Como poseída por las flores,
a veces errante y pensativa,
a veces alegre y delicada,
se percibe la melancolía
y te duermes abrazada a los crepúsculos
de silencio y extravío.
Flor volante sin jardín ni huerto,
un halo de tu boca
se asoma por la tarde
y se desprende la belleza en tu oración de llanto.
Te descubro en tu sueño,
en el jardín de tu ilusión y fantasía.
Arropada entre mis brazos
el silencio nostálgico del horizonte
devela los suspiros de tu pecho adolorido,
y en la belleza de tu tez desnuda
se cobijan mis deseos
de verte en mi huerto zaherido.
Flor de mirlo, azucena y peregrina,
cuando duermes evocas mi melancolía.
Salvador Pliego