ESTADISTICA PARA MACHOS
Cuando la canción se difundió en la localidad, los hombres se identificaron de inmediato con ella, y los que no, decían las lenguas de doble filo que porque no lo eran. Corrían los años sesenta y en la radio Mike Laure cantaba de rato en rato La cosecha de mujeres. No había cantina en que las sinfonolas no retumbaran con sus notas antes de sentarse a tomar la copa, al ordenar la segunda tanda... y al echarse la del estribo. En las fiestas los músicos la repetían a petición unánime de los caballeros, pues todos alardeaban de poseer varias queridas, aunque nadie las conociera ni ellos se preocuparan en presentarlas.
Así, aquella presunción de virilidad y su reiteración melódica se prolongaron por algunhos años. «Después de todo, qué caray –se justificaban–, nos tocan siete hembras por cabeza». La ciudad aún no se desbordaba sobre sus antiquísimos límites, y pocos sucesos acaecían en la intimidad de los hogares sin revelarse al dominio público, por ello resultaba insólita la abundancia de amoríos clandestinos. Sin embargo, los señores parecían desconocer un dato básico: entonces, como ahora, la desproporción de hombres respecto a las mujeres en edad sexual activa era marginal; quizás por esa ignorancia jamás sospecharon del placer que más allá del ultraje rebosaban sus esposas.