cuando la soledad es tu novia (Escrito por sol3d4d)
lo sé...nunca hice nada de lo que mi familia se sintiera orgullosa...tampoco obtube el premio a la perseverancia. desde niña fui tan...
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Fecha de publicación: 07/01/2010
Leído: 1372 veces
Comentarios (3)
Valoracion de la obra: 5

UNA MIRADA NOSTALGICA DESDE UN TIEMPO PERDIDO

(El nombre no tiene relación con el texto, es sólo un capricho del autor).

 

EL OJO

            Por LUIS ARMANDO TORRES CAMACHO

Una historia de amor del siglo veintiuno.

Cristina mi hermana mayor y yo caminábamos a la orilla de boulevard. Ella siempre había sido una soñadora; en busca del hombre romántico que la amase, que la respetase en la tradición antigua y que tomase en cuenta sus derechos de mujer moderna, igualdad  con los demás hombres: un sueño de la mayoría de las profesionistas de su generación y quizá de muchas mujeres desde entonces; en especial si consideramos que nació a finales de la década de los cuarenta y le toco vivir la revolución estudiantil de 1968. Yo su hermano, su acompañante, y a veces su chaperón, la escuchaba, como siempre lo había hecho a lo largo de todos los años de nuestra vida, y como siempre, escuché sus quejas de lo desconsiderados que éramos los hombres de ahora.

Ese día, sin embargo, habría de ser distinto. El sol campeaba abiertamente en la playa y  la avenida, cuando escuchamos una relativamente antigua canción:

Yo quiero que tú, me adivines quien es la mujer. Se parece a ti…. Una canción del trío Los Tres Diamantes, o los Martínez Gil, no recordaba con claridad, incluso podría haber sido de cualquier otro grupo de la época.

Buscamos el origen del sonido: frente a villa del mar uno de los grupos tradicionales de Veracruz la interpretaba y Cristina no pudo evitar tararearla, sin embargo, el solista no se encontraba presente, un disco lo interpretaba mientras los demás complementaban la música. Cuando terminaron, mi hermana fascinada, preguntó por el solista, y porqué, ninguno de los presentes lo sustituía. La respuesta fue,

-Su voz nos guía y nos apoya, pero él, enfermó de algo que no le permite estar  presente, y como sin él no somos nada, nos facilitó una grabación.

Mi hermana abrió los ojos sorprendida, nunca había escuchado tal consideración por un cantante en un trío local y les pidió la apoyasen en su deseo de conocerlo. Los músicos la vieron tan ilusionada que le informaron que Héctor, la primera voz, estaría presente en un pequeño hotel a la orilla de la playa dos horas más tarde.

Entusiasmada, mi hermana y yo caminamos y bromeamos a lo largo de la playa contemplando las cortas olas y la profundidad de un mar, que este día se veía azul hasta lo lejos, de tan feliz, que incluso utilicé en ella uno de sus apodos de niña, obteniendo como respuesta un golpe en las costillas.  Durante las dos horas siguientes, no quiso hablar, sólo caminaba y observaba lo que la rodeaba mientras disfrutaba del cálido sol, y tarareaba la melodía.

Se parece a ti… y paseando y cantando pasaron dos horas mientras nos acercábamos lentamente al mencionado hotel.

Cuando entramos, en el interior, sólo estaba la recepcionista y un señor moreno de edad algo arriba de la mediana, vestido con ropa de charro, de rasgos fuertes y de un obvio mestizaje. Se encontraba tomando café.

-¡Oh desilusión! –pensé-. No está. A menos que sea este señor y entonces más ¡Oh desilusión! Mi hermana desde niña había soñado con el clásico príncipe que sueñan las mexicanas, europeas y las estadounidenses: blanco, rubio y de ojos azules, gracias a Blanca Nieves y otros cuentos parecidos de su niñez y juventud, sin que el inexorable paso de los años le hiciese justicia.

Lo primero que hizo fue preguntar a la recepcionista:

-Disculpe ¿Con el señor Héctor?

-Es él –contestó señalando al hombre previamente descrito.

Su reacción, fue incómoda.

-Yo me refiero a Héctor, el cantante.

-Sí –confirmó la recepcionista-, es el que le dije.

Cristina lo miró con cierto aire de  suspicacia y desdén.

-¿Hay algún problema conmigo señorita? –preguntó él.

-Nada –contestó-, es sólo que, lo había imaginado diferente.

-Entiendo, pensaba en alguien más joven, de otro color de piel y resulta que soy moreno veracruzano y maduro ¿eh? En ese caso la comprendo, y no la culpo. Yo soy como soy, orgulloso de mi tierra y gracias a  lo que soy, la voz y la inspiración van  incluidas en el paquete. Si es que es usted la dama que preguntó por mí., no se preocupe señorita, siga su camino, y aquí no ha pasado nada.

Al escuchar sus respuestas, mi hermana sonrió y le dijo.

-No que va, es usted justo al que deseaba conocer. ¿Me invita un café?

En ese momento comprendí que ya no era necesaria mi presencia, cada cosa se encontraba en su lugar y el mundo seguiría siendo rosa para ellos.

Me despedí, pero mi hermana ya casi no me prestaba atención y sólo me hizo un gesto con la mano. Me encontraba feliz al estarlo ella, y me despedí con la certeza de que todo saldría bien por esta vez. Caminé sin dejar de mirarla, intentando retener su imagen en mi memoria hasta que la distancia me quitó su figura.

De nueva cuenta me tocó pasar frente a Villa del Mar, pero el grupo ya no se encontraba presente, me detuve pensativo. Tenía la impresión de que había perdido algo en el camino, decidí regresar al hotel donde dejé a mi hermana, sólo encontré las ruinas abandonadas de lo que alguna vez, lo había sido. Las lágrimas brotaron incontenibles de mis ojos. Recordé su muerte muchos años atrás y que nunca excepto en esta extraña experiencia, existió el “amor de su vida”. Quizá ahora, cerca de mí, en este extraño paseo lo había encontrado, considerando que aún me dolía el codazo que me había propinado en las costillas. 

 


Comentarios - Deja tu comentario sobre la obra
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mmmmmmmmmmmmmmmmmmm
me encantan estas obras yo las estudio en la universidad
Autor: darkangel | Fecha: 21/03/2011 17:18:32

millon
  • EL OJO

            Por LUIS ARMANDO TORRES CAMACHO

Una historia de amor del siglo veintiuno.

Cristina mi hermana mayor y yo caminábamos a la orilla de boulevard. Ella siempre había sido una soñadora; en busca del hombre romántico que la amase, que la respetase en la tradición antigua y que tomase en cuenta sus derechos de mujer moderna, igualdad  con los demás hombres: un sueño de la mayoría de las profesionistas de su generación y quizá de muchas mujeres desde entonces; en especial si consideramos que nació a finales de la década de los cuarenta y le toco vivir la revolución estudiantil de 1968. Yo su hermano, su acompañante, y a veces su chaperón, la escuchaba, como siempre lo había hecho a lo largo de todos los años de nuestra vida, y como siempre, escuché sus quejas de lo desconsiderados que éramos los hombres de ahora.

Ese día, sin embargo, habría de ser distinto. El sol campeaba abiertamente en la playa y  la avenida, cuando escuchamos una relativamente antigua canción:

Yo quiero que tú, me adivines quien es la mujer. Se parece a ti…. Una canción del trío Los Tres Diamantes, o los Martínez Gil, no recordaba con claridad, incluso podría haber sido de cualquier otro grupo de la época.

Buscamos el origen del sonido: frente a villa del mar uno de los grupos tradicionales de Veracruz la interpretaba y Cristina no pudo evitar tararearla, sin embargo, el solista no se encontraba presente, un disco lo interpretaba mientras los demás complementaban la música. Cuando terminaron, mi hermana fascinada, preguntó por el solista, y porqué, ninguno de los presentes lo sustituía. La respuesta fue,

-Su voz nos guía y nos apoya, pero él, enfermó de algo que no le permite estar  presente, y como sin él no somos nada, nos facilitó una grabación.

Mi hermana abrió los ojos sorprendida, nunca había escuchado tal consideración por un cantante en un trío local y les pidió la apoyasen en su deseo de conocerlo. Los músicos la vieron tan ilusionada que le informaron que Héctor, la primera voz, estaría presente en un pequeño hotel a la orilla de la playa dos horas más tarde.

Entusiasmada, mi hermana y yo caminamos y bromeamos a lo largo de la playa contemplando las cortas olas y la profundidad de un mar, que este día se veía azul hasta lo lejos, de tan feliz, que incluso utilicé en ella uno de sus apodos de niña, obteniendo como respuesta un golpe en las costillas.  Durante las dos horas siguientes, no quiso hablar, sólo caminaba y observaba lo que la rodeaba mientras disfrutaba del cálido sol, y tarareaba la melodía.

Se parece a ti… y paseando y cantando pasaron dos horas mientras nos acercábamos lentamente al mencionado hotel.

Cuando entramos, en el interior, sólo estaba la recepcionista y un señor moreno de edad algo arriba de la mediana, vestido con ropa de charro, de rasgos fuertes y de un obvio mestizaje. Se encontraba tomando café.

-¡Oh desilusión! –pensé-. No está. A menos que sea este señor y entonces más ¡Oh desilusión! Mi hermana desde niña había soñado con el clásico príncipe que sueñan las mexicanas, europeas y las estadounidenses: blanco, rubio y de ojos azules, gracias a Blanca Nieves y otros cuentos parecidos de su niñez y juventud, sin que el inexorable paso de los años le hiciese justicia.

Lo primero que hizo fue preguntar a la recepcionista:

-Disculpe ¿Con el señor Héctor?

-Es él –contestó señalando al hombre previamente descrito.

Su reacción, fue incómoda.

-Yo me refiero a Héctor, el cantante.

-Sí –confirmó la recepcionista-, es el que le dije.

Cristina lo miró con cierto aire de  suspicacia y desdén.

-¿Hay algún problema conmigo señorita? –preguntó él.

-Nada –contestó-, es sólo que, lo había imaginado diferente.

-Entiendo, pensaba en alguien más joven, de otro color de piel y resulta que soy moreno veracruzano y maduro ¿eh? En ese caso la comprendo, y no la culpo. Yo soy como soy, orgulloso de mi tierra y gracias a  lo que soy, la voz y la inspiración van  incluidas en el paquete. Si es que es usted la dama que preguntó por mí., no se preocupe señorita, siga su camino, y aquí no ha pasado nada.

Al escuchar sus respuestas, mi hermana sonrió y le dijo.

-No que va, es usted justo al que deseaba conocer. ¿Me invita un café?

En ese momento comprendí que ya no era necesaria mi presencia, cada cosa se encontraba en su lugar y el mundo seguiría siendo rosa para ellos.

Me despedí, pero mi hermana ya casi no me prestaba atención y sólo me hizo un gesto con la mano. Me encontraba feliz al estarlo ella, y me despedí con la certeza de que todo saldría bien por esta vez. Caminé sin dejar de mirarla, intentando retener su imagen en mi memoria hasta que la distancia me quitó su figura.

De nueva cuenta me tocó pasar frente a Villa del Mar, pero el grupo ya no se encontraba presente, me detuve pensativo. Tenía la impresión de que había perdido algo en el camino, decidí regresar al hotel donde dejé a mi hermana, sólo encontré las ruinas abandonadas de lo que alguna vez, lo había sido. Las lágrimas brotaron incontenibles de mis ojos. Recordé su muerte muchos años atrás y que nunca excepto en esta extraña experiencia, existió el “amor de su vida”. Quizá ahora, cerca de mí, en este extraño paseo lo había encontrado, considerando que aún me dolía el codazo que me había propinado en las costillas. 

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