PROLOGO
Y la noche callo. Nos
encontrábamos en los pies del edificio más alto de la ciudad, Titanium corp. Los
cinco chicos, ubicados en lugares estratégicos, esperamos impacientes que el
Combate al Cielo comenzara. Hacia frio, claro era invierno, y a pesar de eso
todos traían ropa ligera, era más cómoda que un abrigo claro esta. La mayoría
traía pantalones cortos, o jeans delgados, unas camisetas livianas y un polerón
con capucha también delgado. Lo mas característico de todos era una botas
estilo militar, excepto Jorge y yo.
Es suelo frio se estaba
escarchando y pronto seria media noche, la hora en que el combate comenzaría,
pero no había rastros del otro equipo. Ya cuando daban las doce, el silencio
reino, los nervios se sentían en el aire, y una oscuridad profunda callo sobre nosotros. La luna se escondió tras
una nube negra, y vagamente se distinguía algo.
Unas siluetas extrañas
aparecieron en la parte mas alta del edificio, no se lograba ver nada pero
claramente era el equipo contrario.
La nube se disperso y la luz de
la luna reflejo los rostros de nuestros contrincantes, mi cara se desfiguro al
ver quienes eran en realidad, y sobre todo la persona que estaba en el centro,
de pie, y mirándome con algo de furia.
LA VOZ
Marzo, la gente regresaba a sus
actividades normales, bastante agitados, con rostros algo tristes porque sus
vacaciones habían terminado. Mucha gente en las calles, a pesar de ser pasada
las 5 de la tarde. Aun hacia calor, pero claramente no los 35 grados Celsius
que hacían en pleno Enero, y había mucha gente que seguía vistiendo pantalones
cortos, y camisetas sin mangas, sandalias y adornos veraniegos.
Yo me encontraba sentado en uno
de esos pequeños asientos de color naranjo que son bastante incómodos para una
persona como yo, y me costaba mantenerme a gusto durante el viaje, me dolían
los huesos al estar sentado, eran bastante duros.
No llevaba ni cinco minutos en el
vagón del metro cuando todas las personas comenzaron a observarme como bicho
raro, quizás era porque me había sacado un zapato en pleno metro y me había
puesto a observarlo con detalles y a arreglarlo un poco, que más bien parecía
que solo lo tocara.
Se abrieron las puertas del metro
en la estación terminal Los Dominicos, me coloque el zapato de nuevo y baje lentamente
con mi bolso hacia las escaleras mecánicas que no hace mucho que estaban
inauguradas. Salí a la superficie, aun había luz.
Era un día agradable, esos días
de fin de verano que aun se siente el calor del sol, pero cuando cae la noche
comienza a hacer algo de frio, comienza a correr una brisa fresca y las hojas
de los arboles comienzan poco a poco a cambiar de color preparándose para el
otoño. No son mis días favoritos, la verdad prefiero el verano, pero son cosas
que no puedo evitar. Me dirigí hacia el semáforo para cruzar la calle
principal, Una calle ancha y una de las pocas calles de la ciudad que no tiene
una autopista sobre o bajo ella, por lo que se podía apreciar los arboles, casa
y edificios que había en la zona. Ya comenzaban a encenderse las luces de la
calle para evitar la oscuridad de la noche y permitir que peatones como yo
lleguemos seguros a nuestros destinos. Me reí para mis adentros al pensar en
estas tonterías.
Espere que el semáforo peatonal
cambiara para poder continuar mi camino sin mayores complicaciones. Cuando
pretendía avanzar la persona delante de mí, un joven bastante más alto que yo,
robusto, no avanzó al cambiar la luz a verde, y sin mucho remedio tropecé con
el.
-
¡Hey! ¡Ten mas cuidado!- dijo el pelmazo frente a mi que tenia una
mirada ruda y amenazadora.
-
Tú te cruzaste yo solo avance como dice el semáforo - y
apunte al dibujo del semáforo en verde en que aparecía un hombre caminando.
- ¿Te estas burlando de mi?- me amenazo con el puño esperando que me
disculpara con el.
Me aleje un poco del mastodonte
para darle señal que no quería pelear con el. Se volteo para mirar la calle de
nuevo, pero el semáforo comenzó a parpadear. El mastodonte de enfrente no se
movió, así que lo empuje, y trate de avanzar rápido para cruzar la calle antes
que el semáforo diera rojo. Cuando me encontraba a mitad de la calle, un auto
hizo sonar la bocina, venía rápidamente hacia mí sin considerar que no debía
avanzar aun. Me quede perplejo unos segundos hasta que se me ocurrió una
maniobra arriesgada para salvarme de ser atropellado por un Audi que venia a
toda velocidad.
Me agache rápidamente, para tocar
con mi mano, el talón de mi zapato, y ágilmente, rechace con ambos pies
elevándome casi tres metros de altura evitando un fatal accidente. Disfrute el
volar unos segundos mientras el impulso con el que había saltado se iba
deteniendo poco a poco. Giré en el aire para poder llegar al otro lado de la
calle y caer con gracia al suelo sobre mis dos pies como si nada hubiera
pasado. Al parecer mucha gente me observaba así que volité a ver la calle.
El joven mastodonte, creo que ya
le había puesto nombre aunque se que no lo vería nunca mas, observaba la escena
con una cara atónita.
El Audi que casi me atropella
quedo cruzado en plena calle causando un desastre, todo por frenar bruscamente
al verme a mí en su camino. Mucho ruido y bocinas sonando a las cuales no les
di mucha importancia.
-
creo
que cause un gran estrago - me reí para mis adentros acomodándome un poco
el pelo que se había desordenado con el salto, y tome el autobús que justo
llegaba al paradero.
Ya era normal ver los buses color
blanco con verde dando vueltas por la ciudad, antes el sistema era bastante
lento, pero eso había cambiado, ahora el viaje era mas expedito, sin tanta
gente por bus, con calor, y molestos. La verdad es que yo hubiera preferido
utilizar otro medio de trasporte más eficiente, pero en esta ciudad aun no
están acostumbrados a ver gente saltando por los tejados de las casas y las
azoteas de los edificios, menos alguien como yo que me veo bastante delgado y
no con mucha fuerza física.
El bus continúo su camino por la
calle principal algo lento por el desastre automovilístico que yo mismo había
causado, y doblo en una esquina para seguir su recorrido habitual.
Llegada a la intersección de
Padre Hurtado con Vitacura, me baje el paradero de la esquina dispuesto a
caminar hacia mi destino.
Continúe por unas calles pequeñas
con nombres sencillos, pensando en cualquier cosa, como siempre, hasta llegar
al lugar que me dirigía. Frente a mi había una casa simple, de un piso, raro en
estos tiempos, las casa pequeñas ya casi no existían, y los edificios abundaban
cada cuadra. La morada tenia una reja negra con unas pequeñas maderas en
sentido horizontal que adornaban la entrada, además de las Ligustrinas que
delimitaban la propiedad. La reja peatonal estaba abierta, y había un auto
negro en el estacionamiento de la casa.
Entre en la residencia como si
fuera mi propia casa y antes de llegar a la puerta principal tropecé con un gato
de color anaranjado, con rayas marrón y ojos azules.
-
¡ Ha! Shin! me asustaste - y abrí
la puerta lentamente dejando que el entrara primero que yo a la casa, mal que
mal, era su casa no la mía.
Me dirigí al living donde me reuniría
con el dueño de casa que estaba cómodamente sentado en uno de sus sillones.
Un joven de estatura algo más
baja que yo, de tez morena y ojos marrones, con el pelo de color negro y corte
militar que me miraba atentamente.
El gato se subió en sus piernas
para aclamar por cariño, y su dueño esbozo una sonrisa hacia mí.
-
Al fin has llegado - dijo el
joven sentado en el sillón.
-
Si, recordaba la ciudad de manera distinta, pero tu casa no ha cambiado
nada - conteste mientras me sentaba en
otro sillón que estaba en frente de el.
Pocas cosas habían cambiado desde
la última vez que había entrado aquí como algunos adornos, la alfombra, he
incluso la mesa del comedor, pero el resto seguía como siempre, el color de las
paredes, el tapiz de los sillones, hasta esa sensación a humedad que a veces
tenia la casa después de las primeras lluvias de otoño.
- bueno ya lo debes saber - volvió a hablar el dueño
de casa. - han mandado un mail con la información -.
- si, lo leí en el camino, habla
del gran día ¿no?-.
- así es - se levanto a servir unos vasos con
algo de gaseosa para los dos. - ¿aún te gusta la Limón Soda no es así?
Asentí con la cabeza.
- bueno supongo que no solo el
mail te aviso- volvió a su asiento y extendió el vaso hacia mí.
- si te refieres al sueño, si,
fue hace una semana.
Bebimos en silencio y trate de
recordar aquel sueño que se quedo grabado en mi memoria.
Un día cualquiera de mis
vacaciones, después de reparar ciertos aparatos electrónico, un pasatiempo estúpido
que tengo desde que naci, me dirigí a dormir una pequeña siesta. Después de
unos minutos comencé a soñar, pero no era como los sueños que he tenido
anteriormente, éste no tenia ni color, ni algún fondo o algún propósito, no habían
personajes, ni nada, solo yo, yo y mis pensamientos, mi subconsciente. Lo único
que podía ver era una línea, de color anaranjado, brillante, como de neón, que
se movía como una onda. La onda Mu. De pronto la onda cambio aleatoriamente,
descontrolada, como si demostrara un sufrimiento, y oí una voz dentro de mi,
que no era precisamente la mía. 28-08-2028.
Después de eso desperté bastante agitado, algo consternado por aquel sueño extraño
y sobre todo, en aquella secuencia de números.
Escuche el maullar del gato, que
me desvió de mis recuerdos. Bebí un poco mas de gaseosa acabándomela.
- Hey Ian - el Joven de pelo
negro alzo la cabeza hacia mi - ¿qué
crees que signifique este sueño?-.
- La verdad no se, sin duda esos números
son una fecha, la del día programado, pero aquella línea....no sabría decirte.
Ian era bastante preciso para
hablar si sabia algo lo decía directamente sin rodeos, pero no es muy hablador,
siempre permite que los otros hablen antes que él. Después de unos segundos de
silencio, me percate que estaba mirando mis pies con mucha atención.
- ¿zapatillas nuevas?
- así es - le sonreí- ¿quieres verlas? - y dicho esto me saque uno
de los zapatos desabrochando con cuidado los cordones y pasándosela en sus
manos con mucha delicadeza. Desde que tengo memoria que cuido muchísimo mis
zapatillas, trato de mantenerlas como nuevas siempre, aunque en una ciudad como
esta llena de tierra es algo complicado.
La observo por varios momentos,
apreciando todos sus detalles, el diseño y el color.
Era una zapatilla común, con
suela plana y punta redonda, de cuerina muy suave y con colores vivos, naranjo,
azul eléctrico y blanco, mis colores favoritos. El diseño era simple, aunque tenía
un pequeño detalle en el lado externo de la zapatilla, cercano al talón. Un
circulo color Naranjo vivo que mas que un adorno parecía un botón. Pasó sus
dedos por el botón sin presionarlo, sabía que si tocaba algo causaría algún
alboroto, pasa con la mayoría de mis pertenencias, e Ian lo sabía
perfectamente.
- esta muy bien - dijo el moreno pasándome el zapato de vuelta
el cual me puse de inmediato
- claro, lo hice yo.
De pronto se escucho un auto que
se acercaba por la calle, con música electrónica a todo volumen, el motor del automóvil
retumbaba con fuerza haciendo que toda la cuadra se percatara de su presencia.
Se apago la música y el motor, se escucho el cerrar de la puerta del auto y
luego una alarma, por ultimo el timbre de la casa de Ian.
Mi compañero se levanto del sillón
y se dirigió a la puerta para abrirle al nuevo invitado.
-
¡¡no hay pan para los paisas!!- le grito al recién llegado mientras se reía y
se acercaba a saludarlo con un apretón de manos y un abrazo grande.
-
siempre tan feliz de recibirme- rio el invitado, que mas bien grito.
Entro y me saludo de la misma
manera que a Ian.
-
¡Buenas Pablo, tanto tiempo!-
Jorge tan energético como
siempre, que seguía de la misma altura que siempre, y con el pelo algo más
largo, y revuelto de la última ves que lo vi, solo que ahora usaba sus lentes
para todo, no se los sacaba nunca, "ni para ir al baño" como dice el.
- ¿acaso creciste?- me pregunto el alocado Jorge, que se sentó en
el sillón junto al mío. Traía una camisa negra con rayas delgadas verticales,
unos jeans grisáceos algo anchos, y unas zapatillas azules, casi celestes, que
no las cambiaba hace 5 años.
- no para nada- me levante para medirme a mi mismo burlándome
un poco.
Hace ya 3 años que no crecía,
incluso mi pelo dejo de crecer, y se quedo corto, y revuelto, ya me era difícil
peinarlo como yo quería. Mi ropa seguía siendo la misma, o mas bien mis gustos.
Una polera simple de color negro con un estampado blanco que hacia contraste, unos
jeans azules desteñidos que estaban gastados en los bordes de los talones
porque tiendo a arrastrar los pies, y las zapatillas de colores.
Ian le ofreció un vaso a Jorge y
conversamos de un par de cosas, los años sin vernos, la gente que conocimos y
ya no están, o la familia, cosas sin mucha importancia. Ian nos contaba de sus
viajes de práctica y sus combates en la fuerza aérea, piloteo todo tipo de
aviones mientras nosotros, los paisas como nos dicen a los civiles, hacíamos
nuestras vidas normales, o casi normales en nuestro caso. Jorge trabajaba de
productor en canales de televisión, por lo que el medio de las comunicaciones y
las informaciones son su vida y nos conto todo tipo de cuentos y chismes que
ocurrían con el resto del mundo que a mi en lo particular no me interesa.
-
¿te llego el mail con el aviso del gran día?
- le pregunte a Jorge, quien abrió los ojos algo sorprendido y me hizo dudar, no
se si no vio el mail o no lo recibió, o quizás era una broma de mal gusto.
Hubo un silencio incomodo un
momento, solo se escucho el cascabel de Shin que salía por la ventana.
Luego el joven con lentes de
borde delgado me miro y sonrió vilmente.
-
si- respondió a secas y se rio a carcajadas de mi
por haberme preocupado por una simple mofa.
Y volvió a reinar el silencio.
Ninguno quería comenzar a hablar
del tema, no era algo que supiéramos con exactitud, todo lo que nos habían
dicho era tan trivial y con poca base todo era rumor, incluso el mismo mail,
que no sabíamos de donde o de quien provenía. Casi no decía nada, solo tenia
escritos unas pocas palabras.
"28-08-2028, el gran día se acerca.
Después de la batalla la unión prevalecerá"
Y estaba firmado por alguien que
se hace llamar Exel. Pasaron unos quince minutos aproximadamente hasta que Ian decidió
hablar del tema.
- Bien, ¿que se supone que es lo
que esta pasando aquí?
- los rumores dicen que el gran día
es una especie de guerra o batalla- argumento Jorge.
- pero ¿contra quien?
- no se sabe, quizás algo
desconocido que solo aparecerá ese día.
- y ¿que quiere decir "después
de la batalla la unión prevalecerá"?
Volvió a reinar el silencio.
Obviamente la respuesta no existía.
- ¿que debemos hacer ahora?- dijo Jorge para continuar el tema.
- Buscar a los demás- Ambos me miraron con ojos curiosos por lo que
acababa de decir, pero algo en mi cabeza insistía en el echo que no estamos
solos en esto.
Levante la vista hacia los dos
chicos que aun esperaban saber a que me refería, y después de vacilar un poco
hable.
- a los otros dos, los que faltan
en nuestro equipo.
Después de unas horas de hablar
de temas comunes, mas unas cuantas risas y burlas a noticias actuales y farándula,
que Jorge estaba muy familiarizado, y unas cuantas historias de guerra contadas
por Ian, decidimos que ya era tarde y había que regresar a casa.
Nos despedimos dejando fijado un día
para volver a encontrarnos e ir en busca de los otros dos chicos que faltan en
el grupo. Salimos de la casa, ya bastante más de noche, casi media noche para
ser exacto. Al abrir la puerta principal el gato salió corriendo para treparse
a la pandereta de la casa de al lado, Luego salto ágilmente para llegar a un
poste de luz y trepo.
- ahora no volverá hasta mañana- rió entre dientes el chico con corte militar.
Salimos por la reja riéndonos lo más
silenciosamente posible por que ya era muy noche y no queríamos despertar a
toda la cuadra con las risas, que son un poco estridentes generalmente y ya
varias veces nos ha pasado que tanto los dueños de casa como los vecinos se
quejan de nosotros.
Jorge ofreció dejarme en mi
apartamento, al cual asentí con la cabeza y le di las gracias. En estos tiempos
era normal que jóvenes de 20 años como nosotros viviéramos solos en un
apartamento o casa pequeña. A la mayoría de edad salíamos de la casa para
estudiar, trabajar, o lo que sea, ya no dependíamos de nuestros padres. Para nosotros tres había
sido fácil salir de casa. Jorge había conseguido un departamento en el cual podía
hacer sus rodajes de documentales y notas faranduleras en las que trabajaba
hace ya algunos años. Ian, que había entrado a la fuerza aérea, iba poco a
casa, pero de todas maneras sus padres, por asuntos de trabajo, viajaron a
Australia y le dejaron la casa para el solo. En cuanto a mi, fue al revés, yo
viaje a estudiar a EEUU y cuando volví compre un departamento de estudiante en
un barrio tranquilo y seguro.
Me subí al auto de Jorge, un auto
que al parecer era un modelo nuevo, color azul eléctrico, un modelo de la línea
de los Imprezas, de Subaru. Encendió el auto y la música se escucho a todo
volumen, lo disminuyo rápidamente para no despertar a nadie mientras avanzábamos
por la calle.
Nos dirigimos a la entrada de una
de las carreteras elevadas que ahora cubrían las calles comunes de la ciudad.
Jorge acelero el auto casi a la máxima velocidad, y los objetos que veía por la
ventanilla comenzaron a verse borrosos y ya no distinguía nada, solo luces.
Tomamos la salida a Camino del
Alba hacia la calle donde se encontraba mi edificio. Era una calle pequeña,
simple, pero que ahora estaba llena de edificios y condominios, antiguamente existían
plaza, arboledas y paseos peatonales con mucha iluminación y caminos amplios,
ahora solo quedan aquellos paseos, algo deteriorados.
Me baje del auto y me despedí de
Jorge por la ventanilla y pronto desapareció a toda velocidad doblando en la
esquina. Me dirigí hacia el edificio apurando el paso ya que comenzaba a hacer
algo de frio.
El hall aun estaba iluminado y el
portero me saludo como siempre, a pesar de que hacia unos meses que no venia a
casa. Le devolví el saludo amablemente y me entrego la correspondencia
atrasada, que eran solo cuentas como la luz o el agua, que a pesar de toda la tecnología
que ya existía y que todo lo enviaban vía internet, aun estas cosas se
entregaban en papel, ya que muchas personas saturan sus correos electrónicos y olvidan
leer los mails de las cuentas por lo que no las pagan a fin de mes.
Pulse el botón para llamar al ascensor
y espere que abriera sus puertas para dirigirme a mi apartamento en el piso 15.
Subí en el ascensor de cristal, característico por tener una vista maravillosa
de la ciudad, aunque sus luces se veían algo opacas por el smog. Hace muchísimos
años que los proyectos de descontaminación ambiental no funcionaban y los índices
de suciedad en el aire seguían aumentando. Ninguno de los presidentes ni
presidentas de este país pudo realizar un buen proyecto y la gente estuvo
molesta muchísimo tiempo, además de todo tipo de enfermedades y personas que
fallecían al no poder respirar bien. Pero para mi agrado, la tecnología
permitió que las personas se adaptaran al aire de Santiago, y ahora nadie
reclama por lo que el smog continua, pero se detuvieron las muertes y eso le
basta al gobierno para dejar de hacer las cosas.
Salí del ascensor con mi bolso en
mano y camine por un largo pasillo hacia mi departamento que se encontraba al
final de este. Busque mis llaves entre mis cosas y entre a mi casa con un pesar
en mi caminar ya que estaba algo cansado, y vi cuan desordenada estaba la sala
de mi departamento. Había un montón de cables negros y rojos, metales de todos
tipos y tamaños y tornillos revueltos por todo el piso del lugar, además de las
herramientas que estaban estorbando en el pasillo e impedían caminar.
Deje mi bolso en la entrada de mi
habitación y me recosté en la cama. Como no sentía sueño comencé a ordenar las
cosas que tenía regadas en la sala, por lo menos para que no estorben en el
camino. Enrolle los cables con cuidado, junte los tornillos en una cajita
transparente casi ordenándolos por tamaño y si eran para destornilladores en
línea o en cruz, y moví todos los pedazos de metal a un rincón cerca de la
ventana que se encontraba abierta.
Cuando ya estuve más o menos
conforme con el orden que cree, me senté en la ventana de mi habitación a
buscar en internet algo de información.
Saque una pequeña laptop, que
cada día son más pequeñas estas cosas, y
entre a diferentes páginas de internet a ver si podía resolver todas las dudas
que tenía en mi cabeza en este minuto, pero cada vez que lo analizaba
nuevamente, aparecían más dudas.
Lo primero que busque fue Exel,
por si encontraba alguna información relacionada con el ente que nos envía los
mails sobre el gran día, pero solo pude encontrar información sobre un programa
ya obsoleto de estadísticas y planillas, Microsoft Exel, ni cerca de lo que yo
buscaba. Luego paso por mi cabeza la idea de que quizás Exel fuera un seudónimo,
así que desistí de buscar.
Aun confundido apague la
computadora y me senté en el marco de la ventana que estaba abierta y observe
la vista desde el quinceavo piso del edificio.
La brisa que corría era bastante
agradable, pero con muy poca fuerza, el viento no era algo común en esta ciudad
y cada vez que había algún viento con más velocidad los arboles se quebraban
por la mitad y causaban estragos en las calles y en las casa deteniendo el
trafico o dejando una familia damnificada.
Cerré los ojos y deje caer una de
mis piernas por fuera del edificio. De pronto mi mente se puso en blanco, como
en un estado hipnótico, y cuando por fin pude recobrar lucidez, había saltado
por la ventana he iba cayendo a toda velocidad sin remedio. Trate de acomodarme
la ropa que por la velocidad en la que caía se me iba a la cara y no me dejaba
ver absolutamente nada.
Ágilmente tome con una mano mi
tobillo derecho hasta llegar al botón de mi zapato y rechace sobre la pared de
mi edificio para volar directamente a la azotea de otro edificio que se
encontraba en frente de mí. Caí torpemente, no estaba preparado, así que destruí
un poco el cemento del techo, levantando los pedazos de este dejando un rastro
por donde resbale al caer. Mire el desastre y me revolví el cabello un poco,
sacando algo de escombro de él. Rápidamente volví a saltar entre edificios grácilmente
sin bacilar por las grandes alturas que me separaban de suelo, hasta detenerme
bruscamente sobre el techo de un rascacielos. Mire al horizonte unos minutos
tratando de escuchar la brisa que corría esa noche.
Vagamente podía escuchar una voz,
muy similar a la que escuche en aquel sueño.
"28-08-2028"
Al parecer me llamaba, me guiaba
hacia algo.
Cerré los ojos para tratar de
enfocar mis sentidos a aquella sensación.
-
¿por qué?- murmuraba la voz en mi cabeza. - ¿por qué eres
el único que me escucha?-
Abrí los ojos, la voz no solo
estaba en mi cabeza si no que la escuchaba realmente en ese momento, cerca de mí,
como si prácticamente estuviera susurrándome en el oído. Mire a todos lados
buscando algo, algún radio, onda electrónica o lo que sea que estuviera metiéndose
en mi cerebro y hablándome.
-
¿por qué tú y los demás no?- repetía la voz que se hacia cada vez mas
fuerte mientras enfocaba mas y mas mi atención en ubicar de donde provenía.
Ya desesperado comencé a saltar
entre edificios de nuevo mientras la voz se hacia mas clara, y me detuve al ver
a lo lejos, otro rascacielos.
De ahí provenía la voz, del techo de aquel edificio. Trate de
acercarme pero algo me lo impedía, por lo que trate de enfocar mi vista para
observar aquel lugar.
Volví a escuchar la voz, y cerré
los ojos para acentuar mi audición y poner atención a lo que decía.
-
sé donde están todos, pero tu eres el único
que responde.-
Una imagen en mi apareció en mi
cabeza, una silueta negra, al parecer una mujer, quizás la dueña de la voz que
daba vueltas en mi, y sentí una intensa mirada. Abrí los ojos espantado, una
mirada peligrosa, que realmente no quiero volver a sentir. Era como si aquella
mirada me odiara, pero ¿Cómo era posible? Ni siquiera comprendía que estaba
pasando ni quien me hablaba y aquella mirada me quería lejos. La amenazante
mirada me aterro un poco, quizás eso fue lo que me impidió acercarme al
rascacielos de donde provenía la voz, y la verdad es que no quería saber de
quién era la mirada en ese momento, si es que me volvía a ver de esa forma.
Regrese a mis cabales moviendo mi
cabeza un poco, cerrando los ojos fuertemente y revolviéndome aun más el pelo.
Dirigí mi mirada nuevamente hacia el rascacielos, pero ni la silueta, ni la voz
en mi cabeza estaban presentes, habían desaparecido. Note que tenía algo de hambre,
y estaba amaneciendo. Como había llegado recién a la ciudad mi refrigerador
estaba vacio, así que salte un par de edificios más y busque algún lugar donde
conseguir algo se desayunar. En unas
calles con largos paseos peatonales y algunas bancas de plaza que se
encontraban en las veredas, encontré una máquina expendedora de café. Revise
mis bolsillos y no llevaba nada de dinero, suspire algo molesto porque había
olvidado mi billetera en casa, y volteando a ambos lados para verificar que no
hubiera nadie, puse mi manos sobre el cristal de la máquina y espere a estar
seguro de lo que buscaba, una clave.
Luego diestramente pulse los
botones ingresando la clave que aquella maquina me había dado, y pronto salió
un vaso de cartón que se estaba llenando con café. Lo mismo hice con algunas
maquinas de comida sacando algunos dulces y emprendí mi regreso a casa. Ya me
había acostumbrado a este modo de vida, conseguir cosas si pagar por ellas,
pero claramente no era “normal” para las demás personas así que deje de hacerlo
por un tiempo. Esto fue la excepción claro está, necesitaba la comida, moría de
hambre.
Al llegar a la calle de mi
edificio mire hacia mi ventana en el quinceavo piso y di unos pequeños saltitos
preparándome para rechazar fuertemente y alcanzar a duras penas mi ventana. Me
trepe con pocas fuerzas hacia adentro y caí sobre mi cama exhausto.
A pesar que el sol estaba
saliendo y sus rayos de luz entraban por mi ventana, cerré los ojos y me quede
profundamente dormido.
Un rayo de luz llego directamente
a mis ojos despertándome. Como no había cerrado
las cortinas, la luz del sol que aparecía entre los edificios me ilumino la
cara obligándome a abrir los ojos algo malhumorado. Parecía que había dormido
cinco minutos, pero ya era pasado medio día. Me levante con mucho pesar y
arrastrando los pies, con aun los ojos entrecerrados, me tambaleé hasta el baño
evitando golpearme con la pared y me lave tanto la cara como los dientes para
poder ir despertando. Vacile un poco antes de escupir la pasta de dientes en mi
boca y enjuagarme con agua del grifo. Busque torpemente mi toalla y secarme el
rostro. Me quede pensativo unos momentos mirando el espejo sin ningún motivo
alguno, desvié la vista hacia la ducha y abrí el agua caliente. Me quite la
ropa que llevaba desde el día anterior, ya que no tuve las fuerzas necesarias
para ponerme pijama antes de dormirme anoche.
Entre en la ducha con algo de
cuidado ya que aun estaba un poco dormido y no sabia si mi cuerpo reaccionaría
al perder el equilibrio o resbalarme en la loza de la tina. Gradué un poco el agua hasta
que estuvo a mi gusto y comencé a mojarme el pelo. Me quede quieto unos
momentos sintiendo como las gotas recorrían mi cara, todo mi cuerpo hasta mis
pies, esperando que el agua pronto me hiciera reaccionar poco a poco. Cerré los
ojos y disfrute de mi ducha.
Mi mente comenzó a divagar,
aquella línea anaranjada volvió a aparecer en mis pensamientos. Comenzó a
ondear al igual que la última vez que soñé con ella y pronto volví a escuchar
aquella voz. Melodiosa y tranquila, volviendo a preguntar "porque".
Me concentre completamente en ella, olvidando que seguía en la ducha sin
moverme. No se que hizo esa voz en mi, no se porque solo yo puedo percatarme de
su presencia, lo que si estaba seguro, es que su armonía y paz, me cautivo. Era
como si al oírla todo mi cuerpo se relajara, o quizás era por el efecto que producía
el agua caliente de la ducha, es como si estuviera en una nube, flotando, volando,
libre. Sin darme cuenta comencé a sentir agrado por aquella voz misteriosa,
como si estuviera conectado de alguna forma con ella, como si la conociera de
hace mucho tiempo. Quería volver a oírla, no solo imaginarla, sentirla,
atenderla con todos mis sentidos y dejarme guiar por ella, conocerla, o por lo
menos saber de quien es. Comencé a darme cuenta que la voz coincidía con la ondulación
de la línea anaranjada de mis sueños, como cuando se habla por un micrófono y las ondas
de la canción se grafican con una línea. Tratando de volver a la realidad, pase
mis manos fuertemente por mi pelo haciéndolo
hacia atrás y dejando que las gotas recorrieran mis ojos, mis mejillas, labios
hasta bajar por mi cuello. Intente olvidar un momento la onda sonora y me
apresure a lavarme para ir a desayunar. Cerré el grifo y me seque con cuidado y
lentitud. Envolví la toalla en mi cintura y salí del baño para entrar a mi habitación.
Abrí mi closet y elegí una polera color verde manzana y unos jeans azules casi
nuevos, unos calcetines verdes y mis zapatillas. Me revolví el pelo mientras avanzaba
hacia la cocina y volver a darme cuenta de que no había nada que comer. Abrí y cerré
todos los estantes de la cocina buscando alguna cosa que hubiera servido para
calmar el ruido de mi estomago, pero no encontré nada en absoluto, así que no tuve
más opción que salir a comer a fuera. Busque mis cosas y revisé si llevaba
dinero y celular, salí de mi apartamento y cerré con llave la puerta.
Como ya era hora de almuerzo,
camine varias cuadras buscando un lugar donde pudiera comer por algunos pesos,
solo tenia unos pocos billetes, y no me gusta pagar con tarjetas de crédito
como la mayoría hace últimamente, es como si no gastara nada y después, cuando
llega la cuenta, sufres por todo el dinero que debes. Entre a un local de
comida rápida y pedí una hamburguesa simple y una bebida, la cual me comí
sentado en una de las mesas del local junto a la ventana que daba directamente
a la calle. Los autos pasaban en un día normal, no había mucha gente, pero
igual había tráfico. Algunas nubes cubrían la luz del sol por unos instantes
haciendo que los edificios dieran sombras a las calles donde muchas personas y
algunos estudiantes paseaban tranquilamente.
Después de comer lentamente y
quedar completamente satisfecho, decidí ir a un supermercado y poder llenar mi
refrigerador.
Compre una larga lista de cosas
como para un mes entre cosas esenciales como azúcar, sal, te, pan o esas cosas;
y cosas para limpiar como detergente, jabón shampoo. Camine con las bolsas de
regreso a casa algo molesto porque ya estaba cansado y me dolían un poco las
rodillas. Mire a ambos lados en una calle para poder cruzar sin ningún problema
y muy confiado me baje de la berma. En eso se cruzo un auto el cual no iba a
mucha velocidad y freno en seco tocando la bocina.
Ya bastante irritado mire al
conductor y con un impulso de rabia patié la puerta del auto lo que provoco en fuertísimo
sonido que asusto al resto de la gente que cruzaba conmigo. El auto continúo
como si nada, pero yo seguía molesto, y para empeorar las cosas dieron luz roja
para los peatones en la siguiente avenida que deseaba cruzar. Mi impaciencia
por llegar a casa aumento, así que camine hasta el semáforo que se encontraba
junto a mí. Por la calle pasaban una enorme cantidad de autos a gran velocidad,
y tocando el poste que contenía los cables del semáforo, las luces comenzaron a
parpadear descontroladamente, de verde a amarillo y de amarillo a rojo. El semáforo
pronto se puso en rojo y todos los autos se estrellaron unos con otros causando
un enorme accidente.
Camine como si nada, saltando
ruedas y autos destruidos hasta el otro lado de la calle, toque con mi mano el
poste del semáforo del otro lado de la calle y la luz cambio a verde. Sonreí
con maldad y me fui tranquilo a mi departamento.
Llegue a casa muy molesto, no
salude al guardia como de costumbre y en ves de pulsar el botón para el ascensor,
puse mi mano en el y el ascensor llego en dos segundos. Entre y sin pulsar ningún
botón, volví a poner mi mano sobre el panel del ascensor que me llevo
directamente a mi apartamento sin parar en ninguno de los otros pisos. Después
de guardar las cosas en los estantes de la cocina, fui a la sala tome algunas
de las cosas que estaban en el suelo, como metales, cables y tornillos y comencé
a jugar un poco con ellos. A la media hora estaba sentado con mi computadora instalándole
un software a un auto robot recién construido para que avanzara solo por mi
casa. Un pasatiempo más.
Cuando el auto ya estaba
completamente automatizado fui a mi habitación a tumbarme en la cama, el
aburrimiento me estaba matando, no sabia que hacer.
Cerré los ojos unos momentos para
ver si me quedaba dormido pero fue inútil. Tenía unas ansias de lanzarme por la
ventana solo por no tener nada que hacer, pero luego lo pensé mejor y decidí
tomar mi celular y llamar a Ian.
El teléfono repico un par de
veces hasta que pude oír la voz seria de mi compañero del otro lado.
- ¿Hola que ocurre? -
-
nada, nada - trate de excúsame- solo llamaba para ver si
estabas ocupado, es que estoy algo aburrido.
- ¿quieres hacer algo?
- ¡claro!, ¿por algo te llame no?
- ¿y que quieres hacer?
- creo que jugar algún videojuego o algo
- no es justo, tu ganas siempre
Recordé que siempre he ganado en
los videojuegos por que tengo la facilidad de comunicarme con la tecnología y
resolver operaciones difíciles en computadoras o juegos electrónicos, además de
tener una muy buena agilidad y coordinación con los dedos y la vista.
- cierto - reí un poco en forma de burla hacia Ian y
luego le pregunte si el tenia algo en mente.
-
pues, podríamos reunirnos para hablar sobre ese sueño de la línea
anaranjada
Y ahí estaba de nuevo, la línea,
la onda junto con la voz, volví a caer en un estado de relajación, recordé la
voz con mucho detalle y pensé que lo más correcto seria contarles a Ian y a
Jorge lo que paso anoche con aquella voz.
-
nos veremos con Jorge en el Parque
Arauco en una hora más.
Corte la llamada de mi celular y
tome mis cosas para ir hasta el lugar de encuentro. Me quede pensativo unos
minutos sentado al borde de mi cama ideando la forma de explicarles lo que había
pasado la noche anterior y lo que comenzaba a sentir por aquella melodiosa y cálida
voz que recorría mis pensamientos cada vez con mayor frecuencia.
Me levante de la cama y camine
hacia la puerta, pero antes de salir por ella la volví a cerrar y me dirigí a
la ventana y salte. Volé al igual que ayer y me fui saltando entre edificio y
edificio. El mejor transporte.
Baje a la calle unas cuadras
antes de llegar a mi destino, para no alarmar a la gente que transitaba cerca
del centro comercial, no quería causar mas desastre de los que ya había causado
con los autos y el semáforo. Así que disimule caminando despacio y mirando a mí
alrededor como recién llegado.
El centro comercial Parque Arauco
había cambiado un poco desde que me había ido a los Estados Unidos, seguía
igual de grande con sus multitiendas y sus restaurantes costosos, pero ahora había
un largo pasillo con forma de tubo de solo vidrio que llegaba hasta otro
terreno que había comprado el dueño del centro comercial y había construido
otro acceso y tiendas nuevas en ese sitio. El
largo pasillo cruzaba el parque araucano, o lo que quedaba de el,
completamente, para unirse a una de las entradas del centro comercial en el
tercer piso. Entre junto a un montón de chicas, que al parecer iban de compras,
por una de las puertas automáticas del primer piso caminado lentamente por los
pasillos. Siempre he pensado que la gente que viene a estos lugares tiende a
caminar extremadamente ¡lento!, eso es desesperante, no solo por que no
avanzan, si no que ¡estorban! Esquive un par de personas dirigiéndome hacia el
patio de comidas, donde nos reuniremos, justo al lado del centro de juegos
Happyland.
Como siempre tan puntual, Ian se
encontraba ahí, sentado en una de las sillas plásticas color verde musgo junto
a una de las mesas redondas de cerámica, con adornos cuadriculados en la loza.
Estaba tranquilo como siempre, recostado sobre la silla y casi con los pies
sobre la mesa, jugando los juegos de su celular y escuchando música. Alzo la
vista al verme llegar he hizo una mueca como si no me conociera y luego sonrió.
Me senté junto a el en una silla saludándolo con la mano y volvió a su juego.
- ¿llamaste a Jorge? - me pregunto sacándose un audífono
del oído y sin levantar la vista del juego.
- no - lo
mire algo incrédulo - pensé que lo llamarías tu.
Ian me dedico una mirada de odio
y corto su juego para poder usar el teléfono y poder llamar al siempre
impuntual Jorge.
Marco el número y espero a que
nuestro amigo contestara.
- ¿alo? - se hoyo una voz algo acelerada.
- ¿cuando te dignaras a venir?
- ¡ah! si ya estoy por llegar ¡denme
unos minutos mas! - se excusó.
Se finalizo la llamada y nos
quedamos en silencio unos segundos hasta comenzar a reír. Era normal que Jorge
estuviera atrasado o corriendo de un lado para el otro, haciendo millones de
cosas a la vez y pensando una cantidad de ideas que lo hacen colapsar
fácilmente.
Hablamos de muchas cosas sin
importancia, riendo de cualquier estupidez hasta que por la puerta automática
se abrió y por ella entro Jorge, con una sonrisa de culpa y tratando de
excusarse por su retraso ya acostumbrado.
Después de un extenso discurso
del porque se retraso y sus ya repetidas aventuras en su auto con una
parafernalia de palabras calificativas y divertidas que nos hizo reír aun mas,
note que me sentía algo hambriento y mis otros dos compañeros aceptaron mi
propuesta de comer algo urgente.
Fuimos directo a nuestra ya
acostumbrada comida chatarra que servían en el patio de comidas del centro
comercial, la verdad es que no había mucha mas variedad ya que las empresas de
comida rápida se habían masificado en los últimos años.
Después de pagarle a la cajera,
la cual se demoro una eternidad en tomar mi pedido, recogí mi bandeja con mi
comida y me dirigí a la mesa donde ya estaban Jorge e Ian con sus respectivos almuerzos.
Casi lancé la bandeja a la mesa bastante molesto por la demora y me senté a
comer mi hamburguesa con queso, carne, tocino y un sin numero de cosas no tan
saludables. Mientras comíamos comenzamos a planear la búsqueda de los otros, según
yo, miembros de nuestro equipo.
- Bien, como sabes tu que son dos personas y no
mas - Pregunto Jorge que recién comenzaba a morder
su hamburguesa.
- La verdad es que solo lo se, es como si mi
cabeza me guiara de alguna forma hacia ellos, pero no puedo saber como son o
que habilidades tienen, ni siquiera sé como se llaman.
- Y entonces ¿como sabremos donde se encuentran?
- Ian se dirigió a mí después de sorber
las últimas gotas de su bebida.
- Los podre guiar, hasta ahora se
que ambos están hacia el este de Santiago.
- O sea ¿debemos ir un día hacia
el este contigo siendo un GPS humano?
- si lo pones de esa forma, si, seré
tu GPS humano - Le guiñe el ojo en
forma burlesca, e Ian me miro con cara de asco. -
Sabes que te quiero - agregue para mofarme aun mas de el sabiendo
que detesta la homosexualidad. No quiero decir que yo lo sea, es mas divertido
burlarme y del el con el asunto.
Mire a Jorge que no había
pronunciado ni una sola palabra, porque aun seguía comiendo, y el detesta
hablar mientras come, porque no puede expresarse con claridad y para el es
realmente un conflicto.
Después de llegar a la conclusión
de que seria el GPS de aquellos dos, y que nos transportaríamos con el auto de
Jorge, comenzamos a definir el día en que realizaremos este viaje de búsqueda.
Después de calzar días y horarios
llegamos al día correcto, seria en tres días mas, el sábado, y saldríamos
temprano en la mañana, considerando de que Jorge se retrasara de todos modos.
Planificamos la comida que llevaremos y cuanto dinero necesitaremos para
combustible.
Mientras conversábamos comencé a
sentirme algo extraño, mi cabeza comenzó a dolerme con fuertes punzadas, y
trate de soportarlas, pero el dolor me torturaba tanto que no me dejaba pensar.
Para tratar de calmarme cerré los ojos y los presione un poco. Mi mente divago,
comencé a ver colores, formas, luces, de todo un poco, un espectáculo digno de
un drogadicto. No entendía nada de lo que estaba pasando, me sentía mareado y
el dolor no disminuía. Manteniendo mis ojos cerrados apoyé las manos en mis sienes
y cerré con mayor fuerza mis parpados. En ese instante todo se aclaro, mi mente
quedó en blanco y volvió a aparecer, la línea
anaranjada. Me quede esperando a ver si volvía a ondular pero no ocurrió nada,
solo se mantenía recta e infinita y el dolor constante permanecía.
Casi podía oír un leve sonido de
tono alto constante, como cuando una persona fallece en un hospital y el
electrocardiograma indica con un agudo ruido que ya no se encuentra con vida. Comencé
a pensar que la voz nunca había existido, que aquella persona dueña de la voz había
pasado a mejor vida, o incluso, llegue a pensar que yo mismo había muerto y
estaba en un estado de coma. Hasta que la oí. La voz.
Abrí los ojos rápidamente y mire
a mis acompañantes, los que me observaban con mucha atención y no despegaban la
vista tratando de buscar un motivo por mi actual comportamiento.
- ¿Escucharon eso?
- ¿escuchar que?
- La voz
- yo no oigo nada - Jorge miro en todas direcciones tratando de
buscar algo foco de sonido el cual yo haya podido percibir.
- ya te estas volviendo loco
- ¡no! es la voz, la voz que salió
en aquel sueño que nos indicaba el gran día. - Los mire a los dos buscando
respuesta de afirmación en sus rostros, pero solo encontré mas interrogantes en
sus miradas, e incluso miradas de lastima.
No estaba loco, yo la había oído
sin duda, pero no podía dejar de pensar el porque el sonido anterior y en que
se relacionaba con la línea recta constante.
-Ya sabes que estoy aquí- volvió a decir la voz dentro de mi cabeza.
Me levante precipitadamente, casi
tirando al suelo mi bandeja con las sobras de comida. Mire a mis dos amigos
tratando de que entendieran solo con ver mis ojos, lo que quería hacer, y después
de eso, salí corriendo hacia donde podía escuchar la voz mas y mas fuerte. Me
guiaba otra vez, y sabía hacia que sentido se encontraba, pero no en el lugar preciso
o quien era. Debía descubrirlo, debía saber de quien era aquella voz que me mantenía
despierto, pensativo, alerta, y levemente obsesionado. Corrí entre los pasillos
del centro comercial, pasando por cada tienda a muy alta velocidad, esquivando
con rapidez y agilidad a las personas que paseaban con una caminar tan lento
que estorban. Pase por varias tiendas de electrónica sin prestar atención a los
gritos que surgieron después, estaba concentrado en un solo objetivo, llegar a
ella. Mire detrás de mi para ver si Ian y Jorge me habían seguido, pero entre
la multitud no pude distinguir mucho.
Cuando volví la vista en el
camino, tropecé con una persona, la cual no había visto que se encontraba en mi
camino. Ambos caímos al suelo, trate de incorporarme rápidamente y perderle
disculpas lo más rápido que pude. Ella, una chica alta de cabello largo, teñido
de color morado, me dedico una mirada furtiva y sin decir ni una sola palabra comenzó
a recoger las cosas que se habían caído
de sus manos. Tomo su mochila algo usada, con algunos parches y de un color
gris oscuro, y algunas cosas que salieron de ahí como un cuaderno y algunos lápices
las cuales estaba guardando nuevamente. Me di cuenta de que no sabia como había
aparecido la chica ahí, el pasillo estaba vacio y no había ninguna entrada de tienda
o pasillo que conectara con el cual estaba yo, es como si simple hubiera
aparecido ahí.
Volví a disculparme y continúe mi
camino con la misma agilidad y velocidad. Me detuve por unos momentos para
volver a escucharla y redirigir mi curso.
- Si te acercas mas no me encontraras - tome la derecha por un pasillo hacia la salida,
al parecer me dirigía a las tiendas que se encuentran fuera del recinto, por la
zona del Bullevar. Seguí corriendo mientras la voz repetía que no avanzara por
que no encontraría a la persona dueña de ella.
Llegue a la fuente que esta justo
a un lado de la entrada a los estacionamientos subterráneos, ya no podía oír la
voz, se había esfumado, incluso el dolor de cabeza había desaparecido. ¿Cómo
era posible?
Sentía que estaba tan cerca, pero
no pude encontrar a aquella persona que me llama pero a la vez me advierte. Comencé
a desesperarme, no encontraba lo que buscaba, y el solo el echo de no lograrlo
me frustraba. Mire a todas partes, no había nadie por los alrededores que
pareciera ser la persona que me llamaba, solo había gente común y corriente
sentada en las mesas del restaurante junto a la fuente o algunas que estaban
mirando las tiendas de ropa o zapatos, hasta que sentada en el borde de la
fuente se encontraba una persona, una joven.