La Urbana 13 1
La
oficina urbana número 13 de la Caja de Ahorros estaba llena
de gente. Una larga cola de clientes, delante de la ventanilla de caja,
esperaba su turno para ser atendidos.
Juan Vicente, el cajero, cogió el
dinero que le tendía el cliente y lo contó.
-Cien
-Si, para ingresar en la cuenta
corriente 34/3, por favor.
El empleado tecleó en el ordenador
y, un momento después, le entregó el justificante de ingreso.
Al final de la mañana, al contar el
dinero para cuadrar la caja, le llamaron la atención aquellos cinco billetes de
veinte euros y, con ellos en la mano, se fue a ver al interventor de la
oficina.
-Mira estos billetes, Jose… ¿no te
parecen un poco raros?...
El interventor, un hombre que
rondaba los cuarenta y cinco, alto y moreno, cuando levantó la vista de los
papeles en los que andaba enfrascado y vio los billetes, no puedo evitar un
escalofrío…Sacó de la billetera dos billetes de cincuenta y se los dio.
-Toma, te los cambio.
-No son falsos…, los he pasado por
la máquina y son buenos…, solo que….
-Si, ya lo se, tengo en casa uno
igual; lo guardo de recuerdo.
-¿Sabes quien te los ha dado?
-Si, Pedro Jiménez... Cuando los
cogí noté algo raro, pero no le dí mas importancia.
......................................................
Para
Jose, los dos últimos años habían sido especialmente duros. Sobre todo
el anterior, cuando se separó de su mujer. Además de meterse en préstamos, tuvo
que tomar la difícil decisión de vender su querido “ultraligero”, para hacer
frente a los gastos de abogados y poderse quedar con la casa en la que había
vivido cuando casado…
Lo echaba de menos. De vez en cuando
volvía por el campo de aviación, incluso había volado con compañeros, pero para
un hombre como él, que amaba tanto volar, subir en un avión prestado no era lo
mismo.
Después, conoció a Gabriel, y de
nuevo, volvió a soñar con el día en que, otra vez, pudiera ponerse el traje de
vuelo y sentirse libre allá arriba, sin mas ruido que el acariciante ronroneo
del motor y la compañía de su hijo Javi, al que quería con pasión y que, a
pesar de su corta edad, ya andaba entusiasmado con los aviones.
Ahora, en su casa, sentado en el
salón, mientras apuraba un café y fumaba un cigarrillo antes de irse a dormir,
ojeó los billetes de nuevo y tomó la decisión…” El próximo día que venga Pedro
Jiménez, si trae mas de estos, hablaré con el…
………………………………………..
-Jose, ahí está otra vez…, y ha
traído otros cinco de veinte. ¿Quieres hablar con él?-era Juan Vicente.
-Si. Dile que, por favor, pase un
momento al despacho.
Pedro era un hombre moreno y bajito,
que andaría por los sesenta. Había dedicado su vida a los negocios y marchaba
bien hasta que, en la crisis de los noventa, su empresa de papelería y artes
gráficas quebró. Por aquel tiempo, su mujer murió; y sin hijos como estaba,
había aceptado el cargo de administrador de una entidad benéfica que acogía a
marginados .El
sueldo era pequeño,
pero cubría sus necesidades y, además, el tampoco tenía muchas ambiciones.
-Pasa, Pedro…
-Hola, José Antonio. Me ha dicho
Juan Vicente que querías hablar conmigo.
-Si. Siéntate, por favor.
-Tú dirás….
-Verás-Jose no sabía como abordar el
asunto-, es un poco delicado; pero... ¿Conoces a Gabriel?
-¿Gabriel? – y se puso nervioso.
-Si, ése que anda por ahí., mal
vestido, pidiendo limosna... Bueno, que iba, porque hace ya tiempo que no le
veo…
Pues no sé, chico... No conozco a
ningún Gabriel. ¿Qué querías decirme?- y se puso colorado.
-No..., si no le conoces..., nada,
déjalo.
-Bueno, si no quieres nada más…
Pedro se levantó y, casi sin
despedirse, se marchó. Mientras salía, Jose comentó para si….Ya lo creo que le
conoces….
……………………………………………..
La noticia apareció en un recuadro
pequeñito, en la última página del periódico local.
“Pedro Jiménez, administrador del
Hogar para marginados “Virgen de los Desamparados”, ha sido ingresado en el
Centro Psiquiátrico Provincial. Deseamos
de todo corazón que pronto se recupere, para que pueda seguir, como
hasta ahora, trabajando en la hermosa labor de ayuda a los demás”
Cuando Jose lo leyó, se estremeció.
Con que no sabías nada, ¿eh?-pensó, y decidió que aquella misma tarde iría a
visitarlo al hospital.
……………………………………………….
El Hospital Psiquiátrico era un
edificio antiguo en las afueras de la ciudad.
Jose aparcó el coche delante de la
puerta, llamó al timbre y esperó a que le abrieran. Se quedó mirando los
desconchones de la fachada y, sin saber
porque, una profunda tristeza le invadió…
Una monjita, sonriente y amable, salió
a recibirlo y le condujo, con pasos silenciosos hasta la habitación donde
estaba recluido Pedro.
Miró a través del ventanuco de la
puerta y le vio tumbado en la cama. Cuando la sor abrió Pedro se dio la vuelta
y se puso de cara a la pared para no verle.
-Tiene usted visita. Un amigo- y la
monjita, salió y cerró la puerta, dejándolos a solas.
-¿Cómo estás, Pedro?- preguntó Jose-
-Bien, no sé porqué me han traído
aquí….
Jose, cogió la única silla que había
en la habitación y se sentó junto a la cama.
-¿Porqué me dijiste que no le
conocías? Yo podría haberte ayudado...
-Creí que no pasaría nada…
-No digas eso. Tú sabías, porque
Gabriel tuvo que decírtelo, que no se podía hacer... Es más, el mismo me ha
confesado que te lo advirtió…
-Si,.. pero si solo ha sido durante
un mes…
-Mira, Pedro... Hace un año, yo tuve
la misma oportunidad que tú. Mi sueño era comprar un “ultraligero”…, un
avioncito de esos que funcionan con un motor como el de una lavadora, ya sabes…
Lo deseaba con toda mi alma y no tenia dinero…Entonces conocía Gabriel..., y
cuando al fin lo conseguí, se me pasó por la cabeza que podía seguir un poco
tiempo más y hacerme rico..., pero cuando Gabriel me dio las semillas me lo
advirtió…
-Ya, ¡pero si sólo ha sido un
mes!... –y rompió a llorar- Tu viste, como yo, que sólo era una ráfaga verde en
los billetes..., aún podía continuar….
-De sobra sabias que no.., ¡Era la
señal!
Y Jose, recordó la conversación con
Gabriel, aquella mañana de Julio, cuando le entregó un sobrecito de color caña,
que abrió con mucho cuidado..., para que pudiera ver las pequeñas semillas.
-Toma, Jose; plántalas en una maceta
y riégalas. Crecerá una planta tan hermosa como tu ilusión y dará unas vainas
que solo abrirás cuando estén secas... Dentro encontrarás dinero, pero
solamente el necesario para hacer realidad tu sueño… Después, la planta se
secará sin echar semillas… ¡Óyeme bien, Jose!- y Gabriel se puso muy serio- Por
si no llevaras bien las cuentas-, antes de empezar a secarse la planta dará
unos billetes con una ráfaga verde en uno de los picos… ¡Óyeme bien!-insistió-
ése es el momento de dejar de regarlas. Si insistes, el precio que habrás de
pagar por tu egoísmo, es el que yo estoy pagando… la más absoluta de las
miserias…., o la locura.
………………………………………………………
Los
desorbitados ojos de Pedro, y la manera tan extraña en que se comportaba, le
sacaron de sus pensamientos. Parecía estar regando una imaginaria maceta,
mientras repetía una y otra vez….
-¡Solo un mes mas…. anda plantita,…
solo un mes….!
Jose, cerró la puerta de la
habitación, y echó a andar pasillo adelante… Al pasar por recepción se despidió
de la monjita y salió a la calle.
Su Renault-Twingo- enfiló la
carretera. Al llegar al cruce, en vez de tomar para la ciudad, dio un
volantazo…. Lo había decidido, hacía una tarde estupenda…. y, se iba a volar.
©
isidromartinezpalazón. febrero1996
http://www.isidromartinez.com/