En sueños
II - parte
El mensaje de Saley
Escrito por: Adriana Barrantes Rodríguez
-Pero ¿qué ocurre?- dijo desconcertada.
-Algo no anda bien por aquí…-le respondió el muchacho, pero esta vez la miró con seriedad y le advirtió:
-Vaya donde el Rey y dígale que ya encontré a quien estaba buscando y que se prepare, porque algo esta por venir, ahora váyase Saley, confío en usted, y por lo que más quiera, no mire hacia atrás- terminó el muchacho, que paró a su caballo en las patas traseras, y dando un brinco, el caballo trepó a la colina donde estaba la casa construida, y comenzó a cabalgar en dirección a lo que había visto.
La joven que no podía entender lo que le habían pedido, volvió su rostro y mirando por encima de la colina, pudo ver lo que había perturbado a Jaiki. A lo lejos se podía ver un joven encapuchado, sobre un caballo negro que disparaba a todos lados, trataba de darle a los que estaban a su alrededor, un mar de gente que le pegaban con palos, mientras que otros al ver su reacción se alejaban de él, ese joven era Loutra, pero como estaban tan lejos no se podía escuchar nada de lo que decían. Saley no se quedo plantada mirando, sino que volviéndose al bosque comenzó a correr, con todas sus fuerzas. Pensaba en el terrible destino de Jaiki y su hermano, entre tanta gente, imágenes terribles venían a su cabeza, y era lo que la motivaba a mantenerse corriendo, aunque ya no sintiera las piernas.
Cuando por fin llegó a las hileras de piedra que conectaban al castillo con el pueblo, corrió hacia las puertas del castillo que estaban abiertas, pero dos encapuchados que estaban a cada lado de ellas, le prohibieron la entrada a lo que ella comenzó a decir:
-¡Déjenme! Necesito hablar con el Rey ¡Su majestad!... ¡Su majestad!... ¡Déjenme!-decía Saley a gritos, cuando era llevada lejos de las puertas por los hombres.
-No podemos dejarle entrar, el Rey esta reunido en un asunto muy delicado- dijo uno de los encapuchados con voz fuerte.
-¡Pero necesito verle! ¡Su majestad1 ¡¡SU MAJESTAD!!- decía Saley casi sin voz, cuando la llevaban por la hilera de piedra.
El Rey que estaba reunido con Las Naites y Los Fuix, oyó el escándalo y salió con pasos grandes, del castillo diciendo:
-¡Ustedes dos, paren! ¿qué sucede? ¿por qué se la llevan?- dijo el Rey con voz potente desde el castillo.
Los dos hombres, al oír la voz del Rey se volvieron y asustados, dejaron caer a la pobre muchacha que calló fuertemente contra piso, y tímidamente dijeron:
-Es que ella hablar con usted- dijo el hombre que le había gritado anteriormente a Saley, mientras que esta se paraba del piso y limpiaba su túnica.
-Y usted dijo que no quería interrupciones, Señor- dijo el otro hombre que tragó grueso, al terminar la frase.
-Perdone usted Señor…-dijo Saley con voz jadeante-
-…pero quien me manda…es su hijo Jaiki…él esta en el los límites del Reino, donde yo vivo…y me pidió que le dijera que ya encontró, a quien buscaba, y que se preparara porque…- pero Saley no terminó la frase, pues por todo el bosque se empezaron a oír gritos, galopare de caballos, y el fuego empezó a correr por árboles y casas. El Rey, Saley, los encapuchados, Naites y Fuix, (que al oír aquello salieron del castillo) miraron perplejos todo aquel desastre, que se venía a ellos como una ola.
Calet gritó con voz de trueno:
-¡Uma, Cor y Cox fórmense, ellos ya vienen!-
Los guerreros sin pensarlo dos veces, llamaron en sus lenguas a sus ejércitos que estaban dentro del castillo, y comenzaron a volar por la hilera de piedra, pues iban a acecinar a varios humanos que ya se acercaban al castillo, los guerreros salían también volando a toda velocidad del castillo, y se adentraban en el bosque, las Naites con sus espadas y Los Fuix con su fuego azul que pudría todo lo que tocaba, retuvieron por vario tiempo a los humanos.
Calet, Saley y los encapuchados corrieron al castillo, pero Saley que no podía dejar de pensar en el peligro que Jaiki podría estar pasando, volvió la mirada para ver si le podía ver, y en efecto pudo, pues a lo lejos entre tanta gente, vio un caballo blanco, donde él se movía con dificultad, luchaba con sólo una mano, que sostenía una espada de fuego, mientras que la otra la tenía contra su estomago, la joven no supo si era la mano o su torso que tenía lastimado. También miró a cierta distancia de Jaiki, a un caballo negro que llevaba a Loutra, él también estaba herido, pero él si podía utilizar sus manos, Saley, volvió de nuevo la mirada, pues no quería ver algo peor.
Cuando llegaron al castillo, en el umbral de este estaba Traled, que sudaba frío, su piel parecía un papel.
-Su majestad ¿qué sucede?- dijo este casi sin voz.
-Los humanos…cierra las puertas, ya vienen- dijo el Rey, cuando estuvo dentro con los demás.
Las puertas fueron cerradas por los rayos que liberaron los dos encapuchados, de sus manos. El Rey Calet le pidió a todos que se alejaran de él y sacando el Failed de su túnica, lo sostuvo entre sus manos, en el aire diciendo:
-Por el poder que me has dado de gobernar Foutra con buen juicio, te pido que nos protejas y que envíes el Ledfai al corazón, que daba gobernar- dicho esto, hubo un gran destello, que iluminó todo el castillo, esto alarmó a Jaiki que luchaba a lo lejos, por ello volvió su cansado rostro al destello, que luego se apagó dejando de nuevo al gótico castillo, y pudo sentir que algo caliente le estaba quemando la pierna, buscó con desesperación entre sus atuendos y sacó al Ledfai, que tenía su fuego negro más ardiente que nunca . Mientras tanto en el castillo, cuando el destello cesó, el Rey sostenía al Failed que brillaba con su fuego rojo sangre.
Loutra no le tomó mucho tiempo darse cuenta, de que su padre ya había liberado al Ledfai en manos de su amigo, y sintiendo una gran ira, comenzó a matar sin compasión a quienes estaban a su lado, no le importaba si estaban o no en contra suya, al tiempo que pensaba:
-Maldición…debo encontrar a ese maldito, si tan sólo lo matara…- decía Loutra que no le importaba ya tanto Jaiki con al líder de los humanos, él pensaba que si lo mataba, quizá el Reino iba a quedar a su disposición y no a la de su amigo, al que nunca lo consideró como tal. De este modo sin pensarlo más, paró a su caballo en las patas traseras y se dirigió con toda velocidad a buscar al líder de los humanos.
Por otro lado Jaiki, que se estaba quedando sin fuerzas, hizo lo mismo.
Entre tantos hombre y mujeres que se les abalanzaban, y los otros hombres que se reñían con los demás magos, las Naites, Fuix y demás guerreros de otras aldeas, que habían llegado para ayudar, al fin Jaiki pudo ver al supuesto líder, que estaba a punto de pisar la hlera de piedar que conectaba el frente del castillo, con el bosque. Era pequeño, tenía el cabello rizado y negro, su piel era blanca y sus pequeños ojos negros, miraban en todas direcciones con una mezcla de miedo y desesperación, de pronto, se quedó paralizado pues sintió los ojos de alguien en su espalda, cuando se empezó a volver lentamente y vio el frío rostro de Jaiki, comenzó a correr, pero no le sirvió de mucho pues Jaiki golpeó a su caballo, que corrió a toda fuerza, hacia él, y no fue el único, pues el caballero de negro, Loutra, también venía a tras de Jaiki, por lo que este aceleró el paso.
El hombre que corría sin ver por donde iba calló, se golpeó fuertemente la cara y quedó tendido boca abajo. El joven frenó su caballo, cuando este calló, y sin más demora soltó el collar que llevaba en la mano, y este en lugar de caer quedó suspendido en el aire, (pues Jaiki dejó su mano extendida), luego lo llevó hasta el cuello del hombre, pero cuando este iba bajando, Loutra que venía por detrás de Jaiki, tomó el collar con su espada, y volviendo su caballo hacia el muchacho, tomó el collar con su otra mano cuando este resbaló hasta el mango de ella. Jaiki perplejo dijo:
-¿Qué haces?-
-No voy a permitir que te den la gloria que yo merezco- dijo Loutra mirando la esfera, que sostenía con tres dedos.
El hombre que aún estaba tendido en el piso, comenzó a despertarse, Jaiki viendo esto tomó su espada y colocándola boca abajo, cerca del cuello del hombre dijo:
-Y crees que con tener ese collar vas lograr algo…-al decir esto Jaiki soltó su espada un poco y luego la sujetó de nuevo, tanto a si que la punta de ella quedó muy cerca del cuello del hombre, y continuó diciendo:
-…si lo mato ahora, no cumplirás con tu propósito, pero no lo haré por eso, sino por el Reino-.
Mientras tanto en el castillo, el Rey aún sostenía el collar en sus manos, pero de pronto, el Failed dejó de arder en su fuego rojo, este se fue volviendo más y más oscuro, hasta que se quedó negro, pero no era en fuego negro en lo que se había convertido como el Ledfai, sino que era una neblina negra, lo que había consumido a la esfera.
-Oh no…no puede…ser- dijo el Rey, casi sin voz, y con una expresión desesperante, parecía que quería soltar lo que tenía entre manos. Traled que estaba en el fondo con los demás, corrió a donde él y dijo:
-Señor, ¿qué ocurre?-
Calet bajando las manos, que le temblaban fuertemente dijo:
-Él lo tiene- dicho esto, el Rey apretó las manos de nuevo y con ojos cerrados, comenzó a promulgar palabras en otra lengua, que Traled no entendía.
Afuera Jaiki aún amenazaba al hombre con la espada, y Loutra sostenía el Ledfai entre sus manos, pero el joven Jaiki sin discutir más con Loutra bajó la espada hasta el pecho del hombre y se la clavó, el hombre miró al cielo y balbuceando algunas palabras dijo:
-Un…gran…honor…he…cumplido- y sonriendo levemente, cerró los ojos y quedó murió. El muchacho que no entendió el significado de aquellas palabras, volvió rápido su mirada a Loutra, pues este había empezado a gritar, y su caballo asustado se paraba en dos patas, como si quisiese votar al joven de negro. El Ledfai había en sus manos había empezado a liberar su fuego azul y negro, por las manos del joven que se quemaban en carne viva, conforme este avanzaba, él trató de soltar la esfera, pero no pudo más bien ella se fue desapareciendo, poco a poco. También en el castillo, se liberó el mismo destelló, que había ocurrido anteriormente.
Mientras ocurría aquello, y todavía se libraba la batalla en el bosque, algo pasó también, los humanos se empezaron a desaparecer, por lo que la batalla fue cesando. De hecho cuando Jaiki miraba a su amigo en aquel estado, hizo a tomar su espada que “supuestamente”, estaba clavada en el corazón del hombre, pero esta ensangrentada yacía en el piso de piedra, este también había desaparecido. Joven perplejo, atrajo la espada del piso con su mano, pero cando ya se encaminaba a ayudar a Loutra, el fuego negro liberó un rayo fuerte al cielo y se dirigió con fuego y todo, al castillo donde también el destello se había vuelto muy fuerte. Loutra por otro lado, cayó de su caballo (que salió corriendo asustado) desmayado con sus manos calcinadas.
Cuando los dos destellos se unieron dentro del castillo, todo se puso blanco dentro y fuera de este; las Naites, Fuix, los magos magos que habían sobrevivido y los demás guerreros, quedaron ciegos, al igual que Jaiki que llegó hasta donde Loutra y abalanzándose sobre este, para protegerlo del destello, pero durante este se desmayó pues había perdido mucha sangre, debido a la herida de su mano.
En el castillo, el Rey Calet cayó desmayado boca arriba, con el Failed a su lado, (este había vuelto a su forma normal, luego de que el fuego rojo y negro se mezclaran) Traled que había estado a la par del Rey, fue golpeado contra una de las paredes del castillo, al igual que los otros.
Cuando el Reino volvió a la “normalidad”, varias cosas habían cambiado, ya no vivían en conjunto con los humanos, parecía que su Reino había sido cerrado a ellos o más bien, que el de ellos había sido cerrado para los humanos, pues se podía andar por los límites del Reino, y al parecer las tierras que seguían luego, nunca habían sido tocadas ni por humanos ni magos. Además, Loutra, luego de que se recuperó fue enviado lejos del Reino Foutra a las profundidades del bosque.
-Así que lo has enviado lejos ¿padre?- dijo Jaiki una mañana cuando en su habitación, un anciano terminaba de vendarle la mano que se había lastimado, esta ya no sangraba como antes, pero la herida aún no había cicatrizado.
El Rey miraba por la ventana al lago, y luego mirando al pueblo que trataba de reconstruir lo que habían perdido, se volvió y dijo tristemente, luego de que el anciano hiciera una reverencia ante él y Jaiki, y saliera de la habitación:
-Sí hijo…así es, aún no puedo creer que este chico estuviera a punto de traicionarme, después de todo lo que hice por él, aunque…bueno…no era muy que yo descartaba- dijo el Rey que daba vueltas mirando el piso.
-Sí padre, yo también no lo creo, pues yo confiaba en él…-dijo el muchacho chequeando su mano, luego mirando fijo al piso de su cuarto, volvió de nuevo la mirada a su padre y dijo preocupado:
-Padre… ¿a dónde lo enviaste? ¿Crees que vuelva?-
-Lo he enviado a tierras lejanas…- comenzó el Rey, cuando levantó la mirada hacia su hijo.
-…no quise enviarlo, al bosque desconocido, porque (y aquí tienes la respuesta a tu otro pregunta) quiero saber todos los movimientos de él, no descarto la posibilidad de que vuelva, pero no con buenas intenciones- terminó el Rey, cuando se centó en la butaca que estaba cerca de la cama fe su hijo.
Al pasar los días el Reino se mantuvo tranquilo, Jaiki comenzó a mejorar, pues por la pérdida de sangre había perdido fuerza, aunque su mano no presentaba ningún cambio. También aprovechó sus visitas al Reino para ver como seguía su reconstrucción, y visitar a Saley que había vuelto a su lejana casa, para reconstruirla luego de que quedara totalmente destruida, y aunque su interés era otro, simulaba que estaba allí, sólo para ayudarla con su hogar.
Por otro lado, nadie sabía que había sucedido con Loutra, parecía que estaba muerto, pues nadie que vivía lejos del Reino daba información de que se le había visto o algo, el Rey había puesto a su sirviente Traled a que lo espiara, aunque Jaiki se opusiera, pues le parecía sumamente extraño verle todo el tiempo, salir del castillo con algo escondido.
Pasaron uno, dos, tres, hasta seis meses, y nadie sabía nada de él, nadie, excepto el Rey que cada día se le veía más preocupado, pues Traled daba información poco clara, y a cada rato se contradecía o corregía de algo que había dicho, también aseguraba que el muchacho se había arrepentido de todo, pero que no sabía como volver.
-Traled…dile a Loutra que venga, quiero hablarle- dijo gravemente el Rey, ante el último informe de este, que pedía clemencia del Rey, pues al parecer Loutra se estaba muriendo de tristeza, por su gran error.
-Ahora- dijo Calet a su sirviente, que se había arrodillado enfrente su yo, y lloraba con gruesas lágrimas, este se paró torpemente y comenzó a caminar a las afueras del castillo.
Ese día como era típico, Jaiki andaba coqueteando con Saley, pero en las cercanías del castillo, pues la quería ayudar a hacer algunas compras, mientras su padre era acompañado por unos cuantos guardias, pues no quería que ni las Naites, Fuix o los demás guerreros anduvieran por ahí, esto porque no quería espantar a Loutra, (por aquello de que realmente estuviese arrepentido, o que su plan de venganza se disolviera si él intentaba con unas cuantas frases de amor).
-¿Cómo has estado…mi Señor?- dijo Loutra, envuelto en una negra y vieja túnica, al frente del Rey con una gran reverencia, cuando había llegado a él. Sus ojos blancos le miraron, parecía que había llorado mucho y las profundas ojeras resaltaban el color de sus ojos, además su piel se había puesto muy blanca, y en su cara esta se le había pegado a los pómulos, pues al parecer no había comido bien en días.
... continuará.