Chin, me la suelta Rodolfo. No hay pedo, nos
vamos en mi mueble. Nomás de pensar en las gabachitas, huy, baby. Que se
agarren, chaparro, que traigo vuelo. Mi jefa la hace de tos, pero le doy el
avión. Que si la escuela, que el jale, que todo el día en la calle, ya todo eso
me lo sé, el cuento de siempre. Todos los días la misma historia. Sí, sí, jefa,
mañana veo, hoy es viernes. Dile a mi carnal, pinche huevón.
Me pongo la lima nueva, ay, papá, hasta parezco
James Bond. Rodolfo quiere un frajo. Afuera, pinche gordo, que me apestas la
ropa; bájale a la ventana, no seas cabrón. Dónde, dónde, pues en la
presidencia, me dice Rodolfo. Chin, 25 pesotes, una caguama menos; pásate la
coperacha que allí viene el parquero, cargado, cabrón, ponte a chambear. Mejor
tiramos fuga luego lueguín.
Pues vamos al Don Beto, pues simón, se arma. Y mira esa por allá, y no mira su
amiga, parece su mamá. Cámara, dice Rodolfo, mejor vamos a los fresas. Nel, le
digo, qué hueva, le digo. Llegan unos gringos colgadotes. Washu, washu, washu,
wa, hable bien, guey. Saca un montón de dólares. Ay, señor gringo, a dónde va
tan solo. Echame aguas, cáele. Le bajo la cartera, treinta dólares, pues que
empiece la fiesta. A pintarle de aquí que ya huele a panteón, le digo a
Rodolfo. Echamos el rápido, todo está tranquis, y pues que ahí está el Tony,
qué tranza, mi Tony, a dónde vas. A la Mariscal. Cáele, mi hermano. A poco te
da miedo. No, pero nada más se trampa puro vato. A poco no te gusta el burro
con chilito. Nel, pastel. Huy, pues qué agua. Prestas. Ya estás peinado, pues.
Rodolfo se desafana un rato. Entro al Tlaquepaque. Puro
pinche greñudo gritón. Me echo una birria. Cálmense, relajientos, qué no saben
tocar o qué pasión. Sácate, que, me dice el mesero. Pues para eso soy bueno,
mugre melenudo hijo de Conan.
Camino para el puente y está Rodolfo dándose un
pase. De dónde, gordo. Que del Andy. Muy buen, muy bueno. Me chingo una uña.
Para volar un ratón. Pues a dónde mi Capulina. Otra vuelta, pero esta vez en
avión.
Entramos al Beach, y puro cholo malandro maquilero, huy,
huy, pues qué querías gordo. Dos, tres, rolas con unas gringas. Todas
apachurradas, no aguantan nada. Me jalo a una morena chichi caída. Es de
Sonora, Huy, huy, que la agarren que parece trompo. Y qué mi amor, por qué no
te había visto por aquí. Es que no vengo muy seguido para acá, soy de Hermosillo.
¿Donde se dan lo hombres, chula? Ay, groserote. Pues cáele más seguido, reina.
Es que los de Juárez no saben bailar. Qué pasada. Órale, se me va castigada al
rincón.
Otra vuelta, pues otra vuelta. Pero puro hueso
y jamón. Por eso nos vamos a echar una torta con la lana del gringo. Ay,
cabrón, cómo tragas, y luego el gordo pide otra. Deme una de pata, pero no me
la vaya a tirar, le encargo, joven. Qué pasó, qué pasó, pues si no es albur.
Nos vamos al Negrito, al Hollywood, a La linterna verde, al Panama, al Extranjero. Un vato nos invita una birria, simón, dos indios, pero
sin penacho. Vamos a cotorrearla un rato. Ya afuera el poli nos tira un chorote
mareador. Cállese, pinche rata, tenga su mordidota. Torcemos en la Tlaxcala y
le caemos al Kentucky por las chavas. Otra birria, nomás para no perder el
aliento a borracho. Pero todas las viejas son bien apretadas. Y luego pura
Paulina Rubio y Talia. Chin, me siento como en Alcanzar una estrella. Le caemos al bar de un compa. Cómo que no
está, no, pues a esperarlo. Sacamos a unas ladies a bailar. Huy, bailar
regacho, sáquese, un coscorrón y a su silla, el chacal de Sábado Gigante ya les hubiera tocado la corneta. Pos serán, vatos,
me dice el gordo. Otra cervecita, otra cervecita. Salud, salud. Rodolfo pone
una rolita en la rocola: Marco Antonio Solís, “El Buckle”. Llega nuestro
camarada. Échense un pisto. Simón,
simón, para que se cruce. Le digo que sí para no perder el hábito. Cabrón,
serás cura.
Tiramos fuga después de un rato. Otra vuelta de
volón pin pon. Se está haciendo tarde, dice Rodolfo, arres, ya hace sueño. Pues
vamos al estacionamiento. Aquí tienes tus dos pesotes, señor parquero, para que
te compres un pito nuevo porque ese ya da pena. ¿Qué para la soda? Ah,
chingado, pues qué quieres unos vasos. Ándele, no esté dando lata. Vámonos que
ahí está el gringo loco. Agarramos rumbo a la casa. Chingado, otra semana para
que vuelva a ser viernes. Chin, chin, me la suelta Rodolfo.
Octubre de 2006. Ciudad Juárez, México.