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Nosotros estamos muertos.
Autor: rolox37
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Estadísticas
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Resumen
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Fecha de publicación: 03/10/2008
Leído: 182 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 6
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La historia fantástica de dos extraños personajes y su visita "Al mas acá..."
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Creo que de todas las cosas, lo que mas extraño es aquel olor penetrante de flores podridas de cementerio cuando los aguaceros de mayo las arrastraban hasta que las llevaban a mi lecho. Me he pasado madrugadas enteras sentado en el portal de lo que fué una vez mi casa forzando a mis sentidos para recrear ese aroma, pero no...No lo he logrado todavía.
...Todo empezó como un juego en aquella tarde calurosa de Junio. Harto de la vida monótona y sin sentido que llevaba decidí salir de mi encierro y ver que sucedía alla afuera. Creo que ese fué el primer error.
Pero antes, permítanme presentarme. Me llamo Antonio Zambrano, nací un 17 de agosto de 1949 aquí en esta misma ciudad, aquí crecí y creo que hasta me llegué a casar. Fuí padre de 4 hijos, dos hombres y dos mujeres. Morí el 11 de Diciembre de 1988.
Pero ahora veo que la idea de Benjamín no fué del todo buena. Esa tarde yo estaba como cualquier otra, descansando plácidamente en mi morada y calculando una vez mas cuanto tiempo llevaba ya ahí. Haciendo cuentas una y otra vez ya que mi memoria últimamenete no anda muy bien, me percaté de ello desde la vez que sobre mi, escuché a mi hija mayor decirle a mi nieto que esas flores eran para su abuelo por los diez años de su fallecimiento, cuando yo hubiera podido jurar que apenas iba por el segundo año en mi nueva casa...Pero en fin, el caso es que descansando en mi ataúd como llevaba haciéndolo desde los últimos 12 años mas o menos, escuché la voz de Benjamín, mi vecino de a lado quejándose en voz alta de su aburrimiento y monotonía. Y yo, -Vaya torpeza la mía- en son de broma le dije:
- Pues anda, vete a pasear un rato por ahí, salúdame a todos y diles que aquí los esperaré.
Desde luego yo lo dije en tono de broma, quien me hubiera visto hubiera podido darse cuenta como mis maxilares descarnados golpeaban uno contra otro en una sorda carcajada por la puntada aquella.
Pero el se lo tomó muy en serio.
El caso es que estaba decidido a hacerlo y quería que yo lo acompañara. En un principio la idea me pareció una locura y así se lo hice saber:
- Estás loco Benjamín. Nosotros estamos muertos y el mundo de allá afuera ya no nos pertenece. Seámos congruentes con nuestra naturaleza y mejor quedémonos aquí, que aquí es donde nosotros debemos de estar.
Pero el seguía decidido. Debo confesar que si bien al principio la idea me pareció un disparate, después esa ocurrencia empezó a tomar forma y me llegó a entusiasmar. Claro, sabía de antemano que aquello podría tornarse difícil y quizás hasta peligroso. Presentarnos con esta triste y fétida apariencia ante nuestras familias que nos daban por muertos desde hacía mucho tiempo sería algo complicado y ¿porqué no decirlo?, bastante nauseabundo también.
Pero ahora no había marcha atrás. Le propuse que si de el había sido la idea, el debería ser el primero también en salir, propuesta a la que no se opuso y muy claro pude escuchar desde mi tumba el rechinar de los viejos clavos enmohecidos saliendo de entre las maderas podridas de su ataúd. Después el sonido de la placa de concreto que se deslizaba sobre la tierra y segundos mas tarde los gritos de júbilo y alegría de mi vecino y buen amigo Benjamín diciendo que ahora era mi turno...
¿Que me quedaba por hacer?. La ocurrencia había sido mía, eso es cierto. Pero nunca fué con la intención de llevar todo esto al plano de la realidad.
“Allá voy Benjamín, cerciórate de que no haya nadie cerca”. - Le grité a mi aventurado amigo al tiempo que lentamente empecé a desdoblarme y con mis metacarpos desnudos de carne empujaba la tapa de mi féretro y luego, la luz resplandeciente del sol quemando mis ojos, o las cuencas vacías donde una vez estuvieron -.
Entonces desde ese momento fueron ocurriendo cosas que todavía no entiendo. Necesito empezar diciendo que a pesar de la larga amistad que tenía con mi amigo Benjamín esa fué la primera vez que lo ví. - O eso pensé, y mas tarde les explicaré porqué - Hablábamos mucho, teníamos afinidades muy parecidas e incluso varias veces coincidimos en la idea que de habernos conocido en vida hubiéramos sido también muy buenos amigos. Pero jamás nos habíamos visto, tres o cuatro metros de tierra nos separaban desde el día que ambos llegamos apenas con unas horas de diferencia a nuestro sepulcro, porque así fué. Yo apenas empezaba a acomodarme bien para pasar ahí el resto de lo que al mundo le quedara de eternidad cuando escuché el sonido de las palas removiendo la tierra justo a unos metros de mi. Después el silencio y luego la voz de mi compañero que decía: “Vaya, pensé que esto sería peor. Buenas tardes vecino, mi nombre es Benjamín Terrazas.”.
El caso es que ahora íbamos de visita al mundo de los vivos. Apenas pude reestablecerme un poco de la luz que me encandilaba y lo primero que ví fué una mano que se me tendía ofreciéndome su ayuda para levantarme y salir de ahí. Era Benjamín.
Sin embargo no era lo que yo esperaba. Quiero decir...Uno esperaba encontrarse con un cadaver de 12 años. No sé si me explico. Yo pude presenciar y ser testigo de mi proceso de reintegración a la tierra. Día a día observaba a mi cuerpo deshaciéndose poco a poco sin descanso hasta quedar en lo que soy ahora. - O en lo que era hasta antes de salir- Un montón de huesos malolientes, oscurecidos y cubiertos por una magra capa de pellejo deshidratado. Pero mi amigo estaba entero, rozagante y transpirando por aquellos calcinantes rayos del sol de Junio. No acababa todavía de salir de mi asombro cuando lo escuché decir:
-Antonio, alguna vez me dijiste que tenías algunos kilos de más, pero vamos hombre... no creí que fueran tantos-
Y yo, con un gesto reprobatorio por el comentario de mal gusto que acaba de hacer, sacudí mi cuerpo para deshacerme de los restos de polvo que aún me cubrían y no sentí mis huesos, sino la carne puesta en su lugar, la carne del gordo de 112 kilos que fuí hasta el día de mi muerte. Algo raro estaba sucediendo pero ni tiempo hubo de reparar en ello. Inesperadamente cuatro personas con gafas oscuras doblaron hacia nosotros cargados todos con grandes ramos de flores negras y violetas, y mi instinto de muerto que va de visita al mundo de los vivos me hizo correr despavorido a esconderme detrás de un mausoleo. Para mi sorpresa Benjamín se quedó ahí. Pasmado ante la luz del día y el calor de la tarde, abriendo y cerrando muchas veces sus ojos como para afinar mejor su vista y ver todas las cosas que no pudo ver durante tantos años. En un momento dado hizo llenar de aire sus pulmones y extendió sus brazos todo lo que pudo en el instante que una señora pasó junto a él y su mano fué directo contra sus mejillas. Yo no quería ver la reacción de la mujer aquella cuando sintiera la bofetada de un muerto de 12 años cruzándole la cara, pero claramente observé como su mano atravesó su rostro sin que siquiera ella se diera cuenta., después la gente que cargaba las flores pasó por un lado de el y tampoco lo percibieron. Entonces, para terminar de confirmar mi teoría me crucé en el camino de Juan José cuando este iba a llenar una cubeta de agua, el viejo borracho aquel que por tantos años cuidó de nosotros y limpiaba de polvo y mala hierba nuestra sepultura y el ni siquiera notó que había pasado a traves de mi. Apenas lo ví hacer un gesto de desagrado con la nariz y abanicarse la cara con su mano para seguir su camino...
Vaya, -Pensé- Esto se va a poner interesante...
Todavía si hoy me pruguntaran porqué me envolví en esta extraña aventura no sabría explicarlo. Si bien es cierto que desde hace algún tiempo sentía cierta curiosidad por saber que pasaba acá arriba no daba para tanto, quiero decir, no debí haberme involucrado en esto...Ahora me siento un tanto extraño en este mundo.
Luego de sobreponernos de la impresión aquella que nos dejó el saber que podíamos ver sin ser vistos, caminamos por los pasillos y veredas de ese viejo cementerio. ¡Que sorpresas nos llevábamos curioseando entre los nombres inscritos en esas lápidas! Viejos amigos algunos, conocidos de poco tiempo otros, algún familiar, unos mas compañeros de trabajo, e infinidad de gente que sin saber pertenecían a nuestro mundo de tinieblas sin saber desde hacía cuanto tiempo. Entonces, inesperadamente giré mi cabeza buscando a Benjamín y me percaté que se había quedado bastantes pasos atrás, debajo de un enorme y viejo sauce y me dirigí a el, claramente pude ver como secaba las lágrimas de su rostro con una mano y con la otra acariciaba con vehemencia la plancha de granito en cuya superficie resaltaba el nombre de una mujer. Verónica Aguirre Azueta.
Antes de que pudiera preguntarle nada, su voz entrecortada por el llanto susurró:
- Era mi prometida, no sabía que ella también estaba aquí. Al siguiente día de que pasó aquello nos casaríamos, pero no supe que ella también había muer...
- Vamos Benjamín, siento mucho tu pena pero tu ya sabes como son estas cosas. Ahora estamos entre los vivos y mejor que aprovechemos el tiempo que podamos estar aquí. - Le dije con la mejor intención de mitigar en parte su dolor -.
Y así fué como esa tarde calurosa de Junio salimos caminando por aquella puerta alta y de arcos grises. Doce años atrás ambos habíamos entrado por ahí con la firme convicción de que nunca mas volveríamos a salir, ambos llegamos con el miedo reflejado en nuestros ojos cerrados por el natural temor a lo desconocido y podría asegurar también que los dos quisimos gritar con todas nuestras fuerzas justo después de la última palada de tierra sobre nuestros fríos cuerpos. “- ¡Noooooo, No me dejeeeeen aquiiii!-”. Y nos encontramos con la mas terrible rigidez post-mortem que trababa nuestras quijadas ahogando nuestro grito...que nadie pudo escuchar.
El aire caliente de la tarde nos quemaba los ojos y despeinaba nuestros cabellos.
Caminamos sin rumbo por muchas horas mientras en silencio pensaba donde es que había visto antes el rostro de mi compañero de aventuras. En cierto momento mientras nos divertíamos como chiquillos atravesándonos al paso de los autos que pasaban por entre nuestros cuerpos sintiendo nosotros apenas un leve cosquilléo, pude advertir que Benjamín me miraba también como queriendo reconocerme de antes. Es imposible. -Pensé- Jamás nos habíamos visto. -Me dije no muy convencido- Nunca hubiera imaginado cuan equivocado estaba.
Fué así, que justo a la vuelta de una esquina sentí una extraña sensación. No sé como describirla, siempre he sido muy parco de palabras para expresar mis sensaciones. Sólo puedo decir que sentí una como emoción muy grande que crecía cada vez mas en mi pecho y cuando este estaba por reventar, un instinto raro e inexplicable me hizo dar un salto sobre la tierra y me elevé...
Me elevé muchos metros sobre el suelo...No se cuantos, pero cuando volteé hacia abajo las cosas se hacían cada vez mas pequeñas y el ruido de la vida allá abajo también. Vi a muchos metros debajo de mi, la cara de asombro de Benjamín y pude advertir también como este flexionó un poco sus rodillas y de un ligero impulso se elevó por los aires y en menos de un segundo estaba a un lado mío.
Ahí estábamos ahora, dos muertos recién resucitados flotando en el aire húmedo y caliente. Observando pasmados la vida a la que ahora pertenecíamos, al menos por algún tiempo.
De pronto se me ocurrió una idea.
“Quiero mostrarte el sitio en que morí” -Le dije a Benjamín-
Y ese fué mi segundo error, quizás el peor de todos...
Empezaba a oscurecer...
El seco y sofocante calor vespertino ahora se disipaba dando paso a una brisa húmeda y fresca que por un momento me recordó los días felices de mi niñez. ¿Mi niñez?...Y esta, ¿Donde había quedado? Cerré los ojos y de un impulso giré muchas veces sobre mi espalda, flotando en el aire suave de aquel anochecer. Feliz, como no lo era realmente desde no se cuanto tiempo.
...Y así desde la altura, sentí un deseo muy grande de ver a mi ciudad llena de su gente, este pedazo de tierra que me vió nacer y le tocó también verme morir. Mi tierra, que ahora la veía diferente, la veía con los ojos con los que seguramente Dios la ve desde donde está, como paciente y sumisa, como a la espera de algo que tarda mucho y parece que nunca va a llegar.
“Sígueme benjamín, te voy a mostrar el lugar en que morí” -Le dije a mi amigo que para entonces hacía todo tipo de acrobacias en el aire y concluía estas con una pequeña reverencia al mas puro estilo de un artista circense-
Entonces, mientras nos dirigíamos al preciso lugar donde concluyó hace doce años mi primera existencia -Por llamarla de algún modo- reparé en que de todo habíamos hablado Benjamín y yo en mas de una década de conocernos. Temas tan diversos que iban desde la política hasta la religión pasando por cualquier cosa, pero jamás tratamos el modo en que habíamos muerto. Se lo hice notar y después de pensar un rato en mis palabras asintió con la cabeza y se encogió de hombros.
“¿Y como fué que moriste Antonio?” -Lo escuché cuestionarme en el momento que desde la altura ubiqué la carretera que buscaba y justo en la primera curva antes del puente de “La Piedad” le hice una seña con la mano para que bajáramos.
Conforme lo hacíamos su rostro se iba descomponiendo, pude ver que algo extraño estaba pasando. Ahora, ya estábamos en suelo firme.
“...Hace unos 12 años yo me sentía prácticamente un hombre realizado, a poco menos de cumplir 40 tenía una familia consolidada, un trabajo estable, una posición económica que si no era de lo mejor estaba encaminada a mejorar aún mas y un sueño por cumplir: Tener mi propia casa de campo. Alguien me había ofrecido una en venta a pocos kilómetros del lugar donde vivíamos y un día me propuse a ir a verla con la idea de que si era de mi agrado llegaría con la noticia a mi familia de que eramos dueños de la finca campestre que tanto habíamos soñado. Ese mismo día cerramos la operación y yo me sentía el hombre mas feliz del mundo que ahora lo que mas deseaba en la vida era llegar a su casa para darle la sorpresa a su familia. El destino dispuso otra cosa e interpuso entre mi familia y yo, un auto a toda velocidad de frente al mío y con una pareja a bordo, saliendo de la curva del puente de La piedad. Todo sucedió en cosa de segundos. Y aunque recuerdo que sobreviví al impacto frontal, no pude hacerlo de las llamas que poco después nos consumieron. Antes de morir le pedí a Dios por mi y por el conductor del auto con que colisioné y que claramente podía ver a poca distancia mía y por la mujer que lo acompañaba, que aunque vivos estaban tanto como yo atrapados por los hierros retorcidos y nos era imposible librarnos de ahí.”
De pronto sentí como la tierra cayó bajo mis pies. Cuando volteé a ver a Benjamín pude ver otra vez el rostro del hombre aquel que con desesperación hacía esfuerzos sobrehumanos por librarse de los hierros que cercenaban en vida su humanidad. Reviví en millonésimas fracciones de segundo el momento exacto en que dejé el mundo de los vivos para pasar al reino de los muertos y como un torrente de agua helada cayendo sobre mi espalda pude recordar con espeluznante claridad donde fué que había visto antes el rostro de mi mejor amigo...
..Cada vez que llovía yo era muy feliz. Sentía con asombrosa claridad como el agua fresca en la madrugada empezaba a filtrarse primero entre las ranuras abiertas del concreto de mi cripta, después, empapaba la tierra sobre mi y entraba luego a mi ya viejo y deteriorado ataúd. Yo la sentía por todas partes, me refrescaba de los agobiantes calores de Mayo, y era entonces cuando agua, tierra, gusanos, y lombrices y todo minúsculo ser viviente que caminase sobre el polvo haciámos de la ocasión una gran fiesta. Creo que si bien, jamás dejé de sentirme de algún modo un ser vivo, era precisamente en los días de lluvia cuando pensaba que nunca como entonces estaba mas lleno de vida....Y ese olor, ese aroma de viejas flores podridas de cementerio que ahora extraño como nunca antes.
...Ahora empezaba a comprender muchas cosas. Benjamín, su prometida y yo morimos ese mismo día, de esa misma forma, y en ese mismo accidente. Tal parecía que el destino con su mano cruel y despiadada nos acomodaba con paciente frialdad el rostro de la mejor manera, para darnos de la forma mas efectiva y dolorosa una sonora y sangrienta bofetada.
De reojo busqué a Benjamín y pude ver que este me veía sin verme, me hablaba sin ecucharlo y me escuchaba sin que yo le hablara.
Después de un largo silencio creo que alcanzó a decir:
“Antonio, yo iba bien por la carretera. Verónica iba a mi lado, feliz de que al día siguiente íbamos a casarnos. Todo estaba preparado. Su padre sólo esperaba ver a su única hija casada para morir tranquilo. Para su madre era la ilusión mas grande...Y para mi, ¿que te puedo decir Antonio? Aún no cumplía 37 años de edad cuando te atravesaste en nuestras vidas y lo arruinaste todo. No puedo odiarte porque ni siquiera del odio puedes ser digno...”
Iba a seguir hablando cuando lo interrumpí abruptamente...
“Mira Benjamín, justo en esta curva donde estamos parados ahora apareciste tu, invadiendo el carril que por derecho de tráfico me pertenecía. No te reprocho nada, aunque como tú, yo también además de la vida perdí a mis seres queridos, que si bien no viajaban conmigo, si me arranacaste de ellos para siempre. Pero no te lo reprocho porque ¿Sabes?, sé que no hubo dolo ni mala fé en esa tragedia, fué un accidente, un lamentable accidente que no pudimos evitar y aunque me esté mal decirlo, deberías de saber que mis últimas oraciones antes de que el fuego nos alcanzara fueron para ti y tu prometida, deberías de saber también que...”
Aún no terminaba de decirle todo lo que debería de decirle cuando de la nada, vi una figura amorfa y gigantesca que de pronto empezaba a conformarse en el cielo de algo como un rostro deformado y este se reía y se burlaba de nosotros, y aunque esa monstruosa y descomunal cara no emitía ningún sonido, muy claro podía casi escuchar las risas y carcajadas que le producían ver a dos muertos discutiendo el grado de responsabilidad de cada uno en el accidente que los privó de la vida en ese mismo lugar hacía mas de doce años. Eso me hizo sentir una pena y una lástima tan grande e infinita por nuestra triste condición que terminó por hacerme entrar en razón.
“Está bien Benjamín, no hay nada que podamos hacer para revertir la situación. Vamos a ubicarnos, los tres morimos en un accidente y el destino se encargó de todo lo demás. Entiéndelo de una vez. Nosotros estamos muertos y no es de muertos discutir ni repartir culpas ni responsabilidades, vamos a tratar de....”
Me dejó con las palabras a medio salir y escurriendo por mis labios. Emitió de su boca cerrada y apretada el llanto mas agudo y malancólico que jamás en la vida, cuando la tuve, había escuchado y con torrentes de lágrimas saliéndole por sus ojos se alejó de ahí. Se alejó volando y flotando por el aire húmedo tanto que lo perdí de vista justo en dirección a donde el sol casi terminaba de ocultarse. Y aún cuando ya no lo veía, su llanto triste y desgarrador lo seguía escuchando todavía y seguí escuchándolo 25 días mas desde diferentes direcciones y a toda hora del día y de la noche. Hasta que de pronto un día ya no lo oí mas.
Esa fué la última vez que ví a Benjamín Terrazas.
No he podido encontrar a mi familia. Al menos nadie vive ya en la casa que habitamos una vez y fuimos tan felices. Ahora la habitan otras personas. Tal vez así séa mejor. Hay veces que me cuesta demasiado trabajo entender mi situación, es difícil pertenecer a otro mundo y estar en uno ajeno, por eso no termino todavía de habituarme a ciertas circunstancias diarias y cotidianas para las que sólo los seres vivos están adaptados.
Llevo 39 noches sin dormir, el insomnio es ahora un eterno compañero, un fiel consejero y una parte inseparable de mi naturaleza.
Noches como esta me ha dado por recordar episodios lejanos de mi vida, cuando vivo. He buscado a las personas con las que de algún modo compartí con ellas algún momento en la aventura de casi 40 años que viví antes de que aquello sucediera. Algunas ya murieron, otras aún viven pero no me reconocen. Me pongo frente a ellas, coloco mi mano suavemente sobre su hombro y con el mas esmerado de los cuidados para no asustarlos les explico que soy Antonio, que por una circunstancia extraña y un tanto inverosímil estoy de vuelta por un tiempo entre los vivos...Pero parece que no me escuchan, expresan sensaciones tan encontradas ante mi presencia que van desde un bostezo, un estornudo, una sonrisa, incluso alguno que otro llegó a decir que de pronto se le vino a la memoria el recuerdo de Antonio Zambrano. Pero eso si...lo mas recurrente en todos es su mano abanicándose la nariz en señal de haber sentido de la nada algún aroma desagradable.
...Algún día he de volver entre los míos, de eso no tengo duda. Y quizás ahí a nadie le parezca extraño ni tan desagradable este olor.
Los días para mi son cortos y las noches a veces se hacen eternas. He buscado la manera de matar el tiempo y fué así como una madrugada tuve la absurda idea de buscar en este mundo todas las cosas que dejé cuando viví en el. Casi todo lo he encontrado.
Pero mi infancia...¿En donde se quedó? A decir verdad no recuerdo el día ni las circunstancias en que la perdí. La he buscado mucho; mas que nada por una mera cuestión sentimental, y no la encuentro. Ni entre las hojas de mi libro de quinto año, ni dentro de la botella de vino de la que bebí por vez primera y ni debajo de la almohada sucia y maloliente de la vieja prostituta aquella de “mi primera vez”. En algún lugar estará y sólo espero que en donde esté, aún se mantenga intacta e inocente, tal y como la abandoné un día...
...Nunca mas he vuelto a saber de Benjamín, pero una noche tuve un extraño sueño.
Estando dormido en los pocos instantes que el insomnio me concede una tregua, sentí el llanto de una lechuza nocturna graznando lastimeramente y volando muy cerca de donde estaba acostado, entonces sobresaltado abrí los ojos y vi como pasaba a pocos centímetros sobre mi. Me sobrepuse y recuerdo como alzé el vuelo y fuí volando detrás de ella en el cielo estrellado de aquella madrugada, pero justo cuando estaba a punto de alcanzarla el ave volteó a verme con los ojos mas tristes que yo recuerde haber visto y lentamente empezo a tomar forma humana y su rostro con enormes ojos y agudo pico se transformó en el de mi amigo Benjamín Terrazas, llorando otra vez de esa forma en que lo ví en aquella última ocasión, y en el momento en que quise hablarle y decirle que deberíamos reconsiderar nuestra amistad, una hermosa mujer envuelta en un vestido de novia con un largo velo blanco y con enormes manchas de sangre se aferró a su cuello y ambos se alejaron velozmente de mi, como si estuvieran viendo al vivo demonio y llorando los dos de aquella manera que jamás, ni vivo ni muerto podré olvidar nunca...
“Creéme Benjamín, yo no fuí el culpable de aquello que pasó...”
Hoy decidí de manera tajante ponerle fin a esta locura. Era el momento de terminar esta idiotizante aventura que había nacido de la nada y había complicado las cosas tan terriblemente.
“Antonio, tu estás muerto desde hace ya bastante tiempo y con los muertos es con quienes debes de estar” - Me dije mientras observaba con algún dejo de tristeza y melancolía el mundo al que vine a visitar por espacio de casi dos meses-
Sabía de antemano que ya nada sería igual, si bien el tiempo que permanecí muerto fueron años de compañía y amistad de un entrañable amigo, ahora aquello había terminado. De hecho estaba casi seguro que Benjamín ya había vuelto al cementerio pero este no me dirigiría siquiera la palabra en los días, meses, años, siglos o milenios que durara todavía la eternidad.
Fué así que aquella mañana al amanecer, iba entrando nuevamente por aquella enorme puerta de altos arcos grises. Decidido a que nada ni nadie me volvería a sacar de ahí...
“Que ingenuos somos los muertos que hemos resucitado...”
Voy a ser simple en explicarlo sin darle tantos rodeos. Nuestras tumbas habían desaparecido. Así de sencillo. Cuatro días con sus cinco noches me pasé dando vueltas sin descanso por todo el cementerio tratando de ubicar nuestras auto-profanadas sepulturas y estas nunca aparecieron, ni señas siquiera de que algún día hubieran existido. Entonces, un detalle iluminó de pronto mi mente. La tumba de Verónica Aguirre, la prometida de Benjamín, estaba justo debajo del árbol mas alto del cementerio y eso era bastante fácil de encontrar ya que ese gigantesco sauce sobresalía por encima de todos los otros árboles por mas del doble de su tamaño. Apenas gíré mi vista y lo encontré, corrí apresurado a buscar la tumba de esa pobre mujer, sabiendo que a pocos metros de ella y por el mismo pasillo estaban nuestra moradas...Pero la sepultura de Verónica estaba tan desaparecida como las nuestras.
Benjamín, Verónica, el vestido de novia, la lechuza... -Pensé- ¿Me estaré volviendo loco?
Entré al pequeño cuarto que Juan José, el viejo sepulturero ocupaba dentro del cementerio y lo encontré dormido. Le hablé primero, le grité después y terminé abofeteándolo violentamente para despertarlo al tiempo que a gritos le preguntaba que había pasado con nuestras tumbas, pero el viejo borracho apenas pudo entreabrir los ojos, balbuceó unas palabras entrecortadas que no alcancé a entender y tomó la botella de aguardiente que tenía debajo de la cama para reventarla con fuerza contra la pared al tiempo que gritaba...
“¡Pinche vicio mierda...Juro que jamás volveré a tomar!” y se quedó dormido nuevamente entre ahogados y ruidosos ronquidos.
...Hoy es fecha que aún sigo todavía en el mundo de los vivos, aunque desde hace bastante tiempo ya, nosotros estamos muertos. Este mundo de gente viva tiene poco que ofrecernos y es por eso que la noche y el insomnio siguen siendo mis mejores compañeros. ¿Por cuanto tiempo? No lo sé todavía. Estoy en proceso de adaptarme a estas actuales circunstancias antes de que terminen conmigo, porque para ser sincero, es muy grande mi temor hacia lo desconocido. Quiero decir...Si esto me matara ¿A donde voy a ir ahora? ¿Existirá algún lugar a donde van los muertos que revivieron y luego volvieron a morir? Y si esto existe, ¿como será? ¿Me estará esperando algún castigo divino por haber violentado una de las mas sagradas y elementales leyes de la naturaleza? Si así fuera, bien merecido lo tendría.
Mi vida, si es que a esto así se le puede llamar, se ha reducido a esperar con paciencia la noche para volar en ella, para flotar en el aire húmedo y ver las cosas y la vida desde arriba envueltas en el mas acogedor y sórdido de los silencios. Tengo el tiempo de sobra para compadecer a esta pobre raza humana a la que pertenecemos y llorar con ella hasta que la luz del amanecer nuevamente empiece a salir y con ella la falsa ilusión de que este día las cosas serán mejores.
Seguiré a la espera de las lechuzas nocturnas en la esperanza de encontrar en alguna a mi amigo de toda la muerte, y ojalá las cosas entre nosotros pudieran arreglarse, aunque nunca mas he vuelto a ver otra como la que vi aquella madrugada...
...No tarda mucho en anochecer, mientras tanto voy a seguir contándoles mi historia y esperando aquí sentado...En esto que fué una vez el portal de mi vieja casa donde fuí tan feliz, cerrando los ojos y tratando de recrear una vez mas aquel dulce aroma de las flores podridas de cementerio, que los aguaceros de mayo arrastraban, y llevaban siempre hasta mi añorado lecho.
FIN Obra con derechos de propiedad intelectual regitrados en Safecreative.Org con licencia "Creative Commons Reconocimiento 2.5" y número de código 0808250916504 del 25 de Agosto de 2008.
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