El pesar de aquellas
Tardes. (Primera Parte)
Mi nombre es Daniel Alberto Malaquias
Gutierrez, tengo 14 años y me llama mucho la atención la escritura y la lectura
y desde pequeño he intentado escribir algunas obras. Me gustaría que leyeran la
primera parte de esta obra de prueba para ver que opinan ustedes. La obra se
titula ¨el pesar de aquellas tardes¨
Su nombre no podía recordar. Sabia
que se encontraba ahí, en la misma habitación de siempre donde la había pasado
los días anteriores. Aquella mujer, esa mujer había quedado grabada en su mente
y no podía dejar de pensar en ella. Un dolor de cabeza le acogía fuertemente,
había estado con aquella mujer aunque no podía recordar a ciencia cierta quien
era. De no sentir el suelo frio, no se habría dado cuenta que se encontraba
tumbado en este. Como pudo, logro reincorporarse y se encontró con una sala
desierta, la cual estaba echa un desastre. Papeles tirados por todas partes,
una mesa volcada y algunos vidrios en el suelo. Avanzo unos pasos
introduciéndose en lo que seria la cocina. Tomo un pequeño vaso y lo lleno de
agua. Su cabeza le dio una punzada terrible con la cual apenas logro mantenerse
en pie. Aquella situación le parecía familiar. Y de pronto se encontró a si
mismo, en una habitación un poco mas ordenada. Su melancolía se hacia notar
rápidamente. Todos los días era lo mismo. Se levantaba a las 7, se daba una
ducha, daba unas cuantas vueltas antes de irse al trabajo, y cuando regresaba,
se sentaba en aquella silla de siempre, a tomar unas cuantas copas de vino. De
esa manera olvidaría la pena que le acogía, aquel dolor que tanto le perseguía.
La mujer en la que tanto había confiado y a quien le guardaba tanto cariño, le
había traicionado con su mejor amigo. Nunca había entendido los motivos para
que lo hubiera hecho, y eso lo dejaba sin sueño todas las noches. Aquella tarde
otoñal, su corazón se había roto en mil pedazos y aunque le había pedido tantas
explicaciones a aquella mujer, ella jamás había querido darle razón. Tan solo
se fue, dejándolo en aquella fría habitación. Desde ese dia había decidido
esperarla, esperar a que se arrepintiera y regresara por el, aunque llevaba
meses sin tener éxito. Se perdia en sus pensamientos, imaginando miles de
escenarios en los que estaban juntos, en los que era feliz. Cada minuto que
pasaba, aguardaba una esperanza en su corazón. En cuento escuchaba sonar el
teléfono, se lanzaba hacia el. Habia amado apasionadamente a aquella mujer, no
podía terminar de un momento para otro. Su amargura le abrazaba a cada
instante, y se perdia entre copa y copa. Aquella noche la recordaba con claridad.
Las gotas de lluvia habían comenzado a caer desde lo alto y los vidrios habían
quedado empapados. El hombre se levanto de la silla en la que había estado
tumbado durante un largo rato, y comenzó a dar vueltas por la habitación
impaciente. No sabia exactamente porque, pero no podía mantenerse sentado. Como
si eso fuese lo que el hombre estuviese esperando, repentinamente tocaron la
puerta fuertemente.
Sin detenerse, se lanzo rápidamente
hacia esta, esperando ver a su amor al otro lado pero cual fue su desepcion
cuando se encontró con otra mujer a la cual jamás había visto en su vida, o por
lo menos no la recordaba. Estaba completamente remojada, de pies a cabeza, por
lo que el hombre la dejo entrar rápidamente. Se dirigió a su cuarto y cogió
unas cuantas cobijas las cuales presto apresuradamente a aquella mujer de la
cual no sabia nada.
-
Mis mas sinceras disculpas, buen
hombre. Llevo unas cuantas horas viajando y hasta entonces, mi camioneta no
había tenido este tipo de problemas. Usted sabe, la ciudad es peligrosa en
estos tiempos y además ha caído una gran llovizna. No creo que sea seguro
intentar repararla a esta hora. Espero no causarle ningún problema. Le
agradezco de antemano.
El hombre, aun bajo las influencias
de aquellas copas, no supo que responder y tan solo guardo silencio. La mujer,
lo miro nerviosa y un poco preocupada por lo que pudiera ocurrir a continuacion.
No sabia si su presentación había sido de lo mas prudente, pero algo si sabia:
tenia que pasar la noche en algún lugar. El hombre se levanto de la silla, se
acerco a la mesa de la sala y tomo la botella de vino.
-
¿Quiere un poco? Ofrecio a la mujer.
Ella negó con la cabeza y el volvió a caer en la silla. – No tiene por que preocuparse. Todas las
noches la paso solo en esta casucha. No me haría daño algo de compañía.
Aquella habitación, se desdibujo de
su mente y volvió a convertirse en la desordenada que se había encontrado desde
el principio. Se encontró nuevamente tirado en el suelo lo cual no le causo
gracia. Volvio a levantarse como lo había hecho la vez anterior, pero esta vez,
para atender al llamado de la puerta que se hacia cada vez mas estridente. Su
corazón latia de una extraña manera. Abrio la puerta con rapidez, aunque detrás
de ella, no encontró a nadie. Y pudo vislumbrar frente a si mismo, un patio aun
mas desordenado que su sala aunque eso no le ayudo de nada a recordar lo que la
noche anterior había ocurrido.
La luz de la luna se aproximaba y el
seguía en aquella habitación, en la cual, sabia que había estado antes. Decidio
comenzar por ordenar la sala, que seguramente seria de el. Comenzo por recoger
todos aquellos papeles que habían sido desordenados por el suelo. Luego levanto
algunos platos de comida y algunas copas rotas que luego termino por tirar a la
basura. Entre toda la basura, logro reconocer una identificación personal que
seguramente era propia. Damian Sanchez, ¿no? Asi se llamaba. Aunque eso ahora
no seria de gran ayuda para recordar lo ocurrido. Recordaba algunos gritos,
seguramente alguna pelea que por lo visto, el no había ganado, había terminado
tirado en el suelo. Y aunque había recordado a la mujer que le había visitado
aquella noche, no sabia a ciencia cierta que relación podía haber tenido con las
situación en la que se encontraba. Los vidrios rotos le causaron una pequeña
cortada en el dedo índice, lo cual no alivio la desesperación que lo colmaba en
el instante. No es nada divertido no recordar quien eres y porque estas ahí. La
sangre le recorrió por la mano y no tuvo mas remedio que dirigirse al baño,
para tomar un trozo de papel, con el cual se limpio todo rastro. Su cabeza le
dio una punzada nuevamente pero esta vez, la habitación siguio en su lugar.
Despues le siguió un fuerte dolor de cabeza que apenas si le permitia
mantenerse en pie. Por una extraña razón, aquella sangre le había causado un
efecto terrible. Una fuerte sensación de remordimiento que ni el mismo
comprendió. Un terrible mareo se apodero de su cuerpo, obligándolo a tumbarse
en el sillón de su sala. El hombre volvió a caer en un profundo sueño.
Esta vez apareció en una amplia
habitación, sobre una cama. Los fuertes rayos del sol le daban en la cara y le
dolia un poco la cabeza. Claro, los efectos de aquel alcohol que la noche
anterior había estado tomando, antes que aquella misteriosa mujer llegara.
Apenas si recordaba lo ocurrido la noche anterior, debido a que se encontraba
bajo los efectos de alcohol, pero de algo si estaba seguro, aquella mujer que
había llegado, era real y se encontraba en la habitación de al lado. Se había
portado muy grosero con ella. De modo que se decidió por mostrar una mejor
actitud. Se vistió rápidamente y salió de la habitación. Cual fue su sorpresa,
cuando vio a la mujer preparando las cosas que cargaba, para irse pronto. Esta
la saludo con una cordial sonrisa, y este respondió un tanto sorprendido,
aunque no sabia exactamente porque.
-
¿Tan pronto se va? Pregunto curioso
Damian, aunque esto le sono un poco extraño.
– Sabe, en unos minutos preparare un poco de comida, creo que le vendría
bien almorzar antes de continuar con su viaje.
La mujer, un tanto confundida por el
cambio de actitud del hombre, lo miro fijamente sin saber que decir. Quiza el
hombre había sido un tanto cortante la noche anterior, pero le había sido de
gran ayuda. Ademas, era cierto. No le vendría mal, desayunar antes de continuar
asi que accedió.
Los segundos siguientes fueron un
tanto incomodos. Damian intento ser lo mas amable posible, aunque el silencio
lo hizo un poco complicado. Por mas que quizo evitarlo, el tiempo corrió rápido
y la mujer se levanto de la mesa. Esta agradeció todo servicio prestado por
este hombre y se abrió paso para volver a su viaje. Inesperadamente, Damian se
interpuso en su camino evitándole el paso. La mujer intento decir algo pero fue
interrumpida por la clara voz de su interlocutor.
-
¿A donde se dirige? Sabe que, en lo
que me pueda necesitar, yo estare disponible. Me mostre un poco grosero anoche,
espero no haberla incomodado.
-
Le agradezco mucho, pero creo que
usted ha hecho mucho por mi. Creo que es suficiente.
La mujer avanzo a paso firme esquivando la
figura de aquel hombre que aunque no sabia porque, le había tapado el paso. Sin
embargo, tuvo que detenerse, ya que un de las maletas que llevaba acababa de
romperse. Algunos objetos de uso personal salieron desde esta. Damian rápidamente
se apresuro a ayudar a la mujer, levantando todo tipo de cosas, pero quedo
paralizado al encontrar entre algunas de las fotos, algo que no se habría esperado
aquella mañana. Por un momento llego a creer que eran alucinaciones, pero después
lo comprendió todo. Se encontraba ante sus ojos, la cara de aquel hombre que algún
dia, había sido su mejor amigo. Aquel maldito que había acabado con su vida sin
dejar razón alguna. En quien alguna vez había confiado completamente y que le había
traicionado de una manera despiadada.
Y volvieron s a su cabeza, recuerdos
desagradables que las copas se habían encargado de calmar. Aquella tarde, esa
tarde en la que regresaba del trabajo. De haber sabido lo que le esperaba en su
departamento, jamás habría entrado en el.Por ella, se había encargado de
conseguirse un ramo de rosas, el cual le entregaría esa tarde. Por ella, había suspendido
algunas actividades pendientes que tenia en su trabajo y había salido unas
horas antes. Por ella, se había puesto su mejor traje y se había perfumado. Por
ella daría todo.
Lo recordó claramente, eran las 5 de
la tarde. Avanzaba a paso firme por la acera y llego rápidamente a la puerta. Detrás
de ella, se encontraría con la mujer que había amado con pasión. Entro en
aquella habitación, esa habitación donde habían compartido tantos momentos
juntos. Ella no estaba en la sala, lo cual le pareció un poco extraño, pues los
últimos días la había encontrado ahí. Busco en la cocina, el cuarto de baño y
hasta en el comedor, pero ella seguía ausente. Quiza había salido, ella no
sabia que el llegaría a esa hora. Damian estaba un poco cansado del trabajo, quizá
un buen descanso antes de encontrarse con su novia le vendría bien. Pero no
sabia lo que le esperaba detrás de la angosta puerta y de haberlo sabido jamás la
hubiera abierto.
Se encontraban ahí, juntos en el mismo
sitio. No pudo asimilarlo al instante. Le dio un vuelco completo el corazón. No
lo podía entender , quería gritar al
mundo. Fernando… Miranda… Las lagrimas
no pudieron ser evitadas. El dolor de aquella situación, le peso en el corazón.
Ella no tenia motivos…
Y repentinamente volvió a aparecer en
aquella habitación desordenada. Habia vuelto en si, aunque al fin podía recordar
a aquella mujer: Miranda, aquella que se encargo de romper su corazón.