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La construcción de identidad como base del contrato lector en El Hombre Bicentenario de Isaac Asimov

Autor/a: natita guerra steffens
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 15/10/2011
Leído: 3682 veces
Comentarios (11)
Valoracion de la obra: 9,5

No hay resumen

La construcción de identidad como base del contrato lector en  El Hombre Bicentenario de Isaac Asimov

 

Natali Guerra Steffens

 natitatello@hotmail.com

___________________________________________________

 

Un hombre hedonista, permisivo, consumista y relativista, no tiene referentes ni puntos de apoyo…Un hombre que en vez de ser brújula, es veleta - La Conquista de la voluntad  Rojas Montes, Enrique

       

Isaac Asimov forma parte neutral de los escritos estadounidenses referentes a la ciencia ficción, historia y divulgación científica en la plasmación de la identidad lectora como aceptabilidad del mundo ficcionado[1]. La gran mayoría de la producción literaria del escritor norteamericano expone ciertas marcas funcionales en que se mezcla la dinámica de la bioquímica con los ejes tecnológicos y técnicos que se van desentramando en el contexto de la vida social.  Asimismo, es conocida la incesante marca literaria de Asimov, la cual se subsume en la fascinación por resaltar el legitimismo y el mundo de la robótica a medida de ir sofisticando las acciones y el pensar de los sujetos robotizados sin perder de vista el límite existente entre el raciocinio mecanizado, visto como la limitación de avanzar en mejoras intelectuales, con  el raciocinio humano que ve de manera suspicaz la invasión de sujetos encapsulados en la otredad que pueden llegar a reemplazarlos en los distintos campos de la vida humana. Esta percepción limitante ha inaugurado la fijación  de escritores, como Asimov, en basar sus escritos en temas relativos a la robótica y los avances tecnológicos. Bajo esta postura es necesario precisar el concepto de literatura de masas, el cual nos permite como lectores y consumidores de literatura la movilidad o dinamismo que explican las temáticas de los libros que han quedado fuera de lo canónico o reglamentariedad que algunas obras llevan impregnadas en si mismas, dejando a un lado aquellos escritos, que si bien se aíslan por su finalidad de consumo masivo, se instaurarán como libros que poseen un tratamiento lineal de los acontecimientos, permitiendo adaptar la audiencia a la trama o eje central del escrito, logrando de esta manera la continuidad de la historia con el fin de producir y capturar a nuevos consumidores . Otra característica importante es la utilización de la simplicidad del lenguaje para llegar a cualquier nivel sin distinciones de estratos intelectuales o sociales, haciendo de esta literatura la mayor productividad de circulación mundial[2]. De esta manera, es pertinente mencionar que autores como Eco, Boyer y Couégnas han estimado pertinente utilizar el concepto de paraliteratura para designar y enmarcar los textos en manipulaciones de editoriales e instituciones especializadas que abordan las necesidades del público lector para confeccionar textos que satisfagan sus necesidades de consumo. Si bien la paraliteratura adopta ciertas estrategias para atraer al lector, como por ejemplo ilustraciones a color que de cierta manera metaforizan el verdadero contenido textual de la obra, es ella la que traslada al lector por un viaje en que se juega con el sin sentido, pero, sin duda, esa ingenuidad  vehiculizante del lector es conciente y predeterminada al momento de la aceptabilidad del contrato lector con el autor.

En una primera aproximación estableceré el contrato de lectura con el  libro de Isaac Asimov El Hombre Bicentenario, para luego considerar los factores que permiten acceder a la madurez del lector como lo son la presencia del lenguaje fácil  (obviedad), la intriga central, el tratamiento temático y la contextualización del lector, logrando la configuración de la identidad lectora  a partir de ejemplos que delimiten la caracterización de estos dispositivos en la literatura de masas.

Para conceptuar la idea de contrato de lectura, me basaré en el planteamiento de Eliseo Verón , quien  señala la necesidad de establecer una relación entre el soporte, entendido como el texto, y la lectura de éste, permitiendo a la literatura de masas ser el medio quien  presenta el contrato entre dicho soporte y la aceptabilidad de su lectura. Desde esta perspectiva del contrato lector, se puede señalar el punto de partida de la inserción de la doble funcionalidad discursiva, por una parte el enunciado y por otra la enunciación. La primera de ellas evoca a aquello de lo que se dice, es decir, el contenido, mientras que la enunciación corresponderá a la forma de decir, estableciendo por medio de ella una imagen del destinatario, logrando anexar el enunciado con la enunciación. Frente a esto, estoy de acuerdo debido a que el contrato de lectura me permite diferenciar obras que subyacen de temáticas análogas, siendo participe del discurso corporativo simbólico, revelando por medio de la cultura, la forma que se utiliza para prestar atención al mundo, es decir, el modo que se tiene de representarlo.

Asimismo, el discurso corporativo simbólico será quien me permita determinar el contrato de lectura, pues al momento de adquirir un texto traerá consigo la aceptación de una cláusula establecida por la seguridad y la orientación como bases del contrato lector adoptado. Es decir, debo dialogar con el libro para construir simbologías del universo, logrando de esta manera la legalidad entre dos realidades que se corresponden a modo de universalizar y masificar la literatura. Un claro ejemplo de contrato lector lo explicitaré con una experiencia personal al momento de adquirir El Hombre Bicentenario. Una tarde mientras el sol brillaba con una omnipotencia inimaginable, mi tío Nene sacó de su bolso negro con tenues líneas azul marinas algo parecido a un libro. Estaba en lo correcto, era un libro titulado  El Hombre Bicentenario, al principio pensé que se trataría de un hombre representativo de una época o de un súper héroe que lucha contra el mal del Bicentenario. Luego,  lo mire por todos lados, tenía el fondo amarillo y en el centro una figura que semejaba la estatua de un hombre. Al observarlo con detención, para no quedarme solo con el envoltorio, me di cuenta que era de la editorial  Martínez Roca, lo cual me daba una cierta seguridad al momento de iniciar la lectura, pues se me había enseñado que tal editorial gozaba de cierto prestigio y ,por ende, sus obras tenían ciertas temáticas que exigían al lector una capacidad de interpretación y relación mayor que una simple obra de masificación, aunque su lenguaje fuese simple y fácil de asimilar.  Si bien esta aproximación al campo literario ocurrió cuando cursaba tercero medio, el tratamiento en lo que respecta a la orientación se instauró por parte personal. Luego de haber leído el libro con sus 290 páginas, cosa que me mantenía ensimismada, hasta llegue  al punto de querer ser astronauta, investigue acerca de las leyes de la robótica y de la ingeniería mecánica. Es decir, me subsumí en el Campo de  la literatura robotizada. Posteriormente seguí leyendo libros relacionados, aunque debo reconocer que las películas a veces me atraían más que las propias lecturas. Este sentido de orientación, sí me sitúo en el plano de estudiante de literatura, me permite detectar fallas que los lectores inexpertos suelen cometer como, por ejemplo, guiarse por el título de la obra, pues mí tío me dijo que le pareció interesante hasta el punto que podría ser moralizante, pues era el hombre del bicentenario, es decir, un hombre que va razonando sobre su vida y su época, en seguida detecté que había leído la contraportada, pero sabido es que el libro no tiene nada de filosofía moralizante, sino más bien se centra en las leyes de la robótica para generar su utilidad en la sociedad moderna.

Un segundo argumento (que reafirma la aceptación del contrato de lectura con el libro de Isaac Asimov), lo apoyo en la cita que se hace en el texto Didactext (2003) a Bajtin, en donde se  señala la voluntad discursiva que tiene el hablante al momento de realizar la elección de un determinado género discursivo. Desde esta óptica, la cultura será uno de los ejes fundamentales en la producción textual, pues dentro de ella se hallarán las categorizaciones discursivas (entendiendo como texto no sólo el contenido lingüístico, sino también, la incorporación del contenido subsumido en un contexto histórico, social y cultural). Bajo esta mirada, la literatura de masas permite el cruce entre la construcción de identidad, entendida como lectura, y el contrato lector. Es decir, la literatura de masas permite el cruce entre la lectura y la formación de audiencia, delimitando aquellos factores que inciden para que se produzca la conectividad entre estos dos polos[3]. De la misma manera, es necesario abordar la correspondencia de estos factores al momento de establecerse el contrato lector. Primeramente, se estipula la copula entre mercado y crítica, la cual proporcionará una cierta seguridad al momento de aceptar el contrato, pues se piensa, dentro del concepto de masa, que la seguridad pasa por un tema cuantitativo, en donde el mercado está mediado por la crítica, centrándose en el consumo lector, es decir, mí tío al adquirirlo comercialmente evocó en él un rasgo de autenticidad de calidad, sin darse cuenta que en el fondo la calidad en los best seller no importa sino el marketing comercial. 

En  palabras de Jean Baudrillard, la tecnología es la que actúa como eje funcional, mientras que la ciencia queda reducida al plano de la  filosofía, permitiendo el paso por el mercado editorial. Este hecho si se piensa en la actualidad resulta un tanto paradojal, pues los escritores no producen obras para ser admiradas e incluidas en el canon literario, sino más bien se privilegia la producción textual para ser vendida, percibiendo la literatura como un producto más que se puede ofertar al igual como ocurre con otros servicios dentro del mercado capitalista. Esta idea plasma la postura que nosotros debemos considerar como futuros docentes y ver cómo encajamos dentro del producto y servicio, pues los alumnos leen los libros que ellos queren leer y, por lo tanto, se debe guiar a los estudiantes en sus lecturas, las cuales suelen estar mediadas por la multiciplidad de condiciones y mezcla de elementos. Un claro ejemplo de ello se plasma en la concepción que Walter Benjamín  tiene sobre el valor que emanan de la obra, la cual se esfuma al momento en que desaparece el texto. Es decir, cuando una obra es representada algo de esa obra se perderá. De manera congruente Jean Baudrillard señala en su texto La ilusión y la desilusión estéticas cómo el cine, por medio de la imagen en alta definición y la búsqueda de perfección, pierde el poder de la ilusión, limitando la capacidad de imaginar, interpretar y criticar[4]. Este hecho se puede ejemplificar al momento en que vi la película, ocasionándome un cierto recelo, aunque en un principio resultó interesante por ver el sustrato real la vida de Andrew, pero al transcurrir unos minutos me di cuenta que le faltaban partes que yo consideraba importantes, entonces retomé la lectura del libro y luego observé la película nuevamente, y sí, le faltaban partes, es decir, el director sólo fragmentó el verdadero contenido y sentido de la obra, para mediatizar e incitar el auge puramente lucrativo, pues si bien el libro trata de temas románticos, el fin último no se debe a la relación amorosa del robot, sino a la capacidad de inserción y superación del yo metaforizado.

Posteriormente se estipula la copula entre lector, orientación y trascendencia, la cual pone de manifiesto las constelaciones que el lector va confeccionando a medida de ir orientando la trayectoria que recorre el lector, siendo en este caso, el traslado desde la primera lectura de la obra de Isaac Asimov un tanto quebrantada por los vacíos existentes en mí conocimiento cuando apenas cursaba el tercero medio, al lograr la configuración de una doble lectura que me permita identificar aquellos mecanismos que manipula la literatura masiva, ya sea el uso de un lenguaje más obvio, la linealidad de su escritura o el placer que de cierta manera va satisfaciendo necesidades de consumo lector.

Bajo esta mirada se considera de suma importancia considerar el lenguaje fácil como primer factor  que permiten acceder a la madurez del lector. Un válido argumento para defender esta postura es por medio de la capacidad que  tienen las personas para adquirir cuando niños su lengua materna sin una enseñanza formal.

La literatura de masas es quien ha manifestado entre sus postulados la lógica de utilizar un lenguaje sencillo de manera que los libros puedan acceder a cualquier nivel social, pensado desde los niños, jóvenes o adultos, es decir, se usa un lenguaje estándar universalizado5. Pese a esta objeción por la obviedad y simplicidad del lenguaje, muchos autores han dejado entre ver la innecesidad de la naturaleza del significado, quedando reemplazados por la espontaneidad y claridad de las obras universalmente masivas[5]. Esta idea de facilidad del lenguaje se relaciona con el concepto de levedad expuesto por Italo Calvino en sus Seis Propuestas para el Próximo Milenio, en donde  la levedad será aquello que está suspendido en el aire sin poder encontrar su centro, siendo sostenido sólo por el medio. La levedad entonces representará aquello que sólo vive por otro al igual como ocurre con la literatura de masas, pues esta vive por medio de la utilización del lenguaje fácil de entender y éste subvive dentro de un contexto determinado que es la obra en si misma, es decir, se sostiene por otros y no por si misma. Un claro ejemplo de la presencia del lenguaje fácil  es a partir de la configuración de la identidad lectora, es decir, el vínculo que realice al momento de leer el libro de Asimov, el cual está sujeto a la incorporación y utilización de palabras simples que permiten su rápida y lineal lectura, sin tener la necesidad, en mi caso personal, de volver a tras para entender alguna parte de la historia. Además, las marcas textuales como los adjetivos presentes en el texto ayudan a una mejor comprensión: “Tenía el cabello lacio, castaño claro y fino, y no había bello en su rostro. Parecía recién afeitado. Vestía anticuado, pulcras ropas de color rojo aterciopelado”, dando claras muestras de la superficialidad  y ligereza para mantener al lector interesado y motivado en la lectura, ya sea por su rapidez a causa de la linealidad o por medio de caracterizaciones atrayentes que el lector puede imaginar como es el físico de Andrew Martin o la sola necesidad de verlo convertirse en un hombre real como mera curiosidad.

Un segundo factor que permiten acceder a la madurez del lector es la intriga central. Esto se debe principalmente por la necesidad de señalar a la obviedad como algo que no es obvio, es decir, que la intriga utiliza estrategias de inteligencia para el tratamiento de sus temáticas. El respaldo de este argumento queda bajo la mirada de Italo Calvino, quien señala la necesidad de la literatura de apresurarse despacio. Esta intriga central tiene una cierta virtualidad, pues si yo no quiero que exista, esta trama no existirá. Un claro ejemplo de este factor se determina por medio del  objetivo  del escritor, el cual debe basarse en hallar el orden preciso para que el lenguaje e ideas se combinen en armonía. Al leer El Hombre Bicentenario, el autor primeramente nos presenta las tres leyes de la robótica: 1) Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley, con el fin de eliminar del inconsciente del ser humano el temor a los sujetos robotizados, para finalizar su escrito con la superación del yo.

Un tercer factor que permiten acceder a la madurez del lector es el tratamiento temático  por tendencias basado en la posibilidad de adoptar un repertorio a partir de temáticas específicas, es decir, ya no es sólo la fragmentariedad postmoderna, sino está la pretensión de dar cuenta  de un ciclo completo. Esta necesidad de pulsión del fragmento se relaciona con lo que Calvino señala como desaparición del sujeto, pues el sujeto lector está desapareciendo, vislumbrándose cómo en la literatura de masas no se puede cuestionar nada quedando desprovistos de una interpretación detenida e interpretativa superada por la cultura de la velocidad. Un claro ejemplo se puede observar por medio del cariño que Andrew sentía por la señora y la niña, el cual se dilata en un comienzo por la fascinación y ceguedad del ser humano por creer que aquellas personas inferiores no merecen el amor ni la comprensión de aquellos que se creen superiores. Asimov, trabaja las temáticas a partir de temas trascendentes como lo son la superación y perfección en que se ven envueltos los seres humanos y de cómo los lectores ven superficialmente los libros de literatura de masas, sin detenerse a pensar el verdadero valor de la obra, si bien son textos de consumo, la masificación lleva a una pérdida del sentido, a la borrosidad automática de la mente con la sola finalidad de lucro.  

 

Un cuarto factor que permiten acceder a la madurez del lector es la contextualización de éste, ya que los literatos siempre leen contextualizados visto como un vehículo de traslación que se autoalimenta. Esta idea se sustenta en cuanto a la capacidad y posibilidad que se tenga para utilizar más literatura, pues cuando leí el libro de Asimov los elementos externos fueron los que  me permitieron hacer más digerible y acercarme más a la literatura de masas en ese entonces. Es decir, los best seller permiten aproximarse  o ver concretizada la fantástica obra que nos cautivo, haciendo de la literatura un hecho real al ser llevada al séptimo arte. Este hecho trae consigo una problemática, la cual es la fiel representación de la obra literaria. Si bien el cine trata de representar novelas pertenecientes a la literatura colectiva, la mayoría de las veces esta representación queda acotada al plano de la diversión o hechos que dentro de la novela son poco relevantes, pero para la sociedad son más interesantes de consumir. Es decir, todos los autores se deben leer de manera distinta, pues en sus obras se va plasmando la identidad del autor y con ello el deseo y la percepción, pues es el deseo el que está mediatizado por la percepción y ésta por el contexto de mercado en que están insertos los sujetos.

Finalmente, puedo señalar que la información presentada reafirma la tesis de establecer el contrato de lectura con el  libro de Isaac Asimov El Hombre Bicentenario, para luego considerar los factores que permiten acceder a la madurez del lector como lo son la presencia del lenguaje fácil  (obviedad), la intriga central, el tratamiento temático y la contextualización del lector, logrando la configuración de la identidad lectora a partir de ejemplos que delimiten la caracterización de estos dispositivos en la literatura de masas. Esto se debe fundamentalmente a que es este tipo de literatura la que permite trabajar ya no sobre el símbolo, sino sobre el propio referente, plasmando las idea de virtualidad con que se representa la masificación y universalización de algunos escritos literarios, en donde se enfatiza en el carácter de no pertenencia que tienen algunos escritos, fijando su centro en el consumismo por sobre la significación de los elementos que componen la obra en si. De esta manera, cabe destacar la inclinación a causa del cariño y del gesto de aprecio con que el libro trabajado llegó a mis manos y la trayectoria que realice desde la construcción de identidad, vista como la lectura del libro de Asimov, hasta la visión y postura que he forjado y perfeccionado con lecturas y estudios especializados en la universidad. Asimismo, me permitió detectar la inocencia casi indirecta que algunas personas realizan al momento de adquirir un best seller, olvidando el verdadero sentido de utilidad que tiene la literatura, dejándose llevar por lo que dice el librero, la editorial, la portada, el color, el título, no fijándose en la obra en si, pues nada es inocente y menos en la literatura, pues estos agentes no te inducen por adquirir una mejora lectora, sino movidos por fomentar el vicio del consumo, ese velo suave y casi transparente que cubre de bellezas un libro que esconde por medio del lenguaje fácil, la linealidad, la contextualizar del lector la marca itinerante del capitalismo mundial, pues no hay que perder de vista que tras la lectura de El Hombre Bicentenario construí una nueva identidad de lectura, y porque no decirlo, establecí un nuevo contrato lector, que en palabras de  René Depestre sería una necesidad afectiva, pues el deseo siempre pasa por querer algo, siendo en este caso la literatura de masas la que suple ciertas necesidades humanas de llenar vacíos  y una necesidad de carácter activa, ya que es el ser humano quien debe de  tomar decisiones, haciendo uso de su propia libertad y voluntad.

 

Bibliografía

  Bajtin, M. (1989): Teoría y estética de la novela, trad. Kriukova, H. y Cazcarra, V., Madrid, Taurus.

  Baudrillard, Jean. La ilusión y la desilusión estéticas

  Benjamín, Walter. La obra de arte en la época de la productividad técnica. 1975.

  Depestre,René. El intelectual y la sociedad. México. 1969. 

  Goodman, Kenneth. El lenguaje integral: un camino fácil para el desarrollo del lenguaje. 1990. Pág. 2

  Grupo Didactext (2003): Modelo socio cognitivo, pragmalingüistico y didáctico para la producción de textos escritos.        

  En Revista Didáctica (Lengua y Literatura), 15-77-104.

  Gutiérrez, Carlos María, El poder de los medios de comunicación de masas. p33 - México. 1969.

  Mattelart, Patricio; Biedma, Santiago Funes, COMUNICACION MASIVA Y REVOLUCION SOCIALISTA- México.      

  1971.

 Rojas Montes, Enrique. La Conquista de la voluntad. Ediciones Temas De Hoy, S.A., 1998.

 Scholes, Robert E.: Ciencia ficción: Historia, Ciencias, Visión. Pág. 3.

 Veron, Eliseo. El Análisis del contrato de lectura.1985.Pág. 5.      



[1] Scholes, Robert E.: Ciencia ficción: Historia, Ciencias, Visión. Pág. 3.

 

[2] Gutiérrez, Carlos María. El intelectual y la sociedad. p33 - México. 1969; El poder de los medios de comunicación de masas.

 

 

[3] Mattelart, Patricio; Biedma, Santiago Funes, COMUNICACION MASIVA Y REVOLUCION SOCIALISTA- México. 1971;

 

[4] Russell, Stuart J. y Norvig, Meter. Inteligencia artificial, un enfoque moderno. Editorial  Pearson. Pág. 198.

 

[5] Goodman, Kenneth. El lenguaje integral: un camino fácil para el desarrollo del lenguaje. 1990. Pág. 2.

 


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