Lazos. (Escrito por alek666)
Lazos . Lazos que nos unen, lazos que se rompen, por cuanto tiempo?, no hay respuesta, solo un suspiro que...
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El Tirus

Autor/a: emiliocarcagno
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 23/12/2008
Leído: 851 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 10

Alejandro Magno soño siempre con aquel poeta que pudiera narrar sus batallas con la belleza que Homero imprimió a la Iliada, esta obra narra su mejor batalla intentando acercarse a lo que el mago deseaba. Narra el sitio de Tiro.

I

Aquí, en Fenicia

Comienza la epopeya

Más grande de que haya noticia

Del cruzar de una centella

Que ilumina dos continentes

Y acecha la gran isla.

 

II

Aquesta de la gran tintura

Que adorna ropaje de reyes

Que con el buccinum y la pelagia

Elaboran mercaderes.

 

III

A esta tierra circundada

Por Neptuno y sus mares

Grandes olas, de cristalinas sales

Del ocaso a la alborada.

 

IV

Objetos de vidrio y metal

Alimentan su intercambio

En toda la costa fenicia

No hay mejores, no hay tal.

 

V

Ha arribado el centurión

Desde cerca del Olimpo

Quien se dice descendiente

De Aquiles, de Amón.

 

VI

Con su soberbia ha querido

Intimidar a los de Tiro

Bravos navegantes

En asuntos de combates.


VII

He aquí que el Rey dijo a los tirios

De nutrida lengua y prudente hablar

Emisarios de Azemilco

La gran isla, de Macedonia

¡Parte ha de formar!

 

VIII

He llegado ante ustedes

Grandes señores del mar

Con un propósito firme

¡A los tirios hermanar!

 

IX

Por mandato de los dioses

He derrotado  a Memnón

Desafío a mi falange

No previniendo su error.

 

X

El de Rodas fue enviado

Por Darío el de Persia

Y el magnánimo desafiado

Ha mostrado eminencia.

 

XI

Me he adueñado de esta tierra

Pero someterla no es mi intención

Demostrarles mi valía

Liberar pues las cadenas

Con que Darío y sus persas

Oprimieron sin razón.

 

XII

¡Presentad a Hércules la ofrenda!

¡La hecatombe y el incienso!

Que poca cosa me resulta

Como obsequio para un Dios

¡Para deiforme figura!

¡Para tan excelso señor!

 

XIII

Respondieron ancianos sabios

Versados en política y justicia

No será tu ofrenda

En la isla admitida

Cual sacerdote del templo

Consagrado a este Dios.

 

XIV

Pensaron aquel rey sin derecho

De siquiera contemplar

El almo templo,  la Gran Tiro

Encendiendo así su pecho.

 

XV

No pudiendo el gran magno

Sus regalos presentar

Ni mostrarse obsequioso

Ante los señores del mar.

 

XVI

Tan lacerantes palabras

Haría el macedonio pagar

¡Alejandro caro a Marte!

¡Debes la isla tomar!

 

XVII

Señor de Macedonia

Hijo de Olimpia y Filipo

Creemos en tu buena voluntad

Pero es menester informarte

Que para presentar la hecatombe

Esta isla has de tomar

 

XVIII

Porque tu presencia no es grata

Ni de tu bizarra falange

Preferible seria que presentes

Tu ofrenda en tierras continentales

 

XIX

Ya que el gran Azemilco

Voz y corazón de nuestro pueblo

Te da a conocer que desaprueba

Presencia funesta de macedonios

Evitarla el podría, con el fuerte escudo

O con mordaces metales.

 

XX

De uno y otro bando

Las palabras procedentes

Han sido escuchadas

Por los dioses del Olimpo

Y acudido en marejadas

Al auxilio de las huestes.

 

XXI

Las palabras de los sabios

No ofendieron a Alejandro

El estratega muy paciente

El político eminente.

 

XXII

De Marte los deseos

No quisiera conocer

¡Qué difícil entender!

¡Su afición a los trofeos!

 

XXIII

Pero el hábil Parmenio

Ha incitado al macedonio

Para no pretender un convenio

Con los coléricos marinos

¡Escúchame descendiente de Aquiles!

El dios del combate me ha confiado.

 

XXIV

Te pertenece fenicia

Es el camino de tu hado

De los navegantes hostiles

A su isla entres ornado.

 

XXV

Los dioses son testigos

De mi prudente proceder

Que no presto he iniciado combate

Que es escarnio, dolor y padecer.

 

XXVI

Ni roja gota de sangre

He querido derramar

¡Oh! Bravos tirios

¡Ea! pues el combate acre.

 

XXVII

Comience pues la batalla

Comience el sitio de Tiro

He de mostrar a Azemilco

Las cóncavas naves en la playa.


XVIII

Mas los hábiles ingenieros

Explicáronle al general

Es por tierra el camino

Imposible es por mar.

 

XXIX

Llamóse pronto a los fenicios

De firme tierra continental

Explicándoseles las razones

¡Poned las huestes a trabajar!

 

XXX

Viendo razones muy justas

Para auxiliar al Aquiles Mega

Prestos fueron los de Antaro

Mas así Tripoli y Sidón

 

XXXI

Palebiblos y Sarepta

Concurrieron las dos Leptes

Cartago la del istmo

Con sus hombres y mujeres.

 

XXXII

Andrumeto-Tisdro, Botri y Ortosia

Acudieron con Berito

Tantas tierras tan hermosas

De aquel continente bendito.

 

XXXIII

Cooperando en la edificación

De un puente a la isla

Dos plectros luenga la obra

Hasta tomar el bastión.

 

XXXIV

Destruyóse la vieja Tiro

Para aportar material

Que moviera los dominios

De Neptuno ¡Señor del mar!

 

XXXV

Los kolymboi usaron

Diáfano tonel de cristal

Donde el fastuoso Alejandro

Fisgado hubo el mar

 

XXXVI

Pero el de famoso carruaje

De delfines muy veloces

Concurrió a ver la obra

Apresurando las coces.

 

XXXVII

Volvióse hacia Anfítitre

Pronunciando aladas palabras

¿Es que mis hijos del mar

Han permitido a Alejandro

Construir divino camino

Para mi isla tomar?

 

XXXVIII

Remisos son a la guerra

Cobardes a la pelea

Destruid aquel portal

¡Macedonio! ¡Iluso mortal!

En anhelos harto yerra.

 

XXXIX

El hijo de Amón afirmo:

Nadie puede con ellos sobre la tierra

De aquellas huestes tenía razón

Es su final esta guerra.

 

XXXX

Doscientas dársenas poseemos

En quince leguas de circuito

Lo que Alejandro pretende

No es materia, solo mito.

 

XXXXI

Tomaron ligeras naves

Provocando vinosa estela

Conducidos por el aire

Que golpea la hermosa vela.

 

XXXXII

Dejaron el puerto exterior

Y dos plectros navegaron

Para llegar a la costa

Ahí de Alejandro hallaron.

 

XXXXIII

¿Te crees más que Neptuno?

Queriendo mover la tierra

Para unir isla y continente

E iniciar la gran guerra.

 

XXXXIV

El capitán no respondió

Pero sus artífices sufrieron

Tremendo ataque sorpresa

Que el macedonio no previó.

 

XXXXV

Lluvia de mordaces saetas

Pequeños pegasos de bronce

Penetraron los pechos repletas

Semejando raudas coces.

 

XXXXVI

Y en las barcas prendían fuego

Para detener su camino

Para evitar la pelea

De el horrible sitio de Tiro.

 

XXXXVII

Tan seguro estaba el Magno

Que ni siquiera acalló

Las injurias de los tirios

¡La construcción prosiguió!

 

XXXXVIII

Por soberano a Alejandro

Los tirios debían tener

¡Ilusos tirios rebeldes!

Como pretenden con naves

¡Divina ráfaga contener!

 

XXXIX

Comienza el éxodo a Cartago

Embarcando a los niños

Embarcando en las naves

¡Temerosos los de Tiro!

 

L

El de mirada torcida

De la obstrucción se desdijo

Para salvarles la vida

A anciano, madre e hijo.

 

LI

Recordando a Olimpia

La adoradora de Amón

Lo embarga un sentimiento

Lo embriaga la pasión.

 

LII

Los tirios se van a mofar

De lo que se precia Alejandro

¡Diestro capitán ufano!

Quiere el dominio del mar.

 

LIII

Con sus ochenta cóncavas naves

Trialadas naves de Apolo

Gritaban los mercaderes

No quedara en tierra uno solo.

 

LIV

En el circuito interior

De las murallas se apuran

Artífices en los ingenios

Que tanto causan terror.

 

LV

Tubo Tiro comercio, dicen los tetrarcas

Pero fue escaso el número

Ya que poco comerciaban

Por transportar Persas y parcas.

 

LVI

Ya de mucho el comercio

Con los persas termino

Pues al inicio de la querella

La agonística floreció.

 

LVII

Balistas, lanzas y arcos

Catapultas de todos tamaños

El arsenal conformo

Para causar grandes daños.

 

LVIII

Así las cosas en Tiro

Los hombres del conquistador

Construían el gran dique

Tomando Neptuno el tridente

Blandiéndolo con tal estruendo

Que en las filas macedonias

Provocaba terror.

 

LIX

¡Argente arma fulgente!

Acuífero rayo marino

En su camino hacia la bahía

Marina bestia partió

Depositándola en la bahía

¡El pétreo dique obstruyó!

 

LX

Por mal presagio es tomada

Por la furia de Neptuno temen

Los del lado de Alejandro…

Los que de la isla vienen.

 

LXI

De ambos lados temían

Excelsa cólera del dios

Ante la divina furia

Los más bravos no seguían.

 

LXII

Apolo a la liza ha llegado

Su parecer manifiesta

De su bando en la gesta

A través de un mancebo

A las puertas de aquel templo

De los tirios, de Heracles.

 

LXIII

Comunica a los tirios

Los propósitos del solar auriga

De marcharse de la isla

 

LXIV

De Alejandro un ardid

Creyeron los isleños

Para ganar en la lid

 

LXV

Tras el joven una turba

De enfurecidos fenicios

Corrió para destruirlo

Para acabar con sus artificios

 

LXVI

Pero prudentes magistrados

Le dieron su protección

En el templo del gran Heracles

Escondiéndolo con fruición

 

LXVII

De un lado y el contrario

Los preparativos continúan

Y  las ofrendas a los dioses

Repletan el incensario

 

LXVIII

El enamorado de Homero

Defendió a sus marinos

Pues fue atacado de nuevo

Por soldados azemilcos

 

LXIX

Diadès de Larisa, ingenia

Con pericia nuevas armas

Dirigía el terrible ataque

Contra hombres, contra almas

 

LXX

En quince cóncavas naves

Se embarcaron los tirios

Como emisarios del hades

Como acuáticos lirios

 

LXXI

Ataquen pues los honderos

Agredan animosos arqueros

A los que mueven la tierra

¡Detenedlos con la guerra!

¡Mortíferos dardos certeros!

 

LXXII

Aliactes presto al aviso

Del ataque del navegante

Acusa pronto el ataque

Avisa pronto a Alejandro

Para iniciar el combate

 

LXXIII

El bélico cuerno anuncio

En respuesta un ataque

En manos de los mancebos

Luengas lanzas urgió

LXXIV

Prestos embarcan las armas

Son precisos en respuesta

Tres corvadas son las naves

Que se posan en el mar

Cruzan el mar las nefastas

¡A los tirios! ¡A retar!

Para iniciarse la gesta

 

LXXV

Ocho mancebos en línea

De fondo treinta titanes

Despliegue de la falange

Que sube presto a los mares

 

LXXVI

Magno dueño del mundo

Encabeza el contraataque

Llameantes naves embate

Con las flechas furibundo

 

LXXVII

La ligera flecha de Ecnibal

Bravo guerrero de Cartago

Rozo la rubia melena

Del divino Alejandro

 

LXXVIII

Preciso fue el auxilio

De la criselefantina Minerva

Al desviar la saeta

Del magnífico fenicio

 

LXXIX

Seis trialadas naves

Al final del contingente

Encontraron su final

En mordaz lluvia ingente

 

LXXX

De bronce de saetas

De fuego de balistas

Sin protección del tridente

 

LXXXI

Vio las naves a pique

A la costa de fenicia

Prefirió por su pericia

Anclar las suyas al dique

 

LXXXII

Esforzada obra es destruida

Por la furia de Neptuno

Cerca del dique contempla

La acción del rey del mundo

 

LXXXIII

Marte dios de la guerra

Ha incitado a seguir

Continuando con la tierra

El dique a construir

 

LXXXIV

Ha nacido una península

De dos plectros de largo

Orgulloso ingeniero reporta

Terminado el encargo

 

LXXXV

Entrambos ejércitos concurren

A el término del camino

¿Cómo vencer al destino?

Varios sabios ya discurren

 

LXXXVI

Neptuno y Marte instigaron

Al encuentro de mortales

Que Apolo y Amón congregaron

Y causaron tantos males

 

LXXXVII

Solícitos los artesanos

Trabajan en los ingenios

Que del hierro ellos son dueños

Y las forjan con sus manos

 

LXXXVIII

Torres y almenas conducen

Tirios y alejandrinos

Que en diáfano mar ya producen

Muy intrincados caminos

 

LXXXIX

Neptuno ha obsequiado

Una especie de rezón

A contumaces isleños

Que querellan con tesón

 

LXXXX

Atando anclillas a las cuerdas

Tiraban de los alejandrinos

Quitando las armas lerdas

¡Apartándolas del camino!

 

LXXXXI

Al perder los escudos muy forzados

Los titanes perecían

Sin embargo concurrían

A la liza muy osados

 

LXXXXII

Si mantenían con esfuerzo las rodelas

Resistiendo el ataque

¡Morían precipitados!

Manteniéndolos en jaque

Defendiendo las almenas

 

LXXXXIII

En las cucharas argentes

Que con arena llenaban

Con cantidades ingentes

En broncíneas moradas

 

LXXXXIV

Hiriendo alejandrinos

Complacidos los de Tiro

Entre aquellos los de Biblos

Entre estos Azemilco

 

LXXXXV

La tremolante tierra

Gime al caer los macedonios

El gran rey ordena ataques

Y los guerreros arremeten triunfantes

Con saetas de querella

 

LXXXXVI

Se calienta en los escudos

Alma tierra ¡Al ataque!

Los del magno con coraje

Los de Azemilco muy rudos

LXXXXVII

Piedras, venablos y llamas

En el muro catapultas

En alguna parte grandes flamas

Alejandro ¡¿Por qué indultas?!

 

LXXXXVIII

Del Magno Aquiles otrora bravo

Los soldados se amedrentan

Las cuerdas se revientan

Haciendo los arietes de lado

 

LXXXXIX

Se retiran los marciales

Persuadidos por el nocte

Escanciando el vino nepente

Dudando ser inmortales

 

C

Alejandro al ataque

Largas filas ya hendiendo

Esa roca aun late

¿Roca? ¡Corazón pétreo!

 

CI

Comandando el despliegue

De fuerzas de avanzada

En la liza el refriegue

Con la espada, con la adarga

 

CII

Las balistas que te ofenden

Hijo de olímpicos señores

Entre llamas se retuercen

Del Gehena traen dolores

 

CIII

Heterasto de Grecia

Convoca a la liza

Con el cuerno y la sarisa

En la mágica pelea

 

CIV

Puntas mordientes

De flechas luengas

Maderos en arcos

Liberados, invidentes

 

CV

Y tan ciega es la cólera

De las huestes combatientes

Que acribilla inocentes

Los solípedos en guerra

 

CVI

Plutón recorre los campos

De panorama portentoso

Y en el gélido reposo

De su reino los acoge

 

CVII

A los héroes y cobardes

Ouragoi y a los tetrarcas

A los guías y heraldos

Por colérica balista

Se enfilan al infierno

Los poetas de la liza

 

CVIII

Con sus círculos de mármol

Ya desvían las saetas

Ya detienen los embates

De guerreros y ouragoi

CIX

Que de bueno en la historia

Que figura de las musas

Quien sabe ¿Escriben confusas?

¡¿De que lado hay victoria?!

 

CX

De titánicos valientes

Como anónima descansa

Su bravura en las plazas

Sus maléficos tridentes

 

CXI

Las murallas se protegen

Tras vestimentas de algas

Como murallas se yerguen

Como corazas de plata

 

CXII

¡Oh! Magníficos navegantes

Con provisión  de materiales

Con los hombres con las armas

Consentidos de la gloria

 

CXIII

¡Fuertes! ¡Confiados! ¡Alegres!

No descuiden la gran plaza

En confianza que los ciega

Mejor esperen noticias

Del magnífico estratega

Del estratega, del Aquiles mega

 

CXIV

El estratega al omega

¡De la mente! ¡Del valor!

Confinado en este mundo

Del cual ahora es motor


CXV

Ni en el asedio de Motie

Los ejércitos se esforzaron

Como con este maestro

¡Gran discípulo de Marte!

 

CXVI

A la voz de Filotas

De Parmenio y del resto

Consigue acallar presto

El comandante funesto

 

CXVII

Decidido por Egipto

Alejandro titubea

Pero con ejércitos pelea

¡Que al magno vitorean!

 

CXVIII

Amintas de Andromene opina

Con atinado talante

Sobre la feliz decisión

Del homérico amante

 

CXIX

Calafatean los trirremes

Con la brea bien fundida

Reparando las corazas

Evitando nave hundida

 

CXX

Soslayando amenazas

Prevenidos de la baya

Del arsenal no muy fuerte

Aplicando el ariete

Contra la débil muralla

 

CXXI

En dos fronteras asediado

El baluarte de Neptuno

La gran catapulta y arco oportuno

Ha unido al de su aliado

 

CXXII

Rocas, lanzas y tridentes

Todas armas en ambos frentes

Los metales, minerales emolientes

Zahieren combatientes

 

CXXIII

Los trirremes en batalla

Con las torres en almenas

Soldados de broncíneas grebas

Bordeando la muralla

 

CXXIV

El semidiós encara al enemigo

Con la mordacidad de su espada

Castigando con su lanza

Sin contar con el peligro

 

CXXV

El ariete al muro ha vencido

¡Gran temor entre los tirios!

El artificio ha causado

¡Los de la isla no están vencidos!

 

CXXVI

Abran paso al sintagma

Que el tetrarca los dirige

Vamos Azemilco ¡elige!

O la tierra o tu alma

 

CXXVII

El tripolita ataca

Con su larguísima pica

No hay en la liza arma más rica

Que su mortífera estaca

 

CXXVIII

Dentro tienden barricadas

Tratando de retener la ciudad

Por más que Tiro se esfuerza

No consigue la unidad

 

CXXIX

Del rompeolas en las almenas

Gran estrépito y confusión

El cuerno anuncia al sintagma

Reventar las argentes cadenas

 

CXXX

Un gigante de Baalbek

Toma parte en la querella

La vida de este la pica sella

Para acallar su poder

 

CXXXI

Mares de sangre y poder

Hay diez miles en combate

Siete miles han de perecer

En el trágico embate

 

CXXXII

Hipaspistas y Pezhetairoi

Acompañan a Alejandro

Consolidándose en la muralla

Regalándole el mando

 

CXXXIII

¿Qué destino ha de escoger?

Quien en Melkart halle resguardo

Exiliado o como esclavo

¡No prefiera el Agenorium!

 

Después de tanto intento…

 

CXXXIIII

El mar de gente se detiene

Los de Tiro derrotados

Neptuno a derrota se aviene

Les espera ver expatriados

 

CXXXV

Alejandro usa dos mil cruces

Imnissas, decusatas y patibuladas

Unos mueren de pie, otros de bruces

En altas cruces en el suelo hincadas

 

CXXXVI

La otrora indestructible

Es un bosque del averno

Con árboles sangrientos

Portentoso cuadro indecible

 

CXXXVII

No pelearon por la gloria

En los tiempos por venir

Su sueño,  su victoria

Es por siempre proscribir…

 

CXXXVIII

Proscribir la guerra del Mundo

¡Gran intento tremebundo!

¡Tomad pues la espada!

¡Y el camino proseguir!






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