PUERTAS Y
VENTANAS CERRADAS
Todo se
había reducido a la nada, de golpe las manos vacías.
Frente a
las puertas de un cielo deseado, de golpe estas se cerraron, el silencio fue
primero, una rara oscuridad después.
Mi mente
revisaba los porque. Miles de conjeturas se agolpaban para tratar de calmar mi
incertidumbre. Buscando las más lógicas, empecé a armar el desapego, tratando
que esas justificaciones moderaran mi dolor.
Enferma, de
esa dolencia que solo uno sabe que tiene y que todavía ningún sabio del mundo
ha curado.
Donde el único remedio esta dentro de uno
mismo. Donde tenemos que ser fuertes para encontrar la forma de aliviar el
dolor, antes que este sea mas fuerte que nosotros y entonces nos desmayemos
emocionalmente, dejando nuestro cuerpo en manos de los otros y nuestra mente a
merced de quien este mas cerca.-
Consolando
todo el tiempo a mi corazón herido, por no comprender la no comprensión del
otro.
Lentamente
me fui anestesiando, pausadamente me fui conformando.
Deje de
mirar la puerta cerrada.
Voltee a
mirar el camino que hasta aquí me había traído.
No podía
retroceder, nunca se puede retroceder, se debe seguir avanzando, dejar la
puerta a un lado y seguir.
El dolor
estaba adormecido. Con el tiempo se alejaría. Solo quedaría una cicatriz que siempre
me recordaría que el amor puede ser el maestro más cruel que existe.
Cuando estaba
lista a comenzar mi viaje, la puerta volvió a abrirse.-
Nuevamente
el cielo estaba cerca, me olvide del dolor, olvide la tristeza, volví a
llenarme de esperanzas.
Solo había
una voz en mi interior que me decía.- “Cuidado puede doler más que antes.”-
No la
escuche fui hacia delante, como los guerreros que nunca saben si volverán, solo
saben que deben ir.-