Mi señorío no abarca mas aya del polvo que decide voluntariamente caer sobre mis huesos, con ese mismo polvo construyo torres que llegan hasta el cielo de mis sueños, rodeadas de altas murallas que protegen a las torres de la nada, esa nada que es mi única posesión, esa nada sobre la cual construyo mis torres de polvo, esa nada que envuelve mis fortalezas construidas con el polvo que cae sobre mi señorío y que además del polvo es mi única compañía permanente.
Porque después de todo, solo me queda eso, la nada, después de las alegrías y tristezas, después de los descansos y desafíos, después de la vida y la muerte, solo me queda nada, esa nada que se ha convertido en parte de mi mascara y que llevo conmigo a todas partes, esa nada que al ser mi única verdadera posesión es lo único que puedo ofrecer, eso y el polvo que cae sobre mis huesos.
Ese polvo que pasa a formar parte de mis torres, esas torres que caerán inexorablemente con el paso del tiempo, y la espera garantiza no ser larga, esas torres que solo son protegidas por las murallas hechas del mismo polvo del que estaban hechas torres pasadas, esas otras torres que cayeron y no dejaron huella alguna, huellas que no se encuentran porque estaban hechas sobre la nada.
Nada, después de todo, nada, antes de todo, nada; no tengo nada, no soy nada, solo soy un lapso de tiempo, un periodo de vida, el ciclo que llegara a su final, el constructor de torres de polvo.
Mi señorío, el polvo que cae sobre mis huesos, mi señor, la nada, esa misma nada que poseo me posee a mi, y mientras construyo torres y murallas sobre ella para intentar no verla, ella esta por encima de todas mis torres, incluso las mas altas, aquellas que ostentaban tocar el cielo de mis sueños.
Mis sueños, torres que resistan la nada, un punto sólido de apoyo, una huella, la existencia misma, una prueba, vencer al tiempo y a la nada.
En mis ojos puedes ver, cada torre de polvo que he construido rodeada de murallas sobre la nada que habita en mis sueños, podrás ver la nada que envuelve esas torres y murallas, en una triste replica de ciudad desolada y habitada por la nada.
Esa ciudad que le he construido a la nada para que viva, intentando atraparla en ella, como el laberinto del minotauro, pero mi bestia siempre escapa, siempre consigue la salida y vuelve por mi, me devora entero, pero no me destroza, no tiene con que, solo es nada.
Este es mi señorío, soy el señor de polvo, ese polvo que cae voluntariamente sobre mis huesos roídos, huesos que se van agujerando por la nada y el tiempo, huesos que caerán como mis torres, huesos que me mantienen de pie hasta que llegue el día en que el ciclo se cumpla, estos huesos que son todo lo que tengo, estos huesos que ahuyentan a los que quiero y acercan a quienes me odian.
Odio y amor inexplicable, solo soy lo que fui, lo que soy y lo que seré, nada; estoy donde estuve, estoy y estaré, aquí, espero la muerte pero no se ve venir, el tiempo es la burda que los dioses le hacen a los hombres.