Los momentos que vivimos nos parecen tan extraños que muchas veces apenas llegamos a concretarlos. Vivimos momentos sin sentido que nos obligan a detenernos minuto a minuto en nuestras actitudes frente a la realidad. Esa realidad llena de engaños, de oscuridades, de miedos frente a los cuales nos cegamos, que no nos llevan mas que hacia esa misma oscuridad donde nos habíamos encontrado antes.
Pero sucede que entran personas a nuestras vidas constantemente y siempre un poquito de ellas queda grabado en nuestras mentes, sus pensamientos liberados, su voz, sus consejos, su manera de expresarse para nosotros. Y sin embargo nunca prestamos atención en eso mínimo, que es tan sencillo, sencillo como la hoja de un árbol que se desprende de él apenas llega el otoño.
Esas personas son las que hacen nuestra realidad, y quienes muchas veces con sus mas de mil defectos, producen una luz inmensa que nos cubre de felicidad, y destruye esa gran oscuridad que se presenta seguidamente frente a nosotros. Ellas no son mas que nuestro gran apoyo, mas que nuestras guías que nos van armando nuestro camino, siempre intentando que sigamos la luz, luz que nos ayudará a llenar de felicidad a otras personas, con nuestros más de mil defectos.
Por lo tanto la realidad en la que vivimos no es mas que una gran cadena de solidaridad, siempre y cuando sepamos el camino correcto.