Ponemos el caso de alguien, quien sea, desconecte de una mano los cables que nos mantienen el alma firme en esta salvaje esfera.Ponemos por caso que la nevera de casa está vacía y no tenemos más alimento que el pan duro de el otro día.Ponemos por caso que desaparecen los fármacos contra toda depresión y el único efluvio etílico sea una pistolita de balines, como las de la feria.Ponemos por caso que a la librería se agotan todos los ejemplares de este best-seller americano que nos explicaba como ser felices cuando lo único que queríamos era pararnos en este camino de sirga.Ponemos por caso que nos arriesgamos a decir en directo en un programa de televisión que la solitud es nuestra gran aliada compañía.Ponemos por caso que Telefónica nos hace pagar las perdidas que hacemos a los nuestros cada vez que reclamamos la ausencia.Ponemos por caso que alguien, quien sea, nos apague las luces y el sonido y nos coja por sorpresa en una isla desierta, como tantas noches habíamos soñado.A la fin, sobrevivir solo sería un azar de la vida, una conexión mal instalada en los nervios del alma.