I
Aquí, en Fenicia
Comienza la epopeya
Más grande de que haya noticia
Del cruzar de una centella
Que ilumina dos continentes
Y acecha la gran isla.
II
Aquesta de la gran tintura
Que adorna ropaje de reyes
Que con el buccinum y la pelagia
Elaboran mercaderes.
III
A esta tierra circundada
Por Neptuno y sus mares
Grandes olas, de cristalinas sales
Del ocaso a la alborada.
IV
Objetos de vidrio y metal
Alimentan su intercambio
En toda la costa fenicia
No hay mejores, no hay tal.
V
Ha arribado el centurión
Desde cerca del Olimpo
Quien se dice descendiente
De Aquiles, de Amón.
VI
Con su soberbia ha querido
Intimidar a los de Tiro
Bravos navegantes
En asuntos de combates.
VII
He aquí que el Rey dijo a los tirios
De nutrida lengua y prudente hablar
Emisarios de Azemilco
La gran isla, de Macedonia
¡Parte ha de formar!
VIII
He llegado ante ustedes
Grandes señores del mar
Con un propósito firme
¡A los tirios hermanar!
IX
Por mandato de los dioses
He derrotado a Memnón
Desafío a mi falange
No previniendo su error.
X
El de Rodas fue enviado
Por Darío el de Persia
Y el magnánimo desafiado
Ha mostrado eminencia.
XI
Me he adueñado de esta tierra
Pero someterla no es mi intención
Demostrarles mi valía
Liberar pues las cadenas
Con que Darío y sus persas
Oprimieron sin razón.
XII
¡Presentad a Hércules la ofrenda!
¡La hecatombe y el incienso!
Que poca cosa me resulta
Como obsequio para un Dios
¡Para deiforme figura!
¡Para tan excelso señor!
XIII
Respondieron ancianos sabios
Versados en política y justicia
No será tu ofrenda
En la isla admitida
Cual sacerdote del templo
Consagrado a este Dios.
XIV
Pensaron aquel rey sin derecho
De siquiera contemplar
El almo templo, la Gran Tiro
Encendiendo así su pecho.
XV
No pudiendo el gran magno
Sus regalos presentar
Ni mostrarse obsequioso
Ante los señores del mar.
XVI
Tan lacerantes palabras
Haría el macedonio pagar
¡Alejandro caro a Marte!
¡Debes la isla tomar!
XVII
Señor de Macedonia
Hijo de Olimpia y Filipo
Creemos en tu buena voluntad
Pero es menester informarte
Que para presentar la hecatombe
Esta isla has de tomar
XVIII
Porque tu presencia no es grata
Ni de tu bizarra falange
Preferible seria que presentes
Tu ofrenda en tierras continentales
XIX
Ya que el gran Azemilco
Voz y corazón de nuestro pueblo
Te da a conocer que desaprueba
Presencia funesta de macedonios
Evitarla el podría, con el fuerte escudo
O con mordaces metales.
XX
De uno y otro bando
Las palabras procedentes
Han sido escuchadas
Por los dioses del Olimpo
Y acudido en marejadas
Al auxilio de las huestes.
XXI
Las palabras de los sabios
No ofendieron a Alejandro
El estratega muy paciente
El político eminente.
XXII
De Marte los deseos
No quisiera conocer
¡Qué difícil entender!
¡Su afición a los trofeos!
XXIII
Pero el hábil Parmenio
Ha incitado al macedonio
Para no pretender un convenio
Con los coléricos marinos
¡Escúchame descendiente de Aquiles!
El dios del combate me ha confiado.
XXIV
Te pertenece fenicia
Es el camino de tu hado
De los navegantes hostiles
A su isla entres ornado.
XXV
Los dioses son testigos
De mi prudente proceder
Que no presto he iniciado combate
Que es escarnio, dolor y padecer.
XXVI
Ni roja gota de sangre
He querido derramar
¡Oh! Bravos tirios
¡Ea! pues el combate acre.
XXVII
Comience pues la batalla
Comience el sitio de Tiro
He de mostrar a Azemilco
Las cóncavas naves en la playa.
XVIII
Mas los hábiles ingenieros
Explicáronle al general
Es por tierra el camino
Imposible es por mar.
XXIX
Llamóse pronto a los fenicios
De firme tierra continental
Explicándoseles las razones
¡Poned las huestes a trabajar!
XXX
Viendo razones muy justas
Para auxiliar al Aquiles Mega
Prestos fueron los de Antaro
Mas así Tripoli y Sidón
XXXI
Palebiblos y Sarepta
Concurrieron las dos Leptes
Cartago la del istmo
Con sus hombres y mujeres.
XXXII
Andrumeto-Tisdro, Botri y Ortosia
Acudieron con Berito
Tantas tierras tan hermosas
De aquel continente bendito.
XXXIII
Cooperando en la edificación
De un puente a la isla
Dos plectros luenga la obra
Hasta tomar el bastión.
XXXIV
Destruyóse la vieja Tiro
Para aportar material
Que moviera los dominios
De Neptuno ¡Señor del mar!
XXXV
Los kolymboi usaron
Diáfano tonel de cristal
Donde el fastuoso Alejandro
Fisgado hubo el mar
XXXVI
Pero el de famoso carruaje
De delfines muy veloces
Concurrió a ver la obra
Apresurando las coces.
XXXVII
Volvióse hacia Anfítitre
Pronunciando aladas palabras
¿Es que mis hijos del mar
Han permitido a Alejandro
Construir divino camino
Para mi isla tomar?
XXXVIII
Remisos son a la guerra
Cobardes a la pelea
Destruid aquel portal
¡Macedonio! ¡Iluso mortal!
En anhelos harto yerra.
XXXIX
El hijo de Amón afirmo:
Nadie puede con ellos sobre la tierra
De aquellas huestes tenía razón
Es su final esta guerra.
XXXX
Doscientas dársenas poseemos
En quince leguas de circuito
Lo que Alejandro pretende
No es materia, solo mito.
XXXXI
Tomaron ligeras naves
Provocando vinosa estela
Conducidos por el aire
Que golpea la hermosa vela.
XXXXII
Dejaron el puerto exterior
Y dos plectros navegaron
Para llegar a la costa
Ahí de Alejandro hallaron.
XXXXIII
¿Te crees más que Neptuno?
Queriendo mover la tierra
Para unir isla y continente
E iniciar la gran guerra.
XXXXIV
El capitán no respondió
Pero sus artífices sufrieron
Tremendo ataque sorpresa
Que el macedonio no previó.
XXXXV
Lluvia de mordaces saetas
Pequeños pegasos de bronce
Penetraron los pechos repletas
Semejando raudas coces.
XXXXVI
Y en las barcas prendían fuego
Para detener su camino
Para evitar la pelea
De el horrible sitio de Tiro.
XXXXVII
Tan seguro estaba el Magno
Que ni siquiera acalló
Las injurias de los tirios
¡La construcción prosiguió!
XXXXVIII
Por soberano a Alejandro
Los tirios debían tener
¡Ilusos tirios rebeldes!
Como pretenden con naves
¡Divina ráfaga contener!
XXXIX
Comienza el éxodo a Cartago
Embarcando a los niños
Embarcando en las naves
¡Temerosos los de Tiro!
L
El de mirada torcida
De la obstrucción se desdijo
Para salvarles la vida
A anciano, madre e hijo.
LI
Recordando a Olimpia
La adoradora de Amón
Lo embarga un sentimiento
Lo embriaga la pasión.
LII
Los tirios se van a mofar
De lo que se precia Alejandro
¡Diestro capitán ufano!
Quiere el dominio del mar.
LIII
Con sus ochenta cóncavas naves
Trialadas naves de Apolo
Gritaban los mercaderes
No quedara en tierra uno solo.
LIV
En el circuito interior
De las murallas se apuran
Artífices en los ingenios
Que tanto causan terror.
LV
Tubo Tiro comercio, dicen los tetrarcas
Pero fue escaso el número
Ya que poco comerciaban
Por transportar Persas y parcas.
LVI
Ya de mucho el comercio
Con los persas termino
Pues al inicio de la querella
La agonística floreció.
LVII
Balistas, lanzas y arcos
Catapultas de todos tamaños
El arsenal conformo
Para causar grandes daños.
LVIII
Así las cosas en Tiro
Los hombres del conquistador
Construían el gran dique
Tomando Neptuno el tridente
Blandiéndolo con tal estruendo
Que en las filas macedonias
Provocaba terror.
LIX
¡Argente arma fulgente!
Acuífero rayo marino
En su camino hacia la bahía
Marina bestia partió
Depositándola en la bahía
¡El pétreo dique obstruyó!
LX
Por mal presagio es tomada
Por la furia de Neptuno temen
Los del lado de Alejandro…
Los que de la isla vienen.
LXI
De ambos lados temían
Excelsa cólera del dios
Ante la divina furia
Los más bravos no seguían.
LXII
Apolo a la liza ha llegado
Su parecer manifiesta
De su bando en la gesta
A través de un mancebo
A las puertas de aquel templo
De los tirios, de Heracles.
LXIII
Comunica a los tirios
Los propósitos del solar auriga
De marcharse de la isla
LXIV
De Alejandro un ardid
Creyeron los isleños
Para ganar en la lid
LXV
Tras el joven una turba
De enfurecidos fenicios
Corrió para destruirlo
Para acabar con sus artificios
LXVI
Pero prudentes magistrados
Le dieron su protección
En el templo del gran Heracles
Escondiéndolo con fruición
LXVII
De un lado y el contrario
Los preparativos continúan
Y
las ofrendas a los dioses
Repletan el incensario
LXVIII
El enamorado de Homero
Defendió a sus marinos
Pues fue atacado de nuevo
Por soldados azemilcos
LXIX
Diadès de Larisa, ingenia
Con pericia nuevas armas
Dirigía el terrible ataque
Contra hombres, contra almas
LXX
En quince cóncavas naves
Se embarcaron los tirios
Como emisarios del hades
Como acuáticos lirios
LXXI
Ataquen pues los honderos
Agredan animosos arqueros
A los que mueven la tierra
¡Detenedlos con la guerra!
¡Mortíferos dardos certeros!
LXXII
Aliactes presto al aviso
Del ataque del navegante
Acusa pronto el ataque
Avisa pronto a Alejandro
Para iniciar el combate
LXXIII
El bélico cuerno anuncio
En respuesta un ataque
En manos de los mancebos
Luengas lanzas urgió
LXXIV
Prestos embarcan las armas
Son precisos en respuesta
Tres corvadas son las naves
Que se posan en el mar
Cruzan el mar las nefastas
¡A los tirios! ¡A retar!
Para iniciarse la gesta
LXXV
Ocho mancebos en línea
De fondo treinta titanes
Despliegue de la falange
Que sube presto a los mares
LXXVI
Magno dueño del mundo
Encabeza el contraataque
Llameantes naves embate
Con las flechas furibundo
LXXVII
La ligera flecha de Ecnibal
Bravo guerrero de Cartago
Rozo la rubia melena
Del divino Alejandro
LXXVIII
Preciso fue el auxilio
De la criselefantina Minerva
Al desviar la saeta
Del magnífico fenicio
LXXIX
Seis trialadas naves
Al final del contingente
Encontraron su final
En mordaz lluvia ingente
LXXX
De bronce de saetas
De fuego de balistas
Sin protección del tridente
LXXXI
Vio las naves a pique
A la costa de fenicia
Prefirió por su pericia
Anclar las suyas al dique
LXXXII
Esforzada obra es destruida
Por la furia de Neptuno
Cerca del dique contempla
La acción del rey del mundo
LXXXIII
Marte dios de la guerra
Ha incitado a seguir
Continuando con la tierra
El dique a construir
LXXXIV
Ha nacido una península
De dos plectros de largo
Orgulloso ingeniero reporta
Terminado el encargo
LXXXV
Entrambos ejércitos concurren
A el término del camino
¿Cómo vencer al destino?
Varios sabios ya discurren
LXXXVI
Neptuno y Marte instigaron
Al encuentro de mortales
Que Apolo y Amón congregaron
Y causaron tantos males
LXXXVII
Solícitos los artesanos
Trabajan en los ingenios
Que del hierro ellos son dueños
Y las forjan con sus manos
LXXXVIII
Torres y almenas conducen
Tirios y alejandrinos
Que en diáfano mar ya producen
Muy intrincados caminos
LXXXIX
Neptuno ha obsequiado
Una especie de rezón
A contumaces isleños
Que querellan con tesón
LXXXX
Atando anclillas a las cuerdas
Tiraban de los alejandrinos
Quitando las armas lerdas
¡Apartándolas del camino!
LXXXXI
Al perder los escudos muy forzados
Los titanes perecían
Sin embargo concurrían
A la liza muy osados
LXXXXII
Si mantenían con esfuerzo las rodelas
Resistiendo el ataque
¡Morían precipitados!
Manteniéndolos en jaque
Defendiendo las almenas
LXXXXIII
En las cucharas argentes
Que con arena llenaban
Con cantidades ingentes
En broncíneas moradas
LXXXXIV
Hiriendo alejandrinos
Complacidos los de Tiro
Entre aquellos los de Biblos
Entre estos Azemilco
LXXXXV
La tremolante tierra
Gime al caer los macedonios
El gran rey ordena ataques
Y los guerreros arremeten triunfantes
Con saetas de querella
LXXXXVI
Se calienta en los escudos
Alma tierra ¡Al ataque!
Los del magno con coraje
Los de Azemilco muy rudos
LXXXXVII
Piedras, venablos y llamas
En el muro catapultas
En alguna parte grandes flamas
Alejandro ¡¿Por qué indultas?!
LXXXXVIII
Del Magno Aquiles otrora bravo
Los soldados se amedrentan
Las cuerdas se revientan
Haciendo los arietes de lado
LXXXXIX
Se retiran los marciales
Persuadidos por el nocte
Escanciando el vino nepente
Dudando ser inmortales
C
Alejandro al ataque
Largas filas ya hendiendo
Esa roca aun late
¿Roca? ¡Corazón pétreo!
CI
Comandando el despliegue
De fuerzas de avanzada
En la liza el refriegue
Con la espada, con la adarga
CII
Las balistas que te ofenden
Hijo de olímpicos señores
Entre llamas se retuercen
Del Gehena traen dolores
CIII
Heterasto de Grecia
Convoca a la liza
Con el cuerno y la sarisa
En la mágica pelea
CIV
Puntas mordientes
De flechas luengas
Maderos en arcos
Liberados, invidentes
CV
Y tan ciega es la cólera
De las huestes combatientes
Que acribilla inocentes
Los solípedos en guerra
CVI
Plutón recorre los campos
De panorama portentoso
Y en el gélido reposo
De su reino los acoge
CVII
A los héroes y cobardes
Ouragoi y a los tetrarcas
A los guías y heraldos
Por colérica balista
Se enfilan al infierno
Los poetas de la liza
CVIII
Con sus círculos de mármol
Ya desvían las saetas
Ya detienen los embates
De guerreros y ouragoi
CIX
Que de bueno en la historia
Que figura de las musas
Quien sabe ¿Escriben confusas?
¡¿De que lado hay victoria?!
CX
De titánicos valientes
Como anónima descansa
Su bravura en las plazas
Sus maléficos tridentes
CXI
Las murallas se protegen
Tras vestimentas de algas
Como murallas se yerguen
Como corazas de plata
CXII
¡Oh! Magníficos navegantes
Con provisión de materiales
Con los hombres con las armas
Consentidos de la gloria
CXIII
¡Fuertes! ¡Confiados! ¡Alegres!
No descuiden la gran plaza
En confianza que los ciega
Mejor esperen noticias
Del magnífico estratega
Del estratega, del Aquiles mega
CXIV
El estratega al omega
¡De la mente! ¡Del valor!
Confinado en este mundo
Del cual ahora es motor
CXV
Ni en el asedio de Motie
Los ejércitos se esforzaron
Como con este maestro
¡Gran discípulo de Marte!
CXVI
A la voz de Filotas
De Parmenio y del resto
Consigue acallar presto
El comandante funesto
CXVII
Decidido por Egipto
Alejandro titubea
Pero con ejércitos pelea
¡Que al magno vitorean!
CXVIII
Amintas de Andromene opina
Con atinado talante
Sobre la feliz decisión
Del homérico amante
CXIX
Calafatean los trirremes
Con la brea bien fundida
Reparando las corazas
Evitando nave hundida
CXX
Soslayando amenazas
Prevenidos de la baya
Del arsenal no muy fuerte
Aplicando el ariete
Contra la débil muralla
CXXI
En dos fronteras asediado
El baluarte de Neptuno
La gran catapulta y arco oportuno
Ha unido al de su aliado
CXXII
Rocas, lanzas y tridentes
Todas armas en ambos frentes
Los metales, minerales emolientes
Zahieren combatientes
CXXIII
Los trirremes en batalla
Con las torres en almenas
Soldados de broncíneas grebas
Bordeando la muralla
CXXIV
El semidiós encara al enemigo
Con la mordacidad de su espada
Castigando con su lanza
Sin contar con el peligro
CXXV
El ariete al muro ha vencido
¡Gran temor entre los tirios!
El artificio ha causado
¡Los de la isla no están vencidos!
CXXVI
Abran paso al sintagma
Que el tetrarca los dirige
Vamos Azemilco ¡elige!
O la tierra o tu alma
CXXVII
El tripolita ataca
Con su larguísima pica
No hay en la liza arma más rica
Que su mortífera estaca
CXXVIII
Dentro tienden barricadas
Tratando de retener la ciudad
Por más que Tiro se esfuerza
No consigue la unidad
CXXIX
Del rompeolas en las almenas
Gran estrépito y confusión
El cuerno anuncia al sintagma
Reventar las argentes cadenas
CXXX
Un gigante de Baalbek
Toma parte en la querella
La vida de este la pica sella
Para acallar su poder
CXXXI
Mares de sangre y poder
Hay diez miles en combate
Siete miles han de perecer
En el trágico embate
CXXXII
Hipaspistas y Pezhetairoi
Acompañan a Alejandro
Consolidándose en la muralla
Regalándole el mando
CXXXIII
¿Qué destino ha de escoger?
Quien en Melkart halle resguardo
Exiliado o como esclavo
¡No prefiera el Agenorium!
Después de tanto intento…
CXXXIIII
El mar de gente se detiene
Los de Tiro derrotados
Neptuno a derrota se aviene
Les espera ver expatriados
CXXXV
Alejandro usa dos mil cruces
Imnissas, decusatas y patibuladas
Unos mueren de pie, otros de bruces
En altas cruces en el suelo hincadas
CXXXVI
La otrora indestructible
Es un bosque del averno
Con árboles sangrientos
Portentoso cuadro indecible
CXXXVII
No pelearon por la gloria
En los tiempos por venir
Su sueño,
su victoria
Es por siempre proscribir…
CXXXVIII
Proscribir la guerra del Mundo
¡Gran intento tremebundo!
¡Tomad pues la espada!
¡Y el camino proseguir!