Escribo para sentir. Para no olvidar las tonterías que a veces me pasan. Para llevar un registro periódico de los pensamientos que surgen en mí.
Escribo para expresarme. Para que el mundo escuche a una persona que suele permanecer callada. Escribo para que el silencio no me ahogue y para que todas estas palabras no aprieten más mi garganta.
Escribo para denunciar. Para exponer con un bolígrafo lo que mi dedo cobarde no señala. Para testificar la crueldad y romper patrones repetidos por ignorancia.
Escribo para soñar. Para recitar poemas y cartas, sin que importe quién los inspira; para crear monstruos y princesas con quiénes platicar. Escribo para esconderme tras una computadora y encontrarme reflejada en esta pantalla.
Escribo para coleccionar oídos. Para capturar atención momentánea y algunas miradas que, generalmente, son demasiado efímeras.
Escribo para encender una luz a esas personas que también se sienten perdidas. Para arrullar niños tristes y regalarles ilusión que sólo el papel materializa.
Escribo para reinventarme letra a letra; para representar un rol distinto al que la vida me asignó. Escribo para jugar, sólo por un instante, a ser cualquier otra persona.
Escribo para no rendirme. Para demostrar que puedo seguir adelante; para abrazarme y consolarme en tantos momentos de pena.
Escribo, yo solamente escribo; tal vez sin propósito, o con el único motivo de obligarme a seguir viva...