y la paz. Una convivencia rara de turbulencia y sereno en un mismo patio, conviviendo en misterioso arrebol.
Y en esos dìas dorados, mas allà de la pila de platos, la division de zapatos, las confidencias y sus muescas, o algùn llanto rodando desde unos pocos años, la vieja casa de calle España donde vivo, mutò en templo. Y vernos, sentirnos juntos, hablarnos, mirarnos, cuidarnos, fuè el camino nuevo en inicio y la dulce fe del buen transitar.
|
|