La Luna Tierna El Sol Radiante Y La Estrella Deslumbrante (Escrito por erickdavid)
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Zapatón

Autor: Frantisek
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 17/07/2012
Leído: 7658 veces
Comentarios (16)
Valoracion de la obra: 10

Zapatón, es la historia de un salvaje que encuentra el amor y la desdicha.
ZAPATÓN (CUENTO) PRIMERA PARTE Esta historia se escribe a finales de los años setenta, cuando Zapatón era un niño que se comía los mocos, que andaba descalzo por las calles de tierra, que solo se bañaba por dentro, que jugaba con bolitas de caca, que se tragaba los chicles, que se hurgaba el ombligo, que andaba careto, que se rascaba las nalgas de tanto sol y se olía los dedos, que no se lavaba los dientes, que se orinaba los pies, en fin, era un pequeño salvaje. Este niño nunca se corto las uñas de los pies, y fue acumulando con el pasar de los años, grandes cantidades de tierra, piedras, grava, animales y llantas, hasta conformar una mezcla que provoco una extensión o prolongación casi ósea de sus pies, cuya presentación externa se asemejaba a las extremidades inferiores de los monos, acontecimiento que Zapatón considero como normal, pues asumió que la transformación era producto de pasar a la etapa adolescente, así que, viendo al cielo azul, con enorme júbilo guardado en su pecho, exclamo, ¡ESTOY DESARROLLANDO!. Y para este personaje casi del realismo mágico llego el momento de dejar el monte y arribar a la gran ciudad, de conocer otra forma de vida y de adaptarse a ella, pero para eso antes debía enfrentarse contra algo inesperado, desconocido, mortal, despiadado, hostil e inevitable, debía ponerse su primer par de zapatos. Ante tan monstruoso escenario, Zapatón pensó que había llegado el fin de su vida y corrió como un enajenado sin rumbo fijo, su mente estaba en blanco, [algunos dicen que todavía esta en blanco] gritaba, lloraba, pataleaba, se revolcaba con los chanchos, se sentía violado, sus pies, lo mas grande y sagrado que tenia estaban a punto de ser profanados. Se escondió bajo las piedras, llenó de veneno su saliva, afilo sus garras, se armo de valor y salio a enfrentar a su enemigo, que más daba, su suerte estaba echada. La plaza central del pueblo fue el campo de batalla, peleo en desigual lucha, su oponente le superaba en número, en fuerza, en altura, [casi todo los niños de ocho años le superaban en altura] en inteligencia, estaban bien comidos, y sobre todo, los motivaba el insuperable deseo de que Zapatón abandonara el pueblo, fue vencido en aproximadamente tres minutos o menos, cuando uno de los habitantes del pueblo le arrojo agua sobre sus pies, los que se quemaban aceleradamente, como cuando un vampiro ve la luz del día. Con un cinturón de San Erasmo fue llevado a la zapatería, sus pies despedían un hedor insoportable y nunca antes conocido, no era para menos, tantos años de suciedad acumulada estaban llegando a su fin. Sentado en un cepo tipo medieval y bajo la mirada asesina de carabineros que le apuntaban con sus mosquetes esperaba resignado su muerte, los minutos eran eternos y su sufrimiento era colosal, hasta que una noticia le regreso el aliento, el encargado de la zapatería regresaba de la bodega y dijo con vos desgarradora ¡NO HAY TALLA PARA LOS PIES DE ESE… [Silencio de duda] JOVEN!. Inmediatamente el Ayuntamiento instauro un toque de queda, la población estaba alarmada, se pidió ayuda a las autoridades del Estado, Zapatón estaba a punto de quedar libre. El Juez emitió una sentencia amparado en un estado de necesidad colectiva, y ordeno que Zapatón se mantuviera en custodia mientras se encontraba un par de zapatos talla cuarenta y ocho, anatómicamente Zapatón era talla treinta y siete y medio, pero diecisiete años descalzo acumulando desperdicios en sus uñas produjeron una prolongación de sus pies que se convirtió en una sola pieza talla cuarenta y ocho. A San Celiano, lugar donde nació Zapatón llego una brigada de pastores evangélicos con la intención de mitigar la desesperanza espiritual de los habitantes del pueblo, entre los pastores se encontraba un ex jugador de NBA llamado Slipper, un hombre de raza negra, de dos metros de estatura y de talla cuarenta y ocho, quien estaba interesado en conocer personas con enfermedades raras, embrujos, empaches y otros males. A oídos de Slipper llego el rumor que en el pueblo había un niño con patas de mono, pelo de perro, panza de lagarto y además feo, y que estaba recluido en las celdas de la comisaría, a la espera de un par de zapatos para poder viajar a la capital e iniciar una nueva vida. Slipper llego a la comisaría y de inmediato fue trasladado a las mazmorras, y al ver aquel adolescente con los pies extremadamente grandes exclamo ¡MY GOD!... Y seguidamente le pregunto what is your name? Zapatón se refugió en la esquina de la celda y le contesto ¡guau guau guau grrrrrrrrr! Ok, dime tu nombre pregunto nuevamente Slipper. Zapatón todavía asustado se encogió de hombros y dijo, me llamo… Un silencio se apodero de la habitación-- no sé cómo me llamo. Slipper corrió con la partera del pueblo y ahí se enteró que Zapatón llego al pueblo siendo muy chico en compañía de un italiano quien dijo que el niño se llamaba Fabriseo Lucertola. Te llamas Fabriseo Lucertola, ¡FABRISEO LUCERTOLA! dijo Slipper. Ese es mi nombre? No lo puedo creer, Fabriseo Lucertola, ese soy yo. Si, ese es tu nombre y ya estoy enterado de tu problema y quiero ayudarte, por favor acepta estos tenis, y viaja a la ciudad a realizar tus sueños, descubre el origen de tu nombre. Tenis? Que es eso interrogo Zapatón. Tenis son accesorios que nos ayudan a caminar mejor, a correr, a sentirnos mejor, respondió Slipper. ¡Noooooo!- Nunca me pondré eso, primero muerto dijo Zapatón. Es por tu bien, tienes que dejar de ser un animal, tienes que incorpórate a la sociedad dijo Slipper. Zapatón huyo hacia las colinas del pueblo, hombres armados con mosquetes y balas de plata, acompañados con antorchas le dieron persecución en la oscura noche, estaban dispuestos a todo con tal de capturar al salvaje, la faena era agotadora, las balas rebotaban en los pies de Zapatón que parecían estar protegidos por una especie de blindaje, hasta que la semilla seca de una ciruela impulsada por un crucero de ocho cuerdas le impacto en el recto, acomodándose en las paredes anales causándole inmovilidad inmediata. Zapatón cayó de rodillas y alzando las manos, parecía estar apoderado de un placer inexplicable. Los habitantes del pueblo rodearon a Zapatón y le pidieron que se entregara. Zapatón acepto entregarse, parecía estar entregado y puso una condición, que no le retiraran la semilla del ano, es más, acepto ponerse los tenis y viajar a la ciudad en busca de la semilla prometida. Slipper estaba feliz, había logrado recuperar a este energúmeno y el pueblo estaba de fiesta. SEGUNDA PARTE A las nueve de la noche del día de su captura Zapatón estaba como en un estado de trance, solo así le calzaron los tenis talla cuarenta y ocho, se los amarraron para que nunca se los quitara. Las viejitas del pueblo le armaron una pequeña maleta con dos mudadas excepto calcetines, le pusieron semitas, tamalitos de frijoles, pan con mantequilla, anillitos, una gallina y cinco bolsas de ciruelas tronadoras, a las cinco de la mañana del siguiente día Zapatón estaba en el bus que lo transportaría a la capital, era un viaje de tres horas aproximadamente. Así Zapatón comenzó su vida en la gran ciudad. A las nueve de la mañana de abril ocho Zapatón ponía un pie en la ciudad capital, se sentía plenamente realizado, calzaba unos tenis Fila, colores morado y verde, pantalón desteñido estilo tubo con cinco pinzas de la cintura hacia abajo, camisa manga larga rayada abotonada hasta el cuello, una gorra amarilla de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, y la mochila llena de provisiones, estaba listo para conquistar el mundo. El recorrido por la ciudad le pareció fantástico, nunca había visto edificios de más de dos pisos, no conocía el pavimento, ni que decir de los carros o de las mujeres, Zapatón estaba idiotizado. Pero la ciudad es un mundo distinto, es una jungla, una jungla que se encargaría de enseñarle que la vida no es fácil para el montuno, que hay que cuidarse de todo y de todos. Rápidamente encontró un lugar donde vivir, alquilo una pieza en una Colonia llamada Monte Pelón, por la que pagaba la cantidad de treinta y cinco pesos mensuales más la energía eléctrica. Se hizo de un trabajito como activista de un partido político siendo sus funciones principales gritarle vivas al candidato de turno y hacer pequeños favores, labores que eran remuneradas con el pago de ciento quince pesos mensuales más dos tiempos de comida diaria, esto le permitió a Zapatón consolidarse económicamente y poder estudiar. Así Zapatón tres años más tarde se dispuso a sacar el bachillerato por madurez y como requisito debía practicarse una serie de exámenes físicos que demostrarán que clínicamente se encontraba apto y sin enfermedades penosas. Frente al doctor Morgan se encontraba lo que parecía ser humano del sexo masculino, de tez payula y maltratada, de un metro y cincuenta y dos centímetros de estatura, pelo ralo y quemado, uñas largas, ojeras pronunciadas, ojos hundidos, con un peso de aproximadamente noventa libras, esquelético, bembón, de zapatos grandes, con una edad aparente de unos cuarenta años y además feo, a quien gentilmente pregunto ¿Qué desea señor? Zapatón arrugo la cara y totalmente indignado al sentirse ofendido contesto. Necesito hacerme unos exámenes para poder matricularme. Mmmm!, yo creo que lo que este necesita es que lo internen en el cuarto piso del Hospital Universitario, pensó Morgan. Está bien dijo Morgan, quítese la ropa por favor. La ropa exclamo Zapatón ¿para qué? Para que te haga los exámenes y apúrate por que afuera hay gente que está esperando contesto Morgan. Resignado Zapatón se quitó la ropa, quedándose en paños menores y por supuesto, con los zapatos puestos. Cuando Morgan lo vio grito con asombro ¡JUEPUTA! Acto seguido le pregunto ¿Qué te hicieron? ¿Qué sos? ¿De dónde vienes? ¿Por qué yo? Morgan estaba perplejo, jamás había visto algo así. Zapatón estaba confundido, no sabía por qué el doctor le hacia esas preguntas y se limitó a decir, así soy yo, me hará el examen sí o no. Se practicaron todos los exámenes de rigor, se llegó a la conclusión que era humano, pero una radiografía mostraba un cuerpo extraño en el recto de Zapatón, era aquella semilla seca de ciruela que provoco su captura. Lo anestesiaron sin que se diera cuenta, le introdujeron una ganzúa y una paleta como apoyo, una vez abiertas las paredes anales empezó la terrible búsqueda, aquella semilla estaba incrustada en el recto de Zapatón, era parte de su cuerpo, durante el proceso en aquel mete y saca Zapatón sonreía inconscientemente, suspiraba con prolongadas pausas, gemía, se aferraba a las sábanas, mordía la almohada, y de vez en cuando balbuceaba “te quiero, nunca me dejes”. Pasadas tres horas Zapatón despertó, la semilla seca de ciruela había sido extraída de su cuerpo. Se vistió tranquilamente y recibió sus exámenes y algunas recomendaciones, camino lentamente hacia su casa pero sentía que algo no estaba bien, que algo le faltaba, él sabía que ya no era el mismo, algo había alterado su estado emocional, tenía inexplicables ganas de llorar, se sentía ausente y triste, como que le había robado algo de su ser, su vida nunca más fue igual. Zapatón entro en una profunda depresión, se sentaba en el techo de su pieza a ver las estrellas como esperando que alguien o algo regresara, tiraba monedas en las fuentes como pidiendo deseos que nunca se cumplirían, buscaba estrellas fugaces y las perseguía, escribía sin destinatario, no había duda, Zapatón estaba enamorado y no lo sabía. Pero la moneda tiene dos caras, la vida siempre te da revancha, y Zapatón estaba a punto de experimentar algo trascendental en su vida. Una noche camino a casa, de regreso de sus clases de bachillerato por madurez, Zapatón bajaba la cuesta de “Las Llamas” [se llamaba así porque a principios del siglo pasado esa zona estaba llena de esos mamíferos multicolores, y aún se encuentran mamíferos multicolores pero ligeramente transformados] y vio un grupo de mujeres apostadas en una esquina, estaban semi vestidas con ropas provocativas, con zapatos altos, melenas largas y frondosas, amigables y coquetas, y parecían saludar a todo hombre que miraban. Zapatón comenzó a tener sensaciones extrañas, sudaba escandalosamente lo que acrecentaba su mal olor, el corazón le palpitaba a un ritmo frenético, sentía que el pecho le ardía, en su estómago bailaba un cosquilleo, sentía una presión en la parte baja de su abdomen, y se dio cuenta que bajo su pantalón se erguía una pequeña protuberancia, de repente Zapatón se quedó sin aliento, sus ojos en blanco parpadeaban sin cesar, sintió que su cuerpo estaba en erupción, se llevó las mano a la cabeza y cálidamente y pacientemente murmuro ¡UUUUUUUUUUUUUUUUH QUE RICO! Acto seguido la protuberancia desapareció, empezó a sudar frio, su mal olor se mezclaba con un ligero olor a cloro, sintió una humedad cálida que bajaba por su pierna, estaba estremecido, nunca había vivido a sus veinte años una experiencia como esa. Zapatón llego a su pieza totalmente feliz, la curiosidad y el instinto le llevaron a buscar el origen de esas sensaciones tan maravillosas, y así se dispuso a ser feliz siete veces más y con la solemne promesa de regresar a aquella calle y conocer a esas mujeres que ahora vivían en su mente y que su mano no dejaba escapar todos los días de nueve a once de la noche. Treinta y uno de mayo fue el día elegido, había recibido su paga, se vistió de gala, tenis Fila color verde y morado talla cuarenta y ocho los mismos que le dio el pastor Slipper, pantalón de tela tipo tubo color mostaza, camisa manga larga ajustada al cuerpo color rosa reposada en clavos de olor la noche anterior, una dosis de limón en las axilas para agarrar confianza, chicles gol de varios sabores, anillo negro de hule en sus dedos gordos, pulsera de un equipo de futbol en su muñeca izquierda, una gorra rojo y negro del Sindicato de Trabajadores del Instituto Nacional Agrario y agua florida en el pecho, Zapatón salió en busca del amor. Llego a la calle de “Las Llamas” a eso de las ocho de la noche, su caminar reflejaba un ritmo relajado y cadencioso, balanceaba su mano de lado a lado y tronaba los dedos a cada paso, masticaba chicle con la boca ligeramente abierta, hacia bombas y las explotaba, fruncía las cejas constantemente, y al estar frente a las “damas” dijo ¿QUE ONDAS? , me llamo Fabriseo Lucertola. Las “damas” sonrieron maliciosamente viéndolo de pies a cabeza y una de ellas que decía llamarse Lucero, fijo sus ojos en los pies de Zapatón y dirigiéndose a todas exclamo ¡EH, YO CON ESTE NO ENTRO, ME PUEDE JODER LAS “ADMITALAS” DE UN PUYÓN! ¿Ya vieron que este enano calza grande? Aquellas “mujeres” no podían hablar de tanta risa provocada por el comentario de Lucero y poco a poco de retiraron hacia otra esquina, Zapatón no entendía nada de nada, sin embargo una de ellas se quedó, era más alta que Zapatón obviamente, brazos bien definidos con bíceps notablemente trabajados, con ligeros vellos en el antebrazo, blusa blanca de botones rojos y escote pronunciado, piel trigueña, con aparentes seños pequeños, cabello rubio suelto a la altura de los hombros, labios gruesos y rojos, pestañas grandes y cejas espesas, nariz chata, ojos negros, piernas y pantorrillas gruesas y firmes, mini falda roja con aberturas en ambos lados, botines blancos como de desfile del quince de septiembre y claro un cigarro en la mano. Me llamo “Shela”, con “s”, ¿Se te ofrece algo bombón? pregunto la rubia. ¿Eh no se? contesto Zapatón. Por veinte pesos te puedo dar muchas cosas, podemos pasarla muy bien ¿Qué dices mi perrito? pregunto la rubia. Zapatón con brillo en sus ojos y aprovechando las enseñanzas lingüísticas del pastor Slipper afirmo con un “OK”. También era cierto que Zapatón desconocía el motivo de los veinte pesos, pero como era más tonto que ingenuo no reparo en nada. Caminaron agarrados de las manos como seis cuadras cuesta abajo, llegaron a una casa vieja, al lado de un mercadito chino, era oscura y tétrica, con puertas de más de dos metros de altura, de madera de roble, bisagras largas de hierro, balcones antiguos, la casa era de adobe y con vigas de madera, se adentraron en una habitación, cerraron la puerta, la luz era tenue y roja, cama unipersonal con sábanas a rayas, desordenada y húmeda, a lado izquierdo una mesa de noche y sobre ella un rollo de papel higiénico, al lado derecho una canasta con ropa sucia y encima un plato sucio con restos de comida, había un baño con lavamanos e inodoro con sus paredes sucias y amarillas, al lado del inodoro una papelera quebrada con agua en el fondo y papel manchado, el ambiente no podía ser de otra forma. Zapatón estaba nervioso y mudo, Shela le tomo las manos y las acaricio, Zapatón empezó a recordar aquellas sensaciones pasadas, luego le desabotono la camisa y le beso el pecho. Zapatón estaba casi en estado de ebullición, la mano de Shela le toco la entrepierna, le presionaba suave e intermitentemente, eso fue suficiente para que en treinta segundos Zapatón tocara la gloria. Se acostó en la cama relajado y le pidió un cigarro a Shela, le pego tres “jalones” y acto seguido le dijo “TE AMO”. Zapatón pago gustosamente los veinte pesos y se marchó a casa, Shela lo despidió con un beso en la boca y le dio un número telefónico para que la llamara. Al día siguiente Zapatón llamo al número que Shela le dio, al otro lado del teléfono una voz grave y pesada pronuncio “CARNICERIA DE REY Y NERI BUENOS DÍAS”. Me comunica con Shela por favor dijo Zapatón. Al otro lado del teléfono la misma vos grave y pesada se reía en tono de burla y grito “DIGANLE AL CULERO DE CHEPE QUE LE HABLAN POR TELÉFONO”. Zapatón escucho lo dicho por su interlocutor y al cabo de unos segundos sin respuesta colgó el teléfono y tristemente pensó “A lo mejor mi Shela se equivocó de número”, hoy en la noche paso y la busco, ojala este con sus amigas. Después de diez años, Zapatón obtuvo su bachillerato por madurez, con ello las oportunidades empezaron a presentarse rápidamente. Zapatón acepto un cargo como administrador del rastro de la ciudad, él quería sentirse cerca de su amada Shela, con el cargo vinieron nuevas responsabilidades y naturalmente su estatus social y económico cambio, debía asistir a reuniones y eventos públicos, eso provocaba tristeza en su alma ya que debía quitarse los tenis Fila talla cuarenta y ocho que le regalo el pastor Slipper y que nunca se había quitado en casi quince años. Llego el día, Zapatón debía asistir a la toma presidencial del candidato de su partido, el evento era en el estadio de la ciudad y llegarían más de cincuenta mil personas, se compró un par de zapatos usados talla cuarenta y ocho, de cuero de lagarto, marca Peculium. En la toma de posesión Zapatón estaba entre la multitud y hacia una temperatura de cuarenta grados centígrados, con una sensación térmica de cincuenta y cinco grados, estaba en medio de un infiero, a los pocos minutos estaba empapado en sudor, los zapatos de cuero de lagarto comenzaron a ponerse más flexibles, Zapatón empezó a sentir una comezón un poco más abajo de los tobillos, tenía la sensación de que sus zapatos se estaban rajando, sus pies despedían un tufo como a llanta quemada mezclado con pelos de animal y vómito, sentía un profundo dolor en sus pies, era como si alguien los partiera a la mitad, la desesperación se apodero de Zapatón, no podía caminar y como pudo salió del estadio, en realidad la gente lo saco por el mal olor, al llegar a su casa los zapatos estaban como derretidos, el olor era insoportable, se desamarro los zapatos y se dispuso a quitárselos para ponerse sus amados tenis Fila. Al sacar los pies se encontró con un cuadro dantesco, sus pies median once centímetros de longitud, es decir talla treinta y siete y medio, sus dedos no tenían uñas, los zapatos se redujeron a cenizas, el intenso calor provocó que las uñas de Zapatón cedieran ya no pudieran soportar más el peso de la mezcla a ellas adheridas por más de treinta años. Zapatón estaba deshecho, le habían quitado lo más preciado de su ser, sus uñas nunca más volvieron a crecer, la cálida noche fue partida por un desgarrador ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! he inmediatamente el sonido de un disparo devolvió la calma perdida. FIN. Frantisek

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