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Antes de leer la obra, debes saber...
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- Está permitido que este obra sea utilizada por quien quiera, pero sólo para fines no comerciales
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La condena
Autora: DitaStonehenge
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Estadísticas
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Resumen
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Fecha de publicación: 01/07/2007
Leído: 342 veces
Comentarios (2)
Valoracion de la obra: 5
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Estar muerto no es malo, lo malo es no dejar de estarlo.
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Noche de luna. Manto pesado de muerte lenta. Los portones añoran el tacto de algún viajero. Alertas, silenciosos, se dejan entreabiertos simulando una entrada abandonada al descuido. La luz desenfocada de un faro, gira intermitente desde la costa, e ilumina las lápidas del cementerio. Construcciones arquitectónicas, exquisitamente dispuestas en hileras entrecruzadas, me orientan hacia la salida.
El ave negra, guardiana de mi condena sin nombre, apoya las garras en la cabeza de piedra de un niño ángel. La tierra está húmeda. Camino entre las tumbas sin mirar atrás. La luz lejana de aquel faro es mi guía, me conduce llevándome de la mano. Avanzo lento, profundo, hundiéndome en el barro. Siento el peso de las ropas sobre la piel. Otra vez la luz me indica el camino que tengo que seguir, aunque cada vez me cueste más distinguirla entre la bruma. Esta noche habrá subido la marea.
El pájaro me sigue con los ojos entreabiertos, expectante desde lo alto. La niebla plomiza comenzó a levantarse lentamente, transformándose hoy, en gigantescas hélices definidas en el centro y dispersas a los lados. Giran lento en espiral, pero no avanzan más que a la altura de las cruces más altas. Todavía conservo el anillo. Me alivia tenerlo puesto. Entonces no me desintegré. Estoy a tiempo de recuperar mi vida. ¡Finalmente es esta noche!
Oigo ruidos extraños alrededor. Quejidos. Lamentos. Llantos nauseabundos. Dolor hecho costra. Se me deshizo la camisa que llevaba puesta, pero sigo caminando. Cada vez con mayor dificultad. Los zapatos me pesan toneladas, pero por fortuna —o no— todavía los llevo puestos. El suelo se me hace blando en cada paso.
La humedad está inundando el cementerio. El barro se me cuela por las costuras de los zapatos. La neblina se hizo más espesa. No puedo ver ya mi querida luz. Giro como puedo para ver al ave negra. Sigue clavándome la mirada en la sien. Extiende las alas a los costados, aunque aún no comienza a revolotear. Me confunde. Creo que esta vez me da una oportunidad para escapar.
El vapor se enmaraña entre las penas de las almas perdidas. El anillo empezó a aflojárseme del dedo. Con esfuerzo logro cerrar a medias los nudillos para sujetarlo ahí. ¡Si tan solo pudiera retenerlo! ¡Podría llegar hasta las rejas! Un líquido tibio y espeso comenzó a caérseme de la nariz. Me llega a la comisura de la boca. Lo pruebo con asco, es dulce y metálico. Siento que perdí un zapato, aunque no me veo los pies. Estoy hundiéndome. Se me termina el tiempo para salir. Ya no veo la luz del faro. La bruma es tan espesa que no me deja ver más que un par de huecos profundos, dibujados en la cabeza borrosa del pájaro. Lo tengo frente a mí, sobre una lápida rota. No vuela. Me acerca el pico puntiagudo. El anillo se me resbaló hasta la punta de lo que queda del dedo. No puedo detenerlo. El suelo empieza a devorarme. El golpe del anillo contra mi tumba, me ensordece. Estoy todo cubierto por el líquido que me salía por la nariz.
No siento nada. Como la muerte. Otra noche más me quedo preso en el cementerio.
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rtg54t4f5rt
eso es un basura debe ser resumen no todo un testamnto
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Autor: rt5rgvc |
Fecha: 01/10/2008 3:39:11
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la condena
La condena Autora: DitaStonehenge
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Resumen |
Fecha de publicación: 01/07/2007 Leído: 228 veces Comentarios (0) Valoracion de la obra: 5
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Estar muerto no es malo, lo malo es no dejar de estarlo. |
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Noche de luna. Manto pesado de muerte lenta. Los portones añoran el tacto de algún viajero. Alertas, silenciosos, se dejan entreabiertos simulando una entrada abandonada al descuido. La luz desenfocada de un faro, gira intermitente desde la costa, e ilumina las lápidas del cementerio. Construcciones arquitectónicas, exquisitamente dispuestas en hileras entrecruzadas, me orientan hacia la salida.
El ave negra, guardiana de mi condena sin nombre, apoya las garras en la cabeza de piedra de un niño ángel. La tierra está húmeda. Camino entre las tumbas sin mirar atrás. La luz lejana de aquel faro es mi guía, me conduce llevándome de la mano. Avanzo lento, profundo, hundiéndome en el barro. Siento el peso de las ropas sobre la piel. Otra vez la luz me indica el camino que tengo que seguir, aunque cada vez me cueste más distinguirla entre la bruma. Esta noche habrá subido la marea.
El pájaro me sigue con los ojos entreabiertos, expectante desde lo alto. La niebla plomiza comenzó a levantarse lentamente, transformándose hoy, en gigantescas hélices definidas en el centro y dispersas a los lados. Giran lento en espiral, pero no avanzan más que a la altura de las cruces más altas. Todavía conservo el anillo. Me alivia tenerlo puesto. Entonces no me desintegré. Estoy a tiempo de recuperar mi vida. ¡Finalmente es esta noche!
Oigo ruidos extraños alrededor. Quejidos. Lamentos. Llantos nauseabundos. Dolor hecho costra. Se me deshizo la camisa que llevaba puesta, pero sigo caminando. Cada vez con mayor dificultad. Los zapatos me pesan toneladas, pero por fortuna —o no— todavía los llevo puestos. El suelo se me hace blando en cada paso.
La humedad está inundando el cementerio. El barro se me cuela por las costuras de los zapatos. La neblina se hizo más espesa. No puedo ver ya mi querida luz. Giro como puedo para ver al ave negra. Sigue clavándome la mirada en la sien. Extiende las alas a los costados, aunque aún no comienza a revolotear. Me confunde. Creo que esta vez me da una oportunidad para escapar.
El vapor se enmaraña entre las penas de las almas perdidas. El anillo empezó a aflojárseme del dedo. Con esfuerzo logro cerrar a medias los nudillos para sujetarlo ahí. ¡Si tan solo pudiera retenerlo! ¡Podría llegar hasta las rejas! Un líquido tibio y espeso comenzó a caérseme de la nariz. Me llega a la comisura de la boca. Lo pruebo con asco, es dulce y metálico. Siento que perdí un zapato, aunque no me veo los pies. Estoy hundiéndome. Se me termina el tiempo para salir. Ya no veo la luz del faro. La bruma es tan espesa que no me deja ver más que un par de huecos profundos, dibujados en la cabeza borrosa del pájaro. Lo tengo frente a mí, sobre una lápida rota. No vuela. Me acerca el pico puntiagudo. El anillo se me resbaló hasta la punta de lo que queda del dedo. No puedo detenerlo. El suelo empieza a devorarme. El golpe del anillo contra mi tumba, me ensordece. Estoy todo cubierto por el líquido que me salía por la nariz.
No siento nada. Como la muerte. Otra noche más me quedo preso en el cementerio.
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Autor: maribel |
Fecha: 22/06/2008 23:21:42
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