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RECORDANDO A SOLAS
No puedo olvidar aquel momento que con un cierto gozo llegaste bella, en aquel nocturno del mes de marzo deseoso de volver a contemplarte y a la vista aquel longevo almendro exuberante de flores. Hoy, que no estás tú, oigo de nuevo tu voz llegando a mí, evoco y miro lejos… pero sólo a la vista aparece ese almendro ahora despojado, desnudo y desolado de su perdida gracia. Sus flores nacaradas de aquel día, hoy yacen en el suelo hechas pétalos caídos y extendidos como preciosas y dulce lluvia. ¡Oh tarde! Silenciosa rodeado de soledad con tan sólo ese almendro ahora desojado y sembrado de pobres espinos. Es ya julio y así llegaron – antes que yo– lluvias y vientos que si saber de mi vana estética, había dejado allí la huella inminente de su fuerza. Mientras que ella seguramente, vagara exótica y tentadora por recónditos lugares…. Permanezco absorto y sólo a la caída de la tarde, en que como por encanto surgen las golondrinas y yo lento y melancólico dejo el lugar.
POLgarci |