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Holocausto

Autor/a: kukaracha
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 13/08/2009
Leído: 430 veces
Comentarios (1)
Valoracion de la obra: 7,50

Es solo Rock and roll, pero me gusta
Sobre su escenario, el cantante de rock se erguía a contraluz, posando la mirada en la última persona que alcanzaba a ver, con el micro como una proyección de su brazo en tensión. Los miles de cabezas que se balanceaban rítmicamente a sus pies, como si un barco cargado de cocos hubiese naufragado en un mar agitado, lo observaban en éxtasis. El cantante de rock sabía lo que estaban viendo en ese preciso momento: una silueta recortada, humeante, rasgando ocasionalmente con algún gruñido gutural la espesa cortina rítmica que sostenían con maestría su bajista y su batería. Al instante se uniría la cuchilla helada de los agudos de la guitarra eléctrica en un interminable punteo. La mismisima imagen del rock and roll. Después para poner un broche digno al concierto, cerraría con un grito desgarrador, que esa masa expectante tardaría mucho tiempo en olvidar, de eso ya se iban a encargar su garganta y sus cojones. Entonces el Dios del Rock sentado en el trono del paraíso o infierno que habitase, le sonreiría y le convertiría en mito, como a unos cuantos elegidos antes… Pero algo aquella noche había sido diferente…La entrega del público había sido tan intensa, que el cantante de rock se planteo una variante interesante para terminar el concierto.. Aquí había un tema que acojonaba en extremo a su manager, ni que decir tiene al jefe de seguridad del grupo, y que jodía al límite la paciencia de su su guardaespaldas particular cada vez que se planteaba, y es que hacía tiempo que venía pensando que su público merecía algo mas de el, aparte de su voz y sus bailes espasmódicos , y que mejor regalo que la posibilidad de tocarle, de establecer un contacto físico con su ídolo? Despues de un viaje por el brumoso mundo del rock, embotados sus sentídos, el cantante de rock pretendia lanzarse desde el altar de su escenario hacia la multitud para otorgarles nada menos que el privilegio de tenerle entre sus manos, sobre sus cabezas, al alcance de sus besos… Realmente no había pensado de antemano hacerlo en ese concierto, pero que coño, nunca iba a presentarsele mejor momento que este y no lo iba a dejar escapar. Un local grande, cuerpos apretados hasta donde alcanzaba a ver, público entregado… Se dio la vuelta y observó a su banda. La batería rugía como una tormenta, la guitarra machacaba un RE distorsionado hasta el punto de no parecer ni siquiera una nota musical, el estruendo era ensordecedor, y los graves que salían de los monitores del escenario le hacían zumbar las entrañas y le producían una agradable vibración en las pelotas. Su mirada se cruzó con la del bajista, el cantante de rock le sonrió alzando las cejas y, amigos, el que diga que un grupo de rock no es compacto como una manada debería haber visto el gesto de su músico… Literalmente le leyó la mente y captó sus intenciones; le sonrió, y señalo hacia el publico con un golpe de cabeza como diciendo: “ Hazlo. Lo estais deseando, tanto ellos como tu” Ahora o nunca. Avanzó lentamente hacia el batería hipnotizado por los golpes del bombo que tronaba como una metáfora de su propio corazón, y se giró. Le separaban de aquel hervidero de fanáticos seis pasos de carrerilla y el gran salto, y allí fue… En el momento que sus pies alzaron el vuelo desde el escenario le dio la sensación de verlo todo a cámara lenta. Las caras de las dos primeras filas cambiaron de la excitación a la decepcion cuando se dieron cuenta de que el salto era demasiado largo como para que llegasen a tocarle ni una sola hebra del pantalón. Ostias, iba a aterrizar como mínimo a tres metros del borde del escenario, en esa mullida cama de manos que su agradecido público ya le estaba preparando. Algun afortunado con un buen salto había conseguido acariciarle con las yemas de los dedos el muslo justo después de despegar. De los alientos, de los cuerpos enfebrecidos de la gente se desprendía un chorro de -literalmente- calor humano, y se vio por un segundo como un albatros dejandose llevar por una cálida corriente ascendente en un vuelo abandonado. Estaba viviendo mas en un segundo que en años de conciertos, y aún tenía conciencia de que le quedaba lo mejor. Aquí venía el aterrizaje. Su cuerpo comenzaba a descender, y entonces cerró los ojos y se preparó a sentir la experiencia. Cualquiera puede pensar que el impacto de un cuerpo de cerca de 80 kilos cayendo de una altura de dos metros sobre decenas de manos puede resultar dolorosa, pero en ese momento el cantante de Rock tuvo conciencia de la maravillosa y confortable sensación de suspensión que se experimenta. Los dedos se flexionaron en el momento del contacto, igual que los codos, los hombros, los cuerpos de la gente que le recibió, convirtiendo ese centenar de manos en el colchón mas ergonómico imaginable. Aquí me teneis, pensaba eufórico, mientras giraba su cuerpo para disfrutar del viaje mirando hacia arriba. Que pena, se lamento, que el concierto no hubiese sido en el exterior ( outdoor, hubiese dicho el gilipollas de su manager) para sumar el placer de ver el cielo estrellado y tener que conformarse con el techo envigado de aquel recinto. Aquellas manos ya se habían puesto en marcha debajo de el, iban meciendole hacia atrás, como si fuera una pluma de cisne en la cresta de una onda en un estanque, Que suavidad, y que orden dentro de todo aquel caos. Cada mano no se ponía de acuerdo con la anterior sobre en que dirección empujar, pero todas lo hacían en el mismo sentido, Hacia la parte de atrás del recinto, alejandole del escenario. Que maravilloso viaje estaba realizando. Alzó un poco la cabeza y pudo ver a su banda sosteniendo todavía el ensordecedor acorde final, esperando su grito para poner el broche a aquella acojonante velada de Rock´n´roll. Vais a tener que esperar un poco, chavales, porque mi público ( como les jodía siempre que decía MI público, pero el no lo decía por joderles ni por darse pisto, pero es que no era realmente SU publico?) todavía me quiere un poquito mas para el, y yo no quiero negarles ese privilegio. “Salgo y aúllo para mi público” decía Jim Morrison, bien, ahora su público estaba aullando para él mientras lo portaba en volandas y eso le ponía; le ponía en extremo y no pensaba cortar ahora mismo esta mágica conexión. Ahora unos dedos le revolvían el cabello, ahora otros le rozaban el cuello, otros demasiado fuertes para ser de mujer le estrujaban el culo, pero el lo disfrutaba igual, miles de caricias por segundo, un autentico jacuzzi humano mientras el viaje continuaba hacia el fondo del recinto, y su banda, aún con ese acorde sostenido ( de verdad no se les ocurria meter una puta variación?? ) sonaba ya un poquito amortiguada por la distancia, que ya era de unos 30 metros hasta el escenario…era sorprendente la velocidad a la que te transporta la admiración Pero tenía claro que si el no estaba acaudillando su banda, la música perdía todo matiz, asi que debía dar por concluido su viaje y regresar cuanto antes al escenario. El maestro de ceremonias tenía que echar el cierre, esto ha sido todo, sois un público cojonudo, hasta siempre y bla bla bla… De todos modos lo que mas le impulsaba a volver al escenario era la necesidad de terminar con esa nota sostenida, plana, distorsionada, invariable que su banda se empeñaba en alargar hasta lo indecible, con la batería aporreando ya sin ningún sentido del ritmo. No podía dejar que esa nota desquiciada se prolongase ni un segundo mas, pero parecía que la cosa no iba a resultarle facil… El público seguía empujandole hacia el fondo del recinto, y el escenario se veía REALMENTE lejos. Durante el concierto habría dicho que el fondo del local estaría a unos 60 metros desde el borde del escenario, pero alzó un poco la cabeza y ahora le parecía que estaba a mas de 100 metros de su incompetente conjunto. Intentaba cambiar el rumbo a golpe de caderas, pero las manos seguían alejandole como un pollo en una cinta transportadora. Bueno, sus admiradores no se lo iban a poner fácil, asi que intentaría otra versión de viajar sobre su público: se pondria en pie sobre esa alfombra de craneos e iría pisando cabezas hasta estar de vuelta en ese escenario, el cual ya parecia a varios jodidos kilometros de el. Venga, no era posible que el recinto tuviera esa distancia, allí estaba pasando algo raro de cojones, asi que lo suyo era volver y soltar al aire la patada que su grupo esperaba como señal para terminar de una vez con esa nota que ya le taladraba el cerebro, no por su volumen, porque ya escuchaba como entre algodones, sino por la condición completamente monocorde, que se le empastaba en la cabeza. El cantante de rock intentó incorporarse para recuperar la verticalidad, pero antes de que su cuerpo trazase siquiera un angulo recto, una mano le enganchó la melena, y tiró hacia atrás con tanta fuerza que sintió crujir su cuello. Lanzó un grito mas de sorpresa que de miedo, pero las manos seguían alejandolo inexorablemente del escenario, que ya parecía un punto luminoso en la distancia, y como un faro en la oscuridad que le comenzaba a envolver. Llevaba por lo menos tres o cuatro minutos viajando hacia atrás por cortesía de sus fans histéricos, pero en vez de disminuir el número de manos que lo porteaban parecía que aumentaran, y tambien la violencia con la que lo agarraban. Además del tiron de pelo que le acababan de dar, las manos que hace unos minutos eran suaves y acompasadas ahora parecían huesudas, se le clavaban en la espalda y en las piernas y de cuando en cuando notaba algún punzante arañazo en las vertebras. El pánico comenzó a adueñarse del cantante de rock que comenzó a gritar pidiendo al principio y suplicando después que le devolviesen a ese escenario que se había perdido ya en el horizonte de ese recinto que definitivamente no era lo que parecía. Incluso el olor a tabaco y sudor que se respiraba en el escenario había cambiado ya por un olor que le resultó familiar. Hace un año aproximadamente volvió a casa después de una gira de tres semanas. Había sido tan gilipollas de cortar la luz cuando salio, y nada mas abrir la puerta le recibió la peste de podredumbre de la nevera repleta de carne agusanada, fruta y verdura llena de una pelusa blanca grisacea que le hizo vomitar mientras arreglaba aquel desaguisado. Eso mismo era lo que olía ahora, el olor a carne muerta y agusanada, a cosas mohosas. Ya solo escuchaba un zumbido amortiguado que seguía siendo la misma nota que su grupo sostenía ya desquiciadamente y el griterío que le obsequiaban sus fans por debajo de el se había vuelto gorgoteante y casi animal. Los arañazos ya se estaban volviendo ardientes y dolorosos y se le escapó el primer alarido de terror. Torció su cabeza y miró hacia abajo para ver a los dueños de esas manos huesudas que ya nada tenían que ver con las que le habían servido de pista de aterrizaje hacía ya una eternidad, y en ese momento agradeció su costumbre (manía) de mear antes de salir a escena siempre tuviera necesidad o no. La primera cara que vió tenía la apariencia de un chico de unos 25 o 26 años, pero solo la apariencia. Si le hubiesen dicho que era un cadáver manejado por hilos invisibles lo hubiera creido. Sus ojos mates parecían mirar mas allá de cualquier punto del universo, y la boca abierta en una mueca perruna enseñando las encías rojas encendidas de las que salían desordenadas filas de dientes afilados como navajas. No se podría decir si lo que brotaba de su garganta era una carcajada, un grito de triunfo o un alarido de furia. La segunda cara que pasó ante el como en una película de terror tenía los ojos completamente en blanco, pero compartia con su hermano la boca infestada de dientes puntiagudos que disparaba espumarajos blancos al abrirse y cerrarse. Los cientos de caras que alcanzó a ver en todas las direcciones componían un cuadro que transportaba inevitablemente a la locura. El cantante de rock en pleno delirio histérico no pudo evitar poner en marcha ese mecanismo que todos tenemos para racionalizar cualquier realidad que muta lo suficiente como para tornarse en locura. Y al poco la verdad de lo que allí estaba sucediendo le llegó como un rayo esperanzador. Comprendió… No llevaba el hijo de puta de su guitarrista comiendole la oreja desde hace meses con empastillarse antes de salir a escena? Nunca había probado los acidos, pero no tenía pinta eso de lo que su guitarra llamaba un “mal viaje”? Joder, no le había preparado el guitarrista personalmente un vodka-cola entes de salir a escena? Y ahora que la verdad le consolaba con su unica respuesta, no veía el resplandor del escenario un poquito mas cerca si se concentraba? No volvía a escuchar la nota sostenida un poquito mas alto tal vez? No le parecía que las manos que le transportaban ya volvían a ser algo mas suaves? Que todo estaba volviendo a un orden lógico?. Estaba teniendo una alucinación causada por el LSD… Miradme hijos de puta, no sois reales… bien mirado ni siquiera los arañazos dolían tanto como parecía. El primer mordisco le sacó de su error. Algo había arrancado de cuajo la parte carnosa entre el indice y el pulgar de su mano derecha. De hecho, la boca que le había mordido, se volvió a enganchar en su muñeca, pero las garras que ya le destrozaban la espalda le arrancaron de su presa. El alarido del cantante de rock duró lo que una mano muerta tardó en apresar su garganta y tirar hacia abajo. Antes de llegar siquiera a tocar el suelo, cientos de uñas amarillentas, afiladas ya estaban arrancando tiras de piel, y el cantante de Rock quedó oculto bajo una manta oscura de dolor y demencia. A partir de ahí todo se volvió negro, y solo un ensordecedor sonido de babeo y rechinar de dientes apagó el último resquicio de la nota que todavía mantenía obsesivamente su banda. En el fondo de la mas oscura caverna del fanatismo, el Dios del Rock despertó y exigió su holocausto, y ciertamente sus hijos iban a cenar bien aquella noche. FIN

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si das el alma, no des el cuero y viceversa
...la exaltacion de sentirte kasi km un ser extraordinario e idolatrado, hace k nos sintamos superiores, hasta el punto d kreer dominar la sutiacion y kererlo dar todo.... ...pero darlo todo es al final kedarte sin nada...y knd ya no keda nada...solo kabe sitio pa la destruccion...o autodestruccion... cierto k es algo kaotiko...pero me enkantan los kaos...siempre se enkuentra algo d koherencia... sigues siendo un crack!! saludos!!
Autor: ileeli | Fecha: 09/03/2010 0:16:10

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