Yendo por la ruta recordaba aquel tango de Gardel y Razzano. Rechiflado en aquella tristeza de mi adolescencia, mi vida había transcurrido sobre ruedas, chofer desde los 25, trabajando de Montevideo a Buenos Aires para Viajes Ferletti.
Hoy en día, luego de la muerte de mi mujer, lo cotidiano es rutinario; las luces de la ruta, el peaje y el mate con los compañeros. Los pibes en el exterior me mandaban de vez en cuando una postal.
"¡Pase, asiento 23 ventanilla… gracias!". Fueron mis últimas palabras aquel domingo de pascuas.
Conduje cerca de 5 horas hasta llegar a la aduana, crucé el puente hacia Entre Ríos y me encontré con una muchedumbre enfervorecida, sillas playeras y caucho ardido cortaba el cruce entre ambos países. ¡Al fin algo nuevo acontecía en mi soledad!
Sentí el tumulto de una festividad, el cantar sereno de un sentimiento popular.
"¡Argentinos de mierda! ¡Nos vienen a cortar la libre circulación entre los pueblos!". Gritaban los amables pasajeros.
Y tenían razón, pensaba: ¡Esos hijos de puta de la camada corrupta de Busti, ultranacionalistas, xenofóbicos, en alusión a la democracia se creen con derecho de cortarnos el tránsito y a perjudicar nuestra economía! ¡Siendo Argentina el país más contaminante de la región, con intereses argentos en la explotación de la industria celulósica! ¡Que vayan a limpiar el Riachuelo, Misiones, el Paraná, las lagunas empetroladas, sus industrias químicas! ¡Estos piqueteros se hacen aires de ambientalistas, ecologistas! ¿Con qué se limpian el culo si no es con papel?
Con bombos y matracas gritaban por la no contaminación ¡Y la ruta parecía una pocilga de orangutanes! Pensé: ¡Cuanta hipocresía y doble discurso!
La libertad es simplemente una cuestión de elecciones. Sin dudarlo aceleré y atropellé a dos ancianas, escrachándolas contra el pavimento.
Luego pensé… ¿No será una cuestión de puntos de vista?