Una noche del siglo XVIII, el caballero español Tomás Donaires se disponía a dormir, cuando al abrir su cama encontró entre las sábanas un hermoso bebé. Inmediatamente, comenzó a averiguar como había llegado hasta allí, lo cual le resultó sencillo. El niño había sido abandonado por su madre, Juana, que frecuentaba la casa para ayudar en los trabajos a la señora Imperio Donaires, esposa de Tomás. Ellos finalmente decidieron quedarse con el niño, al que llamaron Juan Donaires y lo cuidaron como si fuera propio.
Poco tiempo después, el matrimonio Donaires tuvo un hijo al que llamaron Felipe, de forma tal que, los dos niños que tenían pocos meses de diferencia, se criaron juntos. Sin embargo, el correr de los años demostraría que eran bastante distintos.
Juan era un muchachito fuerte, travieso e impulsivo; en cambio Felipe parecía enfermizo y siempre estaba muy serio.
Cuando Juan cumplió veintidós años, se dio cuenta que estaba enamorado de su vecina Electra, de dieciocho años. En ese momento, Tomás Donaires enfermó de gravedad y se temió por su vida, pero finalmente logró curarse lo que invadió de alegría la casa.
Pero esa alegría se vería empañada cuando los familiares de Electra decidieron que era conveniente que ésta se casara con Felipe, ignorando que ella y Juan estaban enamorados. Sin embargo, Electra y Juan se encontraban secretamente y se juraban amor eterno, hasta que un día fueron encontrados por el padre de Electra. Este armó un gran escándalo y puso el problema en conocimiento del señor Tomás Donaires, quién pensó que lo mejor era encontrar una solución sin enojarse con nadie.
Pero Felipe no pensaba así, entonces urdió una serie de mentiras para dejar mal parado a Juan ante los ojos de su padre postizo. Lamentablemente tuvo éxito. Tomás Donaires, convencido de que aquél muchacho que descubriera una noche en su propia cama era en realidad un malvado y finalmente lo expulsó de su casa.
Juan, muy triste, sin siquiera querer averiguar los motivos de esa decisión, partió una fría madrugada, enviándole antes una carta a Electra donde la reiteraba su inmenso amor.
Electra no se resignó a quedarse en su casa y se marchó hacia Francia, en plan de estudios, alojándose en la casa de una señora de gran fortuna, la duquesa Jeannette Belour, que le había sido presentada por su prima.
Mientras tanto, Juan seguía su camino, lleno de accidentes. Para salvar el honor de una dama, debió batirse con numerosos soldados y luego, para seguir fiel a Electra, tuvo que rechazar las pretensiones de casamiento de su defendida. Así, luego de muchas averiguaciones, Juan llegó a Francia con el objetivo de encontrar a su enamorada.
Cuando lo logró, surgiría otro problema. Jeannette Belour, la señora en cuya casa vivía Electra, estaba empeñada en casar a ésta con algún noble de su amistad. Al llegar Juan a la casa de la duquesa, ella quedó prendada y se enamoró perdidamente de Juan y él, buscando la manera de llegar a Electra, fingió corresponderle a la duquesa, hasta el punto de proponerle casamiento en una carta.
Electra se entera de la existencia de esa carta, se enfurece y decide arrancar a Juan de su corazón. Para colmo, Juan debió intervenir en una disputa callejera a fin de evitarla, pero –con mucha desgracia- al empuñar su espada, hirió gravemente a uno de los que peleaban. Bajo la acusación de intento de asesinato, Juan fue encarcelado.
Contemporáneamente, llegaron a Francia Tomás Donaires y su hijo Felipe, situándose en la misma ciudad de todos los personajes de este cuento. Mientras tanto, las cosas para Juan empeoraban, y, según los comentarios generalizados, sería sentenciado a la horca. Pero de pronto, aparece Juana, su madre –que trabajaba de mucama en la casa del herido por Juan- e intercede ante su patrón, para que salve a Juan, confesándole que realmente era su hijo. El patrón de Juana finalmente accede y Juan sale de la cárcel acompañado por su verdadera madre. En ese instante, se encuentran casualmente con Tomás Donaires y con Felipe. Don Tomás reconoce a Juana y se emociona, por cuanto siempre le había tenido mucha estima, atento que había cuidado con mucho cariño a su madre enfermiza. Así, Juana y Tomás se abrazan y ante esa imagen, Felipe le confiesa a su padre que había confabulado contra Juan por celos, pero que todo lo que había dicho de él eran mentiras. Ante esa confesión, también se abrazan Felipe y Juan y rompen en un profundo llanto.
Sólo una cosa faltaba para devolver a Juan la absoluta felicidad. Electra seguía enojada con él, a pesar de que su familia ahora, estaba dispuesta a aceptarlo como novio de ella.
Finalmente, el poder de convicción de Juan fue más fuerte que la resistencia de Electra, y pocos meses después, en medio de la alegría de todos, ambos jóvenes marcharon juntos, plenamente enamorados, hacia el altar donde quedaron consagrados para siempre como marido y mujer.
FIN