Encuentro (Escrito por rolox37)
...De pronto, cuando lo ví sentí pena. Quise decirle mil cosas, darle mil explicaciones, pero las palabras se me atoraron en la boca....
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Zoraida. ¿Desamor o despedida?

Autor: najir50
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 03/10/2013
Leído: 1781 veces
Comentarios (1)
Valoracion de la obra: 9,33

No hay resumen
—¡Ssssss….no me preguntes nada! ¡No me digas nada, solo ámame! —Me dijo Zoraida con el dedo índice izquierdo atravesado sobre sus gruesos labios— ¡No me preguntes nada! Solo ámame. ¡Ámame hasta desfallecer! Lo necesito —aún con el dedo sobre los labios, cerró la puerta y se aproximó a mí….. Soltero, o mejor aún, recién divorciado, regresé a mi ciudad. Había estado unos meses trabajando en la capital. La fuerza de la costumbre me llevó a decirle al taxista la dirección de la antigua casa donde vivía de casado con Zoraida pero me di cuenta a tiempo y después de pedirle disculpas al conductor, retornamos al apartamento que había rentado antes de ir a la capital. El apartamento quedaba al otro extremo de la ciudad, más próximo a mis trabajos. Parado en la puerta aún sin cerrar y cargado con el equipaje, me di cuenta que tenía hambre y no había nada de comer en casa. Dejar todo lo que traía en el mismo lugar donde estaba parado y salir a buscar algunas provisiones alimenticias fue lo mismo. Cerca de la entrada del mercado vi a una de esas mujeres que le hacen temblar el alma a cualquiera. La morena más bella que ojos humanos han visto….cargaba varias bolsas y empujaba un carrito. Llevaba tantas cosas como para que sobrara en una fiesta familiar y que le impedía caminar. —Permítame ayudarla, Sra. ¡Lleva Ud tantas cosas…! —Me miró como si fuera algo raro. Cogiendo dos de las repletas bolsas y el carrito le pedí que me mostrara donde estaba su auto—. Ud delante, por favor. —Muchas gracias —dijo ella y con una amplia, blanca y bella sonrisa señalo hacia un auto rojo y negro casi al borde del estacionamiento—. Mi auto es aquel —y moviendo su esbelta y exquisita anatomía, caminó con paso firme y provocativo, no sin dejar de mirar hacia atrás algo sorprendida. Depositamos todo en el auto. Se volvió hacia mí y fue a sacar algo de dinero para pagarme el servicio y mi rechazo le causo más sorpresa. —No, mi bella Sra, no es necesario —saqué de mi bolsillo una tarjeta que me identificaba y se la regalé—. Si en algún momento necesita ayuda, ahí están mis teléfonos, email y mi dirección. Mi nombre es Lorenzo. — Karelys. Karelys Brokmann —y extendiéndome su mano me regaló otra bella sonrisa. Deposité un beso en ella a la antigua usanza. Con otra sonrisa subió a su auto y salió del estacionamiento. Una ninfa que desaparece…..así pensaba ya en la puerta de mi departamento, aún cautivado por esa belleza de ébano echa a mano. —¡Tíiiiia! …. ¡Abuela! ¿Qué Uds quieren? ¿Qué me case con el primogénito Brodhin? ¡Ah, no! ¡Eso noooo! ¡Eso nunca lo voy a hacer! —Asombro y horror eran poco comparado con el rostro de Zoraida—. ¡Con ese imbécil, no! …… ¡Enseguida aparecería en las crónicas sociales como la inútil e incapaz esposa del inútil e incapaz primogénito Brodhin! —Con el rostro visiblemente congestionado y dando pasos incontrolados por la sala de la casa paterna Zoraida no atinaba a hablar con coherencia—. ¡No y mil veces no! La familia Brodhin, sino era la más, era una de las más acaudaladas familia de la ciudad y cuidado del país. El patriarca Brodhin había levantado su imperio, mediante oscuros manejos a partir de la compra del hipódromo más grande la ciudad y en menos de diez años era dueño de todos los hipódromos importantes del país y había comenzado a extender sus tentáculos hacia otras esferas económicas y sociales, pero si grande era su fortuna, también eran enormes y notorias las excentricidades de la familia Brodhin, considerada la más encumbrada de la alta burguesía negra de la ciudad, y especialmente ese primogénito Brodhin era el más excéntrico. —El primogénito no será muy inteligente pero es un buen partido —dijo la abuela de Zoraida sin mucho convencimiento—. Al menos es mejor que el “pobretón” ese, el “negro equivocado” que era tu marido. —Un soberano imbécil es lo que es —dijo Zoraida haciendo énfasis en la palabra “imbécil” y gesticulando fuerte—. Y no me digan más que me case con ese….. “señor”. Si me lo mencionan de nuevo me voy de la casa y Uds saben que no me moriré de hambre. Saben que puedo vivir y mantenerme sola —y mirando a su abuela y a su tía dijo inclinando el rostro hacia ellas—. Eso se lo debo a ese que Uds llaman “pobretón” y “negro equivocado”. El me llevo a graduarme en la universidad y el fue el quien pagó mi carrera y después me consiguió trabajo. Ese “pobretón” fue el que amuebló nuestra casa en el condominio y aún estoy enamorada de él —casi sin acabar dio la espalda y se iba a marchar cuando sintió la voz del padre que aún no había hablado. —Gracias a ese, del cual aún estás enamorada, es que estamos nosotros en bancarrota total. ¡Ese que fue tu esposo con su equipo de mercadeo y marketing, diseñaron una estrategia de venta y la familia Hilton – Bonilla nos ha desplazado de nuestros mercados tradicionales! —El padre de Zoraida había hablado de una manera no acostumbrada, en sus palabras había más tono de súplica que de exigencia. — ¡Padre! ¿Qué es lo que Ud está diciendo? —Preguntó Zoraida mirando fijo a los ojos de su padre—. ¿Qué Ud me quiere decir? —Olvida a ese que fue tu marido. Tu ayuda es la que nos sacará del “agujero” donde estamos cayendo.. En mi buzón de correo postal había infinidades de cartas, documentos revistas y varios sobres pequeños. Tendría que hacer un tiempo esta noche y atender estos asuntos, algunos tenían que ver con mi visita a la ciudad y algunos posibles contratos para mi equipo. Coloqué todo aquello sobre la mesa de trabajo y dos sobrecitos pequeños llamaron mi atención. Uno era del matrimonio Hilton – Bonilla que me invitaban a su vigésimo quinto aniversario de casados…… Sin falta iría pues los considero mis muy buenos amigos, aparte de tener excelentes contratos de trabajo con ellos. El otro sobre no tenia remitente, era de color rosa y tenia olor a canela. Lo abrí y dentro tenía mi tarjeta de presentación y escrito al dorso... ….”Debiste haber cambiado los números telefónicos…Besos Karelys….. ¡…..Ahhhh! ¡Ahí esta la causa de la andanada de improperios de la abuela de Zoraida ayer por la tarde! Le di a Karelys los números telefónicos de la casa del condominio en la tarjeta…. Pero como no se me ocurrió cambiarlo. Me imagino el mal rato que debe de haber pasado con el cuervo de la abuela…… ….Bueno, todo a su tiempo……debo buscar un regalo para mis amigos…aun tengo una semana para eso. La semana pasó volando pero logré conseguir los regalos para mis amigos Hilton – Bonilla. Listo y de etiqueta presioné el timbre de la puerta en la mansión de los Hilton – Bonilla. — ¡Ohhh! Sr. Lorenzo ¡Qué bien! —Quién abrió la puerta fue la mayor de las tres bellísimas hijas de mis amigos— ¡Qué elegancia! A mi criterio es Ud el caballero más elegante de esta fiesta. Pase por favor. Mis padres están por allí —señalando hacia el comedor de la casa. Cual no sería mi sorpresa al ver junto a ellos nada menos que a Karelys. Llamaba la atención por su estatura, belleza y extrema elegancia. —¡Papá, mira quien esta aquí¡ —La hija de los Hilton – Bonilla me había tomado del brazo y llamó la atención de sus padres. —¡Ahhhhhh Lorenzo! ¡Qué bueno que está con nosotros! —Ambos esposos Hilton y Rebeca Bonilla sonrieron con sincera alegría. Nuestra amistad databa de varios años. Rebeca y yo éramos estudiantes de tercer año de la facultad de economía, cuando Hilton y ella comenzaron su noviazgo y ya la hija mayor, Rebeca, tenía 21 años. — Lorenzo, por favor —fue mi amigo Hilton —Quiero presentarte a la Sra. Karelys Brokmann, quien se hará cargo de la de la vicegerencia de nuestra empresa. —La risa mía y de Karelys salió al unísono llena de complicidad, llenando de asombro a mis amigos— ¡Ahh…pero Uds se conocen! —Dijo Hilton, mirándonos a nosotros y a su esposa— y eso que pensábamos darte una sorpresa. —No amigos, nos conocimos días atrás en el mercado —dije para aliviar las tensiones. —Tú como siempre Lorenzo, adelantado, dándonos a nosotros una sorpresa tras otra —me dijo mi amigo Hilton siempre sonriendo. Los regalos que les traje por su aniversario de boda, casi arrancan lágrimas de agradecimientos en mi amiga Rebeca. Ambos me abrazaron. Para ella un juego de porcelana china para el desayuno y para él un cortapuros dorado. Después me pidieron que le sirviera de compañía a Karelys, cosa ésta que no me provocó ningún disgusto. Nos sentamos en un lateral de la improvisada pista de baile. Yo me ubiqué de espaldas. Karelys fue la que inició la conversación. —No te percataste de que debías cambiar los números telefónicos en la tarjeta de presentación —dijo con dulzura. Ella siempre hablaba así. Me percate de eso en los pocos momentos que habíamos hablado— Me resultó desagradable en extremo hablar con la persona que me salio al teléfono —concluyo Karelys. —La razón te sobra, cariño. Fue un error mío —del bolsillo interior de mi chaqueta saque una tarjeta de identificación y se la entregue. —Ahora si que no tendrás problemas. Seguro que fue la abuela de mi ex esposa. ¿Tenía una voz chillona, así como un cuervo cuando grazna? —esta última frase causó hilaridad en Karelys. Reímos al unísono. Me sentía bien al lado de Karelys, aún sin conocer nada de esta bella mujer, me identificaba muy bien con ella. Su sonrisa, su personalidad equilibrada y elegante me atraían mucho. —Lorenzo, hay alguien que no ha dejado de mirarte desde que nos sentamos aquí. —Karelys me llama la atención al respecto— es una Sra alta, de mi color, muy bonita y elegante, tiene un vestido negro y blanco. Esta justo a tu espalda, bailando. Mira ahora que esta de espalda. No me costo ningún esfuerzo reconocer a Zoraida. Estaba radiante, bellísima. Mi negra Zoraida deslumbraba. —Es mi ex – esposa. Zoraida se llama. —Tienes muy buen gusto, Lorenzo, es una mujer muy bella y elegante pero no deja de mirarte —comentó Karelys. —Nos separamos aún estando enamorados, debido a la incidencia de su tía y su abuela. Realmente la tía y principalmente la abuela incidieron muy fuerte. No pasaba un segundo sin que interfirieran en lo nuestro. Esa familia es de la más alta burguesía negra de la sociedad y mi familia no. Para ellos yo era un “pobretón” y un “negro equivocado”. —Sinteticé la historia del fin de mi matrimonio con Zoraida. —¡Qué triste! ¿Y aún dices que están enamorados? —Preguntó Karelys mirándome a los ojos. —Bueno, cuando nos separamos si. Ya ha decaído mucho —justo cuando iba a continuar hablando Karelys me aviso de que Zoraida se aproximaba a nosotros. —Buenas noches Lorenzo —me saludo Zoraida e hizo una leve inclinación hacia Karelys. —Buenas noches —respondimos Karelys y yo, casi al unísono. Poniéndome de pie me acerque a Zoraida, tome sus manos deposite un beso en ella y luego nos dimos un abrazo que se prolongo más tiempo del que debía. Su perfume me caló hasta los huesos, perfume que conocía muy bien. Le di un beso en la mejilla y nos separamos poco a poco. No podía negar. Sentía cierta turbación en presencia de Zoraida que aún no podía olvidar y la mirada penetrante y expectativa de Karelys. Después de las presentaciones de rigor y de preguntarle a Zoraida por sus cosas, su familia, Zoraida giro hacia Karelys, le tomo las manos y le dijo. —Karelys, no se cual es el nivel de la relación que existe entre Uds pero un consejo quisiera que me aceptaras. No dejes escapar a este hombre. Como esposo es imprescindible y como amigo es insustituible. Fuimos esposos por varios años. Ya el debe haberte contado. La culpa de nuestra separación fue mía, no supe defender lo nuestro. Cuídalo —beso las mejillas de Karelys y después me abrazo a mi, en un abrazo intenso, luego me beso los labios con esa forma cálida y exquisita muy de ella, después giro y se unió a su grupo. El silencio se hizo dueño de nosotros dos. Las palabras de Zoraida inhibieron todo comentario como si se anularan nuestros pensamientos. La fiesta terminó pero Zoraida y sus amigos se habían ido antes. Los últimos en salir fuimos Karelys y yo y por su puesto los anfitriones nos despidieron en la puerta. Deje a Karelys en la puerta de su apartamento, no sin antes de sorprenderme con un sensual y prolongado beso con esos labios increíblemente delicioso. 2:00 am, suerte que mañana no tengo que hacer nada solo dormir. Ya en las cama, bañado y pijama me decidí a dormir, pero eso seria para otro momento pues sentí un toque leve en la puerta de la calle. La sorpresa fue enorme. Zoraida estaba parada en la puerta de mi apartamento —¡Ssssss….no me preguntes nada! ¡No me digas nada, solo ámame! —Me dijo Zoraida con el dedo índice de la mano izquierda atravesado sobre sus gruesos labios— ¡No me preguntes nada! Solo ámame. ¡Amame hasta desfallecer! Lo necesito —aún con el dedo sobre los labios, cerro la puerta y se aproximó a mi…..Los ojos de Zoraida mostraban su sinceridad, su urgencia y su deseo. Ella y yo queríamos despedirnos, queríamos no olvidarnos con la divergencia de nuestros caminos, con el fin de nuestro amor. Para mi ese amor aún no había desaparecido, aún la amaba. Ella, después lo supe, también me amaba pero seguiría la divergencia y enclaustraría su vida y su espíritu limpio en una vida carente de perspectiva, de ilusión, para en bien de su familia, para encumbrar el orgullo insano, bajo y sucio de su arruinada familia. Para Zoraida se iniciaría una vida sin privaciones, sin preocupaciones pero vacía, sería su muerte espiritual. Se casaría con el primogénito Brodhin, con el inútil e incapaz primogénito Brodhin No pregunté nada. No dije nada pero mis ojos preguntaban más que mi silencio. Tome su rostro como siempre lo hice, entrelazando los dedos en su lacio y negro cabello, y la bese. Bese sus gruesos labios con un beso lleno de ternura y del amor que sentí y sentía aún por mi negra. Un beso de exquisiteces. Su beso me acarició el alma, la razón y al final lo labios. Solo ella sabía besar así, con un beso intenso pero dulce, un beso inquieto pero sensual. Un beso como el primer beso, que se da con la impronta del deseo y de la novedad, con ese beso fuerte e inmenso, lleno deseos de sembrar nuestra esencia en el alma del otro. Aquel beso desató, en nosotros, toda la pasión contenida, todo el amor reprimido por meses de abstinencia obligada por la negativa de su familia a nuestro matrimonio. —Bésame y no dejes de hacerlo, que quiero que este beso no acabe nunca —me dijo y fue la que tomo mi cabeza y con la dulzura de su encanto volvimos a unir nuestros labios. Así sin dejar de besarnos comenzó nuestra danza. Comenzamos a desvestirnos, primero nuestras vestiduras, despacio y sin dejar de besarnos fueron cayendo al piso de nuestra habitación, lejos de nosotros y sin dejar de besarnos tan despacio como al inicio, nos desvestimos de nuestros malos momentos, de nuestros malos recuerdos, de las iniquidades. Nos despojamos de todo, solo nos quedamos con nuestros sentimientos, con nuestra pasión, con nuestro amor de siempre. Sin dejar de besarnos encendimos el incienso de nuestro primer beso y a media luz bailamos nuestro vals. La brisa de la noche acarició la piel desnuda de nuestros cuerpos. Con nuestros labios aún en un beso interminable que no queríamos terminar. Me llevo en su vuelo fantástico por caminos y escenarios insospechados. Sentí su amor ahogándome en oleadas inmensas como solo ella sabía hacerlo. Acaricie su cuerpo, viví su agitada respiración, disfrute al máximo el olor y el sabor de cada centímetro de su piel. Clamé por su entrega y recibí la dulce pasión de su despedida, Se arrancó el amor del alma y me lo dejo en mi cama, en mi habitación. Me sentí triste al despertar. Me parecía un sueño que la noche me había dejado, pero no, Zoraida estuvo aquí, estuvo aquí conmigo. Nos hicimos el amor como nunca. Fue una despedida, donde para ella se perdió todo lo bueno, noble y dulce que había en su alma. Dejo su amor en mi cama, lo dejo conmigo. Cuando abandono mi casa era otra Zoraida, la Zoraida que iba a salvar a su familia entregándose a la muerte espiritual. Días después veía en la página digital del periódico “Vanidades” una imagen del primogénito Brodhin y su novia Zoraida…….” Se unían dos de las familias más encumbradas de la alta burguesía negra de ciudad……..” Zoraida se veía radiante, bellísima y el Brodhin ni se apreciaba. El fotógrafo fue especialmente incisivo en este detalle como remarcando la diferencia de carácter entre ambos conyugues. El timbre del móvil me saco de mi contemplación…, era el infernal cuervo de la abuela de Zoraida para decirme…..”Viste “pobretón”, “negro equivocado”, ahora si mi nieta se casó con un buen hombre….. Debo haberla dejado media sorda por la enorme carcajada. Colgué el móvil…..solo yo sabia el significado de mi risa

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Sin palabras
una mezcla de emociones encontradas:sabor agridulce de pasiones...sensualidad pura y sensibilidad nata ¡excelente!
Autor: Martha Elena | Fecha: 09/09/2015 16:13:08

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