EL CURUXÍN D’ASTURIES
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José Ramón Muñiz Álvarez
LOS ENOJOS DE CUPIDO” O “LAS MOZAS DEL LUGAR
(Idilio bucólico en un
acto)

-CUADRO ÚNICO-

En un claro del bosque, donde crece un roble solitario.

ESCENA I

Varinia, Petronio y Marcelo llegan al pie de un roble.

Nº1

PETRONIO-. He de mirar estas sierras
con ojos enamorados,
porque los bosques callados
ignoran aquí mil guerras.
Son estas las dulces tierras
que el cielo admiran quejoso.
MARCELO-. Y en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

No faltan los cazadores
que, corriendo las veredas,
buscan en las alamedas
a los fieros predadores.
Los encendidos rumores
escucharán del cuclillo.
VARINIA-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Y, con el pecho encendido,
he de querer disfrutar
de esta paz, este lugar
silencioso y recogido.
Llora aquí el roble dormido
en su sueño perezoso.
MARCELO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y, perdidos en la umbría,
hallan gran paz los amantes,
que, sin versos arrogantes,
aman solo la poesía.
El agua clara se enfría
Para el dulce cervatillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Que no hay belleza más clara
que esta callada hermosura
donde el arroyo murmura,
donde la brisa se para.
Es hermosa hasta la helada
que cuaja el suelo gozoso.
VARINIA-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y no se siente la queja
de los vientos gemebundos
que en su correr por los mundos
vil el invierno maneja.
Que la mañana aconseja
al pastor y al caramillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Y son las gentes sencillas,
las que van a sus labores,
las que escuchan los rumores
del arroyo en las orillas.
Libres corren las ardillas
por el hayedo espacioso.
MARCELO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Las noches pasan serenas,
sin alardes ni derroches,
porque amparan estas noches
las luces con luna llena.
Y, con el alba serena,
se puede escuchar al grillo.
VARINIA-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Que en este rincón ufano
bebe el cielo de la calma
que patrimonio es del alma
en la montaña y el llano.
Mientras madura el manzano
como el fruto más hermoso.
MARCELO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y siempre la lluvia avisa
el correr del viento airado,
cuando viene alborotado,
apurando cada brisa.
Porque suele andar con prisa
ese callado airecillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Nº2

VARINIA-. Pero el amor enojoso
acechando como el mal,
pinta un aire celestial
prometiéndose gozoso.
Es un niño caprichoso
que nos lleva a la locura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Lloran siempre los amantes,
cuando lo quiere Cupido,
que suele andar escondido
con sus burlas inquietantes.
Acecha a los caminantes
en esta linda espesura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Lamentando sus maldades,
veréis siempre a quienes aman,
si es que acaso se derraman
las primeras claridades.
Busca en estas soledades
A quien la desdicha apura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Y, si buscando el amor,
halla el feliz imprudente
a este muchacho indecente
sentirá grave dolor.
Nunca le falta valor,
mas no es fiera su figura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Es terrible y envidioso,
que, sin mostrar su intención,
desmorona el corazón
su sentimiento amoroso.
Embustero receloso,
contamina el agua pura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Es mezquino y es tirano,
porque causa gran despecho,
porque hiere cada pecho,
porque nos tiene en su mano.
Y, si es joven, es mundano,
y presume de apostura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Que mostrando su valor,
mostrándose tan sereno,
va destilando el veneno,
si su veneno es amor.
Por eso viene el dolor
a esta tan dulce espesura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Y le falta la prudencia,
que es su coraje indecible,
por eso es ángel terrible,
vil y falto de clemencia.
Bien le dicta la conciencia
que acometa la tortura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Él es un niño mezquino,
y en su mísera crueldad,
niega siempre la verdad,
empujando a mal destino.
Desvergonzado adivino
de cuanto en el alma apura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Y, por ser cruel entre crueles
al hacer cumplir su ley,
de los crueles es el rey,
y de rey tiene laureles.
Hace beber de las hieles
de la misma noche oscura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Todos temen su castigo,
porque condena el amor
a sufrir raro dolor,
pero nunca presta abrigo.
Es mentiroso testigo
De promesas de dulzura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Siento cuajar en el pecho
estas pasiones sin nombre,
que no hay nadie que se asombre
de mi inquietud y despecho.
Saca el amor su provecho
en dañar en forma dura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

Los amores me atormentan
y me llenan de temblores
por los claros resplandores
de dos ojos que me alientan.
Sabe Dios que allí se tientan
la belleza y la dulzura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

VARINIA-. Al mozuelo conocí
en esas viejas campiñas,
cuando, yendo yo a por piñas,
en su mirada me vi.
Mas no sé por qué me fui,
corriendo por la espesura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

PETRONIO-. El muchacho a de saberlo,
de modo que no te enojes,
que hace falta que te aflojes,
si es que no quieres perderlo.
Pues siempre hay que mantenerlo,
Si el amor trae dicha pura.
TODOS-. Porque es dura su tortura,
infinita su crueldad,
cuando pide soledad
el alma que amor apura.

ESCENA II

Llega Fabiana.

Nº3

FABIANA-. No puede ser más hermosa
la pureza celestial
que se admira en el cristal
de la corriente gozosa.
Y se admira deliciosa
en llegando este lugar,
porque la luz en su altar
mira toda esta belleza
que es reflejo, si bosteza,
cuando la ve despertar.

Pero a esta dulce zagala
advierto con tierno llanto,
cuando tan alto es su encanto,
porque el cielo no la iguala.
A saber qué dicha mala
la pudiera contrariar,
porque la luz en su altar
mira toda esta belleza
que es reflejo, si bosteza,
cuando la ve despertar.

Mas ¿Qué tienes tú, muchacha,
que tu llanto no ha cesado
de darle su riego al prado,
si es tu cara vivaracha?
La vida vibra borracha
viendo la aurora llegar,
porque la luz en su altar
mira toda esta belleza
que es reflejo, si bosteza,
cuando la ve despertar.

Cuéntanos todos tus males
y confiesa tu tormento
para que así tu tormento
corra como los caudales.
Tus miradas celestiales
nunca las has de empañar,
porque la luz en su altar
mira toda esta belleza
que es reflejo, si bosteza,
cuando la ve despertar.

Nº4

VARINIA-. Los arroyos cristalinos
saludan con elegancia
al aire cuya fragancia
corre a los bosques vecinos,
y es que todo en los caminos
dulcemente halla belleza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Y se afanan los senderos
y las blandas espesuras,
las aguas claras y puras,
cuando miran los luceros,
pues son los días primeros
de este verano que empieza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Todo se vuelve dichoso,
todo es puro, limpio y bello,
al ver el primer destello
de ese sol que es generoso.
Y el ruiseñor, perezoso,
parece que canta y reza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Pero también hay quien llora
cuando amanece la vida,
cuando se admira encendida
esa llama de la aurora.
Siempre llega sin demora
y a las gentes adereza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Y aquí triste y con amores,
que son siempre mal tormento,
se deshace el pensamiento,
contemplando los fulgores,
si es que, llena de colores,
la brisa se despereza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Por eso llora mi pecho,
sabiéndose desdichado,
que el infortunio es el hado
que así saca su despecho.
Pudo el amor al acecho
capturarme sin torpeza,
porque la naturaleza
contesta así a la alegría
del claro nacer del día
que cura toda tristeza.

Nº5

MARCELO-. En este claro se admira
un paisaje que, dichoso,
se hace a los ojos hermoso
cada vez que se suspira.
Y parece ser mentira
que, con la luz de la aurora,
haya una niña que llora
por los males del amor.
PETRONIO-. Causa a veces gran dolor
esa ilusión a deshora.

Mas no quieren desconsuelos
estos sagrados lugares,
que gimen los castañares
escuchando tales duelos.
La misma escarcha, los hielos,
en las cumbres elevadas,
esas lágrimas cuajadas,
si lo fueran de alegría
querrían con osadía,
hasta las cumbres nevadas.

Pero no mata el amor,
aunque ruja con gran saña.
MARCELO-. En todo caso, si daña,
el daño será menor.
Pronto se pasa el amor,
si es que no es correspondido.
PETRONIO-. Por amor nadie ha perdido
en estos valles la vida:
pena es que pasa en seguida
ese amor que es de Cupido.

FABIANA-. No dicen mal, eso es cierto:
el amor es ángel malo
cuando toca el intervalo
que armoniza un desconcierto.
Pero por amores muerto
nunca en estas serranías
se escuchó, pues alegrías
son las que reinan aquí,
que se ofrecen para ti
al alba todos los días.

Nº6

VARINIA-. Quiere el niño caprichoso
ese que tiene las alas
que, en ocasiones tan malas,
quede el pecho receloso.
Mas le digo maldadoso
a quien dicen celestial.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

VARINIA-. Que el muchacho se retrata
con perfiles de inocencia,
pero con mala conciencia
por puro placer me mata.
Es cruel cuando me arrebata
hacia su dulce panal.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

VARINIA-. Por eso esta lucha interna,
este dolor y lamento,
este triste sufrimiento
que, por tonta, me consterna.
Una profunda caverna
abre en el fondo abisal.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

VARINIA-. Y siento que de su abrazo
no me debiera sentir,
pero es posible morir
del dolor de este flechazo.
Por eso siento rechazo
de su miel y su panal.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

VARINIA-. En fin, que el alma está triste,
vive el pecho derrotado,
y el espíritu, cansado,
como puede se resiste.
Ningún remedio me asiste,
pero me encuentro fatal.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

VARINIA-. Y, al sentirme moribunda,
porque moribunda muero,
me resigno en su sendero,
siento una pena profunda.
Esta tristeza me inunda,
pues me asusta su puñal.
TODOS-. No existen el bien y el mal
cuando lo quiere Cupido,
que es muchacho decidido
con afilado puñal.

Nº7

FABIANA-. ¡Quién te diera ese consuelo
que piden, casi marchitas,
las humildes margaritas,
cuando las marchita el hielo!
Tristes quedan por el suelo
como quien llora de amores,
que son muchos los dolores
que padece una doncella,
si es el amor su querella
y escasos son sus favores.

¡Quién calmara tu despecho
y quien u dulce tristeza,
porque, al tiempo que bosteza,
duele el amor en tu pecho!
No suele tener provecho
ese mal de los amores,
que son muchos los dolores
que padece una doncella,
si es el amor su querella
y escasos son sus favores.

¡Quién te dará ese remanso
de placer y de alegría,
si viene la luz del día
en un verano tan manso!
Quién te dará su descanso,
su reposo y sus fulgores,
que son muchos los dolores
que padece una doncella,
si es el amor su querella
y escasos son sus favores.

¡Quién te pondrá la corona
que concede a tu cabeza
un amante con pureza
que tus desdenes perdona!
Si no existe tal persona,
lloraras por los amores,
que son muchos los dolores
que padece una doncella,
si es el amor su querella
y escasos son sus favores.

¡Y es que, quién dirá que vive,
sin tentar tus ilusiones,
un amor por tus pasiones,
siendo el mal quien te recibe!
Y así la desdicha escribe
sobre todos tus valores,
que son muchos los dolores
que padece una doncella,
si es el amor su querella
y escasos son sus favores.

ESCENA III

Se van Fabiana y Varinia. Llega Lelio, acompañado de Aurelia.

Nº8

LELIO-. ¡Quién sabe lo que Cupido
en sus flechas me depara,
cuando la esperanza avara
tal maldad ha cometido!
Que me siento sin sentido,
aturdido y desdichado
pues sé yo que en este estado
quiere matarme el amor.

Pero buen camino lleva,
si es que espera conseguirlo,
porque lejos de impedirlo,
mi voluntad más se ceba.
Muero encontrando la prueba
de quien ya me ha asesinado
pues sé yo que en este estado
quiere matarme el amor.

Y, pues me quiere matar,
me resigno yo a morir,
que no veo un existir
que se pueda celebrar.
Ella se quiso escapar,
tras haberme contemplado,
pues sé yo que en este estado
quiere matarme el amor.

Por eso vago tranquilo
con mi pena por el monte,
y de un lejano horizonte
habla mi voz con sigilo.
Mil esperanzas en vilo
me han dejado ilusionado,
pues sé yo que en este estado
quiere matarme el amor.

Y lo saben ya las aves
y lo canta el herrerillo,
si no es el dulce cuclillo,
con sus cantos siempre suaves.
Porque estas penas tan graves,
tal verdad me han confesado,
pues sé yo que en este estado
quiere matarme el amor.

Nº9

AURELIA-. Muy grades penas te aquejan,
ya que gritas el dolor,
suspirando por amor,
mientras las fuerzas te dejan.
Y cómo de ti se alejan
esas ganas de vivir.
No es posible consentir
ese imposible combate,
porque es extraño debate
querer amar sin sufrir.

LELIO-. En vista de lo ocurrido,
muy pronto mi vida acabo,
pues, del amor siendo esclavo,
soy esclavo de Cupido.
Por eso vivo vencido
y aquí peno moribundo,
que un sentimiento profundo
me ha causado este dolor,
que me quiere así el amor
como un pobre vagabundo.

Y sufro con la manía
de ventilar mi dolor,
porque si falta el favor,
es el amor osadía:
según la vi, el alma mía
se llenó de resplandores,
y al ir a pedir amores,
muy violenta se me fue,
que, si ignoro lo que sé,
mezcla desdén y rencores.

Que, bella como ninguna,
no me puedo controlar
en el pecado de amar
de esta forma inoportuna.
Mala esperanza me acuna
en persistir mientras vivo,
que así mi desdicha escribo,
llevando la calma el viento,
porque me siento violento,
porque mi amor es esquivo.

Y no sé qué debo hacer,
apurando la ocasión,
para llamar la atención
de tan esquiva mujer.
Un remedio ha de tener
la mayor sabiduría,
si le dan la nombradía
y tal credibilidad,
pero, en mi debilidad,
me resigno en mi osadía.

AURELIA-. Si las flechas amorosas
no contuviesen tal cieno
que pudiera ser veneno,
no serían dolorosas.
Pero, pues son venenosas
y producen emociones,
por esas flechas pasiones
siente el espíritu triste
cuando, callado, resiste
su dolor y sus traiciones.

PETRONIO-. Por lo que escucho el amante
es por quien ella derrama
tanto llanto, pues que lo ama
con locura delirante.
MARCELO-. Todo será que el aguante
y sepa decir que sí
cuando le diga que vi
hablar de amor a su amada,
que se mostraba enojada
por las pasiones.
PETRONIO-. Pues di.

MARCELO-. Es cosa comprometida
en estos raros asuntos.
Digámoslo los dos juntos,
que eso es cosa compartida.
AURELIA-. No renuncies a la vida,
que, al insistir en amar,
sabes que puedes ganar
todo lo que aquí te falta.
LELIO-. Terrible duda me asalta,
no la puedo controlar.

MARCELO-. Tú lo dirás, que no sé
decirlo, pues yo no puedo,
ya que me muero de miedo,
que me agita un no sé qué.
LELIO-. Es, que por lo que se ve,
el que quiere ser feliz,
no busca una emperatriz
como la que hube encontrado.
PETRONIO-. Ese trato es demasiado,
mas no entraremos en lid:

que yo sé de vuestra amada
que es una buena pastora,
aunque igualara la aurora
y su brillo en la cascada.
Ella vive enamorada
del hombre de quién huyó.
LELIO-. No puede ser, cielos no,
que ame esa bella mujer
que hubo de palidecer,
pues ese amante era yo.

AURELIA-. De este modo tendrá un fin
tanto amor, tanto dolor,
porque otorga lo mejor
ese ciego serafín.
¿Y no alegra este jardín
donde felices vivimos
y sus flechas recibimos
para prendarnos de amores
entre raros resplandores
cada vez que lo sentimos?

Nº10

LELIO-. Este rincón me ha dejado
dar olvido a mis quimeras,
que las claras primaveras
me vieron enamorado.
Y el lugar engalanado
siempre parece precioso.
MARCELO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y también ama discreto,
puesto el sol, con cada tarde,
quien calla su raro alarde
y lo mantiene en secreto.
Aunque grita sin respeto
por las noches el autillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Cuajan, llenos de hermosura,
en invierno, con su hechizo,
duros hielos y granizo
que desciende de la altura.
Y el verano la hermosura
luce del sol poderoso,
AURELIA-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y discurre la mañana
con esa paz transparente,
sin envidia entre la gente,
al llegar la hora temprana.
Una sonrisa lozana
susurra el dulce herrerillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Y las sendas apartadas
son testigo de las horas,
de las citas y demoras
de niñas enamoradas.
Arden las fuentes airadas
del deshielo presuroso.
LELIO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Porque la voz cristalina
entonada por el ave
suele ser cosa muy suave,
agradable y peregrina,
si en esa selva vecina
mira feliz el pardillo.
PETRONIO-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

Y mira el bello molino
en la limpia lejanía
toda aquella serranía,
tras ese largo camino.
El ocaso mortecino
luce tras ella imperioso.
MARCELO-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Y a veces se admira al oso
que va siempre por el monte,
hacia el lejano horizonte,
mieles buscando goloso,
si no al jabalí cerdoso
y al tímido cervatillo.
TODOS-. Cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

AURELIA-. Y son dulces los cantares
si los canta una mozuela
que de amores se consuela
donde están los castañares.
Tiene el amor sus azares
en el mundo jubiloso.
TODOS-. Que en este paraje hermoso
tiene el lugar el pastor
para cantar al amor
en su más dulce reposo.

Porque quiere el sol ardiente
dar más vida a estos lugares,
estos callados villares
retirados de la gente.
Reina aquí la voz paciente
que la canta el pastorcillo,
cuando se contempla el brillo
luminoso a la alborada,
que refleja en la cascada
el poder de su castillo.

2012 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Los enojos de Cupido” o “las mozas del lugar”
(Idilio bucólico)
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.