Narraciones Extraordinarias Invencibles (Escrito por robertocanto)
Quilitl Atl Yo nunca ví la cuna del gato, ni leí los molinos del viento, ni el molino rojo, pero en Quilá pasando el río san Lorenzo...
Contacto | Agréganos a tus favoritos | Haznos tu página de inicio
Nombre:

Contraseña:


Regístrate
Recordar contraseña
- Inicio
- Foros de discusión
- Publica tu obra
- Leer obras
- Autores
- Definiciones
- Didáctica
- Narrativa
- Poesía
- Teatro
- Total obras: 1646
- En el foro: 227
- Usuarios Online: 33
Encuestas Gratis
- Poesías
- Cuentos
- Poesías de amor

El pesar de aquellas tardes.

Autor/a: DXXXA
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 12/03/2009
Leído: 1024 veces
Comentarios (1)
Valoracion de la obra: 6,33

El pesar de aquellas tardes. Aunque le duela, tiene que soportarlo. No tiene alternativa.

El pesar de aquellas Tardes. (Primera Parte)

 

Mi nombre es Daniel Alberto Malaquias Gutierrez, tengo 14 años y me llama mucho la atención la escritura y la lectura y desde pequeño he intentado escribir algunas obras. Me gustaría que leyeran la primera parte de esta obra de prueba para ver que opinan ustedes. La obra se titula  ¨el pesar de aquellas tardes¨

 

Su nombre no podía recordar. Sabia que se encontraba ahí, en la misma habitación de siempre donde la había pasado los días anteriores. Aquella mujer, esa mujer había quedado grabada en su mente y no podía dejar de pensar en ella. Un dolor de cabeza le acogía fuertemente, había estado con aquella mujer aunque no podía recordar a ciencia cierta quien era. De no sentir el suelo frio, no se habría dado cuenta que se encontraba tumbado en este. Como pudo, logro reincorporarse y se encontró con una sala desierta, la cual estaba echa un desastre. Papeles tirados por todas partes, una mesa volcada y algunos vidrios en el suelo. Avanzo unos pasos introduciéndose en lo que seria la cocina. Tomo un pequeño vaso y lo lleno de agua. Su cabeza le dio una punzada terrible con la cual apenas logro mantenerse en pie. Aquella situación le parecía familiar. Y de pronto se encontró a si mismo, en una habitación un poco mas ordenada. Su melancolía se hacia notar rápidamente. Todos los días era lo mismo. Se levantaba a las 7, se daba una ducha, daba unas cuantas vueltas antes de irse al trabajo, y cuando regresaba, se sentaba en aquella silla de siempre, a tomar unas cuantas copas de vino. De esa manera olvidaría la pena que le acogía, aquel dolor que tanto le perseguía. La mujer en la que tanto había confiado y a quien le guardaba tanto cariño, le había traicionado con su mejor amigo. Nunca había entendido los motivos para que lo hubiera hecho, y eso lo dejaba sin sueño todas las noches. Aquella tarde otoñal, su corazón se había roto en mil pedazos y aunque le había pedido tantas explicaciones a aquella mujer, ella jamás había querido darle razón. Tan solo se fue, dejándolo en aquella fría habitación. Desde ese dia había decidido esperarla, esperar a que se arrepintiera y regresara por el, aunque llevaba meses sin tener éxito. Se perdia en sus pensamientos, imaginando miles de escenarios en los que estaban juntos, en los que era feliz. Cada minuto que pasaba, aguardaba una esperanza en su corazón. En cuento escuchaba sonar el teléfono, se lanzaba hacia el. Habia amado apasionadamente a aquella mujer, no podía terminar de un momento para otro. Su amargura le abrazaba a cada instante, y se perdia entre copa y copa. Aquella noche la recordaba con claridad. Las gotas de lluvia habían comenzado a caer desde lo alto y los vidrios habían quedado empapados. El hombre se levanto de la silla en la que había estado tumbado durante un largo rato, y comenzó a dar vueltas por la habitación impaciente. No sabia exactamente porque, pero no podía mantenerse sentado. Como si eso fuese lo que el hombre estuviese esperando, repentinamente tocaron la puerta fuertemente.

Sin detenerse, se lanzo rápidamente hacia esta, esperando ver a su amor al otro lado pero cual fue su desepcion cuando se encontró con otra mujer a la cual jamás había visto en su vida, o por lo menos no la recordaba. Estaba completamente remojada, de pies a cabeza, por lo que el hombre la dejo entrar rápidamente. Se dirigió a su cuarto y cogió unas cuantas cobijas las cuales presto apresuradamente a aquella mujer de la cual no sabia nada.

-          Mis mas sinceras disculpas, buen hombre. Llevo unas cuantas horas viajando y hasta entonces, mi camioneta no había tenido este tipo de problemas. Usted sabe, la ciudad es peligrosa en estos tiempos y además ha caído una gran llovizna. No creo que sea seguro intentar repararla a esta hora. Espero no causarle ningún problema. Le agradezco de antemano.

El hombre, aun bajo las influencias de aquellas copas, no supo que responder y tan solo guardo silencio. La mujer, lo miro nerviosa y un poco preocupada por lo que pudiera ocurrir a continuacion. No sabia si su presentación había sido de lo mas prudente, pero algo si sabia: tenia que pasar la noche en algún lugar. El hombre se levanto de la silla, se acerco a la mesa de la sala y tomo la botella de vino.

-          ¿Quiere un poco? Ofrecio a la mujer. Ella negó con la cabeza y el volvió a caer en la silla.  – No tiene por que preocuparse. Todas las noches la paso solo en esta casucha. No me haría daño algo de compañía.

Aquella habitación, se desdibujo de su mente y volvió a convertirse en la desordenada que se había encontrado desde el principio. Se encontró nuevamente tirado en el suelo lo cual no le causo gracia. Volvio a levantarse como lo había hecho la vez anterior, pero esta vez, para atender al llamado de la puerta que se hacia cada vez mas estridente. Su corazón latia de una extraña manera. Abrio la puerta con rapidez, aunque detrás de ella, no encontró a nadie. Y pudo vislumbrar frente a si mismo, un patio aun mas desordenado que su sala aunque eso no le ayudo de nada a recordar lo que la noche anterior había ocurrido.

La luz de la luna se aproximaba y el seguía en aquella habitación, en la cual, sabia que había estado antes. Decidio comenzar por ordenar la sala, que seguramente seria de el. Comenzo por recoger todos aquellos papeles que habían sido desordenados por el suelo. Luego levanto algunos platos de comida y algunas copas rotas que luego termino por tirar a la basura. Entre toda la basura, logro reconocer una identificación personal que seguramente era propia. Damian Sanchez, ¿no? Asi se llamaba. Aunque eso ahora no seria de gran ayuda para recordar lo ocurrido. Recordaba algunos gritos, seguramente alguna pelea que por lo visto, el no había ganado, había terminado tirado en el suelo. Y aunque había recordado a la mujer que le había visitado aquella noche, no sabia a ciencia cierta que relación podía haber tenido con las situación en la que se encontraba. Los vidrios rotos le causaron una pequeña cortada en el dedo índice, lo cual no alivio la desesperación que lo colmaba en el instante. No es nada divertido no recordar quien eres y porque estas ahí. La sangre le recorrió por la mano y no tuvo mas remedio que dirigirse al baño, para tomar un trozo de papel, con el cual se limpio todo rastro. Su cabeza le dio una punzada nuevamente pero esta vez, la habitación siguio en su lugar. Despues le siguió un fuerte dolor de cabeza que apenas si le permitia mantenerse en pie. Por una extraña razón, aquella sangre le había causado un efecto terrible. Una fuerte sensación de remordimiento que ni el mismo comprendió. Un terrible mareo se apodero de su cuerpo, obligándolo a tumbarse en el sillón de su sala. El hombre volvió a caer en un profundo sueño.

Esta vez apareció en una amplia habitación, sobre una cama. Los fuertes rayos del sol le daban en la cara y le dolia un poco la cabeza. Claro, los efectos de aquel alcohol que la noche anterior había estado tomando, antes que aquella misteriosa mujer llegara. Apenas si recordaba lo ocurrido la noche anterior, debido a que se encontraba bajo los efectos de alcohol, pero de algo si estaba seguro, aquella mujer que había llegado, era real y se encontraba en la habitación de al lado. Se había portado muy grosero con ella. De modo que se decidió por mostrar una mejor actitud. Se vistió rápidamente y salió de la habitación. Cual fue su sorpresa, cuando vio a la mujer preparando las cosas que cargaba, para irse pronto. Esta la saludo con una cordial sonrisa, y este respondió un tanto sorprendido, aunque no sabia exactamente porque.

-          ¿Tan pronto se va? Pregunto curioso Damian, aunque esto le sono un poco extraño.  – Sabe, en unos minutos preparare un poco de comida, creo que le vendría bien almorzar antes de continuar con su viaje.

La mujer, un tanto confundida por el cambio de actitud del hombre, lo miro fijamente sin saber que decir. Quiza el hombre había sido un tanto cortante la noche anterior, pero le había sido de gran ayuda. Ademas, era cierto. No le vendría mal, desayunar antes de continuar asi que accedió.

Los segundos siguientes fueron un tanto incomodos. Damian intento ser lo mas amable posible, aunque el silencio lo hizo un poco complicado. Por mas que quizo evitarlo, el tiempo corrió rápido y la mujer se levanto de la mesa. Esta agradeció todo servicio prestado por este hombre y se abrió paso para volver a su viaje. Inesperadamente, Damian se interpuso en su camino evitándole el paso. La mujer intento decir algo pero fue interrumpida por la clara voz de su interlocutor.

-          ¿A donde se dirige? Sabe que, en lo que me pueda necesitar, yo estare disponible. Me mostre un poco grosero anoche, espero no haberla incomodado.

-          Le agradezco mucho, pero creo que usted ha hecho mucho por mi. Creo que es suficiente.

 La mujer avanzo a paso firme esquivando la figura de aquel hombre que aunque no sabia porque, le había tapado el paso. Sin embargo, tuvo que detenerse, ya que un de las maletas que llevaba acababa de romperse. Algunos objetos de uso personal salieron desde esta. Damian rápidamente se apresuro a ayudar a la mujer, levantando todo tipo de cosas, pero quedo paralizado al encontrar entre algunas de las fotos, algo que no se habría esperado aquella mañana. Por un momento llego a creer que eran alucinaciones, pero después lo comprendió todo. Se encontraba ante sus ojos, la cara de aquel hombre que algún dia, había sido su mejor amigo. Aquel maldito que había acabado con su vida sin dejar razón alguna. En quien alguna vez había confiado completamente y que le había traicionado de una manera despiadada.

Y volvieron s a su cabeza, recuerdos desagradables que las copas se habían encargado de calmar. Aquella tarde, esa tarde en la que regresaba del trabajo. De haber sabido lo que le esperaba en su departamento, jamás habría entrado en el.Por ella, se había encargado de conseguirse un ramo de rosas, el cual le entregaría esa tarde. Por ella, había suspendido algunas actividades pendientes que tenia en su trabajo y había salido unas horas antes. Por ella, se había puesto su mejor traje y se había perfumado. Por ella daría todo.

Lo recordó claramente, eran las 5 de la tarde. Avanzaba a paso firme por la acera y llego rápidamente a la puerta. Detrás de ella, se encontraría con la mujer que había amado con pasión. Entro en aquella habitación, esa habitación donde habían compartido tantos momentos juntos. Ella no estaba en la sala, lo cual le pareció un poco extraño, pues los últimos días la había encontrado ahí. Busco en la cocina, el cuarto de baño y hasta en el comedor, pero ella seguía ausente. Quiza había salido, ella no sabia que el llegaría a esa hora. Damian estaba un poco cansado del trabajo, quizá un buen descanso antes de encontrarse con su novia le vendría bien. Pero no sabia lo que le esperaba detrás de la angosta puerta y de haberlo sabido jamás la hubiera abierto.

Se encontraban ahí, juntos en el mismo sitio. No pudo asimilarlo al instante. Le dio un vuelco completo el corazón. No lo podía entender , quería  gritar al mundo.  Fernando… Miranda… Las lagrimas no pudieron ser evitadas. El dolor de aquella situación, le peso en el corazón. Ella no tenia motivos…

Y repentinamente volvió a aparecer en aquella habitación desordenada. Habia vuelto en si, aunque al fin podía recordar a aquella mujer: Miranda, aquella que se encargo de romper su corazón.


Comentarios - Deja tu comentario sobre la obra
Mostrar de en 15
enamorarse
enamorarse es algo muy padre porque sientes algo especial por esa persona pero no te iluciones muxoooo   se lo que te digo   sigue tu vida  es muy padre expresarse por escrito se lo que te digo .... buna forma para escribir tus pensamientos  ..........
Autor: nalle | Fecha: 12/05/2011 3:03:19

Mostrar de en 15




Inserta tu mensaje
Nombre:  
Título:  
Mensaje:
 
Icono de mensaje:











Portal Web enfocado a autores amateurs y amantes de la literatura, que desean leer o publicar sus poesías, obras de teatro, novelas, relatos, cuentos...
Regalos - Decoracion