DIFERENCIAS, O SEMEJANZAS, ENTRE LA ESPECIE HUMANA Y LA ANIMAL
Buenos días, tardes o noches, según corresponda, a usted que me lee. Estas letras servirán para comentar un tema que, como dicen hoy día, me tiene “to rayao”.
Para empezar contaré que acabo de ir a un restaurante y mientras me comía un muslo de pollo al estilo de antiguamente, con la mano y a bocados; mejor así que con cuchillo y tenedor, pues de este modo al final siempre acabas manchándote los pantalones y tirando la pata asada del pobre ave al suelo. El caso es que oí susurrar a los de la mesa que decían: "¡Mira que animal!", refiriéndose impunemente a un servidor.
¡Pues sí! Vale, lo reconozco. Me considero un animal; porque, en realidad, es que lo soy, ¡todos somos animales! No entiendo por qué hay personas que se toman esto como un insulto. Para aclararlo sencillamente voy a mencionarles algunas de las cosas más raras que hacen los animales y su correspondiente análogo al ser humano.
Por ejemplo, los perros que huelen cualquier mierda que se encuentren por ahí. Supongo que sus motivos tendrán; a lo mejor oliendo una mierda, pueden decir:
―Haber, haber… perrita Fox Terrier, 3 años, la cagó hará unos 15 minutos y se fue por aquella calle.
Ya veis, al más puro estilo C.S.I.; bueno, el caso es que nosotros pensamos: “¡qué asco el puto perro oliendo la mierda!” Pero… ¿y nosotros? Cuando nos tiramos un pedo, pongamos uno de estos de invierno bajo la mantita, sabemos que huele mal ¿no? Pero no soportamos la tentación, levantamos un poco la mantita y a ver a que huele, y luego decimos:
―¡Joder, qué mal huele!
Nos ha jodido, acaso alguna vez te has tirado uno que huela a Cacharel.
Pues todavía hay cosas peores. Los perros, además de las mierdas también se huelen el culo unos a otros. De acuerdo, yo no le huelo el culo a mi vecino de arriba, a ver si se ha cambiado o no de calzoncillos, pero si que me muero de ganas por hacer el 69 con mi vecina de abajo. ¡Vamos, se le chupa el culo y lo que haga falta!
Y luego nos preocupamos de la higiene. Por ejemplo, nosotros no cagamos en la calle como cualquier animal. Nos hemos inventado un cagadero higiénico, pero por muy higiénico que sea, el ser un guarro depende exclusivamente de uno mismo; y en muchos casos somos peores que los animales. Recuerdo una vez, entre otras muchas, que entré con un apretón al baño de una estación de autobuses... ¿a ver cómo me las ingeniaba para hacer, decentemente, lo que tenía que hacer? No puedo imaginarme qué manera de defecar tiene la gente. ¡Por Dios! Agarro un extintor lleno de mierda y no monto la que había allí montada. No sé, a lo mejor fue un flipado intentando hacer grafitis con la personalidad y el aroma escatológico de su propio ser.
En fin, hay más temas donde se pueden apreciar las similitudes que tenemos con los animales; como pueden ser los sentimientos. Tomando otra vez a los perros como comparación, cuando éstos ven a una perrita guapa ¿qué hacen…? Mueven la colita porque están contentos. Los hombres hacemos lo mismo; cuando vemos una tía buena por la tele o por la calle queremos menear la colita, o todavía mejor, que nos la meneé la titi.
Ya les digo que intento buscar diferencias entre las personas y los animales y no soy capaz de encontrarlas. Incluso en el campo de la inteligencia en el que, supuestamente, llevamos bastante ventaja. Pero resulta que aquí tampoco; quizás los animales no sepan de matemáticas, pero… ¿para qué las quieren? Los bichejos saben hacer sus casitas, buscar su comida... tienen de todo, no les hace falta hacer números. ¿Para qué se van a meter en camisas de 11 varas como hacemos nosotros?:
“A ver, si tengo 20 millones a un tipo de interés nominal acumulativo de un 7 % bimensual, más la variación media del IBEX 35 en un periodo semestral, resulta que obtengo un beneficio de millón y medio de pesetas aproximadamente”
¡Qué tío más listo, eh! Pues no, lo que resulta es que pierdes 20 millones en Gescartera por hacer el gilipollas; como le ha pasado a la iglesia por jugar al Monopoly con el dinero de los pobres. ¡Joder! En lugar de sugerir: “10 millones para alimentos en Ruanda y 10 millones para medicamentos en el Congo” ¡Pues no! Ahora se preocupan por otras cosas:
―Señor obispo, ¿qué hacemos con los 20 millones procedentes de los donativos del mes?
―Pues he pensado que podríamos realizar la conversión a S.A., a ver a cuánto cotizan las hostias. Si nos va bien podemos montar un Telehostias, y con el supermenú familiar de hostias regalaríamos un cáliz con vino sagrado para toda la familia y enviaríamos a un cura a domicilio para que se confesase toda la familia; descontando además un Padre Nuestro y tres Avemarías si tu penitencia es superior a diez oraciones.
¡Hasta aquí podíamos llegar! Si en el fondo los animales son mejores que nosotros; no tienen necesidades tan complejas como las nuestras. Por ejemplo, ¿a qué animal se le ocurre colgarse una cuerda de la pata y tirarse desde un puente?.... solamente a un ser humano. Se lanzan ilusionados para abajo gritando: "¡JODER, QUÉ SUBIDÓN DE ADRENALI...", ¡de hostia! ¡Qué subidón de la hostia que te has pegado por jugar con la gravedad!
Y casos parecidos, como este mismo:
―En su próxima actuación Mohamed al Yasif atravesará desnudo un pasillo de ascuas ardiendo al mismo tiempo que se introduce un sable por la boca e hipnotiza a una cobra que llevará liada al cuello. ¡Una actuación peligrosísima! Dispondremos de una unidad de cuidados intensivos por si surgiese algún imprevisto. Si lo consigue batirá un nuevo récord del mundo.
¡Claro, luego pasa lo que pasa! Se jode la garganta con el sable, se destroza planta, ligamentos y demás partes de los pies, y no quiero decir dónde le muerde la serpiente. Tartamudo, cojo e impotente. Ahora… que si lo que quería era batir un récord del mundo, lo ha conseguido: Récord Guiness del más estúpido.
Si creo que en el fondo nos damos cuenta de que los animales son más inteligentes que nosotros, y por eso dejamos incluso que eduquen a nuestros propios hijo; como vienen haciéndolo, ya desde hace tiempo, un erizo gigante de color rosa y un engendro de oso hormiguero con sombrero de paja, llamados Espinete y Don Pin Pon. Ellos, al menos, les enseñan cosas útiles: diferenciar entre cerca y lejos, grande y pequeño... nosotros, en cambio, les queremos enseñar cosas rarísimas: la sintaxis, las Leyes de Mendel, la conciencia, la fe... ¡y encima, nos fiamos de libros que no se sabe quien coño los escribiría! como uno titulado “Sagradas escrituras” o algo por el estilo; por lo visto, su autor debió ser un tío que estaba hasta arriba de porros. No hay más que leerlo. Se entrelazan varias historias que, tiene narices, además damos por verídicas. No sé si va de algo de que una mujer se aparea con una paloma y tienen un hijo con superpoderes, o algo así. Aunque existen otras versiones según a la zona geográfica mundial a la que se haga referencia. En otra, por ejemplo, un señor se monta en un caballo, se sube al tejado de una iglesia y desde allí saltan ambos hasta llegar a los confines de la estratosfera. Todo de lo más sensato como salta a la vista.
Solamente me queda el tema del Lenguaje. Supuestamente, el ser humano es superior a los animales porque tiene la capacidad de comunicarse. ¡Esto sí que es bueno! Lo primero… que, desde mi punto de vista, los animales también se comunican. Por ejemplo, si tú ves un Doberman ladrándote de mala leche detrás de una valla… ¿qué te está diciendo?... Que no pases, que te alejes de allí; cualquiera lo entendería. Sin embargo, te vas a un concierto de Héroes del Silencio y escuchas: “…He oído que la noche, es toda magia, y que un duende te invita… a soñar; y sé que últimamente, apenas he parado, y tengo la impresión de divagar…” Estas cosas a la primera no hay quien las entienda, quizás cuando las piensas 20 ó 30 veces comienzas a saber por dónde van los tiros; eso si hay suerte, claro. Y es que, la verdad, tendremos mucha comunicación pero no somos capaces de entendernos.
O casos aun peores, enciendes la tele y escuchas decir a un señor trajeado: "Queremos llevar nuestra forma de autogobierno a todas partes, porque en todas partes, el gobierno eve elge ldoe por todas partes…" ¿Y esto es la capacidad para comunicarse? No lo entiendo. Y este tipo de comunicación se da en los aspectos más cotidianos de la vida. Por ejemplo, fíjense lo que podría ser una conversación entre dos personas:
―Cariño, estás guapísima, ese vestido te sienta estupendamente.
―¿De verdad? ¿No lo dirás por cumplir?
―¡Qué no, qué no! Qué con ese vestido te pareces a la Pamela Anderson.
―O sea que es por el vestido, que me da un aire a la Pamela Anderson, sino estaría hecha un adefesio; ¡cómo no tengo el cuerpo de la puta esa!
―¡Qué no mujer, que tú también estás muy guapa!
―Sí… “tú también”, arréglalo ahora.
―¡Joder hija! Parece que tienes la regla, no se te puede decir nada.
―¡Oh! Ya estás tan romántico como siempre. ¡Pues que te den por saco, ahora te buscas a la Pamela Anderson para salir esta noche!
―¡Pues nada hija! Ahí te quedas, que me tienes hasta las narices.
En fin, y esto es el Lenguaje; lo que nos diferencia de los animales. Yo, por eso no me tomo como un insulto que me digan animal. Es más, lo considero hasta un halago comparado con la naturaleza humana; porque, desde mi punto de vista, aquí los más animales que hay somos todos nosotros, los seres civilizados.