Sentimientos.
Octavo Capítulo.
Amanecía sobre la
comuna de Ñuñoa e Isidora se despertaba radiante, aunque un poco cansada por la
presentación de danza que había tenido la noche anterior. Sus ojos se
dirigieron hacia donde se encontraba el florero con girasoles, los observó
detenidamente por unos minutos, pensando en que estos se los había enviado
Sebastian.
Se levantó de la
cama al mismo tiempo en que Jazmín despertaba, fue hasta el tocador a darse un
baño, regresó al cuarto a vestirse, después fue a levantar a Joaquín.
Al llegar a la
cocina vio que Silvia se encontraba leyendo el diario Isidora, sacó una caja
con leche y la depositó en un bol el cual después lo llenó de cereales y se lo
sirvió a Joaquín y después preparó uno para ella.
Se sentó a
servirse su desayuno e iba en la tercera cucharada, cuando Silvia se acercó
para enseñarle el diario.
-¡Mira acá hay una
foto tuya bailando!-dijo Silvia
-¿En serio?-dijo
Isidora.
Joaquín se acercó
a ver mientras Silvia les enseñaba la página del diario, donde aparecía la
fotografía de Isidora y Matías bailando, en otras imágenes de la presentación
de danza y una pequeña crítica sobre esta.
-¡Apareciste en el
diario!-dijo Jazmín entrando en la cocina junto a las otras chicas.
-¡Si! ¡Ven a
ver!-dijo Isidora.
Las chicas se
acercaron a ver las fotografías en el diario donde aparecía la presentación de
danza que había realizado Isidora, se sirvieron el desayuno, se levantaron de
la mesa, se despidieron de Silvia y salieron de la Fundación, cuando iban
saliendo del portón de la
Fundación se encontraron con la señorita Paula Segura la cual
felicitó a Isidora por su presentación.
-Vi en el diario
las fotografías, de la presentación de danza. Te veías hermosa junto a tu
compañero de baile.- dijo la señorita Paula.
-Muchas gracias
señorita Paula. Y no se preocupe, por haber asistido, con el simple hecho, de
que me felicite para mi es suficiente.- dijo Isidora.
Se despidió de la
señorita Paula y junto a Jazmín y a Joaquín, comenzaron a caminar. Fueron a
coger el metro, dejaron a Joaquín en su respectivo colegio y después se
dirigieron rumbo al Instituto.
Cuando llegaron al
el e ingresaron a su respectiva sala Isidora y Jazmín, fueron a sentarse en su puesto, un grupo de
chicos y chicas, se acercaron a Isidora a felicitarla por su presentación de la
noche anterior. Uno de ellos sostenía el diario en sus manos y les enseñaba a
todos los que se encontraban alrededor, las fotografías de la presentación de
danza de Isidora. De repente en la sala entró Sebastian, vio al grupo de chicos
y chicas reunidos alrededor de Isidora, pero los ignoró y fue directamente a
sentarse a su puesto, auque de vez en cuando miraba hacia el lugar donde se
encontraba Isidora, la cual al ver a Sebastian, clavó fijamente su mirada en la
silueta de el, pero sin observarlo fijamente a los ojos. Al verlo le costaba
disimular sus sentimientos hacia el y sobre todo los deseos de levantarse de su
asiento, caminar hacia donde se encontraba el y preguntarle si el ramo de
girasoles habían sido un obsequio de el.
-¿Por qué lo
observas? ¿Supongo que no imaginas que te va a venir a felicitar, por tu
presentación de anoche?-le dijo al oído Jazmín.
-¡Por supuesto que
no! Tan solo estaba pensando, por que se encontraba anoche en el Teatro
Municipal.- dijo Isidora en un susurro.
-Seguramente para
arruinar tu presentación de danza, pero no lo hizo.- dijo Jazmín.
-Tal vez solo
quería ver la presentación y no hacer nada malo.- dijo Isidora.
-¡Es el exponente
del mal te odia! Por lo tanto buenas intenciones, no puede tener buenas
intenciones, ni mucho menos hacia a ti. Así que mejor deja de mirarlo.- dijo
Jazmín.
Isidora hizo caso
de lo que le había dicho su amiga y dejo de observar a Sebastian y continuó
charlando con los chicos y chicas, que se encontraban alrededor de ella. Lo
cual duró tan solo unos minutos ya que entró el profesor para realizar la clase
de matemáticas y los chicos y chicas se aparataron de ellas y regresaron a sus
respectivos puestos.
Durante la clase
Isidora resolvió un par de ejercicios, ya que su mente se encontraba
completamente ocupada, con la idea de si Sebastian le había enviado aquel ramo
de girasoles. Debajo de la mesa le tiritaban las piernas y sus ansías de
levantarse e ir hacia donde, se encontraba Sebastian y preguntarle si ese ramo
era un obsequio de el o no, eran cada vez más fuerte. Tanto que Jazmín, la
observaba con curiosidad y no comprendía por que se encontraba en tal estado,
cuando sonó el timbre del recreo, para Isidora fue prácticamente una bendición,
salir al patio a relajarse le haría bastante bien.
En el patio del
Instituto se sentaron, sobre el césped a conversar, y a comer unas barras de
cereales, que había traído de la
Fundación, de repente Sebastian pasó por al lado de ellas y
observó a Isidora con expresión de querer hablarle, pero simplemente siguió
caminando rumbo al tocador de hombres.
-¿Qué es lo que
quiere? ¿Acaso piensa atacarte acá frente a tantas personas?-dijo Jazmín.
-Dudo, que exponga
al peligro a tantas personas inocentes.- dijo Isidora.
-Es el exponente
del mal. ¡Es capaz de todo!-dijo Jazmín.
-Jazmín no seas
así. Nosotras no tenemos conocimiento, de lo que el es capaz de hacer o no.-
dijo Isidora.
-¿Por qué lo
defiendes?-dijo Jazmín.
-¡No lo
defiendo!-dijo Isidora.
-Si lo defiendes,
de hecho hablas como si te gustara.- dijo Jazmín.
Isidora no pudo
evitar sonrojarse al oír esto, mordió fuertemente la barra de cereal que se
encontraba comiendo, antes de responderle a Jazmín.
-¡No digas
estupideces! ¡Yo soy la novia de Diego!-dijo Isidora.
-Lo se.- dijo
Jazmín.
-Entonces por
favor, no insinúes ese tipo de cosas.- dijo Isidora.
Sonó el timbre
anunciando que debía regresar a clases, las chicas se levantaron del césped y
comenzaron a caminar rumbo a la sala. Cuando iban entrando a la sala, se
percataron de la presencia de Sebastian detrás de ellas, Isidora se puso muy
nerviosa y caminó rápidamente hasta su puesto, evitando mirar al exponente del
mal.
Las clases se
dieron concluidas por aquel día, Jazmín le dijo a Isidora que Silvia le había
pedido, que por favor fuera a comprar algunas cajas de leche para la Fundación, así que iba a
pasar al supermercado, por lo tanto Isidora, debía ir sola a buscar a Joaquín.
Llegó hasta donde se encontraba el colegio y
cuando fue por el, algunas madres de los compañeros de Joaquín se acercaron,
para felicitarla por su presentación de danza. Isidora muy agradecida, recibió
todos los elogios, que provenían de las diferentes, madres del establecimiento
donde estudiaba Joaquín y esta situación fue completamente inesperada para
ella.
Al regresar a la Fundación junto al
pequeño vio que Silvia, se encontraba limpiando el piso de la cocina, con
desinfectante, al ver a Isidora y a Joaquín, dejó de limpiar, se lavó las manos en el
lavaplatos y les sirvió el almuerzo a los chicos. Esta vez había cazuela de
almuerzo junto a delicioso zumo de ciruela, los chicos comenzaron a servirse el
alimento, cuando apareció Jazmín, sosteniendo en su mano derecha una bolsa
plástica, donde llevaba las cajas con
leche. Le anunció a Silvia que había comprado la cantidad de cajas de leche que
ella le había pedido, Silvia le agradeció el gesto y le pidió a Jazmín que
colocara las cajas con leche en el congelador.
En la cocina
irrumpió la señorita Paula Segura, la cual fue a darle un mensaje a Isidora.
-Tu novio Diego,
está al teléfono desea hablar contigo.- dijo la señorita Paula.
-Gracias, señorita
Paula. Voy en seguida.- dijo Isidora levantándose de la mesa.
Después de
entregarle su plato vacío a Silvia, Isidora caminó hasta donde se encontraba el
escritorio de la señorita Paula y atendió el teléfono.
-¡Mi amor! ¿Cómo
estás?-dijo Diego.
-Un poco cansada
por la presentación de danza de ayer. Pero a la vez muy feliz, he recibido
muchas felicitaciones.- dijo Isidora.
-¡Te lo mereces!-
dijo Diego.
-¡Gracias!-dijo
Isidora.
-Mi madre no pudo
ayer a tu presentación de danza, por cuestiones de trabajo, pero no me deja de
preguntar, por tu presentación de danza. Así que Constanza y yo le relatamos
cada detalle de tu presentación. Y se puso muy feliz con tus fotografías en el
diario, te manda muchas felicitaciones.- dijo Diego.
-Dile que muchas
gracias y que no se preocupe por no haber asistido a mi presentación de danza
ya que yo comprendo sus motivos.- dijo Isidora.
-Se lo diré. ¿Hoy
día durante la tarde tienes algo que hacer?-dijo Diego.
-No estoy libre.-
dijo Isidora.
-Te agradaría ir
conmigo, a un café que se encuentra acá en la comuna de Providencia, que es
donde yo vivo.- dijo Diego.
-¡Claro que si!-
dijo Isidora.
-Te pasó a buscar
en mi automóvil, en una hora más.- dijo Diego.
-De acuerdo. Me
iré a cambiar de ropa, para esperarte.- dijo Isidora.
-¡Te quiero!-dijo
Diego.
-Yo también.- dijo
Isidora.
Colgó el teléfono,
le dio las gracias a la señorita Paula por avisarle del llamado y subió
corriendo la escalera. Primero fue hasta
donde se encontraba el tocador, para lavarse los dientes y después fue hasta su
cuarto, abrió su armario revisó toda la ropa que tenía colgada y escogió un
vestido de color rosado, que le llegaba hasta las rodillas, se ubicó tras el
biombo para colocárselo, se recogió el cabello, se estaba terminado de
maquillar cuando sintió que sonaba la bocina del automóvil, de su novio. Se
asomó al balcón y vio que su novio asomaba su cabeza desde la ventana, de su
automóvil y le hacía señas a Isidora para que bajara, la chica le gritó a su
novio que la esperara unos minutos.
Isidora salió del
balcón, regresó a su cuarto y terminó de maquillarse, recogió su bolso, salió
de su cuarto, caminó por el pasillo, bajó la escalera, se despidió de las
chicas, las cuales se encontraban charlando, en la sala de estar. Salió de la Fundación y caminó hacia
donde se encontraba estacionado, el automóvil de su novio. Diego se encontraba
esperando a su novia, afuera de su vehículo, la besó en los labios y abrió la
puerta del copiloto, para que entrara.
Diego se subió a
su automóvil, encendió el motor y comenzó a conducir, se dirigieron de la
comuna de Ñuñoa hasta la comuna de Providencia, mientras charlaban por el
camino.
Llegaron hasta
donde se encontraba el café y Diego estacionó el vehiculo, se bajó del
automóvil, le puerta a su novia y comenzó a caminar de la mano con ella rumbo
al café.
Entraron al local,
el cual contenía un centenar de mesas de forma circular, con sillas de color
café y un servilletero sobre cada una, por el lugar había una gran cantidad de
meseras y meseros con un delantal blanco y con una libreta del mismo color en
mano.
Diego e Isidora
escogieron una mesa, que se encontraba en la parte centro del café, para
sentarse. Inmediatamente se acercó una mesera a ellos, para pedir su orden.
-Las damas
primero.- dijo Diego.
-Yo quiero un
capuchino, con un trozo de torta de chocolate.- dijo Isidora.
-Y yo quiero un
chocolate caliente con un trozo de pie de limón.- dijo Diego.
-En seguida, les
traigo su orden.-dijo la mesera.
-Es bello este
café, nunca antes lo había visto.- dijo Isidora.
-Lo inauguraron,
hace un mes. Y quería venir contigo, por supuesto. Como hoy no tengo clases en la Universidad, te quise
invitar y para que también estuviéramos solos por una par de horas.- dijo
Diego.
-¡Siempre tan
considerado!-dijo Isidora. Mientras que en su mente pensaba, que ese tipo de
detalles hacían, que ella a pesar de no amar a Diego no lo quisiera dejar.
Apareció la mesera
con una bandeja trayendo la orden, el sirvió a Isidora el capuchino y el trozo
de torta de chocolate que había ordenado y a Diego el chocolate caliente y el trozo
de pie de limón que el había pedido.
Inmediatamente
después de que la mesera se fue, Isidora y Diego comenzaron a charlar. Los ojos
de la muchacha comenzaron a recorrer el café, revisando la decoración que tenía
este, de repente se percató, que tres mesas, de donde ella se ubicaba, se
encontraba Sebastian ocupando una mesa, bebiendo café y conversando
animadamente con una chica.
La presencia de el
la incomodaba, así que no pudo evitar colocarse nerviosa, le pidió permiso a su
novio, para ir al tocador. Se levantó de la mesa se dirigió, hasta el tocador,
pasó cerca de la mesa de donde se encontraba Sebastian, pero no se detuvo a
observar, si este se había percatado de la presencia de ella.
El tocador de
mujeres se encontraba tan solo a unos pasos del tocador de hombres. Entró en
este había solo una chica, lavándose las manos en uno de los lavabos, después
que la chica se marchó, Isidora se sentó en el suelo del tocador a pensar que
hacía Sebastian en el mismo café que ella, se suponía que el vivía en la comuna
de Las Condes, que se encontraba haciendo en la comuna de Providencia y quién
era esa chica, por que decidió encontrarse con ella justo en el mismo café, en
el que ella había tenido la intención, de pasar una tarde agradable junto a su
novio. Le molestaba tanto que estuviera, con esa chica, tenía unos deseos
enormes de ir a la mesa, donde se encontraba Sebastian y pedirle a ella que se
marchara, pero que le pasaba no podía estar sintiendo celos, ni mucho menos del
exponente del mal, algo como aquello era realmente estúpido.
Sintió que abrían
la puerta así que se levantó del suelo y salió del tocador, regresó a sentarse
con su novio Diego y comenzó a devorar lo que le quedaba de torta de chocolate.
Su novio le hablaba sin cesar, pero ella no escuchaba nada, ya que toda su
atención se encontraba centrada en Sebastian, comía violentamente la torta de
chocolate, mientras veía que el exponente del mal, acariciaba el rostro de la
chica, con la que se encontraba, esto la llenó de ira por dentro, las piernas le
tiritaban sin cesar, acaso había olvidado tan pronto el ramo de girasoles, que
le había enviado, si es que se las había enviado el. Sebastian comenzó a
acercarse más de lo normal, a la chica con la que se encontraba, esto molestó
profundamente a Isidora, la cual dio un gran golpe, con su mano derecha sobre
la mesa, muchos clientes, se sobresaltaron al escuchar el golpe, incluyendo su
novio Diego, Isidora con una fingida sonrisa, le dijo a su novio, que
necesitaba ir al tocado, cuando se encontraba abriendo, la puerta de este
escuchó una voz conocida.
-¿Estás
celosa?-dijo Sebastian enarcando una ceja.
-¡No se de que
hablas!-dijo Isidora.
-¡Tranquila es
solo una amiga!-dijo Sebastian con una sonrisa.
Isidora prefirió
no decir nada y entró al tocador dando un portazo. Se dirigió a unos de los
lavabos, echó a correr el agua y comenzó a mojarse la cara. Como se atrevía
acercarse a ella e insinuarle que se encontraba celosa, de que forma se
percató, de lo que ella se encontraba sintiendo, pero a ella le parecía un
descaro que el tuviera el valor de decírselo en su cara.
Salió del tocador
y regresó junto a Diego, el cual siguió hablando animadamente, pero Isidora
nuevamente no lo escuchaba, ya que le era imposible dejar de observar a
Sebastian, el cual mantenía bastante distancia
de la chica con la que se encontraba. Isidora sintió que su novio, le
sujetaba y acariciaba su mano derecha, la cual la mantenía sobre la mesa, pero
no le importó necesitaba continuar observando lo que se encontraba haciendo
Sebastian con aquella chica.
-¿Isidora mes
escuchas?-dijo Diego.
-Si… O sea no
disculpa, mi amor es que estoy un poco desconcentrada.- dijo Isidora volviendo
a la realidad.
-¿Qué te sucede?
¿Te noto extraña, te sientes mal?-dijo Diego.
-Me encuentro bien.-
dijo Isidora.
-De acuerdo. Lo
que te estaba diciendo, es que este sábado hay una exposición de Arte Visual,
en la comuna de Vitacura, y me enviaron una invitación, la cual es para dos
personas. Y me gustaría saber si quisiera ir conmigo.- dijo Diego.
-Por supuesto.- dijo
Isidora.
-Es formal. Así
que tendrás que colocarte un vestido elegante. Le puedo decir a mi hermana
Constanza que te preste uno.- dijo Diego.
-No es necesario.
Tengo algunos ahorros, con los que puedo comprarme un vestido.- dijo Isidora.
-La verdad no deseo
que gastes tus ahorros en un vestido.- dijo Diego.
-Descuida. De
todas formas quiero un vestido elegante, así que no hay problema en que ocupe
en mis ahorros en aquello.- dijo Isidora
-Si tú quieres. Es a las diez de la noche, así
que paso por ti después de la nueve de la noche.-dijo Diego.
-De acuerdo. Te
espero el sábado en la noche.- dijo Isidora.
Sebastian se
levantó de la mesa junto a la chica que lo acompañaba, al ver esto Isidora
sintió el impulso de seguir a Sebastian.
-¡Vámonos mi
amor!-dijo Isidora-
-De acuerdo.- dijo
Diego llamando a la mesera.
La mesera se
tardaba en venir e Isidora comenzaba a desesperarse, hacia un minuto Sebastian
había cruzado la puerta del café con la chica, que lo acompañaba.
-¡Mi amor! ¿Puedes
esperar a la mesera solo y pagarle la cuenta? ¡Yo te espero afuera! ¡Por
favor!-dijo Isidora.
-Ningún problema.-
dijo Diego
Isidora se levantó
de la mesa y corrió hasta la puerta, salió del café y vio que Sebastian se
encontraba, sentado en un automóvil, conversando con la chica que lo
acompañaba, Isidora los observaba con los brazos cruzados y con expresión de
desaprobación. Sintió que Sebastian echaba a andar el automóvil, en el que se
encontraban y comenzaron a avanzar y se fueron del lugar. De repente vio que su
novio Diego se acercaba a ella, el le acarició el rostro, le sujetó la ano y
comenzó a caminar con su novia, rumbo a su automóvil.
-¿No te agradó el
lugar?-dijo Diego.
-Te equivocas.
Aquel café es genial.- dijo Isidora.
-Es que te noté
extraña. Como si no hubieses disfrutado, todo este rato que pasamos juntos.-
dijo Diego con tristeza.
Isidora no
soportaba ver a su novio con tristeza ya que era un chico tan bueno, en todo el
tiempo que llevaban de relación, era tanto el amor, que el le había dado, mucho
más del que ella se merecía, así que no
soportaba verlo infeliz y menos por culpa de ella. Así que para convencerlo de
lo contario, lo besó efusivamente en los labios, Diego sonrió ampliamente ante
esto y fue a dejar a su novia en la Fundación que vivía.
Al día siguiente
después de asistir a clases en el Instituto, Isidora fue hasta una tienda de
vestidos de la comuna de Ñuñoa.
Cuando entró a la
tienda vio que había un centenar de vestidos colgados por todo el lugar, cada
uno era más hermoso que el otro. Así que se le hacía bastante difícil escoger
con cual quedarse.
Comenzó probándose
un vestido color amarillo muy elegante, este le llegaba hasta el suelo y tenía
un disimulado escote, después se probó uno de color lila que era bastante bello
y así sucesivamente, fueron tantos los vestidos, que se probó que se le hizo de
noche. Finalmente escogió un vestido de color verde, el cual le llegaba hasta
el suelo y tenía un bello escote. Fue hasta donde se encontraba la cajera y de
su bolso sacó parte de sus ahorros para pagar el vestido.
Salió alegremente
de la tienda, comenzó a caminar por la noche y fue a coger el metro, en el cual
había pocas personas, esto le agradaba bastante a Isidora ya que destetaba
profundamente cuando el metro se encontraba repleto de personas.
Se bajó del metro
y comenzó a caminar rumbo a la
Fundación y vio que una chica, caminaba al frente de ella,
por los rasgos que tenía la chica pensó que era Verena, Isidora siguió caminado
y tropezó contra una piedra que había votada, al tropezar su bolso se cayó al suelo,
así que se inclinó para recogerlo, mientras la chica que iba delante de ella
continuaba caminando.
Después que
recogió su bolso avanzó unos metros y vio que la chica, que estaba caminado al
frente, de ella se encontraba paralizada y rodeada por cinco sujetos. Isidora
observó fijamente a la chica y pudo ver que en realidad era Verena, uno de los
sujetos, se acercó violentamente a Verena, para atacarla e Isidora dejó en el
suelo su bolso y la bolsa en la que portaba el vestido que había comprado y lanzó
un destello de luz, sobre el sujeto que había atacado a Verena, el individuo
cayó al suelo y otro sujeto intentó a atacar a la chica, sin embargo Isidora
volvió a lanzar un destello de luz, los demás sujetos al ver esto se asustaron
de gran manera y prefirieron huir.
Isidora se acercó
a Verena la cual se encontraba temblando en medio de la calle y la abrazó
fuertemente. Sin embargo la chica se apartó violentamente de la princesa del
bien, marcando una distancia entre ellas.
-¡Eres un
fenómeno!-gritó Verena.
-¡Tienes razón soy
fenómeno! Pero te lo puedo explicar, apenas entremos a la Fundación.- dijo
Isidora.
-¡Aléjate! ¡No me
hagas daño!-dijo Verena.
-Yo no estoy aquí,
para hacerte daño, estoy para ayudarte. Ahora mejor entremos a la Fundación, antes de que
regresen esos sujetos. Lo que me extraña es que hayan aparecido individuos como
esos, en este sector, ya que acá este lugar suele ser muy tranquilo. Lo único
que espero, es que esos sujetos no los haya enviado la persona que estoy
pensando, por que va tener serios problemas si es así.- dijo Isidora.
Caminaron lo que
faltaba para llegar a la
Fundación y entraron a esta. Isidora le indicó a Verena que
fueran a conversar a la cocina, la cual se encontraba desierta.
-¡Explícame lo que
vi!-dijo Verena.
-De acuerdo. Yo
soy la princesa del bien. Se que es difícil, de entender, pero es verdad. Me
imagino que sabrás, que en este mundo hay dos corrientes muy fuertes, el bien y
el mal. Existe una reina del bien y una reina del mal y ellos tienen
representaciones en la tierra, me refiero a la princesa del bien y al exponente
del mal. Y yo soy la princesa del bien y soy la encargada, de velar por este en
la Tierra y de
defenderlo. Las chicas, mi amigas, ellas son mis servidoras, para que sepas
ellas son damas del bien, su misión es defenderme y ayudarme. Mis padres al
saber que yo era la princesa del bien, me abandonaron, para ahorrarse los
problemas, que esto les podría traer.- dijo Isidora.
-¿Cómo es la reina
del bien?-dijo Verena.
-No lo sé. La
verdad es que nunca la he visto, de hecho algunas veces he dudado de su
existencia, pero yo siento que hay una presencia del bien mucho más fuerte que
la mía y esta debe corresponder a la reina del bien.- dijo Isidora.
-¿Quién piensas
que envió a esos sujetos a atacarme?-dijo Verena.
-El exponente del
mal.- respondió Isidora.
-¿Conoces al
exponente del mal?-dijo Verena.
-Si.- respondió
Isidora con desánimo.
-¿Y como es?-
preguntó Verena.
-Un sujeto
detestable.- dijo Isidora.
-¿No te da susto
conocerlo, saber quién es?-dijo Verena.
-Para eso estoy
hecha Verena, mi misión es luchar contra el y contra sus servidores, así que no
puedo sentir miedo.- dijo Isidora.
-¡Cuéntame más
sobre el y sobre ustedes!-dijo Verena.
-Lo siento. Pero
hay secretos que no puedo revelar. Te pido que por favor no le digas nada a nadie.
Y necesito que me hagas un favor puedes dejar mis cosas en mi cuarto, entrégaselas
a cualquiera de las chicas que te abra la puerta. Ya que ahora necesito ir al
tocador.- dijo Isidora.
Salió de la
cocina, subió la escalera y comenzó a caminar por el pasillo, rumbo al tocador.
Entró en este, cerró la puerta y se afirmó sobre esta, cerró sus ojos para
concentrar su mente e intuir donde se encontraba Sebastian, Isidora se pudo
percatar que este se encontraba en su habitación, se concentró para aparecer en
el cuarto de el.
En menos de
treinta segundos Isidora se encontraba en el cuarto de Sebastian, este se quedó
muy sorprendido al verla.
El cuarto de
Sebastian era enorme, poseía una cama muy extensa con un cubrecama de color
café, un enorme mueble donde estaban ubicados la televisión, el reproductor de
música y el reproductor de DVD, había un armario con dos puertas, el piso era
de cerámica y las paredes de color azul.
Sebastian se
encontraba sobre su cama y al ver a Isidora se levantó de esta, la chica
enfurecida lanzó un destello de luz sobre Sebastian el cual lo hizo caer al
suelo.
-¡Vaya que forma
es esta de llegar a una casa que conoces! Sin previo aviso y atacando a uno de
sus habitantes.- dijo Sebastian.
-¿Por qué hiciste
eso?-gritó Isidora.
-¿Hacer qué?-dijo
Sebastian.
-¡Enviar a esos
hombres para que atacaran a Verena! ¡Se supone que tu me odias a mi, no
involucres a personas inocentes en nuestra disputa!-dijo Isidora.
-Vaya la atacaron
a ella.- dijo Sebastian.
-¡Claro que la
atacaron! ¡Era eso lo que querías!-dijo Isidora.
-¡No eran para
ella eran para ti! Ya que sabía que ibas a llegar de noche a la Fundación, por eso los
envíe y seguramente se confundieron de chica.- dijo Sebastian.
Isidora quedó
impactada al escuchar que aquellos sujetos eran para atacarla a ella.
-¿No saliste
dañada?-dijo Sebastian
-¡Claro que no! Yo
puedo defenderme. ¿Y por que te importa si tu intención es destruirme?-dijo
Isidora.
-¡Por que te
quiero! ¡Maldita sea! ¡Te quiero esa es la verdad!-dijo Sebastian.
-¡Tú no me
quieres! Si me quisieras, no intentarías hacerme daño.- dijo Isidora.
-¡Acaso no
entiendes que en mi naturaleza, esta la condición de hacerte daño! ¡Te quiero!
¡Y por eso te envíe un ramo de girasoles por tu presentación de danza! ¡Por que
te quiero y por que te veías hermosa!- dijo Sebastian.
-¡Mientes!-dijo
Isidora.
-¡No es verdad!
¡Te quiero y yo se que tu también me quieres!-dijo Sebastian.
-¡Basta!
¡Adiós!-dijo Isidora.
Desapareció del
cuarto de Sebastian y volvió a aparecer en el tocador y se sentó en el suelo,
para llorar. El la quería no lo podía creer, aparentemente dos seres que
deberían odiarse repentinamente se encontraban enamorados.