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Despertar
Autora: DitaStonehenge

Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 01/07/2007
Leído: 227 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 2

Todos llevamos una doble vida, ¿para qué negarlo? En este caso, una mujer es alquien más y no recuerda quién es en realidad.

A las 7 en punto de la mañana se encendió el radio-despertador, tal vez como todos los días. El sol intentó meterse en la habitación escurriéndose entre las ranuras de las persianas del amplio dormitorio.

Un tremendo dolor le partía el cráneo por la mitad. Varias botellas vacías agonizaban en un extremo de la habitación.

 

En un intenso esfuerzo por despertar, abrió apenas y con dificultad un ojo e hizo un paneo del panorama. La alfombra estaba cubierta, en gran parte, por cantidad de ropa tirada. Había restos de comida en el suelo.

 

El inmenso espejo reflejaba preservativos usados debajo de la cama, sobre las mesitas de luz, en el escritorio y uno sobre el teclado de la pc. El descomunal bip de la hora retumbaba taladrando todo en aquel lugar.

 

Los músculos le dolían hasta los huesos. Tenía acidez y le ardía el pecho. Con un calambre en la pierna derecha, se arrastró hasta el borde de la cama. Buscó con el pie izquierdo algo qué calzar. Lo encontró y bajó la pierna dormida -sentía un doloroso hormigueo que le subía hasta la ingle.

 

Una vez en el borde de la cama se incorporó lentamente. Incluso respirar le dolía. Se paró y caminó con cierta dificultad hasta el ventanal. Cerró los ojos con fuerza y subió las persianas de golpe. La luz del sol le rebotó en la cara en un segundo. Sintió desvanecerse, pero enseguida, sosteniéndose de las cortinas, se mantuvo en pie.

 

Con pinchazos en los ojos, trató de abrirlos, pero apenas podía despegarlos. A tientas llegó al baño. Con las manos encontró la pileta, abrió ambas canillas y espero a que saliera el agua tibia. Tocó el agua, todavía fría, y sintió como la presión le lastimaba la punta de los dedos. Se mojó la cara una y otra vez. Se refregó los ojos y por fin pudo abrirlos. Sosteniéndose la cara miró hacia la ducha y vio manchas de sangre en las paredes y el piso. Giró un poco más la cabeza y vio más manchas en una toalla y en la cortina. Instintivamente miró a sus pies y vio otras gotitas de sangre en el suelo que todavía brillaban bajo la luz que se filtraba por la ventana.

 

Sin entender nada, se sentó sobre la tapa del inodoro y volvió a recorrer la escena más detenidamente. Dos manchas sobre los azulejos de la ducha, otras sobre la pared de enfrente, una más grande y bordó en una de las toallas y cortina, y tres puntitos carmesí resplandecientes en el piso.

 

Respiró con dificultad y volvió a cerrar los ojos, esperando que al abrirlos nuevamente, la escena cambiase y todo resultara ser producto de una demoníaca alucinación. No sería la primera vez. Pero al abrirlos, no sólo que todo seguía intacto sino que podía ver todo con mucha más claridad.

 

Se levantó y se dirigió ahora hacia el living. Allí no parecía haber sucedido nada. Todo estaba, o al menos parecía estar, como antes. No faltaba ningún objeto ni nada estaba fuera de su lugar. Los muebles, las paredes, las cortinas y hasta la costosa alfombra mantenían su pulcro blanco espectral. Buscó en el vanitory unas toallitas de papel y comenzó a quitar las inexplicables manchas de las paredes. Envolvió la toalla ensangrentada junto con la cortina de baño y las puso en una fuerte bolsa de plástico. Volvió a repasar el baño y ya nada hacía recordar la escena anterior.

 

Otra vez se sentó sobre la tapa del inodoro y por fin pudo escuchar con claridad que aún seguía sonando el bip del despertador. Fue al dormitorio arrastrando los pies y lo apagó de un golpe.

 

En otra bolsa de residuos negro tiró los preservativos, las botellas y cierta ropa que no pudo reconocer. También tiró algunos juguetes que encontró entre las ropas. El dolor de cabeza comenzaba a desaparecer y decidió tomar una ducha rápida y bien caliente para reponerse totalmente.

 

Después de la ducha, se miró al espejo y se sintió resplandeciente y vital. Como si de pronto hubiese rejuvenecido por lo menos unos 7 u 8 años. Se miró detenidamente desnuda y vio el cuerpo de la mujer que había sido alguna vez. Los pechos firmes y rosados la miraban fijamente. Los hombros tersos, el cuello dócil y vivaz había vuelto a ser el mismo. El pelo se sentía suave y ligeramente dócil. Pero la cara. Había en ella un brillo sumamente extraño. Dita volvía a mirarse una y otra vez... Y no echaba crédito a lo que estaba viendo. Se sentía vital y ardiente.

Tenía una mueca en la comisura de los labios que se asemejaban a una sonrisa de satisfacción, de goce y cierto placer. Las mejillas rozagantes estaban tremendamente suaves.

 

Se puso una minifalda negra, botas que le llegaban hasta el muslo; una blusa casi transparente y un tapado que cubrió todo. Se maquilló destacando los ojos y se pintó los labios de rojo rabioso. Se puso unos anteojos de sol oscuros y salió casi corriendo. Tiró las bolsas de residuos en el incinerador y salió del edificio dejando las llaves al conserje del hotel.
_"Señorita, señorita, no vi salir al señor que la acompañó anoche... ¿Salió antes que usted?"
Fin






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