De rodillas ante los restos de mis sueños, anhelos e ilusiones, caen, de mis ojos las lágrimas más frías de mi vida, perdí el sentido de mi vida que entre sutiles excusas me dijo adiós, excusas que se que ni su corazón ni su alma aceptan como verdadera, pues es así, cuando un amor pierde ante el miedo se rompe y no se puede volver a curar, su miedo, su temor, perder su libertad de avecilla que vuela por la mañana.
Con ella se van, los momentos mas felices de una vida por decir menos que triste, le acompañan lo mas preciado que pude poseer, su amor, y también por ultimo, el aire que me hacia inspirar para hacer las mejores cosas que hice, un verdadero amor, proporciona un sentido completo al vivir, un verdadero amor, cuando es mutuo, asiente la complementación de los dos seres. Se rompió por miedo, por tiempo, por espacio…
Muere un soñador que deseaba ser escritor, y entre sus ultimas líneas de letras confundidas, denota su falta de inspiración, muere sin ese aire que respiraba virtud, que movía sus manos cual hoja en el viento dibujando suaves trazos de palabras que en su conjunto llamaban a otro mas de sus sueños.
Le queda decir en el epitafio de su tumba, “aquí yace el cuerpo inerte de quien amó al cielo más pequeño, aquí lace el cuerpo inerte mas no el alma, la cual se quedara admirando las tres estrellas más hermosas del firmamento de ese cielo tan pequeño”.