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Vagabundo del Mar - Delfín Azul -
Autor/a: Fredo
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Estadísticas
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Resumen
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Fecha de publicación: 12/01/2007
Leído: 608 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 9
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Un velero, una pareja, el oceano. Una historia de amor aventura...
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Vagabundo del mar \" Delfin Azul\"
Medio día, las aguas azul transparente se mueven con desgano alrededor
de la quilla del Delfín Azul, una hilo blanco de espuma, por la popa,
va marcando el camino recorrido, como un hilo de Arriana. El espejo
cristalino del cielo reflejas pequeñas ovejas de lana blanca mientras
el sol brilla en el cenit; Delfín Azul con sus velas desplegadas avanza
con andar ligero imitando el vuelo de las gaviotas. Estoy sentado al
pie del mástil entre la mayor y el foque, con mi sextante en las manos,
tratando de tomar una meridiana, es la medición del ángulo del sol con
respecto al barco, esta medición permite establecer la posición del
velero en el mar, para luego transferirla a las cartas. Laura con mano
firme lleva la rueda del timón; la observo desde mi lugar, mientras el
sol acaricia su piel, es hermosa, con su pelo castaño al viento, su
blusa celeste sin botones, cerrada sobre su vida con un solo nudo, las
piernas largas delgadas, ligeramente abiertas para mantener equilibrio
y acompañar el movimiento del barco, salen de unos minúsculos
pantaloncitos jeans, deshilachados y descoloridos, los ojos fijos en el
horizonte y una sonrisa de felicidad dibujada en sus labios.
Mi mente vuela al día que nos conocimos; eran ya varias semanas que
estaba navegando, había zarpado de un puerto Italiano en el
Mediterráneo, vagabundee unas dos semanas por aquel transparente e
inestable mar, hasta que, imitando los antiguos navegantes decidí pasar
el estrecho de Gibraltar, y salir al Atlántico.
Después de casi un mes de navegar en solitario y acercándome a las
islas Canarias, sentí la necesidad de tocar tierra, de encontrar gente
para conversar, para sentir de nuevo el calor Humano.
Al poco tiempo de entrar en puerto conocí a Rudolf, un alemán ex
vagabundo del mar, el cual después de dar dos veces la vuelta al mundo
en solitario, llego a Tenerife y no pudo zarpar de nuevo; quedo
enamorado del sitio y de una linda Isleña todo fuego y simpatía que le
dio dos chicos hermosos los cuales fueron capaces de frenar para
siempre aquel ímpetu aventurero, y lo anclaron a tierra. Ahora, reunido
con cuanto marino llega al puerto, pasa las tardes escuchando cuentos
de mar y tierras lejanas, que le recuerdan su antiguo vagabundear...
Deseoso de escuchar las aventuras de mi viaje, Rudolf me invito a cenar
en su casa, con la excusa de hacerme conocer su familia y presentarme
una amiga viajera, que estaba pasando unos días con ellos. Esa noche la
conocí. Laura estaba de paso, venia de La tierra del Fuego; después de
un largo viaje por el que había visitado varios países de Europa,
ultima etapa Canarias y de allí regresaría a su País, a su casa.
Inmediatamente logramos comunicar, algo de ella me atraía, posiblemente
sus facciones Indias Sur Americanas, no podía despegar mi vista de sus
ojos oscuros y profundos como el mar austral; ella no hacia mas que
preguntarme sobre mi viaje y mi vida; noche mágica, entre copas de
vino, la abundante comida, el conversar alegre de los amigo, la sonrisa
luminosa de laura, su alegría. Terminada la cena y al despedirme de
Rudolf, ella quiso acompañarme al barco para conocerlo, casi sin darme
cuenta, conversando, riendo y caminando la lleve hasta el Delfín Azul,
subimos al velero y sin mediar palabra nos abrazamos bajo las
estrellas, solo la luna y el viento han sido testigos de cómo nos
amamos, la furia, la pasión, la inmensa ternura, abrazos, caricias,
besos, Delfín respondía a nuestros gemidos y suspiros, con crujidos y
golpeteos de jarcias. El amanecer nos encontró abrazados nuestros
cuerpos fundidos en uno solo.
Esa misma mañana le pedí a Laura si quería acompañarme el resto del viaje, ella acepto sin titubear.
A los tres días zarpamos con rumbo a Martinica, al otro lado del Atlántico, una travesía de 2.800 millas aproximadamente.
Dejo el sextante en la mesa de carteo y me acerco a Laura, que continua
sosteniendo la rueda del timón, la abrazo beso su cuello, mis manos
buscan los senos desnudos bajo la blusa azul, los aprieto, los
acaricio, siento como se estremecen bajo mis manos, laura voltea la
cara hacia mi y me ofrece sus labios con sabor a mar; conecto el timón
automático, dejamos que el barco se gobierne solo. Delfín Azul vuela
ligero sobre las olas. Suelto el nudo de la blusa mientras Laura abre
el botón de los pantaloncitos y los deja caer... maravillosa visión, la
mas hermosa de las ninfas esta desnuda frente a mi... besos, caricias,
más besos, nuestros cuerpos se unen; las gaviotas vuelan sobre
nosotros, el sol del mediodía cómplice de nuestro amor sonríe en el
cielo, amor, divino amor...nos amamos en la cubierta del velero. Delfín
Azul sentía como nuestro amor crecía e invadia a cada rincón del barco.
Los días pasaban uno tras otro, Delfín Azul devoraba milla tras milla,
todo procedía bien, el viento nos acompañaba constante, ya habíamos
recorrido casi la mitad de la travesía; aquella mañana había en el aire
algo que me inquietaba, no lograba entender que estaba pasando, pero
algo me molestaba; baje a ver los instrumentos y en seguida entendí el
porque de mi inquietud: el barómetro había bajado varios milibar y
continuaba descendiendo, el viento estaba girando al noroeste, sin duda
una depresión estaba acercándose, la primera desde que zarpe. Encendí
la radio para escuchar los boletines meteo, pero no pude encontrar
ninguna emisora, subí a cubierta y vi que el mar también estaba
cambiando, el oleaje estaba aumentando, señal inequívoca que se estaba
acercando una tormenta y no demoraría mucho en llegar; decidí reducir
la superficie de las velas, no quería correr riesgos, mejor estar
prevenidos. Le pedí a Laura que revisara todo el barco, guardara y
fijara cualquier objeto que pudiera moverse, luego aseguré las puertas
y los boca portes, ya estamos casi listos para recibir el mal tiempo;
este no se hizo esperar mucho, llego furtivamente, primero vimos como
en el horizonte iban apareciendo enormes nubes grises oscura , casi
negras, el cielo se ensombreció, debajo de las nubes venían olas cada
vez más grandes, empezamos a escuchar el rugido tenebroso del mar
embravecido, el ulular del viento, a lo lejos una saeta se precipita en
el mar, retumba el trueno, la voz embravecida de Neptuno reclamando a
Vulcano por los rayos y saetas que deja caer hacia el mar, una lucha de
titanes se acerca a Delfín Azul, inerme espectador...Le grito a Laura,
para que me escuche, en medio del tronar de los elementos - Baja y
ponte el traje de tormenta con el arnés de seguridad, no vuelvas a
cubierta sin el arnés puesto y si te quedas abajo mejor, más seguro y
una preocupación meno para mi.- Voy por el traje y subo tu arnés
también, no puedo quedarme abajo sabiéndote en peligro...una ola enorme
sacudió el barco haciéndolo inclinar peligrosamente a estribor; Laura
cayo rodando por la escalerillas y fue a parar bajo la mesa de carteo
luchando por mantener el timón, logre que Delfín se enderezara de
nuevo, el rugido del mar subía ensordecedor, el viento ululaba y
silbaba con estruendo al pasar por las jarcias, Vulcano continuaba su
lucha sin cuartel lanzando saetas y rayos por todas partes...Demasiada
vela hay que reducir mas, el barco escora demasiado bajo las ráfagas
enfurecidas del viento huracanado, dejo Laura al timón y gateando por
la cubierta me arrastro como puedo hasta la base del mástil; después de
minutos que parecían siglos, logre bajar la mayor por completo y deje
el foque reducido a tormentín para que me permitiera maniobrar el
barco. Un grito aterrador de Laura, - Olaaaaaaaaaaa- me avisa de una
descomunal montaña de agua rugiente, que nos está llegando por proa, el
tiempo de abrazar el mástil con todas mis fuerzas, toneladas de agua y
espuma, precipitan sobre cubierta, estoy completamente sumergido, la
furia del mar trata de arrancarme del mástil, no puedo respirar, solo
la desesperación logra mantenerme sujeto al mástil, miré hacia el
timón; horror... laura estaba tendida bajo la rueda del timón, sin
fuerzas, sujeta únicamente por el arnés, ese diabólico artefacto le
salvo la vida; me levante como pude, las manos sangrando, todo golpeado
y magullado, casi ahogado, salí dando tumbos y traspiés hasta llegar al
timón, la ayude a levantarse, un segundo para cerciorarme que estaba
bien , una nueva ola nos embistió, la abrace con todas mis fuerzas,
Delfín enfilo la proa en el mar, siempre mas abajo, por unos segundos
que parecían eternidad, quedamos petrificados...el tiempo no pasaba,
todo se desarrollo en cámara lenta; la proa bajaba hacia el fondo del
mar mientras la popa se levantaba peligrosamente, la botavara corría de
un lado a otro golpeando con furia las burdas del mástil, estábamos por
dar la vuelta de campana, el barco estaba por hundirse, todo terminaría
en pocos instantes... Un grito de furia salió de mi garganta ! Delfín
Azul! hijo de puta, resiste lucha, saca esa proa del agua y condúcenos
a casa...Delfín Azul se sacudió, gimió, rugió, toda su obra muerta
crujió, un estallido enorme nos aviso que la vela de proa había
desaparecido en miles de trozos de tela, lentamente en un ultimo
esfuerzo, la proa fue emergiendo, las olas fueron apartándose, Delfín
respondió con un rugido; Laura, llorando, se estrecho más a mi. El
Barco había ganado la pelea a Neptuno, obligándolo a retirarse...
Con la misma velocidad que nos llego, la tempestad se alejaba de nosotros, no había logrado doblegarnos...
Laura, ya más tranquila, bajo a preparar café caliente con Ron para calentarnos y relajar nuestros nervios.
Tres días después de la tormenta navegábamos veloces hacia nuestra
primera meta, una pequeña isla desierta, en las islas Vírgenes, cercana
a Martinica; Laura estaba terminando de ordenar el caos reinante bajo
cubierta; Es increíble como el mal tiempo puede crear tanto desorden en
un barco,Yo en cubierta, reparando desperfectos dejados por la
tempestad ; Delfín Azul, enfila su valiente proa hacia el océano con
las velas infladas por un generoso viento; el sol de la mañana calienta
el aire con sus rayos dorados; nuestras amigas las Gaviotas, regresaron
y vuelan a nuestro alrededor, juegan alegres con el velero que le
sonríe orgulloso. Veo llegar hacia nosotros una manada de delfines,
nadando y saltando, de la manada se separan dos enormes y hermosos
ejemplares que se unen a nuestro andar, frente a la proa del bote.
Laura, sube a cubierta mira que hermosos animales.
.Ella viene corriendo y dando tras pies, la tomo por la mano y la
acompaño a proa para presentarle nuestros nuevos amigos.-Te presento al
el Señor y la Señora Delfín, decidieron viajar un rato en nuestra
compañía. Hermosos, hola chicos soy Laura, ¿nos van a acompañar un
rato?- Los delfines contestan con un salto acrobático; ahora la Señora
Delfín nada de espalda, el da varias vueltas sobre si mismo y vuelve a
caer en el agua Te vio y te saluda con su cabeza. Observa como nadan
juntos, se tocan, se acarician, se sumergen, saltan, se hunden,
regresan, saltan de nuevo... juntan sus hocicos, un beso de amor, el
salta ella lo mira, ahora salta y se da vuelta en el aire, juntos
nadan, se rozan... La mano de Laura toma la mía, la estrecha con
ternura, se acerca y apoya su cabeza en mi hombro, una lágrima corre
por su mejilla, la miro en silencio, me dice:Es una lágrima de
felicidad.
La estrecho a mí y la beso, nuestros amigos del mar mandan un grito de saludo.
Desde aquel momento el Señor y la Señora Delfín siempre han navegado a
nuestro lado, muchas veces he visto Laura, sentada en el pulpito de
proa, con sus largas piernas colgando fuera del barco, hablar con la
señora Delfín, que secretos estarán contándose esas dos mujeres?
En el horizonte aparece nuestra isla, primero como una línea gris, poco
a poco reconozco su pequeña colina, ya se ven las palmeras mover sus
verdes ramas al viento.
Disminuyo la velocidad del velero desventando un poco las velas, Laura
en el pulpito de proa, espera la vos de aviso para dar fondo al ancla,
llevo con cautela a Delfín Azul hasta la parte mas protegida de la
ensenada, proa al viento y el grito de ANCLA... laura suelta la cadena
y el ancla cae al mar con ruido sordo. En pocos minutos amaino las
velas, aseguro el barco y boto al agua el bote de goma auxiliar, con su
pequeño motor de 9 Hp.; nos subimos al auxiliar y nos dirigimos a
tierra.
Que sensación extraña tocar tierra después de tantos días en el océano
viendo solo agua. Laura camina por las grises arenas, bamboleándose
como borracha, me rió de ella y se enfurece...
Estamos en mi bahía de sueño, una ensenada a herradura de caballo, una
larga playa con dunas de fina arena plateada, en el borde interior tres
largas filas de altos cocoteros , le sirven de marco, un cúmulo de
piedras por el occidente interrumpe la monotonía del paisaje, en el
otro extremo afloran, de las turquesas aguas, unas formaciones
coralinas rodeadas de espuma blanca como nata. Laura extasiada por la
belleza del paisaje me dice Solo falta Robinsón Crosue y el paisaje
esta completo ¿Que más Robinsón que yo?-
Dejo Laura pasear por la orilla y me trepo en una palmera, lanzo al
suelo unos cocos maduros que nos servirán como bebida para acompañar
las dos langostas que pesque buceando en la bahía.
Después de comer nos tendimos en la arena a holgazanear bajo el cálido
sol tropical. a lo lejos vimos el señor y la señora delfín saltar y
nadar en el medio de la ensenada... Laura se levanto, se quito la blusa
y el pequeño pantalón quedando desnuda, como Sirena, corrió, riéndose y
mirándome, hacia el mar y se zambullo nadando hasta los delfines: La
perseguí corriendo, mientras dejaba mi traje de baño en la arena...
nuestros cuerpos se encontraron en medio de las aguas azules, mis manos
la acariciaron mientras se hundía en las profundidades, me sumergí tras
de ella, la alcancé, abracé y bese; los delfines nos rodearon jugando,
emergiendo mis labios se posaron sobre el pubis de Laura, ella se
estremeció, sentí como sus manos acariciaban mi cabeza y me invitaban a
prolongar el beso y el placer, mis manos tomaron sus senos, mientras
nos uníamos, la voz de los delfines sonaba como una melodía mágica,
sentimos llegar el máximo placer de la vida; un hombre y una mujer
juntos en el acto supremo...El sol iba bajando al horizonte tiñendo de
fuego el cielo azul; salíamos del agua mientras el sol sumergía su
disco dorado en las profundidades del océano. Laura quiso quedarse en
la playa hasta que la enorme luna llena subió alta en el cielo, regando
hilos de plata en el mar.
El día siguiente levamos anclas hacia nuestro ultimo destino juntos, en
Martinica Laura nos dejaría para tomar un vuelo que la llevaría de
vuelta a su casa y su Familia.
La navegación fue lenta y silenciosa, Laura casi no subió a cubierta,
trataba de no encontrarme, deje el timón pocas veces y solo para hacer
algún arreglo a las velas; hasta el sol se escondió tras una cortina de
nubes grises. Las gaviotas tomaron altura y se perdieron en el espacio
infinito, los delfines después de un último salto, dieron la vuelta y
se fueron en busca de su manada... Todo llega a su fin, la felicidad
nunca es eterna, se alterna con momento de tristeza y dolor, dicen que
estos momentos son necesarios para que conozcamos y apreciemos más la
felicidad y el amor; puede ser cierto, pero no logro entenderlo. Porque
la felicidad no puede ser para siempre, debe haber una forma de
alcanzarla y no perderla nunca mas...
Llegamos a Martinica, en un día gris, el sol continuaba escondido
detrás de las nubes, del cielo caían pequeñas lagrimas, el mar había
perdido su azul intenso, la alegría de otros tiempos estaba ausente.
Laura subió a cubierta con su mochila al hombro y el bolsón en el que
llevaba todas sus pertenencias, se me acerco y viendo mis ojos húmedos,
beso mis labios.- Sabias que este momento iba a llegar, lo dos lo
sabíamos...amo la aventura, pero como mujer necesito tener raíces;
Tengo una familia que me espera. Tu eres un solitario, un ser libre
como esas gaviotas que vuelan a nuestro alrededor, no puedo obligarte a
dejar tu vida, tu libertad, si te obligara a bajar a tierra, serias un
animal enjaulado y no deseo esto para ti; Hemos sido muy felices estos
recuerdos nunca nos dejaran...Te amo.
La ayude a bajar sus cosas al bote auxiliar, luego fuimos navegando al
muelle donde ya la esperaba el taxi que la llevaría al aeropuerto. Nos
abrazamos, un último beso y el taxi la fue separando de mí.
Delfín Azul, sin Laura abordo ya no era el mismo barco, ella se llevo la alegría.
Sentado en popa, en compañía de una botella de ron y mis tabacos, pase
la noche navegando con el timón automático puesto, Delfín Azul se
quejaba con una serie interminables de crujidos, golpeteos, sonidos que
subían desde el fondo mismo del mar, el viento pasando entre las
jarcias silbaba una triste melodía...
En la mañana temprano decidí poner rumbo a Panamá, pasaría por el canal
y luego me perdería en las inmensidades del Océano Pacifico...el tiempo
y la distancia se encargarían de curar y hacer olvidar...
Cerca del mediodía escuche un chapoteo extraño en el lado de sotavento,
me acerque a la borda y vi mis amigos los dos delfines saltando de
espaldas al costado del barco, al verme se pusieron a nadar en frente
de la proa cruzando y atravesando la ruta, a cada pasaje creía que el
barco los investiría. Que están haciendo estos dos, me dije en voz alta
Estos quieren que pare el barco ¿ será posible? no entiendo este
comportamiento, voy a cambiar de ruta a ver que sucede.- Tome el timón
y di un viraje a 90 grados, los delfines dejaron de cruzar la proa y
tomaron una ruta paralela regresando sobre el camino hecho, iban por
una milla y regresaban llamándome, una y otra vez...- Tienen razón
buenos amigos, la felicidad hay que ganársela y una vez que se tiene no
se puede dejar que huya... Delfín Azul , a toda vela vamos por ella...
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Fredo Nedi
9/8/2003
Obra Registrada
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