La construcción de identidad
como base del contrato lector en El Hombre Bicentenario de Isaac Asimov
Natali Guerra Steffens
natitatello@hotmail.com
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Un hombre hedonista, permisivo, consumista y
relativista, no tiene referentes ni puntos de apoyo…Un hombre que en vez de ser
brújula, es veleta - La Conquista de la voluntad Rojas Montes, Enrique
Isaac
Asimov forma parte neutral de los
escritos estadounidenses referentes a la ciencia ficción, historia y
divulgación científica en la plasmación de la identidad lectora como
aceptabilidad del mundo ficcionado[1]. La
gran mayoría de la producción literaria del escritor norteamericano expone
ciertas marcas funcionales en que se mezcla la dinámica de la bioquímica con
los ejes tecnológicos y técnicos que se van desentramando en el contexto de la
vida social.
Asimismo, es conocida la incesante marca literaria de Asimov, la
cual se subsume en la fascinación por resaltar el legitimismo y el mundo de la
robótica a medida de ir sofisticando las acciones y el pensar de los sujetos
robotizados sin perder de vista el límite existente entre el raciocinio
mecanizado, visto como la limitación de avanzar en mejoras intelectuales, con el raciocinio humano que ve de manera suspicaz
la invasión de sujetos encapsulados en la otredad
que pueden llegar a reemplazarlos en los distintos campos de la vida humana. Esta
percepción limitante ha inaugurado la fijación
de escritores, como Asimov, en basar sus escritos en temas relativos a
la robótica y los avances tecnológicos. Bajo esta postura es necesario precisar
el concepto de literatura de masas, el cual nos permite como lectores y
consumidores de literatura la movilidad o dinamismo que explican las temáticas
de los libros que han quedado fuera de lo canónico o reglamentariedad que
algunas obras llevan impregnadas en si mismas, dejando a un lado aquellos
escritos, que si bien se aíslan por su finalidad de consumo masivo, se instaurarán
como libros que poseen un tratamiento lineal de los acontecimientos, permitiendo
adaptar la audiencia a la trama o eje central del escrito, logrando de esta
manera la continuidad de la historia con el fin de producir y capturar a nuevos
consumidores . Otra característica importante es la utilización de la
simplicidad del lenguaje para llegar a cualquier nivel sin distinciones de
estratos intelectuales o sociales, haciendo de esta literatura la mayor
productividad de circulación mundial[2].
De esta manera, es pertinente mencionar que autores como Eco, Boyer y Couégnas han estimado pertinente
utilizar el concepto de paraliteratura para designar y enmarcar los textos en
manipulaciones de editoriales e instituciones especializadas que abordan las
necesidades del público lector para confeccionar textos que satisfagan sus
necesidades de consumo. Si bien la paraliteratura adopta ciertas estrategias
para atraer al lector, como por ejemplo ilustraciones a color que de cierta
manera metaforizan el verdadero contenido textual de la obra, es ella la que
traslada al lector por un viaje en que se juega con el sin sentido, pero, sin
duda, esa ingenuidad vehiculizante del
lector es conciente y predeterminada al momento de la aceptabilidad del
contrato lector con el autor.
En
una primera aproximación estableceré el contrato de lectura con el libro de Isaac Asimov El Hombre Bicentenario, para luego considerar los factores que
permiten acceder a la madurez del lector como lo son la presencia del lenguaje
fácil (obviedad), la intriga central, el
tratamiento temático y la contextualización del lector, logrando la
configuración de la identidad lectora a
partir de ejemplos que delimiten la caracterización de estos dispositivos en la
literatura de masas.
Para
conceptuar la idea de contrato de lectura, me basaré en el planteamiento de Eliseo Verón , quien
señala la necesidad de establecer una relación entre el soporte,
entendido como el texto, y la lectura de éste, permitiendo a la literatura de
masas ser el medio quien presenta el contrato
entre dicho soporte y la aceptabilidad de su lectura. Desde esta perspectiva del
contrato lector, se puede señalar el punto de partida de la inserción de la doble
funcionalidad discursiva, por una parte el enunciado y por otra la enunciación.
La primera de ellas evoca a aquello de lo que se dice, es decir, el contenido,
mientras que la enunciación corresponderá a la forma de decir, estableciendo
por medio de ella una imagen del destinatario, logrando anexar el enunciado con
la enunciación. Frente a esto, estoy de acuerdo debido a que el contrato de lectura me
permite diferenciar obras que subyacen de temáticas análogas, siendo participe del
discurso corporativo simbólico, revelando por medio de la cultura, la forma que
se utiliza para prestar atención al mundo, es decir, el modo que se tiene de
representarlo.
Asimismo,
el discurso corporativo simbólico será quien me permita determinar el contrato
de lectura, pues al momento de adquirir un texto traerá consigo la aceptación
de una cláusula establecida por la seguridad y la orientación como bases del
contrato lector adoptado. Es decir, debo dialogar con el libro para construir
simbologías del universo, logrando de esta manera la legalidad entre dos
realidades que se corresponden a modo de universalizar y masificar la
literatura. Un claro ejemplo de contrato lector lo explicitaré con una experiencia
personal al momento de adquirir El Hombre Bicentenario. Una tarde mientras el
sol brillaba con una omnipotencia inimaginable, mi tío Nene sacó de su bolso
negro con tenues líneas azul marinas algo parecido a un libro. Estaba en lo
correcto, era un libro titulado El Hombre Bicentenario, al principio
pensé que se trataría de un hombre representativo de una época o de un súper
héroe que lucha contra el mal del Bicentenario. Luego, lo mire por todos lados, tenía el fondo
amarillo y en el centro una figura que semejaba la estatua de un hombre. Al
observarlo con detención, para no quedarme solo con el envoltorio, me di cuenta
que era de la editorial Martínez Roca, lo cual me daba una
cierta seguridad al momento de iniciar la lectura, pues se me había enseñado que
tal editorial gozaba de cierto prestigio y ,por ende, sus obras tenían ciertas
temáticas que exigían al lector una capacidad de interpretación y relación
mayor que una simple obra de masificación, aunque su lenguaje fuese simple y
fácil de asimilar. Si bien esta
aproximación al campo literario ocurrió cuando cursaba tercero medio, el
tratamiento en lo que respecta a la orientación se instauró por parte personal.
Luego de haber leído el libro con sus 290 páginas, cosa que me mantenía
ensimismada, hasta llegue al punto de
querer ser astronauta, investigue acerca de las leyes de la robótica y de la
ingeniería mecánica. Es decir, me subsumí en el Campo de la literatura robotizada. Posteriormente seguí
leyendo libros relacionados, aunque debo reconocer que las películas a veces me
atraían más que las propias lecturas. Este sentido de orientación, sí me sitúo
en el plano de estudiante de literatura, me permite detectar fallas que los
lectores inexpertos suelen cometer como, por ejemplo, guiarse por el título de
la obra, pues mí tío me dijo que le pareció interesante hasta el punto que
podría ser moralizante, pues era el hombre del bicentenario, es decir, un
hombre que va razonando sobre su vida y su época, en seguida detecté que había
leído la contraportada, pero sabido es que el libro no tiene nada de filosofía
moralizante, sino más bien se centra en las leyes de la robótica para generar
su utilidad en la sociedad moderna.
Un
segundo argumento (que reafirma la aceptación del contrato de lectura con el libro
de Isaac Asimov), lo apoyo en la cita que se hace en el texto Didactext (2003) a Bajtin, en donde se señala la voluntad discursiva que tiene el
hablante al momento de realizar la elección de un determinado género
discursivo. Desde esta óptica, la cultura será uno de los ejes fundamentales en
la producción textual, pues dentro de ella se hallarán las categorizaciones
discursivas (entendiendo como texto no sólo el contenido lingüístico, sino
también, la incorporación del contenido subsumido en un contexto histórico,
social y cultural). Bajo esta mirada, la literatura de masas permite el cruce
entre la construcción de identidad, entendida como lectura, y el contrato
lector. Es decir, la literatura de masas permite el cruce entre la lectura y la
formación de audiencia, delimitando aquellos factores que inciden para que se
produzca la conectividad entre estos dos polos[3]. De la misma manera, es
necesario abordar la correspondencia de estos factores al momento de
establecerse el contrato lector. Primeramente, se estipula la copula entre
mercado y crítica, la cual proporcionará una cierta seguridad al momento de
aceptar el contrato, pues se piensa, dentro del concepto de masa, que la
seguridad pasa por un tema cuantitativo, en donde el
mercado está mediado por la crítica, centrándose en el consumo lector, es decir,
mí tío al adquirirlo comercialmente evocó en él un rasgo de autenticidad de
calidad, sin darse cuenta que en el fondo la calidad en los best seller no
importa sino el marketing comercial.
En
palabras de Jean Baudrillard, la tecnología es la que actúa como eje
funcional, mientras que la ciencia queda reducida al plano de la filosofía, permitiendo el paso por el mercado
editorial. Este hecho si se piensa en la actualidad resulta un tanto paradojal,
pues los escritores no producen obras para ser admiradas e incluidas en el
canon literario, sino más bien se privilegia la producción textual para ser
vendida, percibiendo la literatura como un producto más que se puede ofertar al
igual como ocurre con otros servicios dentro del mercado capitalista. Esta idea
plasma la postura que nosotros debemos considerar como futuros docentes y ver
cómo encajamos dentro del producto y servicio, pues los alumnos leen los libros
que ellos queren leer y, por lo tanto, se debe guiar a los estudiantes en sus lecturas,
las cuales suelen estar mediadas por la multiciplidad de condiciones y mezcla
de elementos. Un claro ejemplo de ello se plasma en la concepción que Walter
Benjamín tiene sobre el valor que emanan
de la obra, la cual se esfuma al momento en que desaparece el texto. Es decir, cuando una obra es representada algo de esa
obra se perderá. De manera congruente Jean
Baudrillard señala en su texto La ilusión y la desilusión estéticas cómo
el cine, por medio de la imagen en alta definición y la búsqueda de perfección,
pierde el poder de la ilusión, limitando la capacidad de imaginar, interpretar
y criticar[4].
Este hecho se puede ejemplificar al momento en que vi la película, ocasionándome
un cierto recelo, aunque en un principio resultó interesante por ver el
sustrato real la vida de Andrew, pero al transcurrir unos minutos me di cuenta
que le faltaban partes que yo consideraba importantes, entonces retomé la
lectura del libro y luego observé la película nuevamente, y sí, le faltaban
partes, es decir, el director sólo fragmentó el verdadero contenido y sentido
de la obra, para mediatizar e incitar el auge puramente lucrativo, pues si bien
el libro trata de temas románticos, el fin último no se debe a la relación
amorosa del robot, sino a la capacidad de inserción y superación del yo
metaforizado.
Posteriormente se estipula la copula entre lector,
orientación y trascendencia, la cual pone de manifiesto las constelaciones que
el lector va confeccionando a medida de ir orientando la trayectoria que
recorre el lector, siendo en este caso, el traslado desde la primera lectura de
la obra de Isaac Asimov un tanto quebrantada por los
vacíos existentes en mí conocimiento cuando apenas cursaba el tercero medio, al
lograr la configuración de una doble lectura que me permita identificar
aquellos mecanismos que manipula la literatura masiva, ya sea el uso de un
lenguaje más obvio, la linealidad de su escritura o el placer que de cierta
manera va satisfaciendo necesidades de consumo lector.
Bajo esta mirada se considera de suma
importancia considerar el lenguaje fácil como primer factor que permiten acceder a la madurez del lector. Un
válido argumento para defender esta postura es por
medio de la capacidad que tienen las
personas para adquirir cuando niños su lengua materna sin una enseñanza formal.
La literatura de masas es quien ha
manifestado entre sus postulados la lógica de utilizar un lenguaje sencillo de
manera que los libros puedan acceder a cualquier nivel social, pensado desde
los niños, jóvenes o adultos, es decir, se usa un lenguaje estándar
universalizado. Pese a esta objeción
por la obviedad y simplicidad del lenguaje, muchos autores han dejado entre ver
la innecesidad de la naturaleza del significado, quedando reemplazados por la espontaneidad
y claridad de las obras universalmente masivas[5].
Esta idea de facilidad del lenguaje se relaciona con el concepto de levedad
expuesto por Italo Calvino en sus Seis Propuestas para el Próximo Milenio,
en donde la levedad será aquello que
está suspendido en el aire sin poder encontrar su centro, siendo sostenido sólo
por el medio. La levedad entonces representará aquello que sólo vive por otro
al igual como ocurre con la literatura de masas, pues esta vive por medio de la
utilización del lenguaje fácil de entender y éste subvive dentro de un contexto
determinado que es la obra en si misma, es decir, se sostiene por otros y no
por si misma. Un claro ejemplo de la presencia del lenguaje fácil es a partir de la configuración de la
identidad lectora, es decir, el vínculo que realice al momento de leer el libro
de Asimov, el cual está sujeto a la incorporación y utilización de palabras
simples que permiten su rápida y lineal lectura, sin tener la necesidad, en mi
caso personal, de volver a tras para entender alguna parte de la historia.
Además, las marcas textuales como los adjetivos presentes en el texto ayudan a
una mejor comprensión: “Tenía el cabello
lacio, castaño claro y fino, y no había bello en su rostro. Parecía recién
afeitado. Vestía anticuado, pulcras ropas de color rojo aterciopelado”, dando claras muestras de la
superficialidad y ligereza para mantener al lector interesado y motivado en la
lectura, ya sea por su rapidez a causa de la linealidad o por medio de
caracterizaciones atrayentes que el lector puede imaginar como es el físico de
Andrew Martin o la sola necesidad de verlo convertirse en un hombre real como
mera curiosidad.
Un segundo factor
que permiten acceder a la madurez del lector es la intriga central. Esto se debe principalmente por la necesidad de señalar a la obviedad
como algo que no es obvio, es decir, que la intriga utiliza estrategias de inteligencia
para el tratamiento de sus temáticas. El
respaldo de este argumento queda bajo la
mirada de Italo Calvino, quien señala la necesidad de la literatura de
apresurarse despacio. Esta intriga central
tiene una cierta virtualidad, pues si yo no quiero que exista, esta trama no
existirá. Un claro ejemplo de este factor se determina por medio del objetivo
del escritor, el cual debe basarse en hallar el orden preciso para que el
lenguaje e ideas se combinen en armonía. Al leer El Hombre Bicentenario, el autor
primeramente nos presenta las tres leyes de la robótica: 1) Un robot no debe dañar a un ser humano o,
por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe obedecer
las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran
en conflicto con la
Primera Ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia,
hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley, con
el fin de eliminar del inconsciente del ser humano el temor a los sujetos
robotizados, para finalizar su escrito con la superación del yo.
Un tercer factor que permiten acceder a
la madurez del lector es el tratamiento temático por tendencias basado en la posibilidad de
adoptar un repertorio a partir de temáticas específicas, es decir, ya no es
sólo la fragmentariedad postmoderna, sino está la pretensión de dar cuenta de un ciclo completo. Esta necesidad de pulsión
del fragmento se relaciona con lo que Calvino señala como desaparición del
sujeto, pues el sujeto lector está desapareciendo, vislumbrándose cómo en la
literatura de masas no se puede cuestionar nada quedando desprovistos de una
interpretación detenida e interpretativa superada por la cultura de la
velocidad. Un claro ejemplo se puede observar por medio del cariño que Andrew
sentía por la señora y la niña, el cual se dilata en un comienzo por la
fascinación y ceguedad del ser humano por creer que aquellas personas
inferiores no merecen el amor ni la comprensión de aquellos que se creen
superiores. Asimov, trabaja las temáticas a partir de temas trascendentes como
lo son la superación y perfección en que se ven envueltos los seres humanos y
de cómo los lectores ven superficialmente los libros de literatura de masas,
sin detenerse a pensar el verdadero valor de la obra, si bien son textos de
consumo, la masificación lleva a una pérdida del sentido, a la borrosidad
automática de la mente con la sola finalidad de lucro.
Un cuarto factor que permiten acceder a
la madurez del lector es la contextualización de éste, ya que los literatos siempre
leen contextualizados visto como un vehículo de traslación que se autoalimenta.
Esta idea se sustenta en cuanto a la capacidad y posibilidad que se tenga para utilizar
más literatura, pues cuando leí el libro de Asimov los elementos externos
fueron los que me permitieron hacer más digerible
y acercarme más a la literatura de masas en ese entonces. Es decir, los best seller
permiten aproximarse o ver concretizada
la fantástica obra que nos cautivo, haciendo de la literatura un hecho real al
ser llevada al séptimo arte. Este hecho trae consigo una problemática, la cual
es la fiel representación de la obra literaria. Si bien el cine trata de
representar novelas pertenecientes a la literatura colectiva, la mayoría de las
veces esta representación queda acotada al plano de la diversión o hechos que
dentro de la novela son poco relevantes, pero para la sociedad son más interesantes
de consumir. Es decir, todos los autores se deben leer de manera distinta, pues
en sus obras se va plasmando la identidad del autor y con ello el deseo y la
percepción, pues es el deseo el que está mediatizado por la percepción y ésta
por el contexto de mercado en que están insertos los sujetos.
Finalmente,
puedo señalar que la información presentada reafirma la tesis de establecer el contrato de lectura con el libro de Isaac Asimov El Hombre Bicentenario, para luego considerar los factores que permiten
acceder a la madurez del lector como lo son la presencia del lenguaje
fácil (obviedad), la intriga central, el
tratamiento temático y la contextualización del lector, logrando la
configuración de la identidad lectora a partir de ejemplos que delimiten la
caracterización de estos dispositivos en la literatura de masas. Esto se debe fundamentalmente a
que es este tipo de literatura la que permite trabajar ya no sobre el símbolo, sino
sobre el propio referente, plasmando las idea de virtualidad con que se
representa la masificación y universalización de algunos escritos literarios,
en donde se enfatiza en el carácter de no pertenencia que tienen algunos
escritos, fijando su centro en el consumismo por sobre la significación de los
elementos que componen la obra en si. De esta manera, cabe destacar la
inclinación a causa del cariño y del gesto de aprecio con que el libro trabajado
llegó a mis manos y la trayectoria que realice desde la construcción de
identidad, vista como la lectura del libro de Asimov, hasta la visión y postura
que he forjado y perfeccionado con lecturas y estudios especializados en la
universidad. Asimismo, me permitió detectar la inocencia casi indirecta que
algunas personas realizan al momento de adquirir un best seller, olvidando el verdadero
sentido de utilidad que tiene la literatura, dejándose llevar por lo que dice
el librero, la editorial, la portada, el color, el título, no fijándose en la
obra en si, pues nada es inocente y menos en la literatura, pues estos agentes
no te inducen por adquirir una mejora lectora, sino movidos por fomentar el
vicio del consumo, ese velo suave y casi transparente que cubre de bellezas un
libro que esconde por medio del lenguaje fácil, la linealidad, la
contextualizar del lector la marca itinerante del capitalismo mundial, pues no
hay que perder de vista que tras la lectura de El Hombre Bicentenario
construí una nueva
identidad de lectura, y porque no decirlo, establecí un nuevo contrato lector,
que en palabras de René Depestre sería
una necesidad afectiva, pues el deseo siempre pasa por querer algo, siendo en
este caso la literatura de masas la que suple ciertas necesidades humanas de
llenar vacíos y una necesidad de
carácter activa, ya que es el ser humano quien debe de tomar decisiones, haciendo uso de su propia libertad
y voluntad.
Bibliografía
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