Esta historia trata de un hombre muy bichicome, llamado Oscar. Desde chico, recolectaba residuos. Recolectar residuos era una tarea muy común para el, como sí fuera la malquerida tarea del estudio, o las tareas de la casa. A medida que pasaba el tiempo, la tarea de recolectar residuos se le hacía un hobby.
Hace un tiempo, encontró un palo dorado. No era un palo cualquiera, sino que era mágico.
Oscar lo reviso (todo lo que encuentra, revisa) y sin querer movió, y apareció un plato de ravioles. Tenía tanta hambre. Luego, quería algo de dinero y apareció mil pesos de one.
_Pa, pero podría hacerme un lindo negocio con este palo -pensó en voz alta-.
Desde entonces, Oscar llamaba a todo el barrio. Pedían lo que quisieran y aparecía. Desde un collar de plata hasta un auto 0KM. El negocio de Oscar se hizo tan popular que vino toda la ciudad, y luego todo el país. Oscar salió de la pobreza, tuvo auto, mujer e hijos. Pero, no quiere decir que Oscar sea vanidoso. Al contrario, no se hacía el ricachón, sino daba al que más necesitaba.
Un día, después de 2 años, con mucho sol y calor, vinieron dos bandidos a robar la varita. Gritaron a los niños, golpearon a Oscar y la amenazaron a su esposa. Se llevaron la varita.
A partir de ahora, no aparecía riquezas o plato de comida, sino que aparecía droga, cigarro, revolver. La inseguridad creció y creció por todo el país. Hubo un trafico tan grande de droga e inseguridad en América Latina. No se podía salir de noche. Los niños, debían ir siempre con un responsable. Ir a la heladería o a la playa, era como ir al matadero. No se podía estar afuera de la puerta charlando y charlando porque sino te maltrataban. Todo policía que intervenía, o lo mataban o quedaba medio invalido. No se salía ni a la puerta, ni a la escuela, ni al liceo, ni a la facultad, ni a trabajar. La mujer que iría a parir a los hijos en el hospital, tenía que tener cuidado, aunque la mayoría de los bandidos le daba lástima la criatura de adentro del útero.
La varita se había cansado de dar cosas nocivas para la moral. Una noche, en un local de narcotráfico, la varita se fue volando de ahí hasta la casa de Oscar. La varita golpeo en la puerta de Oscar.
_¿Quien es? -pregunto Oscar?
_Soy......... este..............tu varita mágica. Déjame pasar.
_Pasa y no dañes a mi familia.
Cuando Oscar vio que la varita caminaba y hablaba, le dio un susto tan grande como las torres gemelas, y se desmayo.
_Hola, doctor -llamo la esposa-.
El doctor no contestaba. Llamo a otro, y vino hasta la casa.
_Hola doctor -dijo la varita-.
_¿Eh? ¿Vos me hablaste, nene?
_No -dijo Manuel, el hijo de Oscar-.
_Yo, la varita.
El doctor se sobresalto.
_Yo soy una varita. Yo, daba cualquier cosa. Fui yo la que di inseguridad al pueblo, pero me arrepentí y quiero cambiar el mundo. ¿Me podes frotar y decir que quiero un mundo mejor?
_Bueno, sí.
El doctor froto. Entonces, no hubo más inseguridad, no hubo mugre en la vereda, salió una luna hermosa, y al amanecer, dio un sol con un hermoso arcoiris. Los pájaros cantaban y volaban. Como era diciembre y casi terminando las clases, los niños salieron corriendo como sí hubiese un terremoto, para salir afuera luego de un año sin aire fresco. Ahora, el aire no estaba contaminado, no hubo pobreza, ni peligro. Las plazas y parques estarían más verdes.
Las flores florecerían. Las casas estaban impecables, y se ordenaron solas. Se iba al parque y el que tirara una mugre al suelo, contaminaba todo. No, mentira, iba sola a la papelera.
Los hijos de Oscar crecieron (eran 3). Manuel, trabaja en un restorant, Gaston es arquitecto, y Nicole es agrónoma.
Y el mundo vivió muy feliz.