Era un jardín hermoso, en su interior había gran cantidad de árboles de
todo tipo, árboles que el Jardinero había traído de diferentes lados para
sembrar ahí y que tuvieran frutos, frutos en abundancia. En una de las esquinas estaba un manzano, a
su alrededor varias plantas pequeñas y otros árboles frutales se cobijaban con
su sombra, tenía hermosos frutos y la gente se acercaba constantemente a él
para tomar de sus frutos los cuales eran dulces, grandes y hermosos.
Sin embargo, el tiempo de sequía llegó, el manzano estaba acostumbrado a
mejores tiempos, el viento sopló trayendo consigo aire caliente y seco y el
manzano comenzó a secarse; a su alrededor había tres pequeños manzanos que
dependían de su sombra, pero ahora, no quedaban hojas para procurar esa
sombra. La gente dejó de acercarse al
árbol porque ya no tenía frutos, el manzano estaba triste, acongojado porque
sus amigos se habían olvidado de él, solo unos pocos se acercaban para tratar
de ayudarlo pero la sequía era muy fuerte.
Una tarde el Jardinero miró al manzano y pensó que la tierra ya no era
buena para él, que tal vez no era la adecuada; la sequía era grande y
continuaba, necesitaba trasplantarlo a otro jardín y eso fue lo que hizo. Sacó el árbol con todo y raíces con mucho
cuidado de no dañarlo y lo llevo en su pequeña carreta muchos kilómetros
adelante a otro jardín más grande y con mejor clima, un lugar donde pensaba que
la sequía no le afectaría.
Este era un jardín aún más grande con muchos más árboles frutales, plantas
de ornatos, enredaderas y desde luego, el jardinero tendría que cuidar al
manzano de las plagas o las plantas trepadoras que intentaban asirse de nuestro
árbol aun débil.
En ese mismo jardín habita un peral, un árbol hermoso pero que a pesar del
cuidado del jardinero aun no tenía frutos ni la sombra necesaria para cubrir
otros pequeños arboles. El jardinero
pensó que junto al peral era un sitio adecuado para replantar el manzano y así
lo hizo. El manzano aun débil miró al
peral y pensó que podía ser su compañía en tiempos difíciles en ese enorme
jardín donde no conocía a nadie y donde estaba lejos de los manzanos de cuya
semilla había crecido.
Pasó el tiempo y la sequía pasó y en el nuevo hogar del manzano la lluvia cayó
revitalizando las plantas, el peral junto al manzano crecía con mas hojas y
ramas y nuestro árbol reverdecía nuevamente y sus hojas aparecían otra vez para
dar sombra y cobijo; en ese jardín se forjó algo nuevo y el peral y el manzano
crecieron entrelazando sus ramas y ambos daban sombra a los viajeros y todo
aquel que necesitaba cobijo. El manzano
comenzó a dar frutos nuevamente, nuevos frutos aun más grandes y hermosos pero
el jardinero noto algo que pensó que nunca ocurriría, ¡el peral también estaba
dando frutos! Eso era lo que les
faltaba, crecer juntos, frondosos para poder dar frutos en conjunto, ahora
ambos estaban listos para dar sombra a otras plantas y fue lo que pensó el
jardinero. En el antiguo jardín aquellos
pequeños tres manzanos estaban sin sombra y pensó en traerlos hacia el nuevo
jardín y lo hizo, sin embargo, su carreta era pequeña y solo puedo llevar
consigo a dos de los pequeños manzanos pensando que con el tiempo tal vez
trasplantaría el último arbolito.
Nuestro manzano y el peral vieron felices como el jardinero traía los pequeños
manzanos y los plantaba bajo la sombra de los dos.
Pero eso no era todo, cuando el jardinero terminó de replantar los manzanos
observó algo que no esperaba, un pequeño retoño brotaba junto a los dos grandes
árboles, aun no podía saber si era un peral o un manzano, pero pensó que era un
retoño de los dos, una nueva planta, ambos árboles unieron sus semillas y
dieron una nueva vida, un pequeño árbol frutal que crecería también bajo la
sombra protectora del Manzano y el Peral, un nuevo arbolito que crecía junto a
los pequeños manzanos y los tres estarían cuidados en ese gran jardín bajo las
ramas del Manzano y Peral cuyos frutos ahora eran más grandes y más hermosos.
Mucha gente se acercaba a ellos para admirar la obra del Jardinero y sus
árboles frutales y disfrutar de la sombra de los dos. Nuevos paseantes, amigos, caminantes, niños y
niñas ahora podían disfrutar de los frutos y cubrirse del sol o de la lluvia
con los frondosos árboles y sus tres pequeños arboles.